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A B C M I É R C O L E S 21 D E J U L I O D E 1909. EDSCÍON i- 9 P A O i Signamos cómo feneció aquel oficial, apo ¡yado en un cañón de la batería que mandaIba y rechazando el formidable ataque de os rífenos. El capitán Guiloche era muy joven. Nació el 8 de Mayo de 1874 y tenía la antigüedad de 16 de Agosto de 1906 en. el escalafón. de capitanes de Artillería. I as obras del puerto de Huelva. Huelva acaba de inaugurar una de esas obras que, por su índole, constituyen la base del desenvolvimiento y fomento del comercio y la industria nacionales. Se trata del dragado- interior de su tía, cuya ofera es la más importante de cuantas áe han realizado hasta ahora en España, toda vez que el volumen jsie hay que drafgar es áe 11 millones de metros cúbicos, y (Su coste total asciende á 8 millones y 100.000 pesetas. El desusado tráfico de aquel puerto, al que concurren numerases buques de todos los países del mundo para cargar minerales de las renombradas y ricas minas de dicha provincia, aumentará considerablemente con la realización de esta mejora, que permitirá la entrada en el puerto de baques de j á 10.000 toneladas, aprovechando las pleamares y maniobras en todas las mareas á las de 6 á 7.00 toneladas. 1 I a extensión que se va á dragar es la comprendida entre el muelle de la Compañía de Tharsis y el Monasterio de la Rábida, desapareciendo el bajode I a Ballena que hoy constituye, si no un peligro, un grave incenveniente para la navegación. Con los productos que se extraigan áel fondo de la ría se terraplenará una extenÍBién de seis kilómetros de terrenos de mafrismas, por 200 metros de anchura, en los cuales se construirán fábricas y depósitos (de mercancías á semejanza de los grandes centros ¿el Norte. Los festejos celebrados para la inaugura eión de la magna obra han sido sencilla mente admirables, habiendo respondido el ipiieblo con verdadero entusiasmo ornando I iluminando las fachadas de sus casas. A las cuatro de la tarde del día 18 se organizó una procesión cívica, á la que concuoaieron las autoridades y fuerzas vivas de tó población, calculándose el número de los asistentes en unas 10.000 personas. 331 ingeniero director de la Junta de Obras del Puerto, D. Francisco Montenegro, y el aator del proyecto, D. José Albelda, han sido felicitadísimos por haber llevado á cabo una obra que honra á la ingeniería española. I a escuadra alemana. Reproducción de instantáneas referentes á la llegada á Bilbao del príncipe Enrique de Prusia y la esGuadra de que es almirante. En nuestros telegramas hemos dado extensa noticia del suceso. cercanías de Melflla han dado su vida por la patria; mas dicho esto, paeciso es, para juzgar sucesos y aceptar ó rekusar Hs consecuencias de ellos, en lo que á la vida y al porvenir de España se refiere, tomar puntos de vista mucho más altos: sustraerse á sensiblerías y pesisaismos deprimentes del espíritu nacional, é inspirarse en más viriles ideas. Sangriento comfeate, horrible lucha, cruenta refriega- -hasta ¡bfctd la! se hj llama- lo á los encuentras del domingo, que ningúu militar serio jCalificará nunca sino de escaramuza un poco viva, de nocturno encontronazo, sin influencia militar 1 n los sucesos. ¡Catorce muertos! ¡Veintitantos heríaos... ¿Pero es que un país seiio puede asustarse de eso? Y si se asustara, ¿no sería prueba de una dolorosa decadencia de su espíritu... ¿Qué pasaría entonces el día, la suerte ao lo traig? en que tuviéramos que reñir cual h t reaido otros, cual en tiempos reñimos nosotros, verdaderos comí ates e 1 ue las b- aa se contaran por muahos cemeaares, serias batallas en ue por millares y millares se contara los hombres puestos fuera áe combate? Cuaieata bajas, poco más ó menos, sufridas en tres ó cuatro achuchones sobran para asustar á madres y esposas, pero soa muy pocas para alarmar á una nación cual siempre fue la española. ¡Diez y ceis horas de comfeate... Si durante todas ellas se hubiera peleado, lo cual no habrá currido, seguramente, resultaría que las bajas de esos herri les combates, de esa cruenta batalla, se distribuirían á razón de menes de tres por k ra... No es, á la verdad, para asustar tal hecatombe. Se ha querido pintar la situación de nuestros saldados como crítica, se hace pensar a las gentes sencillas que hemos estado á pumo de sufrir un descalabro. ¡Qué desconocimiento de lo que son las cosas de la guerra! Querer juzgar de un hecho de armas, no por los resultados de él, sino por el número áe feajas, es demostrar que se ignora lo que la guerra es; peí o si tal juicio sa funda e- a la apreciación de las bajas de uno selo de los combatientes, ya no es ignorancia militar, Erna abfiíirdo de íenti lo coojún. ¿Qué ka Qcaiti oí Paes w ia cosa muy sencilla, lo que ocune en todos los combates de noche: una serie: de encuentros des rdenados. ISn tale combates no cabe esperar el desenlace, c m J en los que se libran á la luz de, día, de u i a: acción carabina ia de fuerzas, que no se ven, ni de avaaccS ordenados, imposibles de realizar en la obscuridad, con ríe- go áe que tropas amigas se fusilen mutuamente, Ea tales casos, cada uno combate donde la acción le coge, y aquí da la casuali Jad superioridad de fuerzas á una piarte, que ej otra resulta en desventajosas- eondicioaes. Y n hay otro medio ni otra receta para sa ir de tales pasos, pues quien quisiera kacer á ciegas otra cosa esmetería una imprudencia temeraria. ¿Donde están nuestras soldados después del asalto le las cabilas? Donáe estaban antes; sin haber retrocedido un sol pas sin haber perdido una pulgada de terreno. Ea esto es en lo que se conoce uién gana ó pierde en un hecho dearmas. ¿Qué cañones se han llevado los asaltantes? ¿Qué prisi neros han hecho... Pues si á lo que parece era su principai bjetiv apoderarse de algunas piezas y no lo kan conseguido; si ha bastado una sola sección kacien do fuego d la voz j ara rechazar el ataque en sino de los momentos más cálidos de él, no debe haber sido tan crítica la situación como los alarmistas se esfuerzan en hacer creer. Es precis pensar coa un poco más áe calma y sentir con algo más de virilidad. ¡Por Dios! que no se burlen áe nosotros; 110 nos pa, mostrando nerviosidad poco decorosa y llamando batallas á lo que nadie que sepa lo que batallas son llama con tal retumbante nombre. Nunca hemos sido partidarios de aventuras, jamás las hubiéramos provocado motu pro, r o; pero así como el hombre no es dueño de regular los sucesos de su vida, tampoco una sacian es única señora de los que á su política sa refieren, y menos cuando esa nación no puede dictar la ley á las demás. Por unas causas ó por otras, que no hemos de analizar hoy, nos hallamos en el momento que Europa, no nosotros, juzga crítico para el imperio marroquí, en el momento en que no nos quedan sino dos caminos que seguir: ó abandonar nuestras plazas de África, haciendo pública confesión, no sólo de debilidad material, sino de falta de espíritu nacional, ó hacernos respetar de los que frente á ellas viven, de esas gentes que no respetan sino al fuerte. Si Hay quien crea que debemos abandonar Ceuta y Melilla, cedérselas á Francia ó á Inglaterra para que en ellas hagan lo que nosotros no queremos hacer, será muy respetable su opinión, pero debe formularla con esa crudeza... y es muy probable que expuesta de tan claro modo le pareciera al país un suicidio nacional. Si alguno cree que conservándolas podemos contestar á los desmanes de los moros vecinos encerrándonos en los muros de las plazas, sin atrevernos á asomar la nariz fuera de ellos, y dejando allí fuerzas insuficientes, dígase también; pero es seguro que si nosotros no las evacuábamos nos las hicieran evacuar nuestros nuevos vecinos, que al cabo de pocos años no serian los moros, sino los europeos ¡ue rodearan aquellas ciudades. Pero sobre todo lo anterior tenemos noy un hecho: el de la hostilidad, traducido en agresiones de algunas cabilas; y ante esto sólo cabe preguntar si debemos presentar la otra mejilla ó retirarnos prudentemente por no querer aventuras. l,o primero que necesita un Hombre para gozar concepto de tal es la resolución de hacerse respetar, siquier sea muy prudente y pacífico; lo primero que una nación neee- sita para ser como tal considerada es con- ¡ciencia de la dignidad nacional, saber mos- trarse en cualquier momento de su historia contó madre áe una raza viril. Y mal se compadece, á la verdad, con esto el chillar y gemir en cuanto hay que abordar empresas dejbombres. ¿Pero es España quien gime y llora? No: solamente unas pocos equivocados, á quienes es ssguro que España no hará caso. MADRID AL DJA p l termómetro nos acusó las cuarenta. Coa esto queda hecha la apología del día. J Por lo la joraada fue muy movida Llegada del Rey, llegada de Maura, reunióoj del Consejo ie ministros, visita regia á los cuarteles de los Docks y de la Montaña, y, fiaalmeate, ya de madrugada, salida de Madrid dedos batallones de Ci tadores, con las consiguiente? escenas de despedida. Las noticias recibidas de Melilla f ueroa relativamente tranquilizadoras, pero los nervios siguea en tensión y la fantasía haciendo de las suyas. Se comprende la debilidad de la Bolsa, porque hace mucho tiempo a ue hemos convenido en que el dinero es cobarde; pero pasar de ahí es faltar á la reunión. Es indudable que n die apetece la guerra; pero, del mismo modo, no puede apete cer nadie que se nos pegue y nos quedemos tan campantes. Ni el fraile del cuento tuvo resignación para aguantar el segundo gol 4 y ó por aquello de que Crista CALMA, SEÑORES oa motivo del ataque que el domingo realizaron los moros contra el campamento instalado entre El Garugú y El Atalayón, y c ntra el destacamento de este. áltimo. lugar, se ha producid un tmavimienta de opinión tan exagerad tan fuera de proporción con la realidad y la escasa importancia militar del suceso, que más parece delirio áe mujeres neuróticas jue juicio de gente reflexiva. Triste, tristísima es la géráida áe una sola vida, áigna le ser llorada la miaerte de los que, pocos ó muchos, perecen en el cumplimiento de altos áefeeres; más que nadie deploramos el luto de las desgraciadas viuda; y huérfanos de los valieates eme es las demos eu espectáculo Jisibie antemuro-