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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO Y TELÉFONO Ü ve DE TODO EL MUNDO, POR CORREO; CABLE TELÉGRAFO k m Y TELEFONO VALENCIA. UNA CONSTRUCCIÓN MONUMENTAL EL NUEVO UMBRÁCULO QUE SE DESTINA A MERCADO DE FLORES DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Fot. Barbera A B C ÑF PARÍS OEVISTADE TRIBUNALES No se pierde- -el tiempo estos días dando unavueitecita por el Palais. El proceso Renard y el proceso I, emoine constituyen lo que pudiéramos llamar un espectáculo de función entera; primero la tragedia y después el saínete para tranquilizar los nervios del público. Yo no sé si el nuevo tribunal absolverá á Renard ó confirmará la sentencia dictada por el anterior, porque es muy difícil hacer calendarios cuando la Prensa se apasiona en un asunto cualquiera. Y el proceso Renard ha servido para resucitar las viejas querellas entre Le Matin y Le Journal. A Le Matin se le ha metido en la cabeza- -quizá con razón- -que Renard es culpable, y no hace más que amontonar cargos sobre el ayuda de cámara de Mr. Retny. Le Journal, por el contrario, sin meterse á averiguar si Renard cometió ó no el delito, se ha dedicado á la tarea de destripar á su adversario todas las informaciones que había preparado, descubriendo, para que el público los condene, los procedimientos periodísticos empleados por el diario del bulevar Poissonniere. Claro que en esta campaña lleva, como IX siempre, la peor parte Le Matin, que no parece sino que de algún tiempo acá ha perdido los papeles. Después de la campaña que hizo en favor de Juana Weber afirmando su inocencia y consiguiendo su libertad para que ocho días después cometiera dos nuevos asesinatos, Le Matin debiera haber escarmentado... No ha sido así, y ahora está rectificando todos sus argumentos de entonces para influir en el ánimo del Tribunal que ha de juzgar á Renard. En el fondo de esto no hay más que la rabia impotente de un periódico que envidia la fortuna de su competidor de la acera de enfrente; pero como Dios castiga sin cuchilla ni palo, Le Matin va perdiendo más lectores cada día, y si continúa haciendo campañas tan acertadas y simpáticas concluirá por desaparecer en plazo breve. Por lo pron to, aquella influencia que ejercía sobre la opinión, y de la que tanto abusó, se ha acá bado ya. Y cuidado que esto no quiere decir que Renard no sea, en efecto, culpable del asesinato que se le atribuye. Hay muehas razones para sospechar que esta culpabilidad es cierta. Lo que no se puede tolerar es que la Prensa equivoque su misión y pretenda influenciar á los miembros del Jurado para arrancarles la condena de un hombre, porque si los Tribunales van á estar á merced de las competencias de los periódicos, en- tonces sera cosa de emigrar a cualquiera región del planeta donde no se conozca la letra de imprenta. IVA ucho más divertido es el proceso emoine. El Sr kenioine, ¿os acordáis? es el famoso inventor de diamantes, que supo darse maña para sacar al director de la De Beers millón y medio de francos y después se entretuvo en torear á la Policía hasta que se le concluyó el dinero, y decidió regresar á París. poco menos que á entregarse voluntariamente. Lemoine insiste en asegurar que es capaz de fabricar diamantes del tamaño de, melocotones; pero no quiere hacer público su trascendental secreto. Iyos peritos leen informes luminosísimos, llenos de citas, de fórmulas y de argumentos para demostrar que Lemoine es un infundioso, y el Tribunal se queda en ayunas de lo que oye, y no entiende una sola palabra de lo que los peritos y el acusado discuten. Realmente estas sesiones son divertidísimas... Lemoine no se descompone, no pierde la serenidad, y discute, discute siempre. I os que suelen incomodarse son los peritos, que cuando ya rio encuentran razonamientos extienden la mano y juran por su honor que el ingeniero I eniome no fabrica diamantes... Pero en los magistrados no hacen mella los juramentos, los magistrados lo iyx