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A B C VIERNES 2 S D E JUNIO D E 1909. EDICIÓN i. t PAG. 4. DE MI VIDA IMPRESIONES Al día siguiente, 14 (1) alas siete y media de la mañana, salimos de Madrid en el automóvil de mis hijos; en la cuesta de San Vicente nos reunimos con la marquesa de Squilache y los hijos del conde de Casa Valencia; era Un plan que- teníamos hecho des de el verano pasado en una excursión que hicimos juntos al lago de Chiemsee. El tiempo era magnífico, y la subida del Guadarrama, tan pintoresca, la hicimos sin novedad; paramos en lo alto, al pie del león, que descansa tranquilo en aquella altura, y mientras refrescaban con agua de la sierra las máquinas de los automóviles, escribí con gusto mi nombre en un libro, que sacó de una casucha obscura una pobre vieja; lo traía con religiosidad, y abriéndolo por el sitio en que se acababan los jeroglíficos, lo volvió á cerrar con la misma indiferencia, después que pusimos en él la fecha y la fuerza que tenían los automóviles. ¿Está usted siempre aquí le pregunté, pensando en lo que sería aquello en invierno. Sí, señora; hace treinta y cinco años que vivo aquí me contestó, y hace veinte que estoy viuda Vio en mi cara el asombro de su soledad, y añadió, para tranquilizarme: Mi hijo vive conmigo Era como si hubiera dicho: Tengo todo un mundo en esta choza Empezamos á bajar el Guadarrama; al poco tiempo pasamos por un sitio muy pin toresco, con villas elegantes, que llaman San Rafael; el aire es allí tan puro, que los ma dnleños que quieran buscar verdaderamente la salud pueden encontrarla, sin necesidad de arrostrar el cansancio de un viaje á la Eugadina. Contemplé con gusto esos destellos de lo que eon ayuda de Dios y buena voluntad podemos llegar á ser, y ea eso, en lo que podemos llegar á ser, iba pensando, cuando aparecieron ante mi vista las históricas murallas de Avila, que me recordaban lo que fuimos; se comprende con sólo mirar aquellas almenas que la ciudad se llame Avila de los Caballeros. ¡Ah, si todas las ciudades supiesen guardar así los baluartes de su historia! Un ejemplo de cómo se pueden hermanar los adelantos modernos con los recuerdos del pasado nos lo da en Baviera la ciudad de Nieremberg, que ha conservado como reliquia preciosa sus vetustos monumentos, extendiendo sus alas de ciudad moderna alrededor de su muralla sin destruirla. Seguimos corriendo leguas; el sol calienta tanto, que lamentamos no haya más árboles por los campos de Castilla; pero admiramos al mismo tiempo lo hermosamente que iba saliendo el trigo por aquellas llanuras; así es aquella tierra silenciosa y sufrida; parece árida y nos da tanto pan; es la imagen del carácter de sus hijos; parece á veces seco y es todo corazón, todo ver dad. La bocina de un automóvil, que venía á nuestro encuentro, interrumpió mis reflexiones, y un instante después saludábamos á D. Gonzalo Sauz, que venia con su hermana y los señores de Santos, propietarios del automóvil, á darnos la bienvenida en su tierra y enseñarnos á saborear todos los tesoros que encierra. Por de pronto nos anunció que á poca distancia de allí había una dehesa, donde podríamos almorzar á la sombra de las encinas. Ellos venían prevenidos de abundante merienda, de la que formaban parte los ricos chorizos y lomos de Salamanca. Con los almohadones y las mantas de los antomóviles se improvisó debajo de las encinas un comedor campestre, y como el artista fotógrafo Pranzen nos acompañaba en la excur (i) De Abril éhimo. sión, tengo como recuerdo en mi cuarto un para que le sirviera al pequeñito de chupagrupo que recuerda los tapices de Goya. dor cuando le empiece la dentición, y traPara dar más color local á la escena, el tar de ese modo de evitarle algunas de esas cantor de la Catedral Sr. Villares, que ha- lágrimas que vierten por igual los príncibía venido también á nuestro encuentro, pes y los mendigos. ¡Qué manera tan delilanzó al aire algunas tonadas de la tierra, cada de pagarme las lágrimas que yo había con sus notas dulces y melancólicas y sus enjugado dándoles trabajo! ¡Y con qué fe y palabras sencillas, pero que dicen tanto, energía han trabajado tanto! para que al oirías por la nothe en el teatro Hace tres años apenas salían los cimientuviésemos una idea de cómo suenan por tos del suelo, y ahora había ya tres capillas aquellos campos silenciosos. abiertas al culto. Yo no tenía palabras para expresar mi asombro y mi alegría. Don GonA la mar se van los ríos, zalo no decía nada, pero en su mirada podía paloma revoladora; leerse: ¿no le dije que lo haríamos? pues ya no pongas el pie delante, ve cómo se hace. deia que ruede la bola. Iba. cayendo la tarde y queríamos Ilegal ¡Y al aire! de día á Salamanca; apretamos la velocidad Deja que ruede la bola, de los automóviles y al poco tiempo nos baque ella rueda y se divierte; ¡jamos en el hermoso Palacio Episcopal, que y así me divierto 370 tan amablemente había puesto á nuestra la noche que voy á verte. t disposición el señor obispo. Mientras mi ¡Y al airel hija y yo nos arreglábamos y descansábamos un poco en nuestra confortable habitación, Anua y oté: Adalberto visitaba los principales monuniña resalada, mentos con D. Gonzalo, y volvía entusiaspeínate el tupé, 1 mado, para comer en su casa, donde ya nos porque ese peinado habíamos reunido todos con la familia del te dice muy bien; canónigo y el señor obispo. co el pañuelo de atados, cuando te lo pones, PAZ DE BORB i mira que estás bien. Con tanto quiquiriquí CRÓNICA TELEFÓNICA y tantas modas al pelo, nunca llegarán á estar bien si no llevan buen pañuelo. Hubiéramos e deseado prolongar agael ameno descanso; pero no era posible dejar volver á Adalberto á Munich sin que adBkK IÍ. DBFONSO, 2 4 quiriera alguna idea de las bellezas incom- jLJ a vu lto el buen tiempo y con él la amparables que encierra Salamanca. l marión y la posibilidad de pasear, Llegamos bastante tarde, á pesar de nues- úniea diversión qae aquí tenemos desde tra buena voluntad. En Peñaranda nos qui- las personas Reales hasta el último veraso detener el pueblo, quej rodeando á las au- neante, si se exceptúa la parada. Por cierto toridades, se apiñaba en las calles; pero les que al verificarse esta mañana el relevo de prometí que á la vuelta me detendría, y, na- la guardia exterior, el Rey se asomó, abrienturalmente, cumplí mi palabra, porque me do una de las vidrieras, á uno de los balco, gustó desde luego la ciudad y el carácter de nes de la habitación en que se encuentra la sus hijos, paseándome á pie por las calles y Reina Victoria. Este es un dato que, aunvisitando la iglesia, que, como todas las que que parece insignificante, revela el inmeha levantado la fe española, es grande y jorable estado en que se encuentra nuestra encierra hermosas imágenes. Por muy po- Soberana, que, de continuar así, podrá muy bres que sean las casas que las rodean, en pronto reanudar su vida normal. las iglesias de España se encuentra siempre horas algún tesoro. El español cuida más de los deAlgo prematuro es hablar á estas parece viajes regios; peto, sin embargo, ensueños del alma que de las necesidades proyectado que D. Alfonso vaya á Santiago de su cuerpo. de Compostela para hacer la ofrenda al ¡Con qué alegría vibró en mi alma el re- apóstol que tiene prometida desde hace pique de las campanas del alba! A pesar del años. La Reina doña Victoria no saldrá de cansancio, que ya empezaba á sentir en el aquí sino para ir á San Sebastián á dejar á camino y de lo mucho que aun calentaba el sus hijos el príncipe de Asturias y los infansol, subí la empinada cuesta, que da á la tes D. Jaime y la infantita Beatriz, y desBasílica, sin darme cuenta de que andaba. pués marchará con D. Alfonso á Inglaterra, ¡Me decían cosas tan bonitas aquéllas gen- donde pasará una corta temporada y asistites que se apiñaban alrededor mío! Viendo rá á la famosa regata de Cowes. que me volvía á ver si me seguían mis hiLa encuentra muy pintojos, que, como siempre, tomaban sincera resco princesa Beatrizy ha recorrido sus jarSitio, parte en mi alegría, exclamó uno de aque- dines este Real direcciones. Hoy paseó á pie llos hombres: Sí, todos somos sus hijos. por la en todas de Segovia durante la macarretera Esa palabra fue la mayor recompensa á to- ñana, y por la tarde, acompados mis desvelos. Habían comprendido que ñada lasen automóvil la camarera mayor de dos veces de la Basílica se levantaba por ellos tanto Palacio, duquesa de San Carlos, como por la gloria de Santa Teresa, y conCon la condesa de los Llanos fue antes de fieso que cuando á veces me asalta la duda de si la santa, en su modestia, me va á re- almorzar á Segovia la infanta doña María gañar de qae haga tanto ruido con su nom- Teresa para visitar el histórico santuario de bre, me excuso diciéndole: Santa bendita, la Virgen de la Conquista. Mientras tanto, si es más por ellos y por España que por el Rey, que había recibido ya en audiencia tí y sé- que entonces me ayuda en lugar de al gobernador civil de Málaga, marqués de Unza del yalle, estuvo un rato jugando al regañarme. polo con el infante don Fernando en la PraUno de los obreros me entregó una cajita dera del Hospital. 3 Sn uno de los descansos de cartón diciendo: Para su hija y sus nie- Su Majestad hizo algunas preguntas al intos; es un trabajito mío La abrí y me en- geniero Sr. Miñaty, que ha llegado aquí contré un altarcito de yeso, torneado primo- después de un viaje de 9,000 kilómetros pirosamente, con sus candelabros y todo, para lotando un magnífico cuarenta caballos de mi hija; una carraca que, á pesar de lo pe- vapor, una especialidad para subir las cuesqueñita que es, suena mucho, para mi nieto tas más pronunciadas v la última palabra mayor, que está encantado con ella, y lo del automovilismo. que más me conmovió fue un anillo, tamYa que de automóviles se trata, que bién de yeso, muy finamente pulimentado, hoy han estado, entre otros varios, diré marel LA CÓRTE EN LÁ GRANJA