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ABC. D O M I N G O 20 D E JUNIO D E i 9 o 9 EDICIÓN i. PAG. 4. de Europa, los negocio- mercantiles y el tránsito de viajeros y mercancías por los eaminos. Bien está que nuestra diplomacia en Tánger pida al Maghzen garantice el orden y la seguridad en la zona limítrofe á nuestras posesiones; pero entre tanto el Sultán no pueda hacer respetar su. autoridad, es lógico que lo hagamos nosotros. No hay otro medio; Marruecos es un Estado muy distinto de los de Europa; vive en pleno régimen feudal, está carcomido, además, por luchas intestinas; por eso el Sultán no puede garantir cosa alguna, y por esta razón y para evitar derramamientos inútiles de sangre española hace falta el envío de fuerzas españolas, que, apoderándose de los puntos estratégicos de aquella región, sean garantía de orden, de paz y de justicia en el Rif. Y esto debe hacerlo España, porque si no lo hiciera, si á nuestra vista, á nuestras barbas, como quien dice, se roban las caravanas y los intereses internacionales no están garantidos, las naciones de Europa signatarias del Acta de Algedras van á decirnos: el Sultán no puede garantizar la seguridad; vosotros, los españoles, á quienes se os l x concedido derechos preferentes tampoco queréis ó no podéis; pues marchaos de ahí, qae ya se encargará Francia ó Inglaterra de imponer el orden. De modo que el dilema es éste: ó abandonar nuestros intereses en África, incluso los puntos que ocupamos en la costa, ó cumplir la misión civilizadora que Europa nos ha confiado. ¿Es que hay algún español dispuesto á defender que debemos marcharnos de África, dejando en manos extrañas las llaves de nuestra propia casa? Toda la Prensa ha publicado la uofesa: hace poco, una Empresa francesa dei Rif fue á la región oranesa á reclutar gente a mada con que defenderse de las cabilas y continuar los trabajos de las minas situadas á pqcos kilómetros de Melilla. ¿Es que el Gobierno español puede consentir eso? ¿No seria una vergüenza que unos árabes mal armados, á sueldo de una Empresa particular, garantizaran el orden dentro de uaa zona sujeta á influencia española? Claro que sí, y por eso se impone la ocupación de NadoryZeluán y de los puntos que convenga ocupar; y ni eso ha de producir guerras, ni conflictos, ni nada; bien al revés, aquellas tabilas, robadas por el Roghi y vejadas por los caídes, agradecerán á ISsoaña las proteja y las administre justicia. De modo que el envwr tropas á Melilla y el ocupar los puntos estratégicos necesarios para asegurar e ¡orden y la seguridad en los caminos, lejos de ser empresa temeraria y de aventura, es de alta prudencia; lo contrario podría conducirnos á un conflicto in ternacíonal gravísimo. De otra parte, tenemos bien reciente el ejemplo de Francia, que en pocos meses ha ocupado la extensa zona comprendida entre su frontera oranesa- argelina y el río Muluya (territorio vecino á Meliila) ocupando Udxa y otras plazas para defender sus factorías y asegurar el comercio de Marnia y de Nemurs, que en el año último alcanzó la cifra de quince millones de francos, ea detrimento de nuestros intereses; porque, claro está, el comercio de Melilla deriva á la zona francesa, en la que hay seguridad, y huye de la nuestra, en donde domina el pillaje. El problema marroquí es un problema de orden internacional, en el que España tiene comprometida su firma. El cumplir los compromisos contraídos en Algecirasj lejos de producir conñictos, los evita, y sea quien sea el que ocupe el Poder y tenga en sus manos la dirección de los negocios públicos, debe prudentemente procurar íatroducir la civilización en la zona africana de iníiuencia española. JOAOIHN AGUILERA que quieren son pruebas, y al final del proceso va á resultar que los peritos dicen que Lemojne no- fabrica diamantes, mientras Lemoine seguirá firme en sus trece. Las simpatías ¿por qué no reconocerlo? están de parte de Lemome, porque un mozo que ha sabido sacar millón y medio de francos al director de la De Beers, la poderosa Compañía que explota las minas diamantíferas del Transvaal, indudablemente no es un hombre vulgar. Y luego hay más... Lemoine no se niega á hacer las pruebas que se le exijan... Dénsele los materiales que necesite, facilítensele ios medios, proporciónenle una instalación como él la pida, con hornos poderosos, con personal, con todo lo que él disponga, y seguidamente empezará á trabajar y fabrí cara diamantes del tamaño que le exijan ¿Qué hace falta para esto? Una pequenez! Otro millón y medio de francos... Decídase el director de la De Beers á dar á su asociado ese otro millón y medio, y Lemoine se gastará el dinero alegremente. Ni en el proceso Renard ni en el proceso Lemoine se sabe aún lo que pasará. Yo me temo mucho que los Tribunales absuelvan á Renard, que, aunque no sea culpable del asesinato de Mr. Remy, está fuera de duda que es un tipo repugnante, y en cambio es posible que premien los trabajos científicos de Lemoine con odio años de presidio. Y asi se probará que si el- icio casi nunca Be queda sin recompensa, la virtud... jame queda sin castigo. Par Junio. JOK JUAN 0 ADBNAS. CRÓNICA TELEFÓNICA. LA CORTE EN LA GRANJA SAN ILDEFONSO, 1 NUESTRA ACCIÓN EN MARRUECOS C s relativamente fácil en nuestro país, fal to de espíritu público, desviar la opinión por los que acechan los acontecimientos de cualquier orden para convertirlos en arma de partido. Tal sucede hoy con la cuestión de nuestra política en África. El simple anuncio de que vamos á mandar á Melilla algunos batallones y la noticia de que el Consejo de Estado ha concedido unos millones de pesetas está sirviendo de base á una campaña de alarma, á mi juicio injustificadísima, sólo comprensible en un país desconocedor de los problemas marroquíes. Por esta razón, los que conocemos algo aquéllo por haber estado allí y estudiado sobre el terreno los problemas de colonización, tenemos el deber de exponer los hechos con toda claridad para orientar la opinión. Sin más autoridad que ésa, y libre de todo prejuicio político ó de interés, debo declarar, en primer término, que no creo que ni el Gobierno del Sr. Maura ni político alguno de oposición, incluso los más avanzados, tenga deseo alguno de promover una guerra con el Imperio marroquí; guerra que, sobre costar mucha sangre y mucho dinero, podría traer tales complicaciones en el orden internacional, que debería tenerse por loco ó malvado al que colocara á España en este despeñadero. Ni las declaraciones del Gobierno, ni otro indicio alguno, permite creer tal suposición, que repito sería descabellada. No hay que hablar, por consiguiente, de eso. Pero del mismo modo que España debe un gran respeto al Gobierno del Sultán, á la integridad del imperio, al Acta de Algeciras y demás Tratados internacionales que aseguran la independencie del imperio marroquí; reconociendo todo eso, y quizá por eso mismo, no puede permitir que alrededor de sus plazas militares de África, en donde existen intereses de subditos españoles y extranjeros, partida de bandoleros y de díscolos impidan la acción civilizadora J Jl a sido el día de hoy en punto á tempe ratura el más hermoso de los transcurridos en la presente jornada. La Reina estuvo, como de costumbre, pa seando por la mañana por los jardines, mientras que el Monarca ensayaba un rato jugando al polo en la pradera del Hospital con el marqués de Viana y el duque de Santo Mauro. El Sr. Maura aprovecho ia mañana tra bajando en su despacho hasta la hora precisa de subir á Palacio para almorzar. Cuanda salió de allí tuve ocasión de hablarle, y me dijo que nada había de particular y que había recibido el acostumbrado telegrama de Melilla y Ceuta- participándole que no ocurría novedad. El presidente del Consejo puso á la firma del Rey varios decretos, cuya relación transmití antes. Se nota mucho que va avanzando ya la temporada, por los veraneantes que van llegando. Hoy ha venido de Madrid, en su magnífico automóvil de 50 caballos, la marquesa de Squilache, acompañada del marqués de Valdeiglesias. Viene á pasar aquí la ilustre dama un par de meses en su precosa casa situada en la nueva calle del Príncipe de Asturias, una de las mejores de este Real Sitio. Al cual han llegado también la señora de D. Fernando Liñán y el distinguido literato D. Melchor Almagro, que pasará aquí unos días como turista. La nota saliente hoy en la vida palatina ha sido la siguiente: el Principe de Asturias estuvo vestido un rato á primera hora de la tarde con el uniforme de soldado del regimiento del Rey. El augusto niño, c ya- precoz afición á las cosas militares es bien sata da, estaba encantador, al decir de los que e vieron. En la se nan íormaao noy QOS O tres tertulias. En ellas se comentaba con satisfacción el haber visto á caballo, de paseo, al ayudante del Rey coronel JSr. Blorriaga, repuesto ya por completo de las heridas que hace cuatro meses le causó en Algeciras un caballo dándole una coz. En cambio se comentaban con sentimiento las noticias recibidas particularmente de Madrid de hallarse enfermo el duque del Infantado y dos hijas de los barones del Castillo de Chirel. Mañana marchará á San Seoasuan, como ya anuncié, el infante D. Carlos, para asistir á la botadura del balandro del Rev His El agente de la Sección ciclista de la ronda del Rey D. Pablo Casado se encontró en los jardines una medalla de oro del tamaño de uua onza, con esta inscripción: 25 de Noviembre de 18 Í 5. Como ésta es la del fallecimiento del inolvidable Monarca D. Alfonso XII, se supone que la alhaja debe de pertenecer á la Reina doña María Cristina ó á la infanta doña María Teresa. El agente dio inmediatamente cuenta de) hallazgo á su jefe el Sr. Hachero, el cual, á su vez, entregó Ja medalla en la Mayordomía de Palacio El agente Casado na sido, y con Justicia objeto de muchas felicitaciones por este rasgo de honradez. Y con dar cuenta de las expediciones realizadas hoy, terminaré estas impresiones. La Rema doña Victoria con doña María Cristina, la princesa Beatriz y miss Cochranes, pasearon en automóvil por el camino de Segovia. En cinco attíos lueron á- merenclar á Cuéllar, distante de aquí unos 72 kilómetros, el Rey, las infantas doña Isabel, doña Eulalia y doña Teresa. D. Carlos- O. Felipe, T Re-