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A B C VIERNES 3o DE JUUO DS Puede suponérsele asi que se fortifiquen las posiciones que se tomen podrá lanzarse una columna sobre la costa, al O. del Cabo Tres Forcas, tomando la ensenada de Zera. En tal caso, esta operación, si es victoriosa, nos haría dueños del Cabo Tres Forcas y de la costa desde Cabo de Agua á la referida ensenada, con tres puntos de desembarque, más el futuro puerto militar de la Mar Chica, donde precisamente anteayer se ha terminado el canal de entrada, de 10 metros, construido por D. Vicente Barrachina. Y por tierra dominaríamos, con las subsiguientes operaciones escalonadas de o upación, desde la izquierda del Muluya hasta los Benitm- Gafar, incluyendo Zeluán. Cuanto á detalles, se ignoran, y aunque se fueran trasluciendo, ni á mí los militares me los dirían, ni yo, á priori, los había de publicar. 1 os que se van. Ayer estuve en casa de El Nassiri. Este Sidi El Hajs Al Fad El Nassin es, como si dijéramos, el jefe del Estado Mayor del Roghi. Estaba aquí escondido en una casa, sin atreverse á salir. El hombre necesitaba permanecer unos días por SMS negocios. Al cabo se fue ayer. Y se fue también Oíra familia mora que quedaba. Todos van á Tetuán. Y tú, luego, á buscar al Roghi le dije. Se lo ttadujeron literalmente. Me contestó diciendo... que había tenido mucho placer en conocerme. 1 ncidentes en el puerto. Un rasgo. Tuvimos ayer una pequeña alarma, porque aquí no se puede vivir sin zozobra continua: riñeron dos marineros en el Castellano, el barquito del contrabando ó del supuesto contrabando para los moros; hubo puñaladas, carreras, gritos, etc. etc. y un isueito. Supimos la noticia de un rasgo muy bonito: D. Gregorio del Amo, que veranea en Suances, envía al jefe del batallón de Las Navas este telegrama: Pongo á tu nombre hoy en Credit Lyonnais 5.000 pesetas como donativo para que premies como te parezca á tus soldados. 1 os heridos. Y después de esta noticia supe otra, que no es agradable, pero sí consoladora. Me hallaba yo en la caseta de la Sanidad, y un médico mayor, D. Paulino Mariscal, hablaba de los heridos. Luego de comentar una vez más la desproporción entre muertos y heridos, y en éstos entre leves y graves, y luego de confirmarnos cómo es verdad que hay heridos de Maüsser y de bala explosiva, dijo; Los servicios de primeras curas y de recogida á los heridos se han prestado tan excelentemente, que no hemos tenido ni un solo caso de desangre, es decir, de lo que llamamos los médicos anemia traumática por haber sido excesiva la hemorragia. Ello prueba que la recogida fue inmediata; y en cuanto á los médicos que estaban en el campo, que hicieron la misma prodigiosa labor que los del hospital de aquí, curando con celeridad increíble. Después, el Sr. Mar. scal, que ignoraba si! e escuchaba ó no un periodista, elogió la presteza con que se han hecho los envíos de material y la clase de éste. I Dáñez Marín. Nunca es tarde para elogiar la memoria de los héroes, y como heroica ha sido la muerte de Ibáñez Marín, y como incompletas han sido las noticias transmitidas sobre Su gloriosa muerte, voy á consignar los detalles que me facilita un testigo presencial de la tiage lia. Ibaiicz Marín desembarcó sonriente, gozoso de verse aclamado por sus mu híchos, y no tanto por verse aclamado como porque ssa manifestación revelapa entusiasmo en Sus soldados. EDICIÓN i. PAG. T 6. de la tropa, que está formada á 500 taetfos del campamento, y recojo detalles del cámbate, que apunto en mi carnet. Los moros se han presentado por el barranco, haciendo tin fuego sostenido. Han ido á batirles los batallones de Llerena y Las Navas, quedando de refuerzo Madrid, Arapiles y Barbastro. El primero avanza flanqueando por la izquierda. Los moros para atraer, disparan al descubierto, pero luego se parapetan. Llerena avanza á pecho descubierto. -Ua granizada de balas diezma sus filas, cayendo de los primeros el teniente coronel, señor Prieto, herido, y el capitán ayudante. Los oficiales animan á la tropa. Las Navas sube por la derecha, y apenas despliega, cuando desde un alto macizo de chumberas, que semtja una gran mancha negra, surge una lluvia de proyectiles moros. Positivamente los moros emplean hoy muchas balas exulosivas Ante esta feroz é inesperada acometida, la fuerza se detiene. Acuden á reforzarla seis compañías de los Cazadores que quedaron libres, y avanzan por la izquierda, disparando ordenadamente. Los moros retroceden, y nuestras tuerzas de Llerena y Las Navas se rehacen, prosiguiendo el avance. Entre tanto descienden por el Barranco bandadas de marroquíes dando alaridos, que vienen á reforzar á los suyos. El combate se reanuda esta vez más intenso, más tenaz, más terrible. El barranco es un abismo de la muerte. Caen los nues- i tros en las laderas, pero caea os rífenos! como moscas en montón. p l general Pintos. En lo más recio del combate, en de los momentos más críticos, el general Pintos, que se ha movido incesantemente de un lado á otro de ia línea, avanza hasta las primeras guerrillas gritando: ¡Adelante! ¡Viva España! Le acompañaban el comandante de Esta do Mayor- Sr. Alonso Novella, y su ayudante, Sr, Carniago. Se le advirtió al arrancar del último sitio que ocupaba que el peligro era grande ea el lugar adonde se dirigía. No contestó siquiera. Avanzó impávido. De pronto vacila. Se lleva una mano á la cabeza, y cae. Recogen su cuerpo dos soldados de las avanzadas y le traen fuera de la línea de fuego. ¡tístá herido! -gritan, ¡ao ha muerto i ¡Vive... Desgraciadamente no es así. Y sigue el combate tremendo, sin cedef nuestras tropas, avanzando. Entran en el movimiento los Cazadoreá de Madrid, que he visto hace unos momentos á ia izquierda de ia vanguardia, y otras fuerzas cuyo distintivo no logí percibir Como es sabido y tengo dicho, el batallón de Figueras fue á combatir desde el muelle. Salió primeramente un capitán con dos compañías. Poco después, Ibáñez Marín se situaba en el Hipódromo con otras dos compañías. Para avanzar sobre las alturas, frente á la primera caseta, había salido la cuarta compañía de África, al mando del capitán Celis. Se batió bravísimamente esta compañía; pero dos de sus secciones, con Celis al frente, habían avanzado con ardor más de lo necesario, y la retirada se hacía difícil. Entonces recibió Ibáñez la orden de apoyar la retirada con dos compañías y otra de Barbastro. Escaló la altura con rapidez, desplegando las dos compañías de su batallón. Los moros, al verse batidos por el frente, retrocedieron; pero aprovecharon una casucha y unas chumberas para deslizarse hacia el fiauco izquierdo, lanzándose sobre un grupo que casi aislado formaban Ibáñez Marín, el capitán Fernández, un oficial y varios soldados. Ibáñez M- irín había echado pie á tierra. La traidora acometida fue rápida. Un grupo de moros cayó, gumía en mano, sobre varios siss- iáados que aprovechaban aquel momento de apáreme calma para comer un bocado. Otro grupo de riíe- nos escondidos htzo fuego. Los soldados no sorprendidos con testaron inmediatamente á la agresión con nutrido fuego á la voz de mando. La avalancha quedó contenida y rechazada por segunda vez; pero la acometida había hecho sus efectos. r En los primeros moinentos no pudo recogerse el cuerpo de Ibáñez M irín. Un soldado Herido dice que oyó á su jefe que gritaba: ¡Soldados, niatadine antes de que me cojan! Pero debió confundirle coa algún oficial ó clase, porque mas tarde, cuando se recogió el cadáver, vióse que tenía tres balazos en la cabeza y ninguna herida de arma blanca, lo cual índica que debió morir antes de acercarse á él los rífenos Además, éstos se habrían ensañado en él, dada su crueldad. Puede, pues, afirmarse que el ilustre jete no estuvo un solo momento en poder del enemigo, pues otro detalle es prueba concluyente: se le encontró en un bolsillo 750 pesetas en papel. Y los moros matan para robar, principalmente. De su entierro nada digo. Soldados hubo que no sabían contener sus lágrimas; otros besaban sus manos. Estos muchachos que así se enternecían acababan de batirse como fieras. -wwwf mi WIII EL COMBATE DEL MARTES primeros momentos. MHULL 4, 2 7 A mediodía, cuando termino las anteriores notas sin mas añadido que el de el combate. algunas notas últimas, me dicen que los Son las seis y media de la tarde cuanmoros han levantado la via férrea después do veo á nuestras tropas desaparecer en su de la segunda caseta; que, por lo tanto, el moviento de incesante avance, tras de una convoy ha tenido que transbordar, y que loma que. oculta la entrada 1 baja del baen esta operación ha habido vivo tiroteo y rranco. hemos sufrido bajds. No es posible coordinar las ideas ni orA las dos de la tarde repítese el cañoneo denar las noticias que recojo en el punto eu que, á poco, se üace fuñólo. Las granadas que me encuentro. estallan sobre la parte alta de ia c. iñada ó Los soldados que llegan con heridas unos barranco central. Por las señales se estaba y otios sedientos, me dicen que sigue el fuelibrando una acción de importancia. go en el barranco que llaman del Inferno. Cuando me disponía yo á tomar mi caAcémilas repartidas aquí y allá reparten rruaje, uno de los pocos que aquí hay y te agua. Otras avanzan hasta cerca de ia línea nemos acaparados ios periojisc ¡s, presén- de fuego. tase frente al hotel ¡a Guardia civil, orEntretanto el fuego de fusilería ea la cadenando que envíe mi coche di campamenñada sigue trepidando imponente. to para transportar heridos. Salgo á escape Los estruendos de la artillería del inerte para el Hipódroiuoj llego á la retaguardia j de Camellos repercuten ea las estribaciones n i 1 imaiHlimi! -mmii- nm iimiMMnnmn