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A B C JUEVES 32 DE JULIO DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 8. perjuicio de proveerlas interinamente á medida que las necesidades de los servicios lo requieran, á fin de evitar el quebranto que á la marcha de los mismos irrogaría la existencia de varias vacantes por término indefinido. En su consecuencia, S. M. el Rey (que Dios guarde) ha dispuesto lo siguiente: i. Se reserva á los empleados dependientes de este ministerio que por virtud del Real decreto expedido por el de la Guerra en 10 del actual hayan tenido que incorporarse á las filas del Ejército activo los destinos que desempeñen ai tiempo de su llamamiento, para que puedan volver á servirlos tan pronto como terminen SUS obligaciones militares; y 2. Las vacantes accidentales que resulten por la ausencia de los empleados á que se refiere lo dispuesto anteriormente se proveerán con carácter interino en individuos que reúnan las aptitudes necesarias. p 1 general Linares tenía pensado llevar ayer á Consejo una Real orden refe- -rente á socorros á las familias de los reservistas. Por virtud de ella se hará algo análogo á lo efectuado cuando la campaña de Cuba, concediendo á las familias de los reservistas un socorro diario de 50 céntimos. En la citada disposición se excitará el celo de las autoridades civiles, alcaldes, gobernadores y demás para que ellos completen la obra del Gobierno aumentando de sus fondos estos socorros. pjl director de la fábrica de tapices, señor Stuyk, ha teuido un rasgo digno de todos los mayores elogios. De los trabajadores de dicha fábrica han sido llamados tres como reservistas de la brigada Pintos, y eí Sr. Stuyk ha hecho saber á sus familias que mientras los citados individuos estén en Melilla los jornales que ganaban se los entregará íntegros á éstas. rasgo igualmente loable es el de OtroCompañía General de Tranvías, que, la á Por Real orden Han sido destinados á Melilla los siguientes oficiales: Don José María de Borbón y de la Torre, del regimiento del Rey, núm. 1, á la brigada disciplinaria de Melilla; D. Agustín Devós Latorre, del regimiento de Melilla, núm. 59, á la brigada disciplinaria de Melilia; don Gonzalo Guerra Zagala, del regimiento de Extremadura, núm. 15, á la brigada disciplinaria de Melilla, y D. Antosio Ramos Pintos, del regimiento de Navarra, núm. 35, al de Melilla, 59 También han sido destinados- á la plaza africana los médicos primeros D. Rafael Merino y Lorenza, de eventualidades para el servicio en la séptima región, y D. Enrique Obregón y Cappa, del regimiento Infantería de Andalucía, núm. 52; los médicos segundos D. Norberto Oiózaga y Belaunde, de la plana mayor de la brigada de tropas del Cuerpo, y D. Miguel Rocal y Rico, de la tereera compañía de dicha brigada, y el farmacéutico primero D. Joaquín Cassasas Sufeirachs, de la farmacia militar de Madrid, 2. los techos áe otros trenes inmediatos al que estaba dispuesto para embarcar la tropa. Con el debido orden comenzaron á realizarse las operaciones de embarque. Eran las dos y cuarto y el momento de la marcha se acercaba. En algunos grupos se observaban movimientos sospechosos y protestas sordas de resistencia á la marcha de los soldados. En honor á la verdad, los protestantes eran una insignificante minoría. De improviso, un golfillo de unos doce años subió á uno de ios coches en donde ya estaba instalada la tropa, y rápidamente, en menos tiempo del que se tarda en contarse, sacó sucesivamente los cuatro faroles que alumbraban el interior del vagón y los rompió uno tras otro. La hazaña fue api. u íida por un grupo de los más próximos al coche. Los soldados, impertérritos, dando pruebas de un excelente espíritu de disciplina, permanecían impasibles Acentuáronse las protestas de los agita dores. Hubo un momento emocionante, de duda, al ver conferenciar á las altas autoridades militares, y se oyó un toque de atención dado por el corneta á las órdenes del capitán general. En pocos segundos, al oir el aviso, aclara, ronse mucho los grupos de paisanos. Algunos intentaron acercarse á las tropas gritando: ¡guerra á la guerra! Entonces las fuerzas de la Guardia civil y Segundad se vieron obligadas á despejar y hubo algunas carreras. El capitán Guirao, del batallón de las J a. N vas, tuvo la feliz idea de mandar bajar á los soldados que estaban en el coche que quedó á obscuras. Los mandó formar y al frente de ellos desfiló por el largo andén de la estación, recorriéndolo de extremo á extremo. Una ovación estruendosa, atronadora, del público, dos ó tres mil almas, que llenaba el andén, saludó á los soldados. Los restantes soldados que estaban en los demás coches aplaudían también á sus compañeros de armas y daban entusiastas vivas á España. Contrastando con este espontaneo movimiento, algunos individuos tuvieron la desgraciada inoportunidad de proferir algunas frases antipatióticas. Muchos jefes y oficiales, justamente ía dignados, trataron de castigar á los que protestaban; pero no necesitaron intervenir porque de los mismos paisanos salieron contundentes y repetidas pruebas de que la inmensa mayoría de los españoles tienen aún sangre en las venas y estiman como propio el honor del Ejército. Por los deplorables incidentes ocurridos se produjeron varias detenciones. Un guardia de Ordeu público fue conducido á la enfermería de la estación con una pierna contusionada por un golpe. De labios de padres, esposas y hermanos de los soldados que se marchaban oímos frases de dura condenación contra los que perturbaban la despedida de seres queridos con desmanes lamentables. Un comandante de Artillería y un capitán del regimiento de León, que en los momentos de mayor confusión arengaron coa energía á las masas invocando su patriotismo, fueron ovacionados calurosamente. A las tres de la madrugada todo estaba listo para la marcha, y el último de todos subió al tren el teniente coronel Palacios. Una salva de aplausos entusiastas, un verdadero delirio de vivas y aclamaciones se oyen al arrancar el tren. Los vivas á España, al Ejército con el pueblo y los mueras á los cobardes llenaban el espacio, produciendo un clamoreo ensordecedor. Entre los que aplaudían y vitoreaDau con, más entusiasmo vimos al agregado militar de la Legación del Japón en esta corte, SALIDA DS TROPAS 1 ngenieros y Caballería En el sudexpreso de Anaaiucía marcharon ayer á Málaga 180 ingenieros de la compañía de Minadores- Zapadores. Bajaron á despedirles las autoridades militares y civiles y un público numeroso, aunque no tanto como el que acudió anoche. Van dichas fuerzas al mando del capitán D. José Cueto Fernández, que lleva á sus órdenes á los tenientes D. Juan Gómez Jiménez, D. Tomás Moreno y D. Benüdo Alberca El general Gómez Pallete revistó las fuerzas, interesándose porque fueran lo más cómodamente posible, á cuyo efecto subió á todos los coches ocupados por aquéllas. En el andén había gran número de jefes y oficiales del Cuerpo de Ingenieros. A las once y cuarenta embarcó en los muelles de pequeña velocidad de la estación del Mediodía el escuadrón de Cazadores de Lusitania. Aaemás dei elemento oficial bajó á despedirlos el infante D. Fernando, que había llegado á las seis y media de San Sebastián En el mismo tren marchó también el grupo de ametralladoras afecto á la brigada del general Pintos. A la salida de los trenes los soldados fueron vitoreados con entusiasmo. Componían las fuerzas 117 hombres, pues además del primer escuadrón había 15 hombres de cada uno de los demás escuadrones. Manda estas fuerzas el capitán señor Uriarte. Ea el mismo treu marchó el jefe de la media brigada, coronel D. Luis Aranda. de las Navas. Vos Cazadoresmedia de la madrugada llegó A ¡a una y fin de no causar perjuicio á sus empleados que por su calidad de reservistas han debido incorporarse á los batallones expedicionarios, ha resuelto que continúes figurando en las listas con sus números respectivos y que para los efectos de antigüedad se les compute el tiempo que haa de permanecer en filas. El mismo acuerdo ha adoptado la Diputación provincial con aquellos de sus empleados que se encuentran en dicho caso. disposiciones. N uevashau dado las órdenes para la moviSe lización á los soldados que pertenecen á la división reforzada del general Orozco, y que se encuentran con licencia trimestral. Los regimientos de la división, que hoy constan de 600 plazas, se eievarán á i.ooo, procurando dotaría del material y ganado que tuvo necesidad de ceder á las fuerzas expedicionarias. Si la división, una vez nutrida, no da elemeatos bastantes á cubrir las guardias, vendrán á Madrid fuerzas de los cantones. En el caso de que la división tuviese que marchar á Melilla, entonces las tropas que hay en los cantones tendrían que venir á Madrid para cubrir todos los servicios de la plaza. Se pondrá en pie de guerra la brigada que manda el general Aguilera, compuesta de los regimientos del Rey y León, la cual se encuentra acantonada en Leganés y pertenece a aquella división. Tam o. éa se ha ordenado que la brigada que manda el general San Martín, compuesta de ¡o regimientos de Saboya y WadRás be punga en pie de maniobras. á la estacióu del Mediodía el batallón de Cazadores de las Navas, compuesto de 8 JO soldados, al mando del teniente coronel don Tomás Palacios y Rodríguez. En el andén estaban el capitán general, Sr. Villar; el gobernador militar, general Bascaran, y sus respectivos ayudantes; el marqués del Vddillo y las autoridades del distrito. Al entrar en la estación las fuerzas del citado batallón, entró con ellos un numeroso gentío, constituido por sus parientes y muchos curiosos. Como en la noche anterior, se veía en el andén gran parte de los generales, jefes y oficiales de la guarnición de Madrid, socios de los Círculos aristocráticos y estudiantes y obreros. Truchos de éstos se habían colocado eu Los bravos Cazadores de las Navas y sus