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A B C DOMINGO ti DE JULIO DE 1909? EDICIÓN i iuchísiuio más graves ue los de aquí: ataques en masa contra la burguesía congregada en un paseo, incendios numerosos y simultáneos, máquinas infernales dejadas en un tranvía, minas dispuestas á lo largo de una Teaniada, voladuras de acorazados, hazañas de los ¿caballeros de la noche trabajos- íe los apaches- todo cuanto constituye una manifestación de anarquía teórica ó práctica y disolvente. A todo eso se le qtaita importantia sistemáticamente, y mustias veces es asfixiado por falta de ambiente periodístico. Sólo en España se da el caso nada patriótico de exagerar maestras propias miserias y hacer el caldo gordo á la rivalidad extranjera. ¿Qué más quieren esas ciudades francesas é italianas, provistas de sentido económico y de instinto de solidaridad, cultivadoras de la industria del forastero conocedoras de los peligros de la competencia; qué más quieren sino que sean sus mismas rivales sjuienes se desacrediten á sí propias? No hay otro país en el mundo donde semejante candidez, cuando jpueda llamarse candidez, ó semejante bellaquería, cuando proceda de intenciones más ruines y taimadas, no fueran objeto de un escarmiento rudo por parte de la misma sociedad, la cual, con las inapelables sanciones de la opinión, puede desautorizar, y aun aislar y auadir para siempre á sus enemigos, así por irreflexión como por designio espreso y meditado. Innegable es que la plaga dura, en formas endémicas, hace muchos años, y que contra sw misterio impenetrable se han estrellado hasta ahora todos los esfuerzos de la autoridad y todos los esfuerzos de la sociedad misma, que ha apelado alguna vez á la acción privada. Respecto á este punto dominan, á mi juicio, criterios pesimistas algo desorientados. Nos quejamos, ahora como siempre, de la dolencia, de las manifestaciones esternas y cutáneas de la dolencia, y casi nadie se acuerda del período de incubación y de las distintas importaciones é ingestiones del contagio. Puede decirse que el saneamiento espiritual de Barcelona y el aplacarse la turbulencia de las aguas no ha comenzado sino de dos años á esta parte. Los diez ó doce años anteriores fueron de Ubérrima propaganda disolvente y prepararon desde el periódico, el mitin, el teatro de suburbio, la escuela y el ateneo de arrabal, una generación apta para que germinasen en ella las formas más violentas de la rebeldía ó una ausencia de sentido moral capaz de explotarlas lucrando á costa de la sociedad... Es lo que repasaremos otro día en un segundo y último artículo dedicado á esta materia. MIGUEL S. OLÍ VER. s. a PAG. 4, 151 sifón de Albelda va á prestar grandísimos servicios en toda aquella regióu, convirtiendo en terrenos productivos los que hasta la fecha no lo eran por falta de riegos. NUESTROS GRA 3 ADOS 1 os sucesos de Melilla. Como complemento do nuestra extensísima información telegráfica publicamos una fotografía del lugar en que se libró el combate de anteayer entre nuestras tropas y los moros de las tribus de Beni- Bu Ifrur y Nador, y un retrato del general Marina, que dirigió la lucha. p? l sifón de Albelda. Se ha inaugurado oficialmente el magnífico sifón de Albelda, en el pueblo de este nombre, con gran concurrencia de invitados y entre el entusiasmo de los habitantes de la mencionada localidad. El sifqn, que tiene cuatro metros de diámetro, es una obra, houia de la ingeniería nacional, y ha valido á su autor, Sr. Luiña, muchos elogios y felicitaciones. La fotografía de la armadura del tubo, ue hoy reproducimos, da idea exaeta de us enormes proporciones. mento y el Banco de España, líamácdejc la atención en este último lo que nos la liatua á todos: la abundancia de dinero. Paseó por las calles, que le gustaron, y no sabemos cómo no oyó la banda municipal. El Rey vino por la mañana de La Granja, y en todo el día salió de Madrid. Por el entierro de I os periódicos han hecho grandes elogios los tresla mañana se verificó murieron hace infelices obreros que de un libro publicado por un escritor dos de Huesca (Las tardes del sanatorio, por Silvio San días en laYcatástrofe del cementerio de Lorenzo. hasta otra. Kosikt) ¿Qué impresión es la de un lector Los Tribunales condenaron á la mujer de periódicos ante los artículos encomiásti- que mató á su amante en el Viaducto de cos dedicados á un libro? Para la mayoría Segovia á catorce años de reclusión, y la de los lectores de periódicos los artículos Lotería, á Madrid, á no obtener ninguno de dedicados á libros son un estorbo; se salta del sorteo del día. sobre ellos; no se les lee. Otros leen por en- los premios gordos Espectáculos del AyunLa Comisión de cima un poco y los dejan también. Final- tamiento se reunió para acordar que tijeremente, hay algunos que los leen y creen ó es, que ha de haber teano creen en los elogios. Los que no creen tas han de ser, estolo cual acordó destinar tro Español, para son la mayoría. El autor de estas líneas no ha leído el li- 30.000 pesetas, que son muchas pesetas para tan escasos buenos artistas como circulan bro del escritor de Huesca. Se trata de un por ahí. escritor desconocido hasta ahora; es decir, Sucesos no hubo muchos, y ninguno dt de alguien que hasta ahora no era escritor... importante. ó lo era para sí solo. Ante los calurosos elo- ellos tiempo, sobresaliente y con matrícula gios de la Prensa, ¿qué debemos hacer: com- deEl honoi prar el libro ó sonreír de los elogios de los ¡Todavía quedan estrenos! Anoche fueron periódicos? Para conducirnos de esta últi- habidos dos, uno en el Cómico y otro sn ma manera, tenemos en abono nuestro otras Novedades. Y gastaron, además. experiencias anteriores; en otras ocasiones, movidos por otros elogios calurosos de los mismos periódicos, hemos comprado otros NOTA ROJA libros que luego han resultado vulgares é insignificantes. En esta ocasión lo que nos hace dudar (además de lo dicho) es la ex- ce- i OS OHA WAS sividad del elogio tributado. Un periódico ha dicho que el autor del liDE LOS CELOS bro es un gran humorista autorizaba esta POR TELÉGRAFO aserción la firma ae un periodista muy culPARÍS, 1O, 3 T to. Grandes humoristas llamamos á Juan Pablo Richter, á Ste- rne, á Voltaire, á Heine. i éi Píeasa del día destila sangre, como No existe calificativo superior á grande, á vulgarmente se dice. Los dramas de no ser muy grande, pero no es costumbre, ni sangre motivados por los celos son varios discreto ni correcto llamar á Heine, á Vol- ocurridos en París y en los departamentaire, ó á otro cualquier escritor de primera tos. En pleno bulevar de los Capuchinos fila, muy grande. Basta con grande. Ahora hubo un escándalo tremendo presenciado bien el escritor de Huesca, ¿está realmente, por miles de personas. según se dice, ala altura del autor de CánEl tumulto degeneró después en terrible dido ó á la del lírico alemán? drama. Otro periódico ha escrito que el libro del Una dama muy eiegante discutía acaloescriu r oséense queda inscripto en el siglo radamente con un caballero que, presa de de oro No se sabe á punto fijo lo quequie- gran excitación, la contestaba con tono viore decir la frase ¿Se inscriben los libros que lento y amenazador. se publican en los siglos, como los predios Un guardia de ¡a paz hizo que la pareja rústicos ó urbanos eu el Registro civil? Bu fuese con él á la Comisaría. caso afirmativo, si á la obra aludida le ha Allí, delante del comisario, explicaron los correspondido el ser registrada ó inscripta detenidos sus rencillas. en el siglo de oro, ¿no habrá quedado coloEran mando y mujer. Se habían separado cada y clasificada junto á las más sobresa- haee tres meses. No habían vuelto á verse lientes Je esa época, ó sea, entre un volu- hasta hoy. men de Quevedo y un tomo de Cervantes? Se encontraron en el Bulevar. El marido, Un resumen, ¿qué hacer en el caso de un dmond Bosdecher, no pudo contenerse y libro nuevo que arranca gritos de admira- ie recordó su ingratitud. Ella le replicó vición á los periodistas, y á cuyo autor se nos vamente. presenta como un nuevo Voltaire ó un flaViendo que ao era posible una avenencia, mante Heine? el comisario reconvino á ambos cónyuges y AZOR? N dispuso que saliese primero la señora de Bosdecher, para que no se reprodujera la escena de los celos en la calle. Se dispuso á salir la dama, cuando el maI a embajada marroquí... los sucesos día rido, sacando del bolsillo de la levita un cu Melilla: he aquí los temas de las con- chillo, se lo hundió en la espalda á la infeversaciones de ayer. La embajada siguió liz señora, sin que el comisario ni los guardespertando curiosidad, nada más que cu- dias pudieran evitarlo. La víctima cayó lanzando un agudo grito. riosidad, afortunadamente. De los sucesos ¡Ni mía ni de nadie! exclamó el made Melilla se hicieron comentarios; pero nada más que comentarios reposados, sere- tador. La herida pasó en estado gravísimo al nos, también afortunadamente. Las madres de los obreros y los soldados hospital, y el parricida á la cárcel. muertos y heridos, la esposa, en plena luna de miel, del oficial Salcedo, tan feliz desde p n Soissons fue puesto en libertad esta hace unos cuantos días, tan desgraciada mañana un individuo llamado Patoux, desde hace veinticuatro horas, harán otros que acababa de cumplir una condena. comentarios... Se dirigió á casa de un hermano suyo, da Por lo demás, el embajador, repuesto de cuya miajer estaba enamorado, y la dio veinla indispasiciójj que le produjo un atracón tiuna p uñaladas. de cerezas, (cosas de chicos! visitó con su La infeliz quedó expirante. El criminal se coaiffea sLaninisteriffi de Estado, el de Fo- entregó sin lacer resistencia á la autQr a, tl LA HIPÉRBOLE MADRID AL DJA