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A B C VIERNES ¡8 DE JUNIO DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 4, mujer enloquecida de pánico? ¿No habrá 1 sujetadores de oro. Todos los hombres que sido una alucinación? ¡Oh! Qué interesantes son buenos, si adolecen de cortedad de viscosas podría decirnos el chauffeur si no le ta, son doblemente buenos. Diríase qué paimpusieran silencio los cien francos ó los san por el mundo sin darse cuenta de las doscientos que le habrá valido su participa- cosas pequeñas. Ven á una persona durante un mes, un año, y luego no la re conocen. ción en este alegre infundio! Pero Jane no nos tolera la menor duda, Hay siempre en ellos, cuando suavemente jura y perjura que es cierto y nos presenta se les hace eaer en la cuenta de algo que no como prueba los largos artículos publicados han visto, un gesto amable de pesadumbre por los periódicos, con su retrato y las señas y de excasa; parece como que piden perdón de su casa... para facilitar á los amigos el por no haberse enterado y por habernos puesta en el trance de tener qne llamarles envío de flores y felicitaciones. Y la hemos felicitado también... ¿Por qué la atención. Estos hombres buenos y cortos de vista no? Ser la heroína de un suceso del día es en París una suerte para cualquier señora sontos que prefieren los niños. Los niños necesitada de reclamo; porque la competen- son los termómetros de la bondad humana; cia es tan grande, qae las modernas corte- ellos van siempre instintivamente hacia el sanas se eclipsan las unas á las otras... Ya hombre bueno, no hacia el inteligente y el no es el lujo lo que atrae á les millonarios; valeroso. Muchas veces le he visto yo en la ya no son la elegancia ni la belleza las que calle ó en un tranvía con una señora joimponen auna mujer y la colocan en pri- ven- -su hija indudablemente, ó su nuera, -mer término... Ahora hay qne recurrir á y con un niño. El Sr. Feliá bondadosamenotros procedimientos, hay qae hacer ruido, te acariciaba al niño, y el niño tenía para significarse por algo... Y esto lo ha conse- él palabras dulces y caricias. El Sr. Feliú, eu el Congreso, es un orador guido Jane d Argent con su fantástica historia de apaches Por espacio de veinticua- mesurado, correcto, discretísimo. Eu esas tro hora? en los Círculos cortesanos sólo se ocasiones de turbulencia parlamentaria, ha hablado de ella, y cuando anoche entra- cuando se promueve un incidente ruidoso ba en un teatro ó en un restaurante el públi- y los jefes de las minorías se levantan á dar co la miraba sonriendo, como si quisiera de- su opinjón, al levantarse el Sr. Feliú se produce siempre en la Cámara como una trecirla: -Ya hemos leído eso esta mañana... Está gua de paz, como un oasis de sosiego. 91 Sr. Feliú habla entonces con su palabra suabien... Está bien... Que sea enhorabuena. Lo malo es que la reclame no ha surtido ve, ecuámine; pide mil perdones por su inefecto todavía, porque esta tarde, á la hora tervención en el debate; hace la salvedad del té, Jane d Argent se ha presentado sola de que se levanta por ser jefe de la minoría, y no por otra cosa; pone paliativos y distinen Armenonvüle... ¡Pobre Janel El hombre chic sigue sin dar gos en su palabra. Durante un momento, en fin, los ánimos se aplacan, y los diputados, señales de vida... antes enardecidos y silenciosos, tornan á JOSÉ JUAN CADENAS. cuchichear y á sonreír. Junio. Hay en la minoría carlista de la Cámara otros diputados de distinto temperamento; algunos tienen la travesura y el ardimiento; otros tienen la experiencia y la habilidad C l verano pasado, para esparcir un poco parlamentaria que les dan largos años de el ánimo, agobiado por los monótonos representación; alguno, ausente ha tiempo discursos sobre el Régimen local, un dipu- de los debates, posee el verbo elocuente que tado un tanto satírico y escéptico ideó una arrastra á las muchedumbres. El Sr. Feliú tarde la formación de una amena é instruc representa la dulzura y la discreción. tiva Zoología parlamentaria. La componían ¿Son éstas las cualidades propias para dianimales y aun insectos de todas clases, tra- rigir y sujetar y sugestionar á una masa de zas, pelajes y tamaños; entraban en ella car- hombres, á un partido? El Sr. Feliú ha sido niceros, rumiantes, roedores, batracios y nombrado jefe de los carlistas, de un partitrepadores. Allí estaban la vulpeja, el cerdo, do extremo, de un partido de fe, de entuel cachalote, la urraca, el chorlito, la gardu- siasmo y de acción. 5 a, el caimán, el erizo, el pavón, la marij AZORJN? a, el calamar, el perro, la rana, etc. etcétera. Cada uno de estos animales figuraba repreCRÓNICA TELEFÓNICA fsntado por un representante del país. No 2 limitaba la tal Zoología á un solo partido; diputados de todos los colores é ideas teían su representación en ella. Corrió elpaSel entre un grupo de diputados de buen SAN ILDEFONSO, ¡J. humor y proporcionó un momento de regocijo (que era lo que se trataba de conseguir) I a procesión de la Octava del Corpus, que Si ñuettro amigo Cedeón pudiese conse- se celebró esta tarde, Jia sido un especguir una copia de este admirable documen- táculo hermosísimo, de una intensa y origito, cuyo paradero ignoro, de seguro que pa- nal belleza, que nos ha indemnizado con saría un rato agradable. Su publicación, creces de la monotonía en que han transcuaparte de esto, suscitaría una cierta emoción rrido los días anteriores en el campo político y parlamentario. TraiQuiso el Rey dar á la ceremonia religiosa go á colación esta Zoología porque eu ella los esplendores de su corteflució en el cielo tenia su puesto el novísimo, flamante jefe un sol resplandeciente, cuyos rayos arrande los carlistas. Claro ¿á que si rev j qué caban vigorosos reflejos de uniformes, aranimal simbolizaba en eiia el Sr. Feliú es mas y preseas, y como fondo magnífico, verporque en ello no hay ni la más remota se- daderamente soberbio, -en la lucida comitiñal de ofensa para el diputado carlista. El va, se contemplaba el panorama pintoresco Sr. Feliú era en la zoología parlamentaria y poético de los jardines de Palacio, más la paloma (si? z hiél) Con esto queda retrata- admirados cuanto más conocidos, que prodo el carácter del bondadoso y discretísimo porcionaba á los sentidos encantador deleirepresentante de Tafalla. te con el espectáculo vistosísimo- de sus El Sr. Feliú es, en efecto, un hombre fuentes, de las cuales las más importantes bondados discreto, Ha pasado ya de lo tal vez lanzaron hoy al aire sus aguas que Dante uñaba la mitad del camino Üe combinadas en preciosos juegos, alianza la vida; Ucut v barba blanca, no tupida, feliz de la Naturaleza y el Arte. no enmarañacia, también discreta, ni muy Salió la procesión de la colegiata á las larga ni muy corta. Adolece de miopía; lle- tres y media y después de celebradas las va unas gruesas gafas, con unos gruesos BtS S de ritual. Se organizó la comitiva en la siguiente forma: Primero, los conserjes 7 ujieres de Palacio, acompañando á las Cofradías religiosas, con sus respectivos estandartes; después, bajo palio sostenido por ocho guardias alabarderos y precedido por. el abad y el cabildo de la colegiata, iba el obispo de Segovia, D. Julián Miranda, llevando en sus manos la riquísima Custodia. También es notable por su valor intrínseco y su mérito artístico la cruz de la manga parroquial, joya de plata del siglo xv, de una arroba de peso. Iban detrás el gentilhombre de casa y boca D. Luis Azúa, los mayordomos de semana conde del Puerto y de Luna y el grande de España de guardia, duque de Gor. Segtdan los príncipes D. Realero y D. Felipe de Borbón, con uniformes de oficiales de Húsares; el infante D. Carlos, luciendo el de general de brigada, y los infantes D. Fernando y D. Luis de Orleáns, éste con el de maestrante de Zaragoza y aquél coa el de comandante de Dragones de Lusitania. El Rey, con uniforme del Cuerpo de Artillería y la banda del Mérito Militar, marchaba después, erguido y solemne, descubierto, llevando el ros en la mano. Seguían el jefe de su Casa militar, general conde del Serrallo, é inmediatamente el presidente del Consejo, el ministro de Gracia y Justicia con los jefes de Palatio señores marqueses de Viana y de la Torrecilla y duque de Santo Mauro, y el marqués de Aguilar de Campoo, jefe de la Casa de doña María Cristina, Desfilaban á continuación los oficiales mayores de Alabarderos Sres. Calonge, Salmerón, Méndez Vigo, Cebalios y Liñán, el coronel del regimiento de Wad- Rás, D. Gabino Aranda; el jefe de Estado Mayor señor Queipa del Llano; el cóYonel de la Guardia civil Sr. Fernández Ortiz, y los jefes y oficiales á sus órdenes. El primer caballerizo de Su Majestad, D. Rodrigo Alvarez de Toledo; el secretario particular delltey, don Emilio Torres; los doctores conde de San Diego, Ledesma y Grinda; el oficial de la secretaría D. Pablo Churruca; el caballerizo de honor, conde de Fuenteblaaca; el ricial de la mayordomía mayor Sr. Ausín. con uniforme de maestrante de Zaragoza; el administrador del Real Patrimonio, doa Baldomcro Cervera; el farmacéutico de la Real Casa, Sr- Bayod; el alcalde, Sr, X 5 aona, y una representación del Ayuntamiento de La ííranja, y por fin, cerrando la comitiva, los guardas del Patrimonio con su típica indumentaria. Todas las personas del elemento oficial que iban en el cortejo llevaban vistosos uniformes y bandas y condecoraciones. En los jardines se habían colocado tres altares; uno, delante de la fuente conocida con el nombre de la Carrera de Caballos; otro, ante la Cascada Nueva, y el tercero, en la meseta de la escalinata que une el patio de la Herradura con el parterre, donde se halla la fuente de la Fama. Los tres altares, artísticamente adornados por los Sres. Espí y Grases, que han secundado las órdenes del inspector de los Reales Palacios Sr. Zarco del Valle, tenían delante, en el suelo, ricos tapices de Palacio, y colgados en los muros de éste, en la fachada que da al jardín, se hallaban los tres magníficos tapices flamero eos propiedad de la Colegiata. El itinerario era salir de Palacio, y daado la vuelta por la fuente de la Carrera de Caballos á la Cascada Nueva, llegar á la Colegiata por el patio de la Herradura y arco de San José. Cubrían la línea en primer término los artilleros de la primera batería del regimiento de Sitio de Segovia, mandados por el capitán D. Nicolás Toledo y los tenientes Sres. Ordovás y Ángulo. Después, el batallón del regimiento de Wad- Ras, y, finalmente, las fuerzas de la Guardia civil. Ante cada uno de los altares se detenía breves instantes el cortejo para que orasen los qoa 4 fr l formaban parte. El ey y los ia JSL SR. FEL 1 U LA CORTE EN LA GRANJA nnimir rrrfinnnmí I