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A B C JUEVES 22 D E JULIO DE igog. EDICIÓN i. -PAG. siendo rechazado á pesar su obstinación, intención manifiesta enemigo cortar línea comunicación con fuerzas avanzadas. Eu estas últimas estaban los generales Marina é Itnaz; tuvieron un muerto y cinco heridos; bajas en las otras posiciones no conocidas aún con exactitud, sabiendo que en la segunda caseta fueron capitán de Artillería Roger, muerto, y seis más de tropa; 15 heridos y un oficial contuso; en posiciones Sidi Musa pasan de 10 los muertos y son muchos los heridos. DE NUESTROS CORRESPONSALES POR CABLE Y TELbGRAFO MELILLA, 2 1 1 1 M E n los últimos despachos que dirigí esta madrugada dando cuenta del ataque contra el parque de aprovisionamiento me fue imposible de todo punto dar detalles concretos del combate, porque durante toda la noche el teléfono instalado entre la segunda caseta del ferrocarril y el campamento del Hipódromo no funcionó, y preferí aguardar hasta hoy, en que ya se conociera la versión exacta, á anticipar detalles y suposiciones, que más tarde tendría acaso yo mismo que rectifica! Conocidos ya los hechos, he aquí lo ocurrido. oníidencias. El día de ayer amaneció tranquilo, en apariencia. Fuera de alguno que otro grupo suelto de moros, situado á gran distancia, fuera de la línea de fuego, el campo aparecía en toda su extensión limpio de enemigos. A eso de las tres de la tarde, cuando el general del Real y el jefe del Estado Mayor, teniente coronel Gutiérrez, que substituye al coronel Larrea, que se halla enfermo, se encontraban en el Hipódromo, se vio venir á todo galope un grupo de sesenta jinetes moros con bandera blanca. Dirigíanlos dos moros muy amigos de España, Maymón Mojatar y su hermano, los cuales venían a comunicar al general que los moros que habían sido rechazados en los combates del día 18 se habían corrido por la falda del Gurugú hacia Mezquita con el propósito de atacar la plaza y el campamento del Hinódromo. Maymón Mojatar, que, como su nermano y los demás jinetes que le acompañaban, pertenece á la tribu de Frajana, afecta hasta ahora á España, añadió que había dejado á las mujeres y á los niños en el río del Oro, para que vinieran al Hipódromo. El general, entonces, dispuso enviar fuerzas para que las trajeran y custodiasen; pero Maymnó se opuso, diciendo que no corría prisa, porque por eí prcnto no había oeligro para ellos. Foco después se presentaba ei jete de los obreros moros del ferrocarril, el Gato, confirmando la noticia, y añadiendo que laharca agresora estaba compuesta, en su mayor parte, por moros de las fracciones de Segangan, Uicsan y ueselu, pettenecient s todas á la cabila de Beni Buifrui El general Del Real ordenó a vanos confidentes que salieran á confirmar estas noticias. Uno de ellos regresó á poco, siendo herido en un pierna Antes de que los moros estuviesen á tiro, el general recomendó á los jefes de las tropas de Infantería que los soldados sólo disparasen á las voces de mando: ¡carguen! ¡apunten! ¡fuego! Cinco minutos después el enemigo estaba á la vista y las piezas del teniente Barra rompían el fuego, que secundaron inmediatamente los cañones Krupp. El Alonso Fmzón, que estaba anclado cerca de la costa, cañoneó también sobre ios barrancos de Sidi Musa, mientras las piezas del Atalayón enfilaban hacia las vertientes. Se destacaron los Cazadores de Estella con una sección de ametralladoras y una compañía de África, también con artillería. En el fortín quedó una compañía de la primera brigada disciplinaria, y en la posada del Cabo Moreno, otra del regimiento de África. Los moros, cogidos entre cuacro f aeg os, retiráronse de nuevo hacia las vertientes del Gurugú Las fuerzas avanzaron en su persecución, y á las siete, el general Del Real, con su ayudante Zegri y el teniente coronel Morcillo, ordenó la salida de la plaza de dos compañías del regimiento de Melilla y otra de Cazadores, y se puso al frente de la co lumna mixta hasta llegar á las posiciones del segmento derecho, que manda el coronel Benedicto. Al entrar la noche? t suspendió el fuego, aprovechándose esta tregua para que comieran los soldados, á quienes se les distribuyó platos de arroz con carne y tocino. f el parque de aprovisionamientos. Mientras en el Hipódromo ocurrían los hechos que dejo relatados, en la segunda caseta del ferrocarril se batía también vigorosamente el cobre. Los moros, cuyo principal objetivo era apoderarse del parque de aprovisionamientos para cortar las comunicaciones entre la posición principal del general Marina y La plaza, atacaron la línea del ferrocarril por la parte de la segunda caseta con un empuje verdaderamente formidable. Empezó el tiroteo por el lado de los barrancos de Sidi Musa. Allí estaban las fuerzas del teniente coronel Pedreira, que contestaron á cañonazos. Luego, formalizado el cañoneo, intervinieron sucesivamente las baterías del Ataiayón, las de Yebel- SidiHamet y las piezas situadas en la pasada del Cabo Moreno. Los moros, vigorosamente rechazados, suspendieron el fuego al anochecer para reanudarle á las diez de la noche, con más brío si cabe. Como el teléfono estuvo toda la noche interrumpido y no se tienen más noticias que los partes escuetos traídos esta mañana al campamento por unos valientes batidores del escuadrón de Treviño, se sigue careciendo de detalles concretos acerca de los combates sostenidos en aquel sitio. A juzgar, sin embargo, por las referencias que se tienen, la acción debió de ser rudísima. Dícese que la posición que defendió el teniente coronel Sr. Pedreira estuvo en algunos momentos en verdadero peligro de ser arrollada por los moros. Los soldados españoles se defendieron con gran ardor, logrando rechazar varias veces al enemigo, causándole muchas bajas. Pero como á pesar de ello seguían sin retirarse definitivamente, parapetados en sus posiciones, el teniente coronel Pedreira dispuso que los soldados españoles saliesen de las suyas para tomar á la bayoneta una pendiente donde los moros continuaban tenazmente el ataque Dícese también, toflavía no lo he podido confirmar oficialmente, que en la segunda caseta del ferrocarril hubo un muerto y 18 heridos, y en Sidi Musa, un. muerto y 16 heridos. Lo que sí, desgraciadamente, está compro bado es que en uno de los cotnb- ites murió el capitán de Artillería D. Alfredo Roger, que mandaba uaa batería de montaña. El Sr. Roger vino á Melilía con la brigada que llegó de Barcelona. Al caer muerto el valiente oficial, otro capitán se hizo cargo inmediatamente del mando de la batería, alentando con ardor grandísimo á los soldados, que defendían la posición con extraordinario valor. E? n el cuartel general En ei cuartel general no hubo bajas. Por la tarde, á primera hora, se efectuó sin incidentes el relevo de las fuerzas que guarnecían el campamento, y el general Imaz, jefe de la brigada mixta de Cataluña, tomó el mando de la línea exterior. Mientras se efectuaba el relevo de uno de los destacamentos instalados en las laderas del Gurugú, los moros hostilizaron á nuestros soldados, pero fueron rechazados por el fuego certero de la artillería gruesa. Como en todas las demás posiciones, el fuego se suspendió al anochecer, para reanudarse á las diez con más brío. A partir de esa hora, el combate siguió toda la noche, y en él tomaron parte, además de las fuerzas del general Marina, los refuerzos que combaten á las órdenes dei general Imaz. Estos últimos se dedicaron preferentemente á cañonear las posiciones que en e Gurugú ocupaban los enemigos El fuego de ambas posiciones duró toda la noche, y hubo de intervenir también el fuerte de San Lorenzo, uuo de los situados dentro del campo exterior Las ametralladoras situadas en la posada del Cabo Moreno y de la segunda caseta también han hecho fuego durante toda la noche para batir á los grupos de moros que hacían fuego á 2.500 metros de la plaza. Con la ¡legada ddl día cesó lo rudo del ataque, terminando primeramente en las posiciones que ocupaban el general Imaz y continuando en las del general Marina. De la plaza salieron algunas parejas de Caballería para establecer el contacto con las posiciones avanzadas y que habían sostenido el combate. Estas fuerzas fueron también tiroteadas por grupos de moros parapetados tras chumberas y cercas de piedras. Elc mbate cesó después de bien entrado el día; pero luego volvió á reanudarse, aunque con intermitencias y con menos ardor. Dícese que las ametralladoras dispararon más de 170.000 tiros. onvoy de municiones A as siete de la mañana llegaron, como he dicho, al campamento del Hipódromo ocho parejas de Caballería de Treviño, al mando de un cabo, con un parte para el general Del Real, en el que con lacónicas frases se le decia que las posiciones españolas habían hecho una defensa heroica, causando al enemigo grandes bajas. Los so dados dijeron que fueron hostilizados por los moros durante todo el camino, lo que demuestra que los rífenos se encuentran apostados en los barrancos más inmediatos al camino que conduce á las posiciones El general Del Real ordenó l a salíaa áe un convoy de municiones, que poco después se ponía en marcha bajo la custodia de una compañía del regimiento de Melilla y de dos compañías de Estella. Al propio tiempo se dispuso la salida de un tren minero de la Norte Africana para la segunda caseta, con objeto de recoger á los muertos y heridos y traerlos al Hipódromo. Este tren llevaba otro convoy de agua, municiones y paja. Momentos después de emprender la mar- rigurosamente ciertas. Con los gemelos de campaña se distinguían los grupos compactos de enemigos, que bajaban á todo correr en dirección del campamento. El general Del Real distribuyó sus fuerzas: las de Infantería, al mando del coronel Arespacochaga, y las de Artillería, dos piezas de tiro rápido, mandadas por el tementa Barra, y otras dos Krupp, de nueve centí. metros, mandadas por, el teniente Román. El ataque. Las noticias ae los moios leales eran