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A B C M I É R C O L E S 21 D E JULIO D E 1909, EDICIÓN i. PAG. 12. Marchaba sin tocar la música y en colum- na de viaje, rodeados los soldados de parientes y amigos que les asediaban con recomendaciones, advertencias y frases de cariño. Al llegar las tropas á la estación se abrieron las verjas- que cierran el acceso al edificio, y por ellas entró desbordándose materialmente la masa numerosa del pueblo, de todas laa clases de la sociedad, que llevaba varias horas esperando. El aspecto de la estación era animadísimo. Los soldados, vestidos con uniforme ULTIMA HORA de rayadillo y con equipos de campaña, reÍWEL 1 LLA, 2 1 i M cibían pruebas de afecto del público, que Vro ataque. los obsequiaba con cigarros. Amplío, aunque pocos, algunos deta- 1 Seguidamente se procedió á instalar á las lies del ataque á que me refería en mi ante- tropas en el tren, que se hallaba preparado rior despacho. al efecto en el primer andén, de la linea de Próximamente á las seis y media de la Andalucía. tarde empezóse á ver grandes grupos de Constaba el convoy de treinta unidades, moros cjue desembocaban por el barranco de las cuales las siete primeras eran para el de Sidi Musa en dirección á la segunda ca- transporte de ganado, carros y material. seta del ferrocarril, entre la posición prinEn los restantes se iban acondicionando cipal de Yebel Sidi Hamet Hach y la posi- los soldados y clases de tropa. Los jefes y ción que defienden las fuerzas del teniente oficiales del batallón, siguiendo las acertacoronel Pereira. das disposiciones de ssujefe, el teniente coEn la segunda caseta está establecido, ronel Sr. Ibáñez Marín, dirigieron las opecomo ya he dicho, el parque de aprovisio- raciones de embarque, atendiendo solícitanamientos de Administración Militar. mente á los soldados. El general Marina dispuso que la ArtilleDesde el primer momento acudieron tamría rompiese el fuego contra los grupos. bién á la estación el jefe de la Casa Militar Estos avanzaron y se encontraron con las del Rey, general conde del Serrallo; el capidescargas cerradas de fusilería y ametralla- tán general, Sr. Villar; el gobernador milidoras del teniente coronel Pereira, mientras tar, general Bascaran; el gobernador civil, los cañones del Hipódromo y del At- alayón, marqués del Vadillo, y el alcalde, conde de combinados, rompían también contra ellos. Peñalver. Los cabileños, encerrados entre cuatro fuegos, no tuvieron más remedio que retro- deFuerzas deja Guardia civil y del Cuerpo Seguridad cuidaban del orden. ceder, corriéndose á las laderas del Gurugú, La concurrencia de público era numerosípero sin abandonar por eso la ofensiva. sima, verdaderamente extraordinaria, hat El general Marma, que proyectaba, como llándose rebosantes los dos andenes y dije, venir esta tarde á la plaza, suspendió biertos de chiquillería popular los cochescude el regreso en vista de los acontecimientos. los trenes que estaban en la estación. Dícese que los enemigos ascienden á 3 500 En los andenes se veía á muchos genehombres. Continúa el combate. rales, jefes y oficiales, señoras, socios de los Casinos aristocráticos de la corte y estudiantes y obreros. Una vez instalados en los coches, los solijpn la estación. dados se asomaron á las ventanillas y de En virtud del anuncio publicado por partían con las personas de su familia y sus los periódicos de la noche de que las tropas amigos. de la brigada Pintos empezarían á salir de En general, de la tropa Madrid anoche mismo, muchas personas, celente, y en el espíritu se dirigían era exunos á en su mayoría pertenecientes á las familias otros bromas y alta voz de los expedicionarios, acudieron á despe- su buen humor cuchufletas que denotaban dir á los soldados. ¡Vivan los reservistas! oimos gritar vaA las onee de la noche era ya considerable el público que se había situado en la rias veces en los coches á los soldados, y la cariñosa puerta de Atocha y en las inmediaciones de aquéllos contestaban á quintos y á aclamación dando vivas á los los solla estación del Mediodía. solteros. Fuerzas de Orden público á pie y á caba- dadosmedio del bullicio y de la natural alEn llo estaban encargadas de mantener el or- gazara, se produjeron dos ó tres pequeños den, y la consigna debía ser muy severa, incidentes que por fortuna no tuvieron conpor cuanto que era casi imposible penetrar secuencias. en el interior de la estación. Hubo algunos oradores imp ovisados que Las verjas que comunican con el andén exteriorizaoan sus sentimientos más ó mede salida estaban cerradas y debidamente nos pacifistas y con mayor ó menor elocustodiadas además por la Policía. Uno de nuestros compañeros logró pene- cuencia. Por efecto de la excesiva agióme ación de trar en el andén de llegada á costa de no pocos trabajos, y vio que dentro de la esta- público hubo también dos ó tres disputas, ción eran también muy severas las precau- que pudieron cortarse sin pasar á mayores gracias á la discreción y buen ánimo de la ciones que se habían adoptado. En la Puerta de Atocha la gente era mu- mayoría dei público. Cuando todos los soldados estaban instacha, entre ellas las madres, las esposas y las familias de muchos de los que se marcha- dos, y colocado también el material de gueban, desarrollándose las escenas de ternura rra, subieron los jefes y ofieiales á un coche de primera, y e 1 último de todos, el jefe del que son de rigor en estos casos. A la una de la madrugada llegaron nue- Cuerpo, el Sr. Ibáñez Marín. Sonó un estridente y prolongado silbido. vos refuerzos de guardias de Seguridad. En la Puerta del Sol, en la calle de Alca- Una vigorosa corriente de emoción imlá, plazas de la Cibeles y de Neptuno, tam- pregnó el ambiente. El tren se puso en marcha muy despacio. bién había bastante gente, á pesar de lo Al arrancar, un ¡viva! entusiástico, simulavanzado de la hora. táneo, partió de todos los labios. Los solda Cazadores de Figueras. A las dos menos cuarto llegó á la esta- dos, en las ventanillas, contestaban agitanción del Mediodía el batallón de Cazadores do los pañuelos y con los roses, enfundados de blanco. El clamoreo era incesante y se de Figueras, imm. 6. L o s francos hati subido 10 céntimos y ¡quedan á 9,50. X a baja de nuestro primer signo de crédito es sintomática. El dinero, tan optimista en estos últimos tiempos, empieza á alarmarse. Creemos que no hay motivo para ello y que los pesimistas que, impulsados ahora por tina irrefexiva nerviosidad, venden el papel que tienen y el que no poseen, habrán de comprarlo más caro algún día, quizá muy próximo. j -a oían mezclados los vivas á España, al Ejéfcito y á los Cazadores de Figueras. Hubo, y como no, las tristes escenas qu? es de suponer de las madres, esposas y herí manos de los que marchaban á cumplir con su deber. El tren, larguísimo, tardó unos cinco minutos en salir del andén. A las tres en punto de la madrugada salió de agujas el convoy que conducía á los Cazadores de Figueras. El público, en su mayor parte, permaneció en la estación. Unas personas se dirigían al restaurant y á los puestos de refrescos para esperar la salida del segundo tren mixto, otras espelaban á pie firme en el andén. Cazadores de Barbastro. Un cuarto de hora después llegaba á la estación el batallón de Cazadores r 2 manda el teniente ceronel Sr. Jiménez jare, o Estas fuerzas cruzaron desde el cuartel de la Montaña por la Puerta del Sol, Carrera de San Jerónimo y paseo del Botánico. El batallón iba envuelto en una masa de paisanos que los aclamaba sin cesar. Los parientes de los soldados se acercaban, hablándoles durante el camino. La I anda del batallón tocaba una marcha militar. Por el paseo del Botánico y en las inmediaciones de la estación del Mediodía aumentaron los vítores y aplausos á los soldados. Estos, como los anteriores de Figueras, se presentaban perfectamente equipados. En el andén estaban las autoridades antes citadas y el mismo gentío inmenso aumentado con el de las familias de las tropas que llegaban. A las cinco menos veinte minutos quedó embarcado el batallen de Barbastro, cuya plana mayor la forman el teniente coronel Jiménez Pajarero, el comandante Alcalá, los capitanes Sr. Cebrián Zubillaga, Maroto, Piquer; el ayudante, Sr. Mufcleras, y el abanderado, Márquez. Los jefes y oficiales de todos los Cuerpos de la guarnición despidieron cariñosamente á sus compañeros de Armas. j A dicha hora la concurrencia en las inmediaciones de la estación hacía disminuído bastante. Frente al ministro de Fomento seguía el escuadrón de Caballería del Cuerpo de Seguridad. A las cinco y diez minutos se puso en marcha el tren, en medio de las mismas aclamaciones de entusiasmo que á la salida del primer, tren. i as fuerzas de Artillería Esta madrugada, después de las cuatro, llegé á Madrid un tren especial conduciendo parte de las fuerzas de Artillería anejas á la brigada del general Pintos, que, corno en otro lugar decimos, se hallaban en Vitoria. p a r a hoy. A las siete y veinticinco de la mañana de hoy saldrá el tercer tren conduciendo la compañía de Zapadores. Cuarto tren, á las once y cuarenta de la mañana, con el escuadrón de Lusitania y el coronel de una media brigada. Día 22. -Saldrán otros cuatro trenes con el mismo horario anterior. El primer tren llevará un batallón, otro batallón el segundo; el tercero, la ambulancia de Montaña con el coronel de una me dia brigada, y el cuarto conducirá un batallón. Día 23. -Cuatro trenes, también con el mismo horario, yendo en el primero un batallón; en el segundo, la Administración Militar; en el tercero, la compañía da T légra. ios. y eu el cuartu, an i Dacer. d de C nuañ- SALIDA DE TROPAS minian 1, JI iianiUTnrm nnininwnnniír