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A B C L U N E S 12 D E JULIO D E 1969. EDICIÓN i. PAG, 5. vatnente á tratar de la cuestión de Marruecos, y anunció que en Gobernación se facilitaría una nota oficiosa en la que constaría el resumen de la deliberación. El ministro de Estado dijo que no había recibido ninguna nueva noticia de Melilla. Algunos ministros pusieron á la firma del Rey varios decretos, entre ellos los de Marina concediendo una gran cruz al decano de la Facultad de Medicina, Sr. Calleja, y otro referente al autedique del puerto de Cádiz. J a nota oficiosa facilitada en Gobernación dice así; Til Consejo de ministros acordó felicitar al gobernador militar de Melilla y, á las fuerzas de su mando por la presteza, el brío y la eficacia del correctivo impuesto á una agresión inicua contra trabajadores españoles. Confía siempre, y cada día más, en el general Marina, á cuya disposición seguirá poniendo cuantos elementos necesite para evitar desmanes semejantes, asegurar á todo trance el respeto para los subditos y los intereses españoles y hacer efectivo el amparo que á España piden, con reiteradas protestas de adhesión, muchos pobladores de la comarca. E 5) Gobierno persevera en la política que viene practicando, encaminada á mantener y acrecentar, tanto cuanto pueda extenderse y afianzarse, la amistad no solamente con el Suitán de Marruecos, sino tambié con las cabilas y los aduares de la zona a que alcanza la natural influencia de nuestras posesiones norteafncanas. I as noticias que pudimos recoger como ampliación de la nota oficiosa coinciden con lo consignado en ella. El Sr. Maura hizo un extenso discurso referente á la cuestión de Marruecos, relatando detalladamente los sucesos de Melilla y las medidas adoptadas por el Gobierno en Su decisión de afirmar nuestros derechos en las posesiones dei Norte de África y castigar enérgicamente toda agresión de que seamos objeto por paite de las cabilas limítrofes. Para ello no perdonará medio el Gobierno, el cual considera que con las precauciones adoptadas será suficiente, sin que se haga precisoenviar mas refuerzos que los y? f cordados. MANIFESTACIONES DEL SR. MAURA graciadamente, que nuestros temores eran exactos. De no hacerlo así, corremos el peligro de tener siempre asfixiada la plaza de Melilla, ó de que otros se encarguen de hacer lo que á nosotros corresponde. OTRO CONSEJO I J o y por la tarde, se celebrará Consejo de ministros en el domicilio del Sr. Maura. Antes de la reunión, á las dos y media, irá el presidente á Palacio para despachar con el Rey. EL PRESIDENTE A unque el Sr. Maura no tiene decidida la 1 fecha en que regresará á Santander, puede asegurarse que su permanencia en Madrid será va muy corta. EL DESCANSO DOMINICAL i os alcaldes de L, eón y Pontevedra, ha -ciendo caso omiso de la ley del Descanso dominical, han autorizado al comercio para que abra los domingos. El primero de dichos alcaldes ha sido dimitido. En la dimisión del segundo intervendrá el gobernador. UN JUICIO BANDA CRIMINAL EN EL BANQUILLO POR TELÉGRAFO PAllSy I I I T. 1 a comitiva. Salieron los representantes del Sultán á las cuatro y media en punto del hotel donde residen, y en seguida se dirigieron á Palacio, organizándose la comitiva en la forn siguiente: Cuatro batidores de la Escolta Real. -íi Un coche de París con dos caballos, ea el que iban los cuatro caídes de la misión. Seguía la carroza llamada de Amaranto tirada por seis caballos vistosamente empenachados y trenzados. L, a ocupaban los dos consejeros de la embajada, el tesorero y el intérprete Ban Xafróu. Detrás iba, de respeto, el coche de C iras y finalmente, la carroza llamada di Corona ducal arrastrada por tres soberbios troncos castaños, extranjeros, empenachados y trenzados de blanco y azul. En el inteiior iba el embajador El- Muaza, el primer introductor de embajadores, conde de Pie de Concha; el secretario El- Kherdubiy el intérprete español D. Reginaldo Ruiz, que vestía de frac. Precedía al coche de París un corre de gabinete, y á los estribos del de Coroni ducal cabalgaban el primer comandante dt la Escolta Real y el caballerizo de campe D. I Uis Pineda. Seguía una sección de la Escolta Real al mando del teniente D. Tomás JBargés y cerraban marcha dos palafreneros con librea de gala. p n Palacio. A las cinco menos cinco minutos negó á la plaza de Armas la embajada marroquí. Formaba la guardia exterior, que tributó honores, una compañía del batallón de Cazadores de Figueras, dos piezas del io. montado de Artillería y una sección de Lanceros de la Reina. Por entre estas fuerzas atravesó la conii tiva; el resto de la plaza estaba materialmente cuajado de gente. En el vestíbulo de ía escalera principal se incorporaron á la embajada el personal subalterno marroquí, el cónsul Sr. Zugasti y los agregados diplomáticos Sres. Caro y Liniers, que habían llegado antes en varios automóviles. Como previene el ceremonial, recibieron á la comitiva al pie de la escalera principal seis gentileshombres de casa y boca, y en la primera meseta, seis mayordomos de semana. L, os guardias alabarderos formaban á ambos lados de la escalera. El cortejo se detuvo al llegar á la antecá. mará, y, separándose de él, el introductor de embajadores solicitó la venia de S. M. para que entrase la embajada. C? n el salón del Trono. El Monarca, que vestía uniforme de I, aiiceros, con el Toisón y varias condecoraciones, estaba en el salón del Trono, y á su derecha se hallaba el Gobierno y los grandes de España, entre los que recordamos á los duques de Tovar, T Serclaes, Granada, Béjar, Victoria, Piasencia y HornachuelOs; marqueses de Santa Cruz, Bendaña, Cenia, Miravalles, Camarasa y Narros; D. Jaime Mariategui, y condes de Guadiana, toreo Superunda y Aguilar de Inestrillas. En el sitio de costumbre, detrás del Tro no, estaban los jefes de Palacio, conde del Serrallo y marqueses de Torrecilla y Viana, y los ayudantes de S. M. conde del Grove y Echagüe. i a ceremonia. Entró primeramente en el salón del- -Trono Amhed El Muaza, é hizo, así como ios demás personajes que le seguían, la tres reverencias de Corte. El secretario de la embajada entregó ai conde de Pie de Concha las credenciales que acreditan á ia embajada cerca del Soberano de EsDaña; el introductor de embajadores las espuéa de rcaoir el sr. Maura ia visita del embajador marroquí en la Presidencia, tuvimos ocasión de hablar con el jefe del Gobierno. El Consejo celebrado en Palacio- -dijo el Sr. Maura- -se ha dedicado por completo á tratar de la cuestión de Marruecos, en la forma que queda especificado en la nota oficiosa, No sé lo que hoy habrá ocurrido en Melilla, aunque es natural que todo haya quedado terminado, y que los sucesos no tengan mayores consecuencias. Nuestra po inca en este punto es la única posible para España. He hablado con personalidades conocedoras del problema marroquí, y todas coinciden en esto. Si el Sultán poseyese allí autoridad, es indudable que él se encargaría de mantener el orden y corregir y castigar estos desmanes. Nosotros, ya lo he dicho varias veces, no queremos la guerra, ni entra en nuestro propósito idea ni aspiración alguna de conquista. Pero, ó hemos de abandonar toda idea de intervenir en la política marroquí, ó debemos ser nosotrob Jos que impongamos en el Rif el orden qu nos reclaman ios mismos cabileños. A i sto se i aducen nuestras previsiones, y IOJ buecaOo Ucin demostrado, des- p o m o era de esperar, han sido condenados á muerte los bandidos David, L iottard y Berruj er. Después del requisitorio del fiscal, la tarea de los defensores era difícil. David cometió cuatro asesinatos, que le han valido 2.000 francos; Iyiottard, ocho asesinatos, que sólo le produjeron 52 francos; Berruyer, el jefe de la banda, tiene que responder de quince crímenes. Durante la última sesión no depuso David su actitud cínica y provocadora. No asistió á la primera parte por haber sufrido la noche anterior un eólico hepático. Cuando se. presentó, estaba hablando el fiscal. Volvióse hacia el público y saludó militarmente. Estaba lívido. El presidente le preguntó si su estado de salud le permitía asistir á los debates, á lo que el bandido contestó afirmativamente, aunque haciendo un visible esfuerzo. El fiscal terminó su discurso con estas palabras: Nada de piedad para quienes no la tuvieron. No es compatible la indulgencia con una pirámide de cadáveres. Sólo lo es la justicia, que debe revestir la forma de la expiación. L, a sentencia condenatoria ha sido acogida con gran, satisfacción, pues la opinión publica, indignada y alarmada, exigía un castigo ejemplar. PRESENTACIÓN DE CREDENCIA L EMBAJADA A nimación. Con el esplendor tradicional que la Corte española presta á esta clase de ceremonias, se verificó ayer, á las cinco de la tarde, en el regio Alcázar, la de presentar sus cartas credenciales el enviado extraordinario del Sultán de Marruecos. Un público numerosísimo, atraído por la curiosidad de conocer á los marroquíes, acudió al trayecto comprendido entre el Hotel de Rusia y el Palacio Real. L, a circunstancia de ser domingo y de un tiempo magnífico dio mayor realce al aspecto callejero del espectáculo.