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A B C SÁBADO 3 DE JULIO DE KSO 9. EDICIÓN i. a PAG. 12. I as primeras noticias, A eso de las diez y media de la noche última comenzó á citcular por todo Madrid la noticia de qwe en a. ao de los edificios del Monte de Piedad había ocurrido un dratnátiao suceso, al que daban carácter de tragedia los misteriosos incidentes de que aparecía rodeado. I os protagonistas. Son D. Tomás Gómez, de cincuenta y cinco años, casado, y conserje del Montes, Vive con su familia, que la constituyen su. esposa y un hijo (en la actualidad ausente) en uno de los pisos superiores del edificio principal del Monte de Piedad. Juan José Navarro, de cuarenta años, natural de Quero (Ciudad Real) ejerce las funciones de portero áel segundo edificio en la puerta de las habitaciones del director del establecí miento. Juan José es viudo, y vive en dicha portería con una mujer llamada Eloísa, un hijo de la primera mujer, niño de doce años, y una sirvienta, llamada Isabel Arroyo, de sesenta años de edad. Entre el conserje y Juan José no eran las relaciones muy cordiales, y aunque sus odios no se habían heeho ostensibles, se sabía ntre algunos empleados que Juan José acabaría por hacer alguna barbaridad. (Textual. Parece que hace algún tiempo Juan José pidió al conserje, su jefe inmediato, aumento de sueldo, y obtuvo por toda respuesta que se contentase con el que tenía y que no diera lugar á que se lo disminuyesen, pues todo podía suceder. Además, el conserje encargó á Juan un nuevo servicio, que no sólo aumentaba sus horas de trabajo, sino que era perjudicial para su salud. A partir de aquel día, entre D. Tomas y Juan José las relacion. es se habían entibiado, hasta el punto de que entre ambos no había más conversaciones que las puramente oficíales. Juan José era alcohólico, y, según hemos oído asegurar, sostenía frecuentes riñas con Eloísa. p l suceso. L, a criada Isabel Arroyo Cnos ha dicho que á eso de las nueve y media Juan José abrió la puerta del director del Monte; que poco después entró en a a pequeño patio que hay en el edificio, cubierto con una claraboya; que sintió tres ó cuatro detonaciones de arma de fuego y que oyó decir que habían matado á D. Tomás. Inmediatamente acudieron algunos empleados, y hallaron al conserje tendido en el suelo sobre tin charco de sangre y casi- exánime. Condujéronle sin pérdida de tiempo á la Casa de Socorro del Centro, y los médicos de guardia, Sres. Fabrián, Castañe y Aparicio, le reconocieron escrupulosamente, apreciándole seis heridas: dos en el brazo izquierdo, otra en la ingle del mismo lado y tres en la región abdominal. En vista del- gravísimo estado en que el Herido se hallaba, los médicos reclamaron la presencia del capellán de la parroquia de Santa Cruz para q e le administrase los últimos sacramentos Después le practicaron la cura de urgencia y en una camilla fue trasladado á su domicilio, que es el que ya queda anteriormente indicado, n i agresor. Juan José, una vez que cometió el delito, sin desprenderse del afina homicida, una pistola Browing- re ientemente adquirí da en el Monte, y provisto de 50 cartuchos huyó rápidamente, escondiéndose en el sótano del establecimiento, desde áonde dis- EL SUCESO DE ANOCHE paraoa sobre todo- el que pretendía acercarse. p l hijo de Juan José. Como queda dicho, tiene doce años, se llama Ramón y cuando ocurrió el suceso se hallaba juganda con otros chicos en la plaza de las Descalzas. Por indicaaión de algunos empleados, el niño se acercó á la puerta del sótano, y su padre le dijo por la mirilla de la misma: 1- -No te acerques, porque á ti también te mato. No hay para qué decir que el chico nuyó aterrorizado. p l guardia Pereira. Pertenece al Cuerpo de Seguridad, y fue uno de los primeros que llegaron al lugar de la ocurrencia. Es amigo de Juan José, y aprovechando esta circunstancia y sin meditar que corría un serio p hgro, se acercó á la mirilla y se puso al ha Sa con Juan José- -Perejra- -le dijo éste, -no te arrimes, porque te mato. Pero toma estos dos duros, porque como mañana será mi entierro quiero que me digan dos misas. El guardia tomó el dinero y se retiró prudentemente. I uan José, previsor. -J I,o primero que hizo Juan José al encerrarse fue cortar la luz eléctrica. Así es que no se puede saber lo que hace dentro ni los elementos defensivos de que dispone; pero se aseguraba que se había apoderado de las seis carabinas de los vigilantes nocturnos del establecimiento y de la dotación de cartuchos de cada arma. I as autoridades. Además de las del distrito, acudieron al Monte de Piedad el Sr. Millán Astray; el secretario de la Comisaría general, Sr. Martínez Campos, y el inspector Sr. Gullón. El Sr. Miilán dispuso que fuesen guardadas todas las saliias por agentes de Segus ridad. o p l Juzgado de guardia. Se constituyó en el domicilio de la víc tima de este hecho, y ante él han declarado cuantas personas tienen vínculos de paremtesco ó relaciones con D. Tomás y Juan José. T eclara el herido. A última hora de la madrugada el he? rido reaccionó un tanto y pudo prestar de claración. Esta fue muy breve. limitóse á decir que anoche volvía de Caramanchel, en donde tiene á su familia, y al ir á entrar en la puerta de la casa nútn. 8 de la calle de San Martín le salió Juan José al paso, diciéndole que tenía que hablarle de un asunto urgente. Entraron juntos al patio, y bruscamente Ju. an José, sin que hubiera inediado ninguna palabra más, sacó un revólver del bolsillo y le disparó seis balazos, dos de los cuales le hirieron en el antebrazo izquierdo y los cuatro restantes en el vientre. J jltiina hora. A la hora de cerrar esta edición, ciuoo de la madrugada, todo sis; ae igual en el si- tio del crimen. Entre los empleados del Monte, que tain- bien se hallan en el lugar del suceso, se afirma cada vez más la idea de ue el criminal concluirá por suicidarse, si 110 lo ha hecho. fundaméntase esta opinión, aparte de las circunstancias excepcionales en que el desgraciado se encuentra, en que po o después de cometer el delito habló un momento cou el jefe de la sección de eingeños. ¿Qué has hecho, infeliz? -le preguntó éste. -Quitar de en medio á un criminal- contestó Juan José. -Y ahora, ¿qué vas á hacer? ¡Qué quiere usted que haga! un tiro. las seis de l mañana. Caaudo á esta hora segliíatnos estacionados junto al Monte de Piedad, la animación crecía en la plaza de Jas Descalzas. El público madrugador comentaba el su- ceso, y el interés que despertaba era cada vez más intenso. A eso de las cinco y media ocurriósele á algeden introducir en el sótano á un perro de la propiedad de Juan José. Bascábase con esto obtener algún inaicio, y la idea fue aceptada. Introdújose al ammalito, pero salió a poco, corriendo á todo correr v como atemorizado. Se le quiso hacer entrar de nuevo, pero no se pudo conseguir. ¿Daría aquéllas muestras ae terror por haber visto el cadáver de su amo? ¿Sería porque é te, en su desesperación y en el supuesto de que no se hubiera suici- dado, le habría castigado con dureza? Tales eran las preguntas que las autoridades, los periodistas y el público allí con gregados se hacían. Pensóse luego en que un nermano y un amigo del agresor entrasen en las cuevas. Ya iba á ser este plan puesto en práctica, pero el temor de encontrarse con el cadáver de Juan José hizo á su hermano desistir. Nueva incertidumbre y nuevas vacila ciones. Así se estaba comentando, cuando un golpe fuerte dado en una puerta, no se sabe por quién, aterrorizó á todos los presentes. Creyóse que era un tiro, y autoridades, periodistas, cuantos más cerca se encontraban corrieron sobresaltados. Repuestos de este pueril pavor, todos rieron después el cómico y chistoso incidente. A las seis todo permanece lo mismo, el mismo silencio dentro y fuera, mayor cada vez Ja afluencia de curiosos. Poco antes de esta hora algunas personas salen en automóvil para traer de Carabanchel á la familia de la víctima. Su estado á esta hora sigue siendo gravísimo. I uan José Se ha suicidado, i A las seis y diez minutos, y tras nuevas tentativas, decidióse el hermano de Juan José á entrar en el sótano. Acompañábale un amigo, y juntos, en el estado de ánimo que es de suponer, aventuráronse en el interior de las cuevas Ivas precauciones que adoptaron y el pa vor que los acometía eran enormes, y fueron reconociendo los sótanos minuciosamente. En lo más apartado, en el sitio llamado sótano interior, creyeron ver un bulto. Acercáronse á él, lo palparon y comprobaron que era el cadáver de Juan José. I a impresión que tan fúnebre hallazgo causó al hermano de la víctima no es para descrita. Avisóse al juez, y éste, con otras autoridades penetraron en el interior del sótano, A la puerta fue preciso colocar bastaates guardias para contener á los curiosos. Reconocido el cadáver, vióse que tenía una herida mortal de necesidad en el corazón. La noticia circuló rápidamente fuera, y con esto se calmó la ansidad genera 1 A NOTICIAS p l presidente de la Unión de Empresarios de pompas fúnebres nos ruega hagamos constar no ser cierto que anteayer quedasen cadáveres insepultos en Madrid fjreeiados, 20, La Funeraria. Teieíono 225 No pertenece al Trust Funerario. Nadie letoe comprar joyas t ia ver ante? en esta casa. MOaXSSKA, 31. IHHHUIHI IT Illil ilMÉIIIlll II III11