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A B C JUEVES 24 DE JUNIO DE 1 9. EDICIÓN 1. P A G 4 coa no marcharnos hasta que nos dé la gana, la cosa está resuelta pacíficamente, porque el Sultán no ha de ir á echarnos de allí. Otra cosa sería si tuviéramos que pedir la devolución de algo nuestro que detentara Muley Hafid; entonces habría que ir á cogerlo; pero ahora sólo se trata de quedar como estamos, y eso no ofrece dificultad ni riesgo. -Y entonces, cuando venga la embajada... -Pues se le recibe bien; se procura que ao haya quien le pegue otra bofetada al embajador; se le trata á lo marroquí, ó sea no resolviendo nada, y cuando se cansen se volverán á su. tierra, que es para muchos mentecatos la tierra de promisión de los españoles ¡ique tenemos en casa cuatro regiocomo el pesar, de que á los indígenas de América, cuando se hizo el descubrimiento, no se les hubiera educado en el paganismo, La vida, dice aparte de esto Montaigne, todo á lo largo de su obra, debemos aceptarla tal cual la hemos encontrado; no es buena ni mala; todo anda en ella mezclado; lo más discreto, lo más sabio, es acomodarnos á ella, sin rebelarnos ni adoptar actitudes heroicas, observándola con cuidado y amor, gozando de ella en lo que tiene de amable y resignándonos ante lo que encierra de amarga. Las más bellas vidas, á mi parecer- -y éstas son las últimas palabras de los Ensayos, -son aquellas que se amoldan al modelo corriente, sia maravillas y sin extravagancias Tal es el epílogo que Montaigne pone á su obra. nes esteparias! Sobre este punto de filosofía, el filósofo pone el ejemplo de su vida: un acomodaJENARO ALAS miento y respeto á la ley, alas instituciones y á las costumbres de su, país y de su tiempo. Montaigne fue alcalde de Burdeos. Profesó el catolicismo; cuando se sintió enfermo de muerte hizo que un sacerdote dijera 1 na nota amena nos ha traído el teléfono misa en su dormitorio, y expiró lleno de ferde La Granja: la de que el director de vor y piedad. los Registros ha empleado las horas que ha Como ve el lector por esta ligera nota (no tenido que pasar allí preparando la implan- se puede hacer otra cosa en un periódico) tación de la ley Hipotecaria... y leyendo á Miguel de Montaigne puede ser leído por Montaigne. No dice el periódico que nos da conservadores y por revolucionarios. Su esta noticia si lo principal para el Sr. Mar- lectura, por lo tanto, es perfectamente comtínez Pardo era la ley Hipotecaria ó era patible con la confección de la reforma hiMontaigne; debemos suponer que el direc- potecaria. tor de los Registros realizaba estas dos opeAZOR 1 N raciones (la lectura de Montaigne y la preparación, de la ley Hipotecaria) paralelamente, poniendo el mismo entusiasmo y el CRÓNICA TELEFÓNICA mismo cuidado en una y otra cosa. No sé quién será el autor de la ley Hipotecaria; pero, sin ofensa para su personalidad, se ¡puede decir que Montaigne, si no superior á él (cosa que ya sería excesiva) por lo menos está á su altura El periódico de donde tomo esta eutrapélica noticia añade que el Sr. Martínez Pardo Vf ILDEFONSO, 1 J ha leído cuatro ó seis veces los Ensayos- en el tiempo que ha permanecido en La GranAl día de ayer, de una actividad extraorja. El director de los Registros ha estado en diñaría, li se compara con el sosiego aquel Real Sitio esperando el fausto acon- habitual en que vivimos, ha sucedido una tecimiento unos ocho ó diez días. Como los jornada tranquila y apacible, en la que sólo Ensayos constan de más de mil páginas, ó el se ha turbado la calma por el tiempo frío y Sr. Martínez Pardo no ha cesado de leer día desapacible que ha seguido á los días antey noche, sin perder un minuto, dando de riores de buena temperatura. Con decir que lado la dichosa ley Hipotecaria, ó la refe- las capas y los gabanes de invierno han rencia telefónica resulta un tanto hiperbó- vuelto á lucirse aún al sol y al mediodía, lica. De todos modos sacamos en conse- puede suponerse el tiempo verdaderamente cuencia que el director de los Registros ha infernal que sufrimos. leido en esos días mucho y con gran fervor La nota de más interés que debo ante al filósofo de los Ensayos. todo consignar es que la Reina doña VictoHa hecho bien el Sr. Martínez Pardo. De ria se halla en estado muy satisfactorio, sin la lectura de Montaigne siempre se saca al- haber tenido fiebre ñi un solo minuto, y con gún provecho. Lo primero que aprendemos ánimo tan despejado, que por su expresa en los Ensayos es á dudar un poco. A Mon- voluntad tocó hoy la banda de Wad- Rás en taigne se le ha llamado siempre escéptico; la parada, obsequiándonos con la hermosa Emerson en sus Hombres representativos sim- partitura de La viuda alegre de Lehar. boliza en Montaigne el escepticismo. Pero Fue la primera ceremonia del día una ¿puede existir un hombre escéptico del todo, misa que dijo el abad de la Colegiata, don en absoluto? Los escépticos no son hombres Víctor de la Vega, en el oratorio particular que no creen en nada (lo cual sería absur- de Palacio, para celebrar el natalicio del indo) sino que no creen en algunas eosas en fante D. Jaime. Como es costumbre, en, el que los demás, ó la mayoría, creen. El escep- ofertorio se entregaron dos monedas de oro, ticismo de Montaigne lo constituye, ante una más que años cumplía el infantito, y todo, una actitud de expectación, de crítica, a s S o n a a c t 0 t o a s as R e a l e s personas de restricciones ante la afirmación ajena. y ÍS ana servidumbre de Palacio. E i seguida se despidió la Reina dofia Así, por ejemplo, aludiendo á los autos de fe, Montaigne escribe que después de todo, Cristina y marchó á Madrid con la duquesa el quemar vivo á un hombre es poner un de la Conquista, para regresar aquí el domingo. El Rey marchó á la pradera del Hosprecio muy alto á nuestras conjeturas Aparte de esta actitud intelectual de pital para ensayar un rato al polo con el inMontaigne hay en él otra poderosa caracte- fante D. Fernando y el marqués de Viana, rística de su espíritu. El cristianismo trata volviendo á Palacio á las doce y media, á de vencer á la Naturaleza; Montaigne la fin de asistir á la ceremonia de inscripción adora. Con esto queda dicho que Montai- en el Registro civil de la infantita recién gne, como se ha hecho constar ya mil veces, nacida. Con, las formalidades de rúbrica celebróes un espíritu pagano. Yo recuerdo (y el pasaje no lo he visto citado en los críticos) se el acto, el cual no tuvo más novedad que que en los Ensayos hay unas páginas en que la de hallarse en él presente, y por cierto el filósofo expresa como el sentimiento, sin llorar ni impacientarse un solo momento, lá infanta Beatriz, á quien llevó en brazos la condesa de los Llanos. Impúsose á la Infanta los nombres de Beatriz, Isabel, Federica, Alfonsa, Eugenia, María Teresa y Bienvenida. Y ya que hablo de la augusta niña, diré que parece predominar en Palacio el criterio de que sea criada con biberón. El Rey vestía uniforme de capitán general de diario. El acta fue suscripta por el jefe del Gobierno y los de Palacio, coma testigos, y autorizada por el ministro dg Gracia y Justicia, en funciones de juez, y en las de secretario, por el director de los Registros, Sr. Martínez Pardo. El acto se realizó en la misma sala en donde se celebró ayer la ceremonia de la presentación de la Infanta. No cesan de llegar constantemente felicitaciones á Palacio con motivo del fausto suceso acaecido. Entre ayer y hoy pasan de mil quinientos los telegramas recibidos, los cuales han sido todos contestados gracias á las medidas de orden y actividad que han desplegado en la Secretaría particular del- Rey, en la Mayordomía mayor y en el Gabinete Telegráfico de Palacio, Centros sobre los cuales pesa estos días una tarea abrumadora. De Inglaterra especialmente el número de felicitaciones llegadas es enorme, doble que el año pasado, lo cual hace creer que en el Reino Unido se Ita visto con gran simpatía que iiaya dado á luz una niña nuestra Soberana, la nieta de la reina Victoria. Los jefes de Estado, los regimientos todos de que D. Alfonso es coronel honorario, los cardenales Rinaldini y Merry del Val y muchas personalidades que en las Artes, en las Ciencias y ea las Letras tienen renombre universal han dirigido afectuosos despachos de felicitación á la familia Real con motivo del nacimiento de la Infanta. Con la sencillez que corresponde á la vida tranquila que aquí hace la Corte se celebró el cumpleaños del infantito D. Jaime, sin más aparato exterior que el vestir de media gala la servidumbre de Palacio. Para traer unos juguetes de regalo al Infante vino la infanta doña Isabel en automóvil desde Madrid, y después de tomar el te regresó a la corte. El principe de Asturias dedicó un rato después de almorzar á hacer ejercicios bélicos con un fusil apropiado por su tamaño y peso á la edad y á la estatura del precoz aficionado á las artes militares El presidente del Consejo marchó á Madrid, á las tres, en automóvil, con su secretario, Sr. Rovira; el ministro de Gracia y Justicia y el director de los Registros, señor Martínez Pardo, proponiéndose regresar el domingo para asistir al bautizo de la infanta Beatriz. Pregunté al Sr. Maura si había algo de particular, y de sus palabras sólo escuché la novedad de que en breve será provista la Alcaldía de Barcelona. Y eon algunas noticias sueltas puedo terminar la crónica del día de hoy: El Rey paseó en automóvil por el camino de Segovia y Rrofrio. El Monarca ha dado orden de que sean puestos en libertad los soldados que estén arrestados en Segovia. Ha pasado aquí el día el embajador de Londres, Mr. Maurice Bunsen. Ha salido para Madrid el capitán París, agregado militar de la Embajada de Francia Y han regresado también á la corte y á Segovia las personalidades oficiales que vinieron para asistir á la ceremonia de la ore. sentación Este Real Sitio ha adquirido la habitual tranquilidad, y ahora recorrea sus calles los mozos del pueblo celebrando la verbena de San Juan ALFONSO R. SANTAMARÍA. MONTAIGNE U LA CORTE EN LA GRANJA H mMMli! mnlimnta IHI nrntmtj IJIIH ninguna iTniíFFmrnni! n 1