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LA CAMPANA DE MEL 1 LLA LA BATERÍA DE ART 1 LLERJA QUE MANDABA EL INFORTUNADO CAPITÁN GU 1 LOCHE HACIENDO FUEGO EN EL COMBAT 6 DEL DOMINGO. EN PRJMER TERMINO, EL GENERAL MARINA RECORRIENDO LA LINEA DE FUEGO Fot. Movris LA CUESTIÓN DE MARRUECOS LOS SUCESOS DE MELILLA mentada sobre los sucesos del Rif, nos proponenos celebrar interviús con personas conocedoras ds los diversos aspectos político, militar, diplomático, etc. de dichos sucesos, con lo cual, además de las impresiones- de actualidad que nos remitirán los doá corresponsales telegráfico y fotográfico que á Melilla hemos enviado, podremos transmitiiles juiciosjde personas capaces de formarlos con verdadero conocimiento de causa. Comenzaremos por dar cuenta de una conversación sostenida por uno de nuestros redactores con un general muy respetado por su experiencia y saber. ¿De modo que lo más urgente... -Es levantar el espíritu público, muy otro ahora que en otras ocasiones; no acougojar los ánimos con insistentes, plañideros relatos de patéticas despedidas, muy tristes si, pero consecuencia inevitable de la dura ley de la guerra... porque la guerra es eso: dolores, sangre, lágrimas. En cuanto á las escenas ocurridas con motivo del embarque de las tropas, no hay palabras con que condenarlas, y es de urgencia cortarlas de raíz... Es muy frecuente ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio; cuando los sucesos de Masuah, produjéronse IMPRESIONES SOBRE LA CAMPAÑA e Dseseosos üe ofrecer á nuestros lectores información imparcial y bien docu- en Italia, con la llamada de- reservistas, hechos análogos á los que ahora presenciamos, los cuales inspiraron á la Prensa española comentarios muy poco favorables á la nación italiana. Y ahora, vea usted... -Pero la situación en que quedan esas familias de reservistas... -Acúdase á remediarla amplia y generosamente; cooperen á ello Gobierno, Ayuntamientos, empresas, particulares; promuévanse suscripciones; demuestre la patria voluntad de acoger como madre á esas mujeres y á esos niños privados del arrimo de esposos y padres, y eso será grande, eso será noble; pero no se dé el espectáculo de que las tropas que marchan en auxilio de los españoles que en Melilla repaien las agresiones de los rifeños tengan que rechazar aquí, al grito de ¡mueran los cobardes! á quienes intentan oponerse á la salida de ellas. Ese grito han tenido que proferir en la estación las fuerzas que embarcaron en la madrugada de ayer. Y ésa ha sido la lección que nuestros soldados dieron á los que pretendían impedirles acudir á auxiliar á los hermanos que allá están combatiendo. ¿Y su opinión s o los combates librados... -Que son lo qu -tienen que ser en tanto el general Marina no disponga de la totalidad de fuerzas necesarias para dar un nuevo avance que castigue duramente la agresión de las cabilas. ¿De modo que usted cree que se avanzará más? -Indudable é imprescindiblemente. Aunque ya ocupemos posiciones en el campo moro, no son las que necesitamos para que Melilla y su campo dejen de ser lo que hasta ahora han sido, una ratonera, en todas direcciones dominada por alturas que ocupan las cabilas limítrofes; un hoyo rodeado de avispas que es preciso ahuyentar de una vez, si no queremos que lo del año 93 y lo de ahora se repita siempre que á los rifeños les ocurra cambiar de humor. ¿Y ese avance, se limitará á ocupar posiciones mejores? -No lo creo. Aunque ignoro los propósi tos del Gobierno, por no tener coa él relación alguna, pienso que verá clara la necesidad de imponer duro castigo á los moros. -Es decir, que usted cree... -Que en cuanto la llegada de los nuevos refuerzos lo permita es necesario eonsti- tuir una fuerte columna de las tres armas, que avance y castigue á las cabilas en su propio terreno. Esa gente no respeta sino la fuerza, y hay que probarles que somos más fuertes que ellos. I as bajas que les causamos al rechazar sus ataques son, aunque numerosas, muy poco como escarmiento. -Pero á esos ataques han concurrido contingentes de cabilas muy distantes. ¿Es que debemos internarnos hasta llegar á ellas? -De ningún modo. Eso sería emprenaef una guerra en el Riff, y no se trata sino de (una razzia por territorios cercanos. Nos basta escarmentar duramente á nuestros veci-