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A B C MARTES 20 DE) UL 1O DE 1909. EDICIÓN K PAG. 7. LA CORUÑA, ig, 7 T. I J a u desembarcado 600 tripulantes ale manes, con aparatos de gimnasia y pertrechos de juegos, Se dirigen al campo del Club Deportivo, ti, donde hay preparada una fiesta. Jugarán partidos de golf, robín y otros sports, y luego celebrarán ejercicios gimnásticos. Una charanga alemana y una banda española amenizarán el acto. LOS AEROPLANOS bía llegado, y es de temer que hava caído al agua. En su busca han salido varios vapores CALAIS, 19, I I S nueve y ocho minutos el semáforo señaló que un remolcador regresaba hacia el puerto, escoltado por el contratorpedero Harpón v llevando el aparato de Latham. Se supone, por lo tanto, que ha fracasado la tentativa del atrevido aviador. A CALAIS, 1 9 I T. LATHAM SOBRE LA MANCHA POR TELÉGRAFO CALAIS, 19, 9 M. e Saegátte partió esta mañana, á las siete y dos minutos, con vuelo magnífico, el aviador Latham, que intenta salvar con su dirigible el Paso de Calais. D oouvüES, 19, ion. de la suerte A N ada se sabe de la mañana de Latham. halas nueve todavía no atham, después de haber volado con toda felicidad 18 kilómetros, se descompuso el motor del aparato, y Latham cayó en medio del mar, teniendo que mantenerse allí luchando con las olas. Gracias á que uno de. los torpederos, el Harpón, que previamente dispuesto le seguía de cerca, pudo acudir rápidamente en su auxilio, y el arriesgado aviador fue recogido del agua sano y salvo. El aviador está ileso. Al desembarcar aquí, la muchedumbre, que era enorme, prorrumpió en entusiastas aclamaciones. Al parecer, el monoplano ha stairido averías de cierta importancia. MARRUECOS DIEZ Y SEIS HORAS DE COMBATE DETALLES É IMPRESIONES OR CABLE Y TELÉGRAFO MEL 1 LLA, 19, 3 T. nías del campamento, lanzáronse audaz- mente contra la posición del general Marina, tan cerca, que forzaron las alambradas y se llevaron dos tiendas de campaña, 17 muías y el caballo del jefe de Administración militar Sr. Bremón. I, a bandera española que ondeaba en el campamento quedó nechauna criba. Los moros atacaron despreciando el fue go mortífero del cañón y sin tener para nada en cuenta los destrozos que entre ellos cau saban los botes de metralla. Tan cerca lie garon de los cañones, que á menos de seis metros de distancia de ellos hallaron los nuestros diez y ocho cadáveres de cabileños destrozados. Hubo momentos en que parecía que la avalancha de los moros iba á internarse inevitablemente dentro del propio cuartel general para luchar brazo á brazo con los nuestros. Sin las alambradas, hubieran llegado los moros, áe no contar con la bravura de las fuerzas españolas, hasta el mismo campamento. Los soldados tenían que tirar desde él agazapados, por la verdadera lluvia de balas que ¡sobre ellos caía. El combate duró, sin interrupción, hasta las tres de la madrugada, en que los moros se retiraron, llevándose la mayoría de sus bajas. La táctica en la Caballería mora era presentarse á atacar por parejas y reunirse e un punto dado para tirotear. Se calcula que habrán tomado parte unos 2.800 infantes y cerca de 2.000 jinetes, que se han batido con ardor extraordinario uestras bajas. J El teniente coronel de Iníantería doii Federico Julio Ceballos cayó atravesado á balazos en medio de las guerrillas. Mandaba las fuerzas lel regimiento de Melilla, que fueron de las primeras en entrar en fuego. Cayó al lado de un hijo suyo, eabo de Infantería, que se abrazó á su padre unos instantes, oyéndole sólo decir: Hijo, me han matado! Un instante después estaba muerto. Sonó una voz de mando, y el cabo, con lágrimas en los ojos, tuvo que separarse del cadáver de su padre para hacer fuego sobre el enemigo. Poco después cayó muerto el- capitán de Artillería Sr. Guiloche. Cayó con la mano puesta en su cañón, cerca del que avanzaba con furia el enemigo. Este preparábase al asalto, y al grito üe ¡viva España! se dispuso para rechazarlo la tropa, que, bravamente enardecida, contuvo el avance de los cabileños. El comandante de Artillería Sr. Royo murió también al pie del cañón. El Sr. Mena, capitán de Cazadores de Barcelona, resultó con un balazo en el brazo derecho durante lo mas recio de la pele. También están heridos los tenientes de Melilla Conde y Navarro y los oficiales del batallón de Cazadores de Barcelona D. Salvador Manuel Moreno v D. Francisco Pacheco. Los soldados muertos identificados hasta ahora son: Silvestre Martínez, de la cuarta compañía del tercer batallón del regimiento de África; José Brocal, de la misma compañía. Leandro Bueno, del regimiento Disciplinario de Melilla. Sa le identificó por llevar en el bolsillo un pase de su coronel para atravesar las avanzadas como ordenanzr del teniente Sr. Suarez. Antonio Viüalonga y Eduaido Díaz, también del Disciplinario. Heridos: Regimiento de África: Lorenzo Roselló, Rafael Martínez, Rafael Zorroche, Juan Auancio, Mariano Cóler, Juan González Sánchez, Francisco Doleda, Juan Diegro BaicC lón y Diego Sancaez, sóida tos. fo. Cazadores de Barcelona Roque 1 primer ataque. Conócease ya detalles completos del combate de ayer. Los elementos que componen la harka enemiga, reforzados con contingentes del interior y con los rífenos que han regresado de los trabajos agrícolas de Argelia, acordaron atacar la posición principal, enclavada frente al Gurugú. El ataque, según las noticias que han facilitado los moros amigos, debía tener lugar por la noche; pero algunos de los cabileños, impacientes, se anticiparon, y á las once de la mañana atacaron el flanco derecho de la posición principal del general Marina. Inmediatamente se destacó el comandante Cos Gayón con una compañía del regimiento de África, y avanzó una batería de artillería protegida por el batallón disciplinario, al mando del teniente coronel Aizpuru y fuerzas del regimiento de Melilla mandadas por el teniente coronel D. Federico Julio Ceballos. Los moros se corrieron entonces hacía el Oeste, coronando todas las alturas del Gurugú para dominar la situación principal, al mismo tiempo que mil jinetes se desbordaban como un alud sobre el Atalayón. Estos jinetes iban mandados, según se dice, por El Chaldy en persona. De la plaza salieron el batallón de Cazadores de Mérida, para reforzar el cuartel general; dos compañías del iegimiento de Melilla al mando de D. Teodoro Cuevas y don Ildefonso Infante, con los tenientes Caro, Abao y Rubio, áe la primera compañía, y Deleito, Aizpuru y Reyes, de la segunda. Uniéronse dichas faerzas en la caseta con la seganda compañía de Melilla, mandada por el capitán Otegui y los tenientes Quintana y Suárez Labrada, para cortar el paso al torrente de enemigos que desembocaba por la cañada de Sidi Mura. p l segundo combate. Los moros acometían formidablemente. En su avance llegaron hasta la misma A las ocho y media de la noche, cuanboca de los cañones, sin temor á la metra- do por orden del general Marina se estaba organizando el servicio nocturno, los moros, lla que éstos arrojaban. El general Marina alentaba á nuestras que, aprovechándose de la obscuridad, habían llegado sigilosamente hasta las cerca- Los moros llegaron á pretender apoderarse de nuestros cañones, cuando una compañía del regimiento de África, y á su frente el capitán Sr. López Ochoa y los tenientes Reyes, Monchor é Imperial, rompieron la alambrada al grito de ¡Viva España! y rechazaron enérgicamente el ataque salvaje de los rífenos. Cuantos presenciaron este acto ponderan el espíritu heroico y arranque admirable de nuestros soldados. En breve se generalizo el combate. De todas partes salían moros que hostilizaban nuestras tropas. El general Marina, valiente y sereno, seguía infundiéndoles ánimos y repitiendo sus vivas á España y al Rey. Bl fuego siguió sin. interrupción hasta las siete de la tarde, en que los tnoros le suspendieron para reanudarlo más furiosamente aún, sin duda con la llegada de nuevos refuerzos, á las ocho y media de la noche. Las fuerzas de Infantería y las ametralladoras hacían una carnicería espantosa sobre las filas enemigas. Sobre las posiciones de los moros se emplazaron cuatro cañones de tiro rápido que les acribillaron con metralla. Mandaba las dos baterías el teniente coronel Pedreira. Su cuidado era el de arrasar la cañada, donde quedó gran número de cadáveres. Desde la segunda caseta peleaban el batallón de Cazadores de Barcelona y la mayor parte de los refuerzos enviados por el general Del Real. A pesar del fuego mortífero que caía incesantemente sobre los moros, éstos no cejaban; seguían con tenacidad el avance, aprovechando las- ondulaciones del terreno, arrastrándose como reptiles Los moros que se habían corrido hacia el Atalayón, calcúlase que eran unos 500. Los que coronaron las estribaciones del Gurugú y llegaron hasta las alambradas se aproximaban á 4.000, entre ellos 500 unetes