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A B C. JUEVES 7 DE JUNSO P E 1909. EDICIÓN i. PAG. 10. El Sr. Coraminas se excusa de contestar categóricamente, por carecer de elementos bastantes para formar Juicio, aunque para; naáie es un secreto que á consecuencia de la lucha electoral era grande la excitación que por entonces se notaba en las agrupaciones políticas. El letrado defensor de Matamala pregunta al testigo si conocía al procesado, y qué concepto le merecía. -L, o conozco- -dice el Sr. Corqminas, -pero no tengo antecedentes para iuzgar de su conducta. El defensor- ¿Cuánto tiempo hace que le conoce? El Sr. Corominas. -Desde que fue redactor de La Publicidad, de donde salió despeiido. Matamala interrumpe: Eso no es verdad. Insiste el defensor en este punto, mostrando deseos de saber la causa por la cual Matainala fue baja en la redacción del citado periódico. Contesta el Sr. Corominas que lo despidió porque había perdido su confianza desde el momento que, encargado de la sección obrera, estaba en relación con elementos contrarios y aun en pugna con el criterio del periódico. Advierte el testigo que Matamala dejó de pertenecer á la redacción antes de que la Solidaridad se constituyese. El Sr. Ulled le interroga si entre el testigo y Lerroux mediaban resentimientos. Contesta negativamente el Sr. Corotttiaas. El Sr. Ulled. ¿Pero estaban ustedes enemistados? El Sr. Corominas. -Políticamente, si. El Sr. Ullsd. ¿Cree el testigo que los anónimos amenazadores podrían ser obra de un guasón? El testigo. -No lo sé. Preguntado luego el Sr. Corotmnas si La Pubhadad insertó muchos artículos en que se dirigían ataques, desde el punto de vista político, al Sr. terroux y al partido radical; manifiesta que su ¡periódico se distinguió siempre por su tendencia conservadora. Añade, respondiendo al Sr. Mir, que él no visitó al gobernador para que se protegiese la vida del Sr. Salmerón, aunque sabe que éste tuvo á sus órdenes un inspector de Policía. Cree el testigo que fue cosa improvisada la asistencia del Sr. Cambó al mitin de Sans, porque tal intervención se había anunciado para otro día. Advierte un letrado que lo que sí estaba anunciado para aquel mismo día era la asistencia del Sr. Junoy á tal mitin; ¿por qué no concurrió? El Sr. Corominas. -I o ignoro. Niega después que la separación de Matamala de La Publicidad obedeciese á diferencias ó cuestiones entre aquél y el señor Junoy, ni que se le hubiese despedido por resistirse á que se le rebajara el sueldo para favorecer á otro compañero de redacción. 1,3. defensa reclama sin careo. Matamala solloza, y declara que el habérsele reducido el sueldo á la mitad no fue por otra causa que por manifestar que Miq el debía ser protegido. Yo entonces- -agrega el procesado- -cobraba del Ayuntamiento, y como Corominas insistiera en su resolución, use juzgué rebajado y no volví más. El Sr. Coromiuas replica que Matamala le hizo presente poseía una casa que le había dejado su padre, y con ella tenía bastante, x 1,0 niega Matamala. Terminado el careo, solloza el procesado mientras se retira el testigo. F epone seguidamente Miguel Quintana, sereno del barrio en que ocurrió el iiecho de autos. El tono en. que habla es tan apagado, que difícilmente se le oye. Relata el hecho, haciendo constar que estaba en un estanco de la carretera, cuando sintió el ruido de los disparos, é inmediatamente fue al cuartelillo y dio aviso. Añade el sereno Quintana que cuando del estanco salió á la calle vio el coche en que el Sr. Salmerón iba, y delante del carruaje á dos individuos, á quienes seguían otros dos, gritando: ¡A ése! ¡A ése! Hallándose próximo á aquéllos, intentó detenerlos; pero se lo impidió un grupo, que, echándose encima, facilitó que escaoasen los perseguidos. Cree el sereno que no había por allí otro sitio donde los del grupo se refugiasen sino el local del Ateneo, puesto que todas las demás puertas se cerraron tan luego como se oyeron los tiros. Otros detalles no puede dar el testigo porqjie inmediatamente tuvo que trasladarse al Gobierno civil, y de allí al Juzgado, y no regresa á. su demarcación hasta las tres de la mañana. No acierta á precisar algunos extremos sobre os cuales es interrogado porque dutaate año y medio ha padecido una enfermedad que le ha deiado bastante flaco de memoria. El acusador Sr. Bareiia. ¿Sabe ustedfsi qwedó detenido alguno de losjJel grupo que se refugió en el Ateneo? Quintana contesta afirmativamente. El Sr. Barella. ¿Era de los que dispararon? El testigo. -De momento, no lo supe. Detalla luego que á uno de los perseguidos lo detuvo el inspector Sr. Quero, y el otro escape? cuando él iba á detenerle porque se lo impidieron los del grupo, envolviéndole. A otras preguntas del acusador privado, dice que no puede precisar si los del grupo salieron del Ateneo, pero cree fuese lo más fácil porque sólo dicha Sociedad tenía abiertas sus puertas; qae llevaban armas, porque con ellas le amenazaron algunos. El Sr. Salvatella interroga al testigo sobre algunos antecedentes del hecho de autos. Declara Quintana que, yendo en tranvía, le llamó la atención ver en día de trabajo grupos de jóvenes; pero no conocía á ninguno de ellos. I, a noche del suceso salió de su casa más temprano que de costumbre y tomó el tranvía para ir al cuartelillo; mas como á la sazón no era hora de prestar servicio, entró en el estanco á comprar tabaco para hacer tiempo. Al salir del estanco oyó el primer disparo, que venía en dirección de la plaza de toros. Volvió él entonces la cabeza y vio unos faroles que le parecieron de un coche. Inmediatamente sonaron nuevos disparos y rumor de voces que se iba acentuando. Corrió al cuartelillo á avisar al cabo, y al salir advirtió que delante del Ateneo había mn grtípo de gente. Refiere cómo dos individuos eran perseguidos en la forma ya relatada. Concluye haciendo constar que la declaración que aparece en el sumario la prestó en el Gobierno civil ante el jefe de Policía Sr. Muñoz. I, eída tal declaración, el sereno Quintana confiesa no recordar naber hecho manifestaciones que se le atribuyen en el sumario. En aclaración á algunos extremos de la declaración, dice que de los protesados conocía á Miranda, Matama. la, Soriano y Pujol, á éste por haber ido á su casa á detenerle. E insiste en que sólo en el local del Ateneo pudieron refugiarse los del grupo. r eclara luego D. Marcial Quero, inspector de Policía que detuvo á Miranda. Contestado al Sr. Barella, dice que se hallaba (el declarante) en el café de Hostafranch coa varios amigos, euanCo oyó tiros. Dirigióse entonces hacia la carretera, donde los disparos habían sonado, y viendo que varias personas huían, fue á detener una de ellas, lo que trataron de evitar los otros individuos del grupo. (El testigo se expresa con dificultad) Añade que se dio á perseguir á los que corrían, dándoles el alto, observando que uno de ellos (señala á Miranda) echaba mano al revólver El Sr. Salvatella concreta la pregunta de luién fue el del revólver. El testigo dice que el Miranda. SI Sr. Serrac lara pregunta por qué el testigo se hallaba en Hostafranch no siendo la barriada de su distrito. Testigo. -Por mi calidad de inspector de Policía, yo prestaba servicio en todos los distritos. (El letrado hace hincapié en el hecho de que el testigo no estaba destinado á aquel distrito. Añade el testigo, a preguntas del señor Iglesias, algunos detalles de la captura de Miranda. El letrado aprecia algunas contradicciones. I, as aclara el testigo, y agrega que no fue á curarse de las lesiones que se produjo en la lucha con Miranda porque aquéllas eran leves, y no por la pequeña molestia física había de dejar á medias el servicio. También manifiesta que no conocía á Cambó, y que con este señor sólo habló una vez, después del suceso. p l testigo D. Pedro I uñuel no comparece, y en su lugar se lee su declaración. De ella resulta que vio á dos detenidos, uno de ellos Miranda, que se resistía á seguir á los agentes, y que reconoció la pistola ocupada á Miranda. El fiscal estima que las manifestaciones de este testigo son de tal importancia, que debía hacerse todo lo posible por que viniese á declarar al juicio. El presidente contesta que los médicos forenses irán á reconocer á dicho testigo para ver si, en efecto, está enfermo, y si no lo está se le. obligará á comparecer. Promuévese un ligero incidente sobre si debe leerse la declaración de otro testigo, y se levanta la sesión á la una y media de la tarde. c e reanuda á las cuatro, con enorme con currencia de público, la mayoría mujeres. Muchos tienen que permanecer en el vestíbulo porque la sala es pequeña. Se constituye el Tribunal y entra el gobernador civil, Sr. Ossorio y Gallardo. (Expectación. El presidente le ofrece una silla en el estrado, que el testigo no acepta, y comienza el interrogatorio. Declara que supo el atentado poco después de cometerse; se trasladó inmediatamente á la farmacia adonde había sido conducido el Sr. Cambó, habló con él y vio cómo le colocaban en la camilla para trasladarle á la clínica. No conoce el suceso más que por las refe rencias que de él escuchó en aquellos lugares. El Sr. Salvatella le pregunta si e 3 cierto, como se ha dicho en el Congreso, que sabía más detalles de este asunto. El Sr. Ossorio manifiesta que ignora poi qué se ha dicho tal cosa, pues si los hubiera tenido los habría comunicado al Juzgado. T eciara Ricardo Alvarez, cabo que era de Municipales la noche de autos. Estaba en el cuartelillo cuando un sereno le dijo que se oían tiros en la calle. Acudió y vio á dos hombres, uno con revólver y otro con bastón de autoridad, que llevaban sujeto á un tercero; uno de ellos le mostró i nMMm ¡i, aMnimmi MiníJíTi imi 5ii íwniiniiisiwn miniara