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A B C. LUNES 28 PE JUNIO PE 1909. EDICIÓN i. PAG. 7. EL BAUTIZO DE LA INFANTA BEATRIZ LA GRANJA, 2 7 aiaáaaa. N o ha habido hoy la concurrencia extraordinaria que el año pasado acudió cuando el día 29 de Junio se verificó el bautizo del infante D. Jaime; pero ha sido, sin embargo, inusitada la animación que ha reinado en este Real Sitio desde que, próximamente á las diez de la mañana, llegó ei primer automóvil conduciendo, entre otros excursionistas, al marqués de Valdeiglesias y á D, Enrique Esteban, director del MadridAutomóvil. De los primeros en venir fue el automóvil de la Presidencia del Consejo, que conducía al jefe del Gobierno, á su hijo Honorio y á su secretario político, D. Prudencio Revira. Con pequeños intervalos fueron llegando los demás ministros de la Corona en los automóviles de los ministerios de la Guerra, Fomento y Gobernación. La Alameda, que baja desde Palacio hasta la puerta de Segovia, presentaba á las once de la mañana animado aspecto. En el paseo de la izquierda, conforme se sube á Palacio, iban colocándose en fila los automóviles que llegaban, y de ellos descendían, formando variado y pintoresco cuadro, spor smen con indumentaria de camino, guardapolvo y gafas; damas que venían de Madrid con traje de corte, y algunas hasta con la mantilla blanca puesta, y otras señoritas con trajes de tonos claros y grandes sombreros, que acudían á contemplar el espectáculo en su aspecto extenor, y también grandes de España y gentileshombres, que con sas bordados casacones, cubiertos de bandas y cruces, venían ya dispuestos á asistir á la ceremonia, En Palacio se hizo por la mañana la vida jde costumbre, paseando el Rey un rato por los jardines con el archiduque Federico. En los hoteles, los habituales parroquianos y excursiouistas concurrentes estuvieron preparándose para el acontecimiento de la v tarde. En general, se ha observado en todos los detalles una mayor preparación que el año pasado. Las damas y grandes de España hallaron en Palacio habitaciones adecuadas para su aseo y para cambiarse de ropas. No pocos excursionistas de Madrid, y entre ellos los más selectos, encontraron en casa de la marquesa de Squilache morada providencial donde reponer sus fuerzas y prepararse eon los uniforrnes. y preseas. Comieron allí, entre otras personas, el embajador de Austria- Hungría y su señora, los principes Pío de Saboya, el conde de Some. rnelo, el de Sástago, la marquesa de Monis trol y sus hijas, el marqués de Valdeiglesias, el ministro del Ecuador, Sr. Renden, y don Gustavo Sdüer y su señora; total, comensales, En Palacio se celebró la parada á la hora de costumbre, pero con concurrencia muy superior á la de los días anteriores. A eso de las doce llegaron las autoridades de Segovia que habían de asistir al bautizo A ntes de la ceremonia. Se había retrasado la ceremonia del batizo media hora, y un poco antes de la hora en que debía celebrarse comenzó el desfile de damas y personajes que, vistiendo trajes de corte y uniformes de gala, su- bían á Pal icio por la rampa de la Alameda y desde las Casas de Oficio y de Canónigos ó de las fondas. Un día espléndido, de temperatura suave y agradabilísima y un cielo despejado prestaba mayor realce y brillantez al espectáculo. La servidumbre de Palacio vestía de media sala Hallábanse en la residencia regia los infantes doña Isabel, doña Eulalia, doña María Teresa, D. Fernando, D. Carlos, D. Luis de Orleáns y príncipes D. Reniero y D. Luis de Borbón. A la una de la tarde se celebró el almuerzo de la familia Real y alta servidumbre palatina. A dicha hora llegaron, en carruajes, los ayudantes del Cuarto Militar. Vinieron también en carruajes, desde Segovia, muchas personas distinguidas, y entre ellas algunas de Madrid que habían llegado en el rápido. j a ceremonia. Comenzó á las dos y veinte minutos, y se celebró en la sala llamada del Trono, con decorado que se había preparado al efecto, cubriéndose el cuadro de Valoó, que representa la familia Real en tiempos de Felipe V, con sedería roja estampada de oro, idéntica á la que cubría la estancia, de la que se habían sacado todos los demás muebles. En el testero principal, donde estaba cubierto el cuadro citado, se instaló un altar, adornado con gran sencillez, en el centro del cual había una imagen de la Virgen del Pilar, de plata, y varios candelabros, todo adornado artísticamente con profusión de rosas de té y hojas de hiedra. En frente había colocados ocho sillones para las personas Reales, y en el centro de la habitación, la famosa pila del convento de Santo Domingo de Guzmán, donde había de recibir el agua bautismal la augusta neófita. i a comitiva. A las dos y cuarto entró la familia Real en la citada estancia. El Rey vestía uniforme de general austriaco; la Reina Cristina, traje blanco; el archiduque Federico, el uniforme de teniente coron 4 de Cazadores de Figueras. La infanta María Teresa, como madrina de la infantita Beatriz, en representación de la archiduquesa Isabel, llevaba á la niña en sus brazos, y á su lado marchaba la condesa de los Llanos, á quien acompañaba la condesa del Puerto, llevando de la mano al Príncipe heredero de la Corona y seguida del infautito D. Jaime, en brazos de su nodriza. La infanta doña Isabel vestía traje blanco con magníficos brillantes; i ¿aje rosa pálido la infanta Eulalia, y, de las uamas presentes, la condesa del Serrallo lucía elegante traje color malva, y la embajadora de Austria Hungría, elegante traje blanco. Vestían con sus respectivos uniformes mi- litares los infantes D. Fernando y D. Carlos y los príncipes D. Reniero y D. Felipe de Borbón y D. Luis de Orleáns, y completaban la comitiva palatina los jefes de Palacio marqueses de la Torrecilla y de Viana, el jefe de la Casa Militar, conde del SerrailOj y el mayordomo mayor de la Reina, duque de Santo Mauro. Entre las damas figuraban las duquesas de San Carlos, de la Conquista, de Aliaga y Santo Mauro, y marquesas de Viana, Monistrol, Valdeolmos, Squilache y Mina. Entre los grandes de España, los duques de Granada, Gor, Montsm r, Seo de Urgel, T Serclaes, Bailen, Castell Rodrigo, Bayamo, Santillana, Someruelo, Narro y Ribadavia, y los primogénitos de grandes don Pedro Caro, hijo de los marqueses de la Romana, y D. Jaime Mariátegui Entre los mayordomos estaban los condes de las Navas, de Torre Arias, Unión, Valdeláguila y Cervera. Sen ores de Olivar, Ceballos, de Carvajal Suárez Guanes, D. Pedro- Careaga, Ruata, Barsi y D Alfonso Queipo de Llanos. Asistían también ios Sres. Maura y ministros de la Corona, excepción hecha del de Marina; el nuncio de Su Santidad; los presidentes del Senado y del Congreso, de uniforme; el embajador de Austria- Hungría y su esposa, el de Inglaterra y la suya, y, entre los jefes de Palacio, además de los citados, el inspector Sr. Zarco del Valle, los oficiales mayores de Alabarderos Sres. Calonge, Calderón, Ceballos, Méndez Vigo y Liñin; el segundo jefe, general Ezpeleta. Una comisión de la Escolta Real, de la que formaban parte su nuevo coronel, señor Machessi; conde de Gondomar y vizconde de Uceta; los ayudantes del Cuarto Militar del Rey, señores general del Río, conde del Grave, coronel Elorriaga, Jordana y Ripollés, y barón de Casa Davalillo; general Boado, capitán Kindelán, teniente coronel de Ingenieros Se Echagüe; gentileshombres Sres. Salvoó, Stuyck (D. Gabino y don Silvino) Campos, Segovia, Azúa y San Gil; el abad de la Colegiata; el mayordomo conde del Puerto; los doctores Gutiérrez, Ledesma y Grinda; los caballerizos conde de Fuente Blanca y Alvarez de Toledo; el administrador de los Reales Patrimonios, don D. Baldoniero Cabrera, y las autoridades locales; gobernador civil y militar de Segovia, Sres. Gómez Inguanzo y Heredia; el obispo de dicha diócesis, D. Julián Miranda; el presidente de la Diputación provincial, D. Julio Páramo, y el alcalde de La Granja, señor Gaona. Finalmente, también asistieron comisiones del Regimiento de Wad- Rás y de la Guardia civil. Ofició en la ceremonia el obispo de Sióu, y le asistieron los capellanes de honor señores Pérez San Julián, Calpena, Gómez, Manzano y Suessín y Palmer. T etalles. La ínfantita Beatriz lloró algunos ratos durante la ceremonia. Estuvo en brazos de su augusta madrina, la infanta doña María Teresa, y recibió en la pila bautismal, además del ya citado, los nombres de Isabel, María Teresa, Federica, Cristina, Alfonsa y Bienvenida. Casi en el momento de empezar la ceremonia religiosa, la batería del regimiento de Sitio instalada en Las Peñizas hizo las quince salvas de ordenanza. A las dos y media aproximadamente terminó el acto. Los elementos oficiales y palatinos pasaron á las habitaciones altas de Palacio, y los demás invitados al comedor instalado en la planta baja, donde se sirvió un espléndido lunch. A él asistieron, además de los invitados á la ceremonia, los oficiales de Artillería señores Ángulo y Ordovás. De guardia con el Rey estuvo el marqués de la Romana, y con la Reina Cristina el duque de Gor. egalos y telegramas. Oe El Rey ha regalado, á la Reina Victoria, con motivo del bautizo, un magnífico collar de brillantes, y el archiduque Federico, también á la Reina, un; espléndido lazo de brillantes, y la princesa de Battenberg, á la iufantita Beatriz, una cruz de esmeraldas; Después de terminar la ceremonia, el Rey dirigió un expresivo telegrama á la archiduquesa Isabel dándole cuenta de la terminación del acto y las gracias por haberse dignado apadrinar á su hija. También, como es costumbre, dirigió otro telegrama á Su Sautidad impetrando su protección para la infanttta. r fcspachando con el Rey. Poco después de celebrado el bautizo, el Rey despachó largo rato con el presidente del Consejo, el cual sometió á. la regia firma grcin número de decretos. Da ellos.