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ABC. VIERNES 3o D E JULIO D E 1909. EDICIÓN i. PAG. 7. der de seis moros, se ha presentado también ileso en la guarnición de la segunda caseta después de haber dado muerte á un rifeño, notabilísimo tirador que, apostado entre las breñas, á 800 metros, nos había causado ocho bajas sólo en dos días. No he podido averiguar su apellido. Sólo sé que se llama Agustín y que es natural de Colmenar de Oreja. El cabo de la tercera compañía de Llerena, Hermenegildo Castero, persiguiendo á los moros cuando se batían en retirada, se salió de la línea de tiro. Al llegar á un barranco tres moros se parapetaron detrás de una peña y dispararon s bre el cabo. Este no se arredró; se fue decidido contra ellos con el machete calado. Se entabló una desesperada lucna cuerpo á cuerpo, y el valiente Castero cayó á tierra exánime. Cuando los moros se preparaban á rematarlo, llegaron dos soldados, compañeros de Cestero, quienes dispararon sus fusiles y mataron á dos de los indígenas. El cabo, á pesar de estar herido, tuvo alientos para disparar el fusil y matar al tercer moro. Los soldados cogieron al valiente compañero y le trasladaron á la plaza, donde le fueron curadas las heridas recibidas en la Jucha. Otro de los héroes es el cabo Vicens, del batallón de las Navas. Su arrojo ante el peligro y su comportamiento admirable causaron el asombro de todos. Su teniente coronel, el infortunado señor Palacios, le llamó para felicitarle personalmente en alta voz en medio de lá lluvia de balas. El teniente coronel, al verle sudoroso y jadeante, le ofreció su propia cantimplora. -Toma, rnuehacuo, bebe ua trago, que bien te lo ganas. Cuando el cabo Vicens extendía el brazo para coger la cantimplora, una bala enemiga le mató. p l enemigo, batido. Repliegue. A Sas seis y media empieza á verse al enemigo retroceder en la otra ladera del barranco. Ha sido batido y perseguido hasta el fondo de éste. Sus bajas son enormes, y más que de hosüLzaruos se preocupa de rescatarlas; pero para lograrlo se bate también desesperadamente. No pondría más empeño en llevarse un español prisionero como en retirar un muerto ó un herido de los suyos. Esta es la prueba más palpable de su derrota. Si hubiera avanzado no se preocuparía de sus bajas. La gente desarmada, mujeres, viejos y chicos que ileva detrás se habrían encargado de recogerlas. A as siete de la tarde se ha iniciado el repliegue de nuestras tropas, que bien necesitan descanso y que no deben conoervar los puntos avanzados adonde han llegado, porque ni se paeden fortificar rápidamente para ponerlos á cubierto de un ataque nocturno, ni significan por el momento nada para planes inmediatos. El repliegue se ha hecho con orden, protegido por la artillería de los fuertes y del Numancia; pero aún quedan fuerzas sobre) a meseta donde se libró la parte mas importante de la acción esta tarde. Ignoro si este punto será conservado por convenir á los planes dei general Marina. 1 os heridos. Regreso á la plaza con iín convoy de heridos, entre eíjos 30 jefes y oñciales. Viene también gravemente herido un paisano, que, con otros dos, se ha batido ea primera línea de las guerrillas. Kn el Casino, convertido en hospital de Eu el cuartel del batallón de disciplinarios se han habilitado dos locales. En la puerta del hospital me llama un herido que es llevado en una camilla. ¿No me conoce usted? -ine dice, -soy Benito Pérez, el atendedor de la corrección de pruebas de A B C. Le reconozco, en verdad; es el buen Benito, el reservista de Arapiles que, cumpliendo su deber, vino á filas dejando desconsolada á su mujer en su casita de la Guindalera. Está herido en una pierna. Va a ser trasladado á Málaga con otros compañeros á bordo del Menorquín, que sale dentro de media hora para aquel puerto. ¿e las montaña Rompió el fuego 3 las seis. í, e han secundado otras baterías. L Desfilan ante mí so- idados que conducen muertos y heridos; pero allá á lo lejos, sobre las alturas de donde antes bajaban los mojos como en torrente, hormiguea enorme gentío rifeño arrastrando sus muertos y llevando sus heridas. ¡Es curioso! Muchos de nuestros soldados ¡heridos, cuando pasan cerca de los que estamos presenciando la acción nos pregun; tan qué le ha sucedido al general Pintos, pues le han visto caer. Un oficial que tiene dos balazos en una pierna y que otro balazo le llevó los gemelos que llevaba con correas á la bandolera, me dice que se ha llegado á hacer fuego á jnenos de 20 metros y á bocajarro, y en al gunos momentos la lucha ha sido cuerpo á cuerpo. -Para recogerle á él dos soldados tuvieron que hacer uso de los machetes á mano. Ocurría este incidente á última hora. La morisma se batía con tanto furor, que se arrojó sobre la compañía del herido que me tlo refiere (y cujo nombre no consigno á ruego suyo) teniendo necesidad los soldados de calar la bayoneta y combatir en esta forma. 5 áez Jaramillo. f Un soldado de Cazadores de Madrid yiene en una camilla con más ganas de hablar que un loro, y eso que dice que tiene f me explicó esta frase diciendo que en su aldea, de la provincia de Cáceres, no hay más sjue un arroyuelo que lleva agua en invierp. o si nieva en la sierra de Candelario) Tiene las dos piernas atravesadas por un 5 alazo Maüsser. -No debo tener roto ningún hueso, porque no me duele nada. Mientras descansan ios camilleros y beben agua, me cuenta que han entrado en fuego con la brigada Pintos una compañía de África y fuerzas de Melilla, 1- -He visto caer heridos- -me dice- -al capitán González Nandín, de África, y un oficial, Los nías castigados hemos sido Madrid, Llerena y Las N a vas. También he visio caer al coronel Páez Jaramillo. ¡Qué hombre ese. J- -agrega, ¿Pero ha caído herido? -le pregunto. ¡Cal Subió á nuestras guerrillas, que ¡la verdad! estábamos un poco desconcertados, porque esos demonios de moros tiran de todas partes y se arrastran como galápagos, sin que se les vea. íbamos á replegarnos, pero él nos dijo: ¡Adelante conmigo! v Reculó el caballo, y rodó coa el coronel por el barranco abajo. Corrimos en su auxilio y le encontramos como muerto. Se h- abia dado un golpe en la ¿abeza contra una piedra y había pardido el conocimiento. Cuando abrió los ojos ÜO se le ocurrió otra cosa que decir; ¡Venga mi caballo! Pero ¡dónde estaba el caballo... Había arrancado desbocado. ¡Se nos había pasado al inoro! Está confirmado el heroico rasgo del ca pellán de Cazadores de Arapiles, al cual Rieron varios oficiales que, cuando cayó el capitán, tomó el mando de las secciones y, Organizada la compañía, ordenó la retirada, que se hizo ordenadamente. De este episodio interesante ha sido protagonista wn soldado de Arapiles. Había lnehado con tres moros, y estropeándosele el fusil se defendió con el machete, prolongando la lucha hasta anochecido, en que le arrojaion á un barranco. Por la noche se presentó ileso en el campamento. Es un bravo muchacho, que se ¿lama Cándido Morata v es natural de La Granja (Segovia) ünf- í Í- EL DÍA DE AYER TRANQUILIDAD MELILLA, 2 9 1 í M. jnás sed que el río de su pueblo en Agos- to (luego p o r la mañana. Hasta ahora no se ha turbado noy la tranquilidad. Casi todo el aprovisionamiento se hace en una lancha de vapor por Mar Chica. Han llegado varios corresponsales fraaeeses y alemanes, dos de éstos militares. Se dice, pero no ha sido confirmado hasta ahora, que El Messian y El Chaldy están heridos, y que no han entrado en fuego en estos combates. Sus emisarios coutinúan predicando la guerra en los zocos; pero la realidad va imponiéndose, siendo muchos los moros que se muestran desalentados, comprendiendo que la resistencia se hace estéril. Especialmente las cabilas de Bentburriagel y los Beni- Bohua han suministrado grandes contingentes y sufrido tremendas pérdidas. Muchos de los heridos en el combate de anteayer lo fueroa leves, viéndoseles hoy animosos, paseando por las calles de la población uando se hizo cargo del mando de Ara piles el teniente coronel Carniago, que era ayudante del general Pintos, arengó en tonos bélicos á su tropa, y luego la charanga tocó una vibrante marcha mientras los soldados daban entusiastas vivas á España. que murió eon su jefe el teniente coronel Ibañez Marín. El cadáver, que presenta dos heridas dt arma de fuego, no está profanado ni destrozado Esta tarde ha tenido lugar el entierro. También ha sido enterrado esta tarde ei capitán de Estado Mayor Sr. Morales Morris, ayudante del general Marina. Al tenerse noticia de que nabiamuerto el general Pinto fue comisionado por su jefe para que ordend. se al coronel Páez Jaramiüo que? hiciese cargo de la brigada. Morri, á caballo, partió á cumplir la orden; y cuando estaba ya cerca de la brigada de Cazadores recibió un balazo que le hizo caer herido. Conducido al hospital Militar, falleció ea él anoche. venido se sabe que las bajas habidas en el campo han sido tan numerosas, que no pu diendo enterrar los cadáveres, los quemaron anoche á centenares detrás de un ba rranco de la Mezqnita. Añaden estos confidentes que cunde la desanimación en los rítenos, pues sospechan los propósitos del general Marina, queriendo aislarles, y temen, con fundamento, á las tropas españolas sedientas da moros, decaídos. LosPor referencias de los hebreos que ñau