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A B C M A R T E S i5 D E J U N I O D E 1909. EDICIÓN 1. PAG. 10. P. -No, señor- F. ¿Y después? P. -Sí, señor. Matamata, en contestación á las preguntas de que es objeto por parte del acusador privado, que representa al Sr. Cambó, diee: Que no recuerda la fecha en que el Ateneo se declaró político, aunque recuerda era una entidad republiaana haGe tiempo; que presidiéndolo él los socios solidarios fueron invitados á darse de baja por acuerdo de la misma Sociedad; que no se acuerda si Antonio Carmona salió del local del Ateneo aquella noche antes ó después que Miranda; que juzgó los disparos como un ardid electoral y se resistió á creer que de verdad estuviese herido Cambó, máxime cuando no había visto á nadie pasar en dirección al Dispensario. (Rumores en el público y algunas voces: ¡Muy bien! El presidente llama al orden al auditorio, advirtiendo que si las interrupciones son individuales mandará detener á quien las profiera, y si colectivas, ordenará que despej en de público la sala. Toca su vez al acusador privado Sr. Salvatella. A su interrogatorio niega el procesado que oyese al inspector de Policía Sr. Sala Garay que hubiese ocupado pistola alguna á Miranda, y que El Progreso anunció que Ierroux iría al Ateneo aquel día, á las dos de la tarde. El Sr. Salyatella. ¿Cómo se llama el curial que le dijo no oodía hacer nada por ser catalanista? Procesado. -Un tal Montaner. Salvatella. ¿Y á quién se refería el curial? f Procesado. -No lo sé. Acaso al escribano, porque éste á cada momento decía durante el interrogatorio: Este es antisolidario. jYo, al oírle, me molesté y manifesté al juez (que no declararía nada más mientras aquel sujeto estuviese presente. Añade que al salir del despacho del juez, el curial, refiriéndose á él, dijo: ¡Este antisolidario, asesino y más que asesino! Por cuyas palabras increpó al curial, y cree que le oyeron dos guardias municipales. Matamala no puede precisar si de quien las oyó era escribano ó escribiente del Juzgado. líéese, á petición del Sr. Salvatella, la declaración del procesado que en el sumario consta, y de ella resulta haber él dicho que el inspector Sala no podría hacer nada n favor de Miranda por haberle cogido con arma en mano. Niégalo al puato Matainala y advierte- que aquel día estuvo en la Tenencia de Alcaldía y por ello no pudo ir á la Casa del Pueblo. I e pregunta el citado acusador si sospecha quiénes pudieron ser los autores J del atentado, y el procesado dice que hallándose en la cárcel, lindante su celda con las de Rull y Trigueros, habló á éste de su complicidad en los atentados del terrorismo, y Trigueros rechazó la imputación, afirmando que los que estaban al frente de la trama eran Rull y el Aucellet. Y añade: x- -Si la Sala me lo permite, diré muchas cosas más que he oído. El presidente. -I, a Sala se lo permite. Matamala. -Yo creo que son los de la banda de Rull los autores del atentado de Hostafranch. Añade que esto lo sabe por referencias del marido d e la Boira. Me dijo, estando yo preso, que la señora de la calle de Roca le había dicho la noche de autos que había recibido dinero de Rull y comnañeros, y que éstos lo habían ganado A 1 día siguiente me dijeron otros dos individuos, Ha alados Alzamora y Gufllar: Rull fue á casa de su sastre para que le cambiara las mangas de la ameríeaua, que tejuía quemadas por los disparos que ktno. n bien. A instancias de un jurado se suspende la sesión un minuto reanudándose seguidamente. El Sr. Salvatella hace observar cómo, según el procesado, solamente Alzamora y uillar saben lo del sastre; lo cual contrasta con lo que han dicho otros testigos. Brevemente interrogan las defensas. Tienden á concretar los extremos destarados por el procesado. Contesta éste á preguntas del Sr. Serraclara y dice que el Sr. I erroux y otros candidatos visitaron los Centros del partido; que el anuncio de estas visitas se publicaba en El Progreso; que eran simplemente electorales, y que Iyerroux, á tiempo que recomendaba la unión, recomendaba también disciplina y orden. Después de algunas otras preguntas suspéndese la sesión para continuarla á las cuatro de la tarde. A esta hora continúa, en efecto, con asis -tencia de público más numeroso que por la mañana. Señálase la presencia de mujeres en el auditorio. Comienza el examen del otro procesado, Mariano Miranda, de treinta y nueve años, casado. Dice que la noche de autos, á las nueve, fue al Ateneo Obrero á enterarse de la candidatura que él debía votar. Díjole allí Matamala que esperase, porque previamente había de hacer algunas consultas Muéstrase ignorante de que se hubiese concertado nadie para agredir á Salmerón. Dentro del Ateneo estaba cuando oyó un disparo, seguido de otros varios, y al salir para enterarse de lo que acababa de suceder fue detenido, y no sabía por qué, puesto que Matamala no dejaba salir á nadie del local. Fiscal. ¿Es esta la pistola (mostrándosela) que le ocuparon aquella noche? El procesado -Eso es una infamia. Advierte seguidamente que cuando salió del Ateneo tropezó con varios individuos y guardias, que le rodearon y se le echaron encima. Declara que éi aquella noche no llevaba arma alguna, y mal puede reconocer como suya la que se le exhibe. A preguntas del acusador privado, señor Barella, manifiesta que no fue con Ma. tamala, como equivocadamente se consigna en el sumario, sino con un individuo llamado Cardona, con quien tomó una copa. No sabe quién consiguió escapar del Ateneo, m cuántos disparos se hicieron. Afirma que frente al edificio del Ateneo estaban situadas 18 ó 20 personas. El Sr. Salvatella. ¿No puede precisar el procesado si vio á alguien arrimarse á las ventanas del Ateneo? Contesta Miranda que del Ateneo no. salió nadie al oír los disparos; que cuando él salía vio un grupo de gente que rodeaba y detenía á un individuo cuyas señas no recuerda bien; que dentro del local vio aquella noche á algunos sujetos desconocidos, y que aunque tiene una pistola no la llevaba consigo el día de autos. Contestando á preguntas concretas deí fiscal, dice Miranda que no recuerda quiénes se encontraban en el cuartelillo cuando le condujeron á él. Tampoco conoce al inspector Sr. Solagaray. 1,0 único que sabe es que uno de los que allí estaban, desconocido paja él, sacó un arma del bolsillo y le acusó de habérsela ocupado. Miranda protestó enérgicamente, como protesta ahora, insistiendo en que na llevaba armas encima y en que no hizo la menor resistencia cuando le prendieron. Por el contrario, los agentes fueron quienes le agredieron y le golpearon á él, sin decirle siquiera por qué le trataban ae aque ni por qué le detenían. Niega que sea pariente de Miranda el anarquista, y dice que el arma que le encontraron en su casa la había comprado para su defensa personal. eclara á continuación Joaquín Soriano, de treinta y cinco años, casado. Justifica sus visitas al Ateneo porque uti hijo suyo asistía á las clases de noche. I a de autos salió de casa con un perrito; á los pocos pasos el animalito se le escapó y corriendo el uno en pos del otro llegaron á, la puerta del Ateneo. Soriano entró y preguntó á Matamala si estaba incluido en las listas electorales. Cuando Matamala le iba á contestar se oyeren en la calle disparos; de arma de fuego. Todos los que estaban en el local se levantaron con intención de ir á ver qué es lo que había ocurrido, pero Matamala se opuso y no les dejó salir hasta que pasaron algunos minutos. Una vez en la calle, vio que unos hombres tenían detenido á otro, que no sabe quién era. Niega en absoluto que fuera él quien intentó sujetar los caballos del coche del señor Salmerón El acusador, Sr. Salvatella, le hace notar que eu el sumario declaró que había oído algunos silbidos antes de que sonaran los disparos El público comenta la observación con tan fuertes rumores, que el presidente amenaza con desalojar la sala. I, a amenaza surte su efecto. El público se calla y el silencio se restablece. El procesado añade que vio que detenían á un individuo, que no sabe quién era por la sencilla razón de que no le interesó saberlo; niega rotundamente haber disparado é insiste en que salió del Ateneo con seis ó siete personas más á quienes tampoco conocía. Preguntado por las defensas, declara que es republicano de toda la vida y que con Lerroux y Junoy hizo las elecciones de 1905 Manifiesta que fue interrogado distintas veces en el Gobierno civil; después fue libertado por auto judicial, y más tarde detenido otra vez. Recuerda que encontrándose en la cárcel el padre de los Rull, condenado á muerte, solicitó hablarle y le dijo que todos los presos eran inocentes víctimas de delitos co metidos por otros. En otra ocasión el cura de la cárcel le dijo que Rull le había ofrecí- do que cuando se viera la causa haría resplandecer la verdad desnuda ante la Sala y proclamaría la inocencia de tod os los detenidos. (Confirma que no era posible hacer dispa- ¡ros desde las ventanas del Ateneo, Antonio Pujol, de treinta y nueveaños, casado, declara que estaba en el local consultando las listas electorales, cuando oyó un ruido que no pudo apreciar bien qué era. Después oyó tiros; quiso salir á la calle, pero Matamala se lo impidió. Cuando después salió con Soriano vio un. grupo numeroso en la calle. Subió al cuartelillo y se encontró en él á Miranda, lo cual le extrañó mucho porque estaba dentro del local cuando se oyeron los disparos. El acusador, Sr. Barella, le hace notaj que en el sumario dijo que hasta el día siguiente no supo que Miranda estaba déte- nido. El procesado explica la contradicción, diciendo que declaró subyugado por el miedo. El Sr. balvatella le pregunta si sabe ó sos- pecha quiénes fueron los autores del aten. tado Procesado (sin vacilar) -Juan Rull. Acusador. ¿Por qué? P. -Pues porque un día, hallándome con Sonaao e clase de música de la cárcel, se un n i- -l u í 1 Minan rasanmn 1