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p Ticxquita asá del Cabo Moreiu Bocana, de La Mar Chica w 5 Syí CROQUIS DE LOS LUGARES DONDE SE VERIFICARON LOS COMBATES DEL DÍA 18. (CADA SIETE MILÍMETROS REPRESENTAN UN KILÓMETRO) DESPUÉS DEL COMBATE POR CABLE Y TELÉGRAFO MÜULLA. 2O, I O H rt entierro de las víctimas. Ayer, á las seis de la tarde, se verificó el entierro de las víctimas de la noche anterior, presidiendo la fúnebre ceremonia los generales Del Real é Imaz. Asistieron al acto una música militar los jefes y oficiales libres de servicio y muchos paisanos. Seguían á los féretros coronas dedicadas por los Cuerpos de la guarnición y compañías de los regimientos de África y de Melilla. v l as baterías de la plaza hicieron los honores, y los coroneles Sres. Benedito y Arespacochaga, de Melilla y de Artillería, respectivamente, asistieron al entierro en representación de las familias de las víctimas. ás detalles del combate. Las fuerzas españolas que tomaron parte en los combates del domingo fueron: Ja cuarta compañía del tercer batallón del regimiento de África, núm. 68; la primera del segundo de Melilla, núm. 59, y la primera del tercero de Melilia, que ocupaban las posiciones avanzadas. I, a tercera compañía del tercero ocupaba otra posición avanzada, con la segunda compañía del Disciplinario y la primera del tercero de Melilla, á las órdenes del teniente coronel Aizpuru y del comandante Cos Gavón. l,o s moros atacaron la posición de Yebel Sidi Hamed por la parte alta del barranco, corriéndose luego sobre las estribaciones del Gurugú. Formaban dos grupos capitaneados por Bl- Hach Amar- Talzi, de Ustalse, y Mizzian, el morabito de Benibuiírur, quien tenía por segundo al Chaldy. Sus pérdidas f aeron enormes. Confidentes moros llegados hoy á la plaza dicen que tuvieron 70 muertos, entre ellos Hich Emthalza, uno de los cabileños más acaudalados del Rif y alma de la insurrección contra el Roghi. Estuvo peleando en primera línea al lado de sus hijos, y fue recogido con cuatro balazos en el cuerpo. Los moros tiraban con remingtons. ínaüssers y chassepots. La posición de Yebel Sidi Hamet está situada entre los arroyos de Sidi Musa y Mohained- bsn- Alem, ai Norte del Gurugú y al Sur del Atalayen. i a noche del lunes. l Los moros volvieron anoche á tirotear las posiciones. Tres veces se acercaron al campamento y las tres fueron vigorosamente rechazados por los disparos de fusilería y artillería. El primer ataque comenzó á la una menos cuarto de la madrugada. Las avanzadas de la posición de YebelSidi- Hamet vieron que se adelantaban unos grupos de moros y rompieron el fuego, acallando su tiroteo. Estos se retiraron y á las dos volvieron de nuevo, esta vez en mayor número y con mayor empuje, llegando hasta 350 metros de las avanzadas. Nuestras tropas tuvieron en este ataque un soldado muerto y otro herido. f Poco después, de las tres. de la madrugada los moros iniciaron el tercero y último ait? que. También esta vez fueron vigorosamente rechazados. Tres soldados resultaron heridos; uno per- 1 tenecia al regimiento de Barcelona y dos al batallón de Melilla. Estos tres heridos Iq, fueron de gravedad tanta, que uno de lo pertenecientes al batallón de Melilla pere ció al entrar en el hospital. A las cinco de la madrugada la tranquili dad era completa en todo el campo. Estos combates, aunque de escasa impor taucia militar, causaron en la plaza, espe cialmente en los barrios extremos, -grandísima alarma, porque en los primeros momentos se creyó que los disparos se hacían desde el Hipódromo, porque los moros se ha bían corrido para atacar el campamento. I,o s jefes militares restablecieron la tranquilidad, demostrando á los más medrosos que los disparos se hacían desde las posiciones, y no había por tanto, niesgo remoto ni motivo para temer ningún peligro. La calma con que los jefes decían esto y los informes de dos capitanes que, en un paseo de exploración, comprobaron que el fuego procedía de las posiciones avanzadas devolvieron la tranquilidad á las gentes de los barrios del Buen Acuerdo y el Polígono. Ademas, manifestaron que la comunicad ción telefónica con el ÉEipódromo demostraba no existir por aquella parte ataque de los moros. Desde que se oyeron los primeros disparos, el cañonero Alonso Pinzón salió hacia la costa y fondeó á cuatro metros del agua para ayudar, si era necesario, á la a. cción dé las posiciones, cañoneando á los moros por aquella parte. No fue necesario porque jno hubo moros en la costa