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A B C DOMINGO 20 DE JUNIO DE 1909. EDICIÓN PAG, g. ESPAÑA ÍL ATENTADO DE HOSTA FRANCH. SA CELOMA, 1 9 Celébrase hoy la sexta sesión de este Juicio. La concurrencia es regalar. En el público se advierten bastantes mujeres del pueblo. Es llamado y comparece el Sr. Puig y Cadafalch; las defensas renuncian á su declaración. Depone Demetrio Giró. Cuando aquella noche sonaron los primeros disparos estaba en el casino de Sans. Salió á la calle á enterarse, y se encontró con un amigo que le relató el suceso. Como el testigo censurase lo hecho, su amigo le comunicó que los primeros disparos habían partido del interior del coche que conducía al Sr. Salmerón. Añade que con esta aseveración coincidía un rumor público. p s interrogado después el diputado á Cor tes Sr. Marial. Su presencia en la sala produce en el público un movimiento de expectación. Renuncia á sentarse, y en contestación á las preguntas que se le dirigen manifiesta que en el Ateneo de Hostafranch, según le informó un muchacho, se había organizado una silba contra Salmerón; -que al Ansellet, persona cuyo nombre. habia sonado mucho en el proceso Rull, le conoció por habérsele presentado un amigo y haberle aquél pedi 80 coadyuvase á la creación de upa escuela para niños, y que, pasado algún tiempo, entró de encargado en una fábrica suya, por haber mediado en ello un hijo del testigo. Añade que fueron varios los testimonios que le aseguraron se tenía previamente en el Gobierno civil noticia de que se iba á cometer un atentado, versión que luego hubo de comprobar; que á Rull no lo conoció hasta que un día se acercó á él con Ansellet en la Maison Dorée, rogándole interpusiese su influencia para que fuese acogida favorablemente su pretensión de entrar en la Policía especial; el declarante le oyó, pero se apresuró á despedirle al punto que supo era Rull, que tenía malos antecedentes, por conducto del ex gobernador Sr. González Rothwos. Agrega que por estas supuestas relaciones S, uyas con Rull ha sido objeto de una campaña de infamias en la Prensa, sin que de tales artículos respondiese nadie ni ante los Tribunales ni en el terreno particular. (La campanilla del presidente llama al orden al testigo. Dice que de tal campaña se defendió como debía. Afirma que aun la propia familia de Salmerón llegó á saber por anónimos recibidos que se le preparaba un atentado y á ello respondió que á última hora se cambiase el itinerario que el carruaje había de recorrer. Explica sus relaciones con Matamala, por presidir éste el Ateneo, del cual el testigo era socio. Interrogado si cree fuese Matamala autor del atentado, contesta, encogiéndose de hombros: ¡Que quiere que le diga! Estréchale el defensor á que exponga francamente su juicio, y el Sr. Marial manifiesta que en realidad no tiene motivos para sospechar de él. Mí Sr. Serraclara. ¿Tuvo el testigo noticia de que se vendiesen armas en la Fraternidad republicana de Sans? Testigo. -Sí, pero ignoro los nombres de quienes las adquirieron. Letrado. ¿Es cierto que el Sr. Salmerón, desde que llegó á Barcelona, estaba apercibido á repeler cualquier agresión que contra él se intentase y que al propio efecto lle ¿ó el testigo á poner á su disposición dos hh El S. Marial lo niega terminantemente. Letrado. ¿Cuándo supo usted que Rull había dado aviso al Gobierno civil? Marial. -Después de anunciar yo la interpelación que explané en el Congreso. Niégase á contestar á preguntas del señor Iglesias, que no llegan al público, por considerarlas capciosas el testigo. Letrado. ¿Acusó usted ec su interpelación á determinadas personas? Testigo. -Yo hablé de matonismo, no de terrorismo, y á este propósito cité hechos. Surge entre el testigo y el letrado un vivo diálogo, que corta la presidencia indicando al letrado la necesidad de aclarar su pregunta. L- ¿No ha dicho usted que cuando se sostiene una cosa y no se piueba es una infamia? T. -Sí, señor. L- ¿Y puede usted decir á qué elementos acusó usted en el Congreso? T. -Yo jamás he acusado anadie. L. ¿Sabe usted si Rull, Ansellet y la banda se hallaban en la calle de Roca la noche de autos? T. -Lo ignoro. Yo estaba ausente aquel día, ocupado en mis elecciones del Arnpurdán. Después añade que el abogado defensor de Rull le aseguró que éste era inocente en ocasión en que para matricularse en el Colegí o ¿de Abogados fue á pedirle dinero. Pregunta el letrado Sr. Iglesias cómo el testigo no rebatió los argumentos de un artículo que inculpándole publicó Lerroux en El Progreso, y ni siquiera supo contestar en el terreno de los caballeros. (El presidente agita la campanilla y dice al Sr. Marial Jue no conteste. El letrado protesta. El testigo pronuncia palabras que no se entienden, y se promueve alguna confusión. Otras preguntas de ias defensas estímalas improcedentes la presidencia, v el señor Marial se retira. El incidente causó impresión en el público. La intervención de los luetrados de la acusación en el interrogatorio ha facilitado á Marial que se defienda de los cargos formulados por los radicales contra él. El letrado Sr. Iglesias ha querido rechazar las frases con que Marial ha calificado las campañas de El Progreso y ásus amigos. I nmediatamente comparece el Ansellet. Su declaración resulta pintoresca. Se expresa medio en castellano, medio en catalán, y hace reír al público. Dice que cuando se enteró del atentado no le dio importancia, y pensó: Hoy por Salmerón, mañana por Maura; éstas son cosas de la política. Por haberlo así manifestado en su espontaneidad fue llevado al Gobierno civil. Le detuvieron solamente por un anónimo que habían escrito contra él, y del que un periódico se hacía eco. p s llamado á declarar el Sr. Giner de los Ríos, quien no comparece. Comienza el desfile de testigos presentados por la defensa de Miranda. José Domingo dice que en el cuartelillo oyó cómo se decía que la pistola fue hallada en tierra, no en manos del procesado. Jaime Serra declara lo mismo. Añade que el inspector de Policía iba sucio, como si se hubiese revolcado por tierra Los restantes testigos de esta parte limítanse á señalar el hecho de que Matamala se hallaba en el Ateneo caando se oyeron los disparos, pasados los cuales salieron á la calle, oeurriendo entonces la detención de Miranda. s reanudada la sesión á las cuatro de la tarde. Presta declaración el capellsu de la cár 1 tel Orinl. Jura en tanto cuanto se lo permitan lo cánones. Sus manifestaciones favorecen á Brualla, de quien afirma que guardaba en la prisión una conducta irreprochable. Asegura haber oído á Juan Rull que sabía mucaas cosas en relación con el atentado de Hostafranch, y que si se decidía á hablar ingresarían en la cárcel muchos t que estaban en libertad y saldrían á la calle muchos de los que por tal causa estaban presos. El testigo entonces encareció á Rull, como era justo, que los inocentes fueran protegidos ante todo, y le dijo que estaba en el deber, si tenía pruebas, de manifestarlas á los jueces. A esto- -añade el capellán- -ine replico Rull que previamente anunció á sus superiores que se iba á cometer el atentado, y no le dieron crédito; menos aún le creerían luego. A preguntas del letrado Sr. Iglesias dice que ¡as pruebas que poseía Rull- -según hubo de confesarle- -no perjudicaban en nada álos amigos de El Progreso, y también declaró que el procesado Sonauo era i sócente. Hablando de una suscripción para los presos pobres, dijo que incluyó á todos los del proceso de Hostafranch porque observaban una couducta ejemplar, exceptuando á Matamala porque le dijeron que era muyrico. psteban Aguilera, que comparece luego, dice que tenía á su cargo la vigilancia del Hotel Colón durante la estancia de Salmerón en Barcelona, y explica la forma en q e ésta se hací. Añade que el día del atentado le dijeron que Salmerón iría en tranvía, y que así lo comunicó á sus jefes, pero que á última hora resultó que marchaba en coche. Dice que á un agente suyo le llamó la atención un sujeto de mal aspecto que paseaba por delante del Hotel, y cjue al ser interrogado por la Policía manifestó que se hallaba allí para impedir que le ocurriese algo á Salmerón. Aquel individuo llamábase j uan, según dijo al agente con quien habló. Añade que estacionado frente al Hotel Colón vio á un sujeto que per su mala catadura le inspiró sospechas; interrogóle qué hacía allí, y él contestó que le dejara tranquilo, porque estaba vigilando á Salmerón para que no le pasara nada. Pregunte usted si quiere- -me dijo- -al Gobierno civil por Juan, y verá lo que le dicen. Pregunte, y, en eíecto, me dijeron que no le conocían, en vista de lo cual le detuve y, le llevé al Gobierno. Dos días después me le encontré en la Rambla, y un agente que me acompañaba me dijo que era Mateo Fe- rrán, confidente de Rull, el mismo que después, al verse complicado en el proceso por el terrorismo, se suicidó en la cárcel. El letrado Sr. Iglesias pregunta al testigo si había escrito artículos contra LeKícux. Testigo. -Estaba encargado de una sec. ción amena en un periódico local. Fiscal. ¿Sabe usted si Salmerón recibió una carta en la que se le aconsejaba que entrase en Barcelona por determinada carre teraí T. -Si, señor; me lo dijo su hijo Pablo. F. ¿La leyó? T. -Sí. El letrado Sr. Mir le pregunta si en el co che del Sr. Salmerón iba un tal Tomás. Testigo. -Sí, señor Defensor. ¿Quién era? T. -Creo que uno de los que vigilaban á los que se acercaban á Salmerón. D. ¿Por orden de la autoridad? T. -No. E