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A B C DOMINGO 27 DE JUNIO DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 4 siembre tengo delante de mí en la mesa de trabajo, y copio la frase siguiente: -Los piropos lanzados de nación á nación surten el mismo efecto que los requiebros que se dicen dos mujeres rivales: que todo el mnndo se ríe de ellos porque sabe que no nacen del corazón. consiguientes, y el secretario tuvo que dimitir... pero en seguida se le dio un puesto mportante cerca del rey Eduardo. A este respecto me viene á la memoria una frase de los espirituales autores del Asno de Buridán, Flers y Caillavet: Un diplomático solo, menos mal; pero lo peligroso es, por ejemplo, que varios diploentonces se por e qué habla hoy la Prensa á orillas del máticos se reúnan, porque ponen á charlar, Támesis y del Spree? De Dreadnought nen á charlar, y cuando se puede llevar. y aumento de la Armada, de la invasión de nadie sabe adonde eso nos ¡Qué gran verdad! globos fantasmas, de dirigibles cargados de EDUARDO HAHN dinamita, de espías y de ¡qué sé yol Ahí tenéis nada menos que á J. Reed, se- Berlín Junio de 1909. cretario de la Primeelinga, que afirma con la mayor seriedad que en Inglaterra hay 6.500 espías pagados por el Gobierno alemán; y al oronel Oriseott, que en un discurso pro- D n el campamento de Carabanchel. nunciado hace días exclamó: En medio de En las Notas militares de nuestro nosotros se hallan, protegidos por la bande- número de ayer dimos detallada noticia de ra britániea, 350.000 soldados alemanes la visita hecha al campamento de CarabanAhí tenéis á sir John Barlow, miembro chel por los Sres. Maura y Besada para predel Parlamento, que en una interpelación senciar las experiencias de Artillería realial ministro de la Guerra, Haldane, le pre- zadas con el nuevo armamento. A dicha vigunta, qué piensa hacer de los 66 000 reser- sita se refiere la primera fotografía del previstas alamanes para los cuales se hallan sente número. escondidas en las bóvedas de Londres ar- i i ornen aje al capitán Rodríguez Caso. mas y municiones. En el salón del Trono de la Capitanía Ahí tenéis á las principales revistas men- general se ha verificado solemnemente la suales inglesas del mes de Junio: á X Nine- entrega al capitán de Artillería Sr. Rodríteenth Cenuary, que compara la situación ac- guez Caso de la espada de honor que por tual á la del año 1870, cuando Stoffel dio el suscripción pública en el pueblo sevillano primer grito de alarma por nadie atendido; le ha sido regalada como agradecimiento, ala United Service Magazine, que reprocha al por su iniciativa para las brillantes fiestas Gobierno ceguedad imperdonable; á la Na- denominadas España en Sevilla, celebradas tional Reyievo, que dice que Asquith pasará á el año último. la historia como el Olivier inglés; á la FortLa espada, de nightfy Review, que declara á Inglaterra sin arte, ha sido que es una verdadera obra de construida en la Fábrica Ejército, y, por consiguiente, á susTratados Armas de Toledo, según el modelo dibujado sin valor y á su diplomacia impotente, y, por el capitán de Infantería D. Manuel Delpor fin, al Morning Post, que excita á Ingla- gado, hijo del capitán general de Andalucía, terra á declararle la guarra á Alemania an- Sr. Delgado Zuleta. tes de que ésta aumente más su flota y sea demasiado tarde. DE MI VIDA Y la Prensa alemana contesta con burlas y sarcasmos. ¡En eso estamos después de tantas visitas, banquetes, reuniones, discursos, brin- rvespués de comer pudo Alberto oir todadis entnsiastas y shake- hands expresivos! Síntomas son todos éstos del estado psico- vía con nosotros en el teatro los cany que con lógico de la nación inglesa. Si hombres sen- tos charros, tan llenos de poesía Bohemios, tanto arte ejecutaron la Sociedad satos y cultos, miembros del Parlamento, los cantores de la catedral con los niños de redactores de las primeras revistas de In- coro, vestidos á la usanza de los estudianglaterra, usan semejante lenguaje y parecen tes de los antiguos colegios universitarios, creer en tales extravagancias, ¿cuál no será con mantos rojos y anchas becas negras; la excitación de la fantasía popular? y algunas muchachas, muy bonitas, que luNo hay nada más tranquilo en este mun- cían el rico traje de charras. Pero el suddo que una mina de pólvora pocos instan- expreso que va directamente de Lisboa á tes antes de la explosión. París iba adelantando rápidamente, y Adal ¡No jugar con el fuego! ¡Cuidado con la berto tenía que cogerlo á su paso por Sala chispa, que de un momento á otro, cuando manca, No hubo más remedio que separarnos; el deber ante todo. menos se piensa, pudiera estallar! ¿Quién pudo prever la guerra franco aleAl día siguiente, 15 de Abril, tuvo lugar mana? la inauguración, y seguidamente la misa de Una palabra, la palabra garaatía pro- la tercera capilla de la basílica. ¡Terminada nunciada en Erus por Benedetti, fue la chis- la ceremonia, el señor obispo dirigió sentipa que puso el fuego á las pólvoras, y en el das palabras á la multitud. término de cuarenta y ocho horas se movi 5 To había pensado muchas cosas, que teU aron los ejércitos. nía gana de repetir á la Santa junto á su sepulcro, y fuimos al convento de las Mal B. Z. am Mittag- de Berlín, publica el te- dres. El pueblo entero quería entrar con legrama siguiente de Londres: nosotros, pero no fue posible complacer á Se había mucho en San Petersburgo de todos, y estoy seguro que los que tuvieron un incidente diplomático que puede tener que quedarse fuera se enfadaron conmigo; consecuencias políticas y que desde luego lo comprendo perfectamente, y espero sólo ha suscitado un serio conflicto entre el em- que no me guarden rencor. bajador de Alemania, conde de Pourtalés, y Desde los balcones de la casa de Ayuntael embajador de Inglaterra, sir ArthurNi- miento presenciamos las danzas del país, y colsón. después de tomar allí un refresco quisimos Uno de los secretarios de la Embajada in- dar una última mirada á las obras de la Baglesa, habiendo criticado en una tertulia la sílica antes de marcharnos. Nos costaba política alemana, fue oído por el ministro de mucho separarnos de aquel lugar, y para Baviera, quien puso lo ocurrido en conoci- facilitar la despedida se subió D. Gonzalo sobre un banco, y dijo á aquella gente lo miento del embajador de Alemania. El conde de Pourtalés informó oficialmen- que yo había querido hacer por ellos, y á mí lo que ellos querían hacer por mí, y á todos te á su Gobierno. DI ministro de Relaciones Exteriores pru- k s bendiciones y prosperidad que atraería siano hizo en Londres las representaciones sobre el país nuestro trabajo común. Inútil es decir el entusiasmo que produjo esta explicación. Volvimos á Salamanca, y comimos en casa del señor obispo. Por la tarde fuimos á la plaza Mayor. Yo hago siempre en todas partes lo que es costumbre hacer, y en Sa- lamanca es costumbre pasearse todas las tardes alrededor de la plaza Mayor, que es en la forma como la de Madrid, pero más grande y más hermosa. Bajo aquellos arcos, que resguardan del sol y de la lluvia, se encuentran los mejores comercios de la población- -y allí pasan los salmantinos sus mejores horas; -mientras en el centro délos jardines toca una banda las mismas piezas que se oyen en los balnearios más. de moda, se pasea la gente por la acera de los arcos. Hay lo que se llama la vuelta de las señoras y la vuelta de los caballeros, porque van en dirección contraria, para encontrarse fácilmente. Yo hubiera querido dar algunas vueltas con tranquilidad y mirar los elegantes escaparates; pero no rae fue posible, á pesar de que bajamos del Ayuntamiento, donde nos habían ofrecido un espléndido refresco, bastante antes de la hora del paseo; apenas habíamos puesto el ¡pie en la calle, cuando los estudiantes prorrumpieron en un atronador: ¡Viva la rubia! aludiendo á un artículo que había publicado aquella mañana El Adelanto, en el cual veía el autor, con los ojos de subrillante fantasía, personificadas en mi hija las leyendas del Norte, aunque en su mirada se traslucía un alma española. Se titulaba el articulo La princesita rubia La juventud necesita poco para entusiasmarse. Nos rodearon los estudiantes, y el pueblo se agregó á ellos y todos gritaban con tanto gusto, y como todos veían nos gustaban las cosas que decían, no nos de- jaron hasta que subimos de nuevo á los coches. Por fin nos refugiamos á descansar un momento en easa del canónigo y á hablar con sus padres, que tan identificados están con nuestra obra; el padre de D. Gonzalo, D. Rodrigo, que modestamente, como su madre doña Amalia, una imagen viva del Ama, de alan, se queda siempre en la obscuridad, nos ayuda mucho en la revista, y, además, aquella casa, en la que no se trata á los pobres más que como hermanos, es el refugio de todo el que está triste ó tiene algún apuro. Allí vi á los padres de los chiquitos, que se están educando en Munich; vinieron de sus pueblos sólo por verme, y me dieron tantas gracias y tanto encargos para sus hijos, que yo cumplí, naturalmente, al día siguiente de llegar á Munich, mientras los chicos saboreaban, como manjar del cielo, uno de los chorizos que les traje. Por la noche cenamos en casa del otro don Gonzalo, tío y padrino del canónigo, director de la Escuela Normal y compadre mío, puesto que fui, hace tres años, madrina de la niña que nació el día que llegué á aquella hermosa casa; la niña lleva mi nombre. Está monísima mi ahijadita. Es hermosa la vida de familia en aquella tierra; los niños crecen al lado de sus padres y fundan más tarde una familia como la que ellos tuvieron. Mientras estábamos eomiendo vinieron a pedirme un articulo, que había prometido por la mañana; les dije que aguardasen un instante, y allí, en la misma mesa, con lápiz, escribí lo que escribo siempre, impresiones y recuerdos; cómo mi hermano me dijo un día, al traerme una mantilla y unos pendientes de charra, que conservo entre mis recuerdos, que, en tanto no conociese á Salamanca, no podía decir que conocía á España. Mi hermano tenía razón. Aquella noche fuimos á otro teatro, también muy bonito, y al día siguiente, por la mañana, oímos la misa que dijo D. Gonzalo en la catedral, delante de una imagen de la Virgen, de talla hermosísima, con su hijo muerto en los brazos. Después de visitar las NUESTROS GRABADOS IMPRESIONES E imr m i m a 1 n i 11. ti IIMTIMMÍ lUiimii lll i I Mili Hiri 1 I