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B C. LUNfcS. ia DE JULIO DE fgog 1. EDICIÓN i. PAG, to. j inspeccionó él cuarto detenida ¡mente, para comprobar en persona los detalles y observaciones recogidos por su antecesor, Sr. Alférez. A pesar de que ya se había limpiado la sangre que manchaba las habitaciones, cosa que desagradó al juez, éste pudo observar algunos detalles de importancia. En la cama donde dormía la Valentina jiabía una colcha rasgada y manchada de sangre coagulada. Debajo del lecho, en el suelo, se veía también algunas gotas. Vr En el recibimiento, sobre una silla, colocada á mano izquierda, aparecía una toalla blanca, coa grandes manchas de sangre, pon ella debió secarse el criminal las manos después de habérselas lavado en la fuente de la cocina. También estaban manchadas de sangre, como si en ellas se hubiera limpiado la hoja del arma asesina, varias prendas de ropa blanca guardadas en el cesto de la plancha: una camisa de dormir del Sr. Valle, un pañuelo de jaretón y un i servilleta. Todas bordadas con las iniciales del dueño de la casa. í En las paredes del pasillo había también manchas de sangre y la huella de una mano perfectamente señalada, con sus cinco dedos, que examinó el juez atentamente. En ei comedor, delante de la mesa, un gran charco de sangre, que indica el sitio doride cayó la víctima. 5l ro so. é- En el gabinete de la señora de Valle tío hay más huellas del paso del asesino que las del robo. El armario de luna, forzado, y los objetos que hay dentro de él, revueltos. v L, o robado, según manifestaron al juez los Señares de Valle, es lo siguiente: un bolsi 1 grande de plata que contenía tres nio 1 ¡nedas de cinco pesetas, una sortija eon un gran topacio y degran valor, otra sortija con la fecha en que entablaron relaciones los señores Valle, un alfiler forma bastón, de brillantes y rubíes; una pulsera antigua de saucbo valor y 15 duros en metáliero. Es muy significativo el detalle de que en todo el gabinete no aparezca una sola mancha de sangre. Diríase que el criminal reali? ¡ó el robo antes de asesinar á la criada. N o s concretamos á apuntar el hecho sin feacer comentarios. dal Várela y el alguacil fueron al Depósito judicial, donde, después de reconocer el cadáver y de incautarse de pelo que la muerta tenía en la mano derecha, trasladáronse al despacho oficial, adonde habían llegado ya el detenido y los policías. 1- 1 a autopsia. 4 La practicó por la mañana el doctor Segarra. I, a muerta tiene tres heridas en el cuello, una de las cuales secciona la yugular. Además presenta contusiones en el labio y brazos, señales inequívocas de que hubo lucha. t, as heridas que tiene el cadáver debieron producir una tremenda hemorragia, lo que hace suponer que el asesino debióse ir muy manchado de sangre. Respecto al arma, cree el médico, á juzgar por las heridas, que debió de ser un instru mentó de gran tamaño. También se ha comprobado que Valentina, como opinaban cuantos lajjonocían, era 1 una muchacha, yirtuosa. I a víctima. Valentina era natural de Aldea de Cabo, partido j adicial de Escalona, provincia de Toledo. En dicho pueblo hállanse actualmente la madre úe Valentina, llamada Felipa; la suegra del señor del Valle y tres hijos pequeños del matrimonio. Con éstos se encuentra una nertnana de la Valentina, criada también de los señores del Valle. c e r í a él? Próximamente á las cuatro de la tarde se presentó en la puerta del Juzgado un individuo preguntando qué nuevas había respecto al crimen de anoche, y especialmente si amarra había sido capturado. Como las señas del curioso parece que coinciden, por lo menos en conjunto, con las que se han dado del ex oficial, algunos pe nodistas participaron sus sospechas á los alguaciles del Juzgado. Inmediatamente salieron, por si veían al individuo en cuestión; pero ya había desaparecido. y 5; pero aquí se perdieron ya los informes y, por lo tanto, la pista. Sabíase también que tenía parientes ea Aranjuez. Por si aca- j so había ido allí, se envió con un auto da prisión al agente Sr. Fagoaga. umentan las sospechas. Dos declaraciones recibidas á primera hora de la noche aumentaron las sospechas del juez. Una joven, vecina del piso bajo derecha de la casa del crimen manifestó al Sr. Bustamante queanteanoche, entre diez y media y once, y en ocasión de hallarse hablando con su novio desde el balcón, observó que llegaban dos hombres, uno de los cuales, que viste traie obscuro y sorra, subió á la casa. El otro, después ele estar uuos momentos detenido en el portal, se marchó hacia la esquina de la calle del Barauillo. donde permaneció un rato. Ocho ó diez minutos después bajó el q. ie había subido, incorporándose al otro, y am- 1 bos desaparecieron por la calle de Gravina, 1 en dirección de la de Hortaleza. Un zapatero de la calle confirmó después las manifestaciones de esta señorita. I a patrona de -amarra. Es él. A. las diez de la noche se presentó en la Comisaría de Vigilancia del distrito deí Hospicio una señora llamada doña Concep. ción Gil, vecina de la calle de Augusto Figueroa, 7, tercero. Apenas entró en el despacho del comisario, Sr. Sánchez Vidal, comentó á llorar amargamente, y tuvo que ser auxiliada, pues estuvo á punto de caer al suelo víctima de un síncope. Cuando se hubo sosegado, dijo al comisario estas ó parecidas palabras: -En mi casa está el infame que asesinó anoche á esa joven de la calle de Gravina. L, a. estupefacción más grande se pintó en el semblante de los agentes. ¿Dice usted la verdad, señora? le ore gunto el Sr. Sánchez Vidal. -Sí, señor. Pero vayan ustedes en seguí da, no sea que se escape. El comisario y varios agentes salicroL precipitadamente á la calle y, tornando poco menos que por asalto el primer coche que hallaron, se dirigieron á la casa de don Concepción. Esta, añadió en el Juzgado: A fines del mes de Mayo último se presentó en mi casa D. Manuel amarra diciendo que era empleado de ferrocarriles y que tenia un hermano de diez y siete años, con el cual quería irse á vivir á mi casa sí les cedía una habitación y una sola cama, con la cual tenían suficiente para los dos. Aceptó doña Concha la proposición, y á mediados de Junio fueron á vivir á la casa los dos supuestos- hermanos. Ayer se despertaron Gamarra y Felipe á las cinco de la tarde. En la cama estuvieron leyendo en los periódicos el relato del crimen, y de pronto la declarante oyó estu- pefacta que Figueredo decía: -Pues si tú eres el que la ha matado, debes suicidarte hoy mismo. I, a patrona quedó aterrada al escuchar aquellas palabras, reveladoras de que en su misma casa, y á pocos pasos, tenía al autor de la tragedia de la calle de Gravina Su estupor subió de punto cuando ¡vio que Gamarra mostraba ñ Felipe, tinta en sangre aún, la navaja de afeitar con que había asesinado á la infeliz Valentina. A las doce Felipe y Gamarra, después de asearse como de costumbre, salieron á la calle. Doña Concha, sumida en un mar de pet plejidad, no sabía qué determinación to mar en vista de lo que había visto y oído. iPensó desdaiucgo acudir á la Cormsaua p o r la tarde. A las dos j media de la tarde se constituyó en su despacho el juez instructor, Seguidamente comparecieron varios testigos (vecinos y serenos) ffl n casa del Sr. Boixader. I as únicas manifestaciones de importany- -Terminada esta diligencia, trasladáronse en dos coches el Juzgado con el fiscal, cia fueron hechas por un caballero llamado ¡y ei detenido con vanos policías, á la calle D. Fernando S trré, el cual aseguró que ano de los Madrazo, 25, piso cuarto, habitación che estaba citado con Boixader en la calle de Gravina; que ambos tomaron café en del Sr. Boixader. Fornos, á la se se En la habitación se practicó un detenido pararon pasearon después, yuno áuna domipara dirigirse cada su tegistro que no dio resultada alguno. cilio. -No obstante, creyó prudente someter al- Estas manifestaciones Jueron más tarde r- Boixader al siguiente interrogatorio: confirmadas por un camarero de Fornosllar ¿Qaé- traje llevaba usted ayer cuando mado Francisco González. fue a cenar á casa de su hermana? A las seis de la tarde el Sr. Boixader comv- -Este azul, que guardo en este armario r pareció de nuevo ante el juez instructor de lana. ¿f Abrió éste y sacó el traje referido; en él para ampliar las primeras declaraciones. El ¿o aparecían manchas de sangre. ¿detenido se limitó á ratificarse, sin añadir ¿Q u é zapatos llevaba usted? ningún detalle de interés, J -L, os que tengo puestos. t El Juzgado suspendió su labor para ceñar, y á las diez de la noche reanudó su tarea. ¿No tiene otros? T- -ÍJÍ, señor; pero los está arreglando e zápatero. ¿Qué arreglo es? 7- -JLos está tiñendo de negro. Pero orno observara en el rostro de los A medida que el tiempo pasaba y recibía (presentes el efecto que la respuesta tu bía causado agregó rápidamente v einociona- nuevas declaraciones, el juez Sr. Bustlísimo: tamante se confirmaba raás y más en la í- -Pero, señores; ¡si los entregué al zapa- idea de que el autor del crimen de la calle tero ayer mañana, antes de ir á casa de mi de Gravina debía de ser Gamarra. hermana! A la busca y captura de este individuo El juez siguió haciendo algunas pregun- iban dirigidos, pues, todos los trabajos de tas á todas las cuales el detenido contestó la Policía. Esta había conseguido averiguar satisfactoriamente. además de la calle de San Joaquín, haI negcueLSrJBustaniente, el v i j d n j d e l a s Miaas, waúmetps EL ASESINO ES GAMARRA