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A B C MIÉRCOLES a 3 DE JUNIO DE 1909. EDICIÓN i. FAÜ. 6. ALUMBRAMIENTO REGIO fantas doña Isabel, doña Teresa y doña Eulalia salieron por la puerta que comunica con la alcoba de la Reina, y, adelantándose también- desde allí el Rey, que llevaba en su mano una canastilla y en ella envuelta con ricas telas y encajes á su hija, exclamó, textualmente: Señores, se ha presentado y, dando una vuelta ala habitación, enseñó á los que allí se encontraban al re io vastago: una niña muy blanca, con el pehto rubio y con los ojos, que tenía abiertos, graudes y ásales. La intantiia no lloró un momento durante la ccvauionia, que fue brevísima. El elemento oficial felicitó al Rey, y en seguida el ministro de Gracia y Justicia, actuando de notario mayor del Reino, levantó acta de, lo sucedido, que subscribió como secretario el Sr. Mart iez Pardo. Asistieron al acto las duquesas de San Carlos y de la Conquist, la marquesa de Viaua, dama de guardia, y las de Salamanca y viuda de Nájera; la cotfdesa del Puerto y miss Cochranes; los jefes de Palacio, conde del Serrallo, marqueses de Viaaa y de la Torrecilla; los ayudantes del Rey, general Del Rio, conde del Growe y coronel Elornaga; los oficiales mayores de Alabarderos; D. Arcadio Calderón, que estuvo de guardia y Sres. Calonge, Ceballos, Méndez Vigo y Liñán; los doctores Gutiérrez. Grinda y Ledesma. El jefe de la Casa de S. M. la Reina doña María Cristina, marqaés de Aguilar de Campoo; el inspector de los Reales Palacios, señor Zarco del Valle; el gobernador militar de Segovia, Sr. Heredia; el gobernador civil de dicha provincia, Sr. Gómez Inguanzo; el primer caballerizo- de S. M. D. Rodrigo Alvarez de Toledo; el ayudante militar de la prineesa Beatriz, Mr. Víctor Cochranes; el duque de Gor, grande de España de servicio; los mayordomos de semana condes del Puerto y de l, una, este último que estaba de servicio; el presidente de la Diputación provincial de Segovia, D. Julián Páramo; el obispo de dicha provincia, D. Julián Miranda. El secretario particular del Rey, D. Emilio Torres; el coronel déla Guardia civil doa Fernando Ortiz, y el teniente coronel de dití o Cuerpo D. Juan Urrutia, el comandante de Estado Mayor, Sr. Queipo del Llano; el alcalde de La Granja, D. Clemente Gaona; D. Julio García Sastre, ayudante del gober nador militar y una comisión del regimiento de Wad- Rás, compuesta del coronel, don Gabino Aranda; el teniente coronel D. Pío López Pozas, el comandante D. Fernando Andreu, el capitán ayudante D. Isidoro Valcárcel, el primer teniente D. Fernando Pagsier y el segundo D. Manuel González Matheu. 1 as señales. Tan pronto como se verificó el aluni bramiento, un ciclista militar llevó á toda velocidad á las Peñizas el parte para que se disparasen las salvas, con objeto de hacet pública la noticia del nacimiento de la Irt fanta. La tercera batería del regimiento de SI tio, que manda el capitán D. Nicolás Tole do, y de la cual son tenientes los Sres. Ordovás y Ángulo, no tardó ni siquiera tres minutos en comenzar á hacer los disparos. Oyóse aquí el primero en seguida, y los catorce sucesivos con insócrona regularidad mediando entre cada uno de ellos quince segundos. También se izó inmediatamente en Palacio la bandera blanca. La guardia exterior. Al frente de la compañía de Wad- Rás, que estuvo de guardia hoy hasta ¡as once de la mañana en Palacio, se hallan el capitán, D. Alonso Alvarez de Toledo, hijo del caballerizo primero de S. M. y el teniente D. Bartolomé Bonet. NACIMIENTO DE UNA INFANTA SAN ILDEFONSO, 2 X p l día anterior. La Reina había hecho ayer su. vida de costumbre, levantándose á las nueve próximamente y saliendo á pasear por los jardines desde las diez hasta las doce, con lo cual Stt Majestad dio pruebas de su excelente estado y de su privilegiada naturaleza, pues anduvo cerca de dos kilómetros y medio, llegando hasta el sitio llamado el Ultimo pino y re re a ndo á Palacio á pie. AlmorÍÓ con excelente apetito en la mesa, con toda la Real familia y personas de la alta servidumbre que de ordinario comen con Sus Majestades. A las cinco salió de paseo eon la Reina doña Cristina, la infanta doña María Teresa y la princesa Beatriz, y regreáó á Palacio alas seis y medía, sin novedad alguna y satisfecha del hermoso paseo e ue había dado por el camino de Navacerrada. Poco después de llegar, y enterada por el Rey de que el retraso sufrido por el automóvil en que habían ido los Infantes á Villacastín no tenía por causa ningún sucedo desagradable, pidió la comida en sus habitaciones particulares y cenó acompañada de la Reina madre, de las infantas doña Isabel, doña Eulalia y doña Teresa y de la prineesa de Battenberg. El Rey, los Infantes, las damas de la Reina y todo el séquito palatino comieron en el comedor de diario. Anoche retiróse la Reina temprano á descansar, mientras el Rey, con las demás personas Reales y algunas de las personasj con quienes había comido, prolongó la velada en el hall hasta después de las doce. Recibió D. Alfonso á esa hora, como oirás noches, la sesión de masaje en la pierna, que le fue recomendado por Los médicos desde que sufrió la caída del caballo jugando al polo, y todo el mundo palatino se retiró á descansar, cerrándose las puertas alas once, como de costumbre. i os primeros síntomas. A las once y media sintió la Reina algunas ligeras molestias, que, sin embargo, no la determinaron á avisar que notaba síntomas de próximo alumbramiento; pero á las dos esas señales se acentuaron en. forma tal, que la matrona inglesa que asiste á la Soberana creyó necesario llamar al doctor conde de San Diego. La princesa Beatriz y el Rey se habían enterado ya de que el iausto suceso se aproximaba. Don Alfonso, que no había llegado á acostarse, dio desde los primeros momentos las órdenes más terminantes de que no se despertase á nadie, ni siquiera á las personas Reales ni á los jefes palatinos. Huelga decir que la consigna se cumplió rigurosamente. A las tres de la madrugada el doctor Gutiérrez confirmó con absoluta certeza lo que había dicho hora y media antes, esto es, que se presentaba el alumbramiento en condiciones favorabilísimas y con un plazo relativamente lento, que duraría cuatro ó cinco horas, y aseguró que el resultado sería feliz y probablemente hacia las seis ó las siete de la mañana. Ordenó entonces el Monarca que telefoneasen al Sr. Maura con objeto de que pudiese asistir á la presentación del regio vastago. Wigilia regia. v Pasóla noche D. Alfonso en vela, entrando algunos ratos en la alcoba de la Reina y estando otros en la antecámara Su Majestad. que vestía pantalón y bata de color gris con vuelta roja, fumaba pitillos frecuentemente. i a noticia en Palacio. Serían cerca de las cinco cuando se abrieron las puertas de Palacio. A esa hora nadie sabía en el interior del Alcázar lo que estaba sucediendo. Un rato antes enteráronse de ello la camarera mayor, duquesa de San Carlos, y también la marquesa de Salamanca. La infanta doña María Teresa y la Reina doña Cristina supieron á las cinco y media la noticia, y pocos momentos después entraban en el cuarto de la Reina Victoria, donde llegaron casi en seguida, las infantas doña Isabel y doña Eulalia. Pasóse entonces aviso á los demás Príncipes é Infantes, á los personajes palatinos, á las autoridades de Segovia y de este Real Sitio, y, en suma, á cuantas personalidades habían de asistir á la presentación, alojadas unas en la Casa de Canónigos y otras en las fondas. También se pasó aviso de lo que sucedía á los oficiales encargados de la batería que había de hacer las salvas. anana lluviosa. Alas cinco en punto de la madruga da, cuando comunicó el primero la noticia periodística del próximo alumbramiento de la Reina, llovía más que regularmente y el tiempo era muy fresco. Coincidió esto con ¡o que había sucedido hace unos días cuando la falsa alarma obra el estado de la Reina. K l alumbramiento. Verificóse á las seis y media de la mañana, dando á luz la Reina con absoluta facilidad una robusta niña, estando presentes la Reina Cristina, la princesa Beatriz, las infantas doña Isabel, doña Eulalia y ¿Toña Teresa, el doctor Gutiérrez, que, como es sabido, asistió á la Soberana desde los primer momentos, y, además, sus compañeros los Sres. Grinda y Ledesma, á quienes se había avisado con oportuna anticipación. Al nacer la Infanta se produjo la escena de satisfacción que es de suponer, demostrando el Rey y las demás personas Reales la alegría que embargaba su ánimo. Don Alfonso recibió entusiastas felicitaciones de los Infantes é Infantas y seguidamente del alto personal palatino que estaba en la antecámara y á quien se dio orden de hacer pública la noticia y de ultimar los detalles para la presentación. jpl Sr. Maura. A las tres recibió en su casa de la calle de la Lealtad, en Madrid, ayiso telefónico de lo que sucedía en Palacio el presidente del Consejo. A las cuatro y cuarto, estaba ya, en compañía de su secretario político el señor Rovira, en la calle de San Bernardo, en busca del ministro de Gracia y Justicia, con quien emprendió á poco el yiaj hacia este Real Sitio; pasó por la estación del Norte á las cinco de la madrugada y llegó aquí sin novedad alguna, aunque habiendo pasado mucho frío al cruzar el puerto de Navacerrada, á las siete menos cuarto de la mañana. Fue su llegada de precisa oportunidad, pues tuvo el tiempo justo para cambiar la ropa del camino por el uniforme y entrar en Palacio con el ministro de Gracia y Justicia y el director de los Registros, D. Pablo Martínez Pardo, cuando se iba á verificar la presentación. J a presentación. El acto de lajoresentación se verificó á las siete y cinco minutos, en el hall llamado familiarmente Pieza de Música. Las personas que habían da presenciar la ceremonia se colocaron en círculo alrededor de la habitación. a Reina doña Cristina y las In-