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A B C SÁBADO 10 DE JULIO DE 1909, EDICIÓN 1 PAG. 8 Gana habían acordado anoche en una reunión intentar esta mañana un golpe de mano para apoderarse de- algunos obreros españoles de la vía férrea y ofrecerlos luego en canje de los cabileños hechos prisioneros por la columna del general del Real. Aunque en todos los alrededores no se advertía el menor movimiento que justificase estas sospechas, el capataz Otero se creyó en el caso de dar cuenta de ello al ingeniero de la Compañía, Sr. Becerra, el cual, como primera medida preventiva, ordenó que se suspendiesen los trabajos. Mientras llegaba la contestación del ingeniero, el capataz Otero se decidió á reanudar las obras. Llamóle la atención que, al repartir como de costumbre las herramientas, la mayoría de los trabajadores indígenas se resistían á aceptarlas con pretextos fútiles y objeciones ridiculas, como si temieran algo y quisieran ganar tiempo; pero como seguía sin verse en todo el campo ningún moro, el capataz logró imponerse, distribuyó las herramientas y comenzaron los trabajos de cimentación en el arroyo de Sidi Musa. Bruscamente sonó una descarga cerrada y tres obreros españoles cayeron al suelo. Los demás suspendieron el trabajo, alzaron la cabeza, y como á unos cien metros de distancia vieron un grupo de 400 moros de á pie y 30 jinetes que hacían fuego sobre los españoles. Los trabajadores moros salieron á todo correr hacia el campo. Lo mismo hicieron los guardias indígenas al servicio de la Compañía española, y lo mismo tuvieron que hacer también los españoles. Los moros seguían haciendo fuego sobre los fugitivos. Uno- de ellos, español también, cayó muerto de un balazo en la espalda. Los restantes, con el capataz Gregorio Otero, consiguieron tomar una locomotora fle la Compaññía francesa y llegar al campamento del Hipódromo. 1 A REPRESIÓN En cuanto el jefe del destacamento supo lo que ocurría, aconsejó al Sr. Barrachina que fuese á dar parte al gobierno militar de la plaza, mientras él se dirigía al lugar del suceso con dos compañías de Infantería. Al llegar á la segunda caseta del ferrocarril, se les presentaron unos moros, suplicando á las tropas que recogiesen los ganaIdos de ellos, que pastaban más allá del Atalayón. Luego se supo que estos moros han sido los únicos que han favorecido á los españoles. E l S r Barrachina llegó á la plaza, é inmediatamente salieron al campo los generales Marina y del Real y el jefe del Estado Mayor Sr. Larrea. El primero, con dos compañías del regimiento de África, la brigada disciplinaria, una compañía de Artillería de plaza, una sección del escuadrón de Cazadores y la batería de montaña, marchó á eastigar á los culpables. El general Del Real se quedó recorriendo el Hipódromo y colocando fuerzas en los puntos estratégicos de defensa de la rjlaza, para el caso improbable de una agresión. A las diez y quince de la mañana la batería de montaña rompió el fuego contrg. los caseríos de las cabilas vecinas de las agresoras. Estos pertenecen á las tribus de Beni Buifrur y Nador y fracciones de una cabila cercana de la de Mazza, que atraviesa la línea del ferrocarril. Poco después, á petición del general Marina, el general Del Real envióle la batería rodada y el resto del escuadrón de Cazadores, dividido en secciones, mandadas por oficiales, que se colocaron en distintos lítmiíes. V- E 1 combate comenzó, como hedicfep, á. las. diey, y quince de la mañana. Las dos compañías de Infantería mandadas por el jefe del destacamento del Hipódromo, teniente coronel Baños, que salieron á recoger los muertos, encontraron la colina de Xifar coronada de fuerzas enemigas que avanzaban osadamente. Las dos compañías rompieron el fuego. Diez minutos después llegó el general Marina. Destacó las fuerzas disciplinarias, y las baterías emplazadas comenzaron á destruir los caseríos y chumberas tras de lo cuales los moros estaban apostados. El combate duró una hora. Nuestros soldados se batieron admirablemente. Al sonar ¡alto el fuego! recogiéronse seis soldados muertos y vanos heridos. A las once y quince de la mañana quedó tomada la posición. El resto de las fuerzas en las baterías de á pie se dirigieron al Atalayón para tomarlo á la bayoneta. El combate fue muy duro, porque el enemigo se batía á la desesperada. A las dos y media de ¡a tarde el Atalayón quedó eu puder de los españoles. El, espíritu de las tropas fue admirable y Heroico. El general Alarma dirigió personalmente les operaciones, sin apartarse uu momento de la línea de fuego. W UESTRAS B JAS Las pérdidas de los J TM moros deben de ser considerables. Las nuestras son: el oficial del batallón disciplinario D. Eduardo López Salcedo, muerto; el capitán D. José Riquelme, herido de un balazo, que le atravesó el muslo izquierdo; el teniente D. Luis Molina, herido también de otro balazo en el mismo sitio; tres soldados muertos y 23 heridos. Los obreros españoles muertos en el arroyo de Sidi Musa se llamaban Emilio Esteban, Tomás Almeida, Cristóbal Sánchez y Salvador Pérez. Los cuatro eran jóvenes. En el hospital. ingresó adstnás otro obrero herido de un balazo en el antebrazo. Las tropas del general Marina quedaron acampadas en el Atalayón, A las tres de la tarde el general Del Real les envió, custodiado por una compañía del regimiento de África, un convoy con víveres y 6.000 raciones. Próximamente á la misma hora empezaron á llegar los heridos al campamento del Hipódromo. Entre ellos figura, además de los que cité anteriormente, un hermano del teniente D. Luis Molina, teniente también. Los vecinos de Melilla acudieron inmediatamente con coches y trasladaron á los heridos al hospital militar de la plaza. El general Del Real y el jefe del Estado Mayor Sr. Larrea felicitaron calurosamente á los paisanos por su nobilísimo comportamiento. El cadáver del teniente Salcedo ha quedado en el Hipódromo. La muerte fue producida por un balazo que recibió en la frente cuando acababa de matar á un moro en un combate cuerpo á cuerpo. Al capitán Riquelme le mataron el cabadlo momentos antes de herirle. Al teniente de la brigada disciplinaria Sr. Sánchez Prats una bala le atravesó la guerrera. Es incomprensible cómo resultó ileso. Los moros agresores de los obreros cayeron sobre los cadáveres con verdadera funa, ensañándose con ellos á cuctulladas. Después prepararon una hoguera para quemarlos. La oportuna llegada de las tropas del teniente coronel Baños evitó que se consumase este postrer acto de salvajismo, En cambio, y como; contraste, desde los primeros momentos del combate los caídes de Beni Eusar salieron en busca del general Marina para ofrecerle su cooperación en el castigo de los culpables. La mayoría de los hombres de esta cabila engrosaron las filas españolas; se batieron siempre en prigieralínea y fueron muy tirj les al general por sus indicaciones acerca de quiénes podían ser los culpables y qué caseríos eran los que primeramente convenía destruir. A la hora en que telegrafío reina tranqui. lidad absoluta en todo el campo. Desde los puntos elevados se ve densas columnas dé humo, resto de los aduares arrasados por el fuego de la artillería. La represión ha sido muy dura. La sección de ametralladoras debe de haber pmducido en orme estrago en el enemigo. MBLILLA, 9 I O N IMPRESIONES Y DETALLES 1 Continúala tranquili- DESPUES DEL COMBATE dad en todo el campo exterior. Las fuerzas del general Marina ñau avanzado sin encontrar resistencia hasta Nador, acampando en la proximidad de la orilla izquierda de Mar Chica Ignórase todavía el número exacto de las bajas que ha tenido el enemigo. Lo único que se sabe es que son muchas y que entre ellas hay muchas moras heridas y muertas. Entre éstas está la hiia de Chadly, jefe de tribu Han sido traídos á la plaza 18 moros prisioneros y algunas moras, entre ellas ¡a hija de un caid. La mayor parte de nuestras bajas pertenecen al batallón disciplinario, mandado por el teniente coronel Sr. Aricurn. Estas fuerzas fueron constantemente en la vanguardia, luchando á pecho descubierto con verdadera heroicidad. Las tropas que se hallaban en el campamento del Hipódromo han regresado á I? plaza. A las cuatro de la madrugada volverán á salir para tomar posiciones. He hablado con algunos de los soldados heridos, los que están menos graves. Todos ellos confirman que los moros se batían tenazmente, con verdadera rabia, y que fue preciso un esfuerzo tremendo para desalojarlos de sus posiciones. Aseguran que, en. conjunto, ios moros diseminados en los distintos puntos altos que dominaban la plaza ascendían á unos 4.000. Los s- oidados heridos son los si- guientes: Francisco García Pino, Ricardo Bedo, Marcos Lana, Antonio Molina, Gregorio García Pérez, Elias Rodríguez, Luis Restay, Emilio García González, Francisco León, Vicente Querol, José Francés, Juan Hernández Mateu, Manuel Ramadán, José Cáscales, Faustino Caballero, Miguel Cabanas, Gregorio Agulló, Miguel Marco y Miguel Martín Navarro. N UESTROS HERIDOS BARCELONA, 9 N I A CONCENTRACIÓN H a n llegado á la Alcaldía telegramas de los jefes de los batallones que componen la brigada mixta, pidiendo que se llame á los reservistas para que se incorporen á los Cuerpos respectivos. Ha empezado la concentración, LOS soldados que van presentándose se alojan en el cuartel de la Barceloneta. Es esperado el transporte Almirante Lodo, encargado de conducir á Mehlla el ganado y el material de las tropas. Probablemente la brigada embarcará en el Villaverde. Y 1 LENCIÁ, 9 M K. I LAMAOA A FILAS Han sido llamados 4 filas todos los soldados que estaban con licencia y algunos de la reserva activa que pertenecen á los batallones de Cazadores de Cataluña. Han marchado á Barcelona para constituir la brigada que marchará á Meliila También han sido llamados los segundos tenientes de la Reserva recientemente as cendidos y destinados á Cazadores.