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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO CABLE. TELEGRAFO Y TELEFONO DE TODO EL MUNDO, POR CORREO CABLE TELÉGRAFO Y TELEFONO LA TRAVESÍA DEL CANAL DE LA MANCHA EN AEROPLANO EL MONOPLANO ANTO 1 NETTE IV Y EL AVIADOR LATHAM, DISPUESTOS PARA LA ARRIESGADA TRAVÉS! DE CALAIS A DOUVRES POR EL AIRE Fot. Rol. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN PARÍS El interés cada día está en. un sitio distinto. Hoy hablaba Clemenceau para hacer la liquidación de la temporada política, y el interés naturalmente, estaba en la Cámara. ¿De qué iba á hablar el presidente? De todo y de nada. Estos discursos políticos de final de temporada son una nota obligada. Y Clemenceau ha hablado un poco de todo: de la situación de la Marina, de las leyes presentadas por el Gobierno, de la orientación política que han dado al país ministros como Briand y Viviani, y, en una palabra, de lo divino y de lo humano. Lo más humano fue, sin duda alguna, lo que hace relación á las dietas parlamentarias, por eso esta cuestión de los 15.000 francos está siempre sobre ér tapete y disfruta en todo momento los honores de la más palpitante actualidad. JSJ gesto de ¡os parlamentarios dotándose el aumento á cencerros tapados no resultó limpio; el país no perdona esos 6.000 francos á diputados y senadores, y como éstos lo saben, están intranquilos y temerosos de que los electores- les jueguen una mala pasada en la primera ocasión. E N LA CÁMARA j Pues bien; Clemenceau ha defendido A los pobres Quince mil- -que esv el mote con que se conoce á los miembros dé las Cámaras, -y no hay que decir que esta parte del discurso del presidente fue la más calurosamenfe aplaudida. ¡Cómo se entiende! -exclamaba Ciernen ceau. -Elegimos diputados y senadores, arrancándolos de sus ciudades, haciéndoles abandonar su profesión, obligáíjdbles avenir á residir en París, y cuando los hemos investido de la potencia pública, jlos vamos á condenar á la miseria? ¡Oh! ¡Qué tempestad de aplausos saludó estas palabras del. presidente! ¡Qué bravos tan espontáneos! ¡Qué emoción en todos los corazones! ¡Casi lloraban de reconocimiento los pobrecitos Quince mil! Y á nadie, ni socialista, ni radical, ni nacionalista, se le ocurrió protestar. Las protestas estallaron luego, cuando Clemenceau se dispuso á probar que las oposiciones de la extrema izquierda y la extrema derecha estaban aliadas. Los socialistas armaron en tonces el escándalo de rigor en estos casos, y por espacio de cinco minutos no fue posiBODA ARISTOCRÁTICA LA SRTA. DE ESPINOSA DE LOS MON- ble entenderse. Bieu mirado, comorenderéis TEROS Y D. JORGE S 1 LVELA AL SALIR que la cosa no era para menos. ¡No vale confundir! -gritaban los ra DE LA IGLESIA DE LOS JERÓNIMOS, DONDE CONTRAJERON MATRIMONIO, dicáles. ACOMPAÑADOS DEL PADRINO, DON- ¡Nosotros no pactamos con nadie! -yo cif eraban los socialistas. ¡Oh! Eira una seEDUARDO DATO -Fot. R. Cifuentes sión muy interesante.