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ABC. L U N E S 28 D E JMN 1O D E 1909. EDICIÓN i. PAG. que hay un azar comparable á una carrera de caballos? Ese caballo favorito, cuidado con esmero, preparado desde hace muchos meses, entrenado todos los días y sobre cuya cabeza descansa hoy el peso de dos millones de francos, ese caballo debe ganar la carrera... Pero figúrense ustedes que al salir á la pista tropieza y se rompe una pata, ó se escurre, ó se cae, ó despide al jockey por las o ejas... Supónganse ustedes- ¿porqué no? -que á ese pobre caballo le ha hecho ayer daño el pienso y padece un pequeño cólico, ó le duele el estómago, ó tiene la migraine... Y como no puede quejarse, nadie lo sabe; pero el animal no tiene gusto, ni humor, ni ganas para correr. Sale á la pista; al dar la señal arranca, pero no obedece á la brida, ni al látigo, ni á los gritos del jockey, que le anima y deja, indiferente, que pasen por delante de él otros caballos que valen menos, que corren menos y que, sin embargo, triunfan... Adiós mi dinero entonees; es decir, nuestro dinero, porque en esa pelota de los dos millones de francos que se atraviesan en el parí mutuel están los mil luises del príncipe ó del gran duqae, los cincuenta luises de la cortesana á la moda, el luis del mozo del restaurara y los cinco francos del obrero parisiense que viene á L. ongchaaip muy ilusionado, pensando que el viaje, la merienda, la entrada y los gastos de la soiree van á salir todos del triunfo del favorito. Y mientras escucho á estos señores graves que tan grave y seriamente hacen atinadas consideraciones, decido hacerme caen ta que el caballo padece la migraine y. me ahorro el luis que fatalmente me correspondía perder... ¡No podrán decir todos lo mismo! peligros prefiere arrostrarlos y perecer... Ea esa época es cuando los hombres buscan á la garza real, y sin dificultades ni trabajos la arrancan del nido... ¡Ah! Pero no la matan, no... Tranquilizaos... Se contentan con quitarla esas plumas tan lindas, tan suaves, tau brillantes, que la garza lleva orgullosa sobre su cabeza, y cuando la han arrancado todas vuelven á dejarla en el nido, al lado de sus pequeñuelos, donde el pobre animalito sucumbe dulcemente rodeado de sus hijitos, que á su vez no tardan en morir de hambre. ¿Eh? Son bonitas, muy bonitas, esas plumas que adornan caprichosas los sombreros de las damas elegantes, ¿no es verdad? ¡Pedid, pedid plumas de garza real para colocarlas sobre vuestros sombreros á la moda! Devueltas y confundidas, circulan por el pesage grandes damas aristocráticas y cortesanas de postín Unas y otras se estudian, se miran y remiran, se censuran ó se admiran... Saludan la aparición de una nueva belleza ó rezan un piadoso responso sobre el ligero velo con que la Otero cubre su rostro... Y todas comentan la invasión norteamericana, esa, colección de muchachas que, procedentes de la púdica sociedad yanqui, han caído sobre París para dar quince y raya en punto á atrevimiento y sansfagon á las más despreocupadas gigolettes de Montmartre. Estas son las únicas caras nuevas que han apareado este año en la pelóme de I ongchatnp... Algunas son lindísimas tienen cuerpos maravillosos; pero, en general, no se visten bien y se las conoce en seguida en la forma exagerada de los sombreros que llevan, en las medias con lunares, que tanta las agrada lucir, y en la falta absoluta de ese no se que que aquí llaman chic Y, sin embargo, van á la moda, aunque exagerándola un poquito. Y cuando la parisiense suprime la falda, substituyéndola por el pantalón ceñido, á fin de que la línea del cuerpo se adivine, la yanqui no quiere ser menos y se cubre el cuerpo desnudo con un ligerísimo foulard, tan ligero, tan, sutil que, si permanece un instante sentada, al levantarse queda la tela adherida á la carne, como si acabara de salir de un baño. Indudablemente, vosotros tenéis razón) ¡oh, moralistas! I moda es consecueneia lógica de la moralidad de un pueblo, y por, eso eñ los períodos de licencia tiende á de- j jar al descubierto todo, mientras que en las épocas de pudor ó de hipocresía procura 1 taparlo. Recordad las modas- -que vuelven- -del Directorio, del Consulado y del Imperio, Entonces era chic vestirse con la menor cau tidad de ropa posible, y llegó á establecerse que una mujer verdaderamente elegante no podía llevar encima más de doscientos gramos de peso, comprendidos las joyas y los zapatos. Sí; las modas vuelven... Contemplad hey esta exposición de elegancia del GranéPríx, y podréis observar que á pesar de los bordados, de las complicaciones y los adornos, estas damas van ligerlsimas de ropa y se aproximan, se aproximan al peso específij co de los doscientos gramos... Y es que; como ya en sus tiempos afirmaba el modisto de Josefina Bonaparte: -Iln y a de nou bres cometen durante su vida un abuso contra la higiene, pie á otros mataría en un mes, y llegan con él á los setenta y á los ochenta años. ¿Por qué esc abuso, en vez de matarles, les da fuerzas y les hace vivir? Todo eito cousiRsBye un misterio á la hora presente. Incierto es que las cosas, como las ideas, deben tomarse, no con relación á su grado de verdad (ciencia) sino en relación con su grado de utilidad (vida) orno su resultado nositivo. Habrá sted oído pon de t ix el vqg. turismo y deair que e r ó es la ún a alimentación racional; yo no- tk qtié tiene quehacer la razón en estos asantos. Hay an elemento que los vegetarianos d- midan y que es el todo: el elemento sa Jaccién, placer. Un hombre que se alimente con arreglo á la más estricta y para razón, acaso marche bien y esté sano y alegre, pero es si tal alimentación le gusta y encuentra placer en ella. Pero, ¿y si comportándose con arreglo á todas las fórmulas de la razón hace mil esfuerzos para tragar los vegetales de modo que constituya para él un martirio al prescindir de lo que le gusta, es decir, de la carne y demás mantenencias vitandas y abominables? ¿Qué sucederá? Sucederá que ese hombre al año se morirá ó enfermará... con arreglo, eso si, á la razón y á la ciencia. -Entonces, ¿áqué conclusiones llegamos? -I legamos... á lo que hemos dicho ya: á que cada hombre es un mundo y á que cada cual necesita su higiene y su terapéutica especiales... que no son la higiene y la terapéutica de los demás. Y, sobre todo, tenga usted entendido que en medicina, en higiene, no existen más que tres ó cuatro cosas en las que se puede creer de un, modo general, ó casi general; entre esas cosas figuran el sol, el aire y la limpieza. Mi credo médico, así de un modo casi dogmático, se reduce á esto. Todo lo demás es contingente y relativo. Y aun esto, en ciertos casos, puede también serlo. AZORIN E l pesage y la tribuna de señoras están Ue nos... A cada instante llegan coches y automóviles que conducen bellezas más ó menos auténticas, adornadas con toilettes deslumbradora porque en la tarde de hoy hácese el resumen de la moda, y las eleganteá vienen á lucir aquellos modelos que más CRÓNICA TELEGRÁFICA éxito alcanzaron en Auteail el pasado domingo, en Chantilly el día del premio Diana y en el curso de la maravillosa Journee des Drags. Hoy en Iyongchamp no hay más PAR S, 2 J. que la selección de la moda, y estas toilettes, 1 A EJ ORNADA DEL A pesar de los arre- estos sombreros, estos colores, son los que glOS v i s i t a s v c o n PB 1 ND PRJX se imponen... I as mujeres se eontemplan las unas á las otras y piensan satisfechas GRAND PK 1 X f e r e n c i a s d e ggj- og días entre los aprendices de jockey y los mo- de su acierto: zos de cuadras con ministros y personajes, ¡Esto es lo que se va á llevar! y aunque había la seguridad de que el ciuEl cronista mira á un lado y á otro, y sus dadano Pataud no repetiría hoy su broma- miradas se pierden en este mar alborotado zo del pasado domingo, el público que ha de sedas, de encajes, de plumas y de borinvadido esta tarde el campo de carreras de dados. I ongchamp esperaba alguna sorpresa- ¡Estoes lo que seva á llevar! -murNo ha sido así... I as autoridades, de todos mura también el cronista, y sus modos y para mayor seguridad, adoptaron traje gris perla de la princesa ojos van ádel sus precauciones; el Bosque estaba excelen- toilette de muselina bordada de Aturat la la duquesa temente vigilado... I os barrios extremos de de Noailles; de la dalmática de encaje de la París, en cambio, habrán quedado á merced baronesa Iva Caze al sombrero negro forrado de la gente maleante. Después de una semana entera de lluvias de rosa y adornado con plumas de heron torrenciales, de vientos huracanados y de blanc que luce la condesa de Rostang. ¡Oh! ¡I as delicadas plumas del heron blanc! tormentas repetidas, el día de hoy amaneció inseguro; como que al comenzar la carrera Son la nota chic de la estación, y oigo á dos maniquíes que las contemplan maravilladas cayó un gran chaparrón. París se despobló, porque todo París es- y toman apuntes: -Son de un lindo efecto esas plumas petaba en I ongchamp... El parisiense hace del día de hoy, un día de fiesta mayor, y queñitas y blancas, ¿no es cierto? Oui, ma chére! Y sientan divinamente. veau dans ce monde que ce qui a sujfisamment desde primera hora de la mañana corre al Sí; son efectivamente muy bonitas, muy vieth! Bosque de Bolonia provisto de la correspon ¡Oh! Sí... Esta es una verdad como uu diente merienda, que saborea en familia, caprichosas, esas plumas de garza real; pero tambado sobre el césped y en mangas de serán caras, muy caras... ¿Queréis saber, lec- templo, que podemos aplicar aquí, en París, camisa. I, a gente chic, en cambio, va á al- toras, cómo hay que procurarse tan precia- no sólo á las modas, sino á las mujeres... morzar al Pavíllon Royal, á Bellevue ó á do adorno? Esos pobres pájaros sou casi sal- Mirad, mirad los rincones elegantes de Annenonville, y discute las probabilidades vajes y no hay manera de poder echarlos la L. ongchamp hoy, día de fiesta mayor... Aquí de éxito de cada caballo, de cada í r ¿j y de mano encima; pero cuando la garza real tenéis triunfadoras y solemnes á Emilienne está criando no se aparta del lado de sus pe- d Alencon, á I, yaae de Pougy, á ¿ise Fleucada cuadra. Oyense conversaciones interesantísimas. queñuelos, se humaniza y permanece cons- roa, á todas las grandes bellezas de hace A. mi lado, unos buenos señores discuten tantemente al cuidado de sus hijitos. En- veinticinco años, representando siempre su gravemente... Para ellos no ofrece duda tonces nada la hace huir, por sadie los aban- 1 áivino papel... Son los mismos figurines... ninguna el triunfo del favorito; pero ¿es dona, y aunque la amenacen los más graves Lcon diferentes toilettes! A B C EN PARÍS UTUTO IS TlMtf EflHITT l? l M i I I M U BltUM Vi MCI irpimr