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REALIDADES l l n caballero elegantemente vestido se pre senta en el despacho de un médico. Le dice que apadriuó á un niño y que se interesa mucho por la criatura. Esptri. que llegue acompañado de la madrina, eíiora muy caritativa, y de la mujer que le tría Ruega al doctor con insistencia examine bien a! eafermito que parece hallarse muy grave Fu efecto, el niño está en el último período de inanición. La fingida nodriza explota e. on licto, toda vez que los padres no pue Jen, por circunstancias sociales respetables, tener á su hijo en su compañía. No es el primer caso que se presentaba á la consideración del médico. Es más, reco noció á la mujer. Ya en otra ocasión no tnuj lejana trajo otro niño en idénticas circuns tancias. Venia también acompañada de unas señoras que decían apiadarse de la triste suerte del recién nacido. Al increparla por su conducta, I OÜ procazinsolei. eia dijo que harto favor hizo con encargarse de esos ni ños, que á ella la habían busuJo y que no gastaba andar en líos... con haberle llevado a la Inclusa, estaba despachado, á menus que buscaran una nodriza á su costa y la llevaran á su casa La escena no pudo ser más desagradable. Ss evidente que ha 3 muchos contactos análogos. Ellos constituyen uua causa poderosa de au rtalidad infantil. La vigilancia pro tectora LS urgentísima. KTn la onsulta pública del hospital implo ran ixihos y protección dosjóyeues de aspecto decente. Ambas soa agraciadas y simpáticas y ¡levan á sus hijos en brazos. Aquellos niños han sido abandonados por los respectivos padres. Uno de ellos pasa una modesta pensión á la madre. La otra no cuenta con el menor recurso; además, no puede criar al niño por falta de leche. Las dos desgraciadas muchachas viven juntas. Su mutuo infortunio afirmó los vínculos de amistad. No quieren separarse de sus hijos, á loa cuales dieron su propio nombre; aspiran á trabajar y criarlo? Uno de ellos, que fue admitido en una casa- cuna, ha enfermado y es urgente su restablecimiento. El otro se muere de hambre. Con mano tembioiosa certificamos al margen de las instancias la verdad de lo que ocurre. La circunstancia de ser hijos naturales agrava la situación de esos pobres seres. Anímase a las valientes y abnegadas madres tan dignas de amparo y protección. 1 (ás allá espera turno una mujer enluta M da. Su marido murió tuberculoso y la ha contagiado, así como á otro muchacho de nueve años. Un hermamto que padecía tuberculosis ósea está en un sanatorio marítimo, casi restablecido. La madre pide que lleven al enfermito presente, al cual no admiten en ninguna parte. Era aplicadito y juicioso, y su aspecto infunde gran simpatía y compasión. Es un caso que puede ser curado con grandes cuídalos. I I n pobre hombre ha tenido la desgracia de enviudar; fue despedido de la oficina en que prestaba sus servicios por haber faltado en los días de su desgracia. Cua tro niños le abruman, uno de ellos de pecho. Cansado de buscar medios de salir de su agobio y apremiado por su miseria, mendiga en la vía pública. Gracias á ello vive avergonzado y deseoso de salir de tan triste situación. I,lo ra amargamente al verse en ese trance. 1 I n joven lúe recogido cuando era niño por una Sociedad benéfica; pasó después á un asilo oficial, ingresando en los talleres. Es cojo, pues sufrió eti su adolescencia la amputación de una pierna, y sus aficiones son dedicarse á la sastrería, en cuyo oficio tiene hecho aprendizaje. En el asilo le expulsan por haber cumplido la edad reglamentaria, y pide con grandes instancias pro teoción, enseñanza y rabajo. J J e apuntado varios casos sacados de la realidad recogidos en un solo día. ¡Cuántos existirán en una pob ación conio Madrid! Pertenecen á la categoría de los accidentes no cruentos, semejantes á los que se observan en las Casas de Socorro. Es más fácil obtener cura física que cura moral. Los publico para que mis lectores piensen un momento en la urgencia de proveer remedios. Claro que no es fácil socorrer tantas desventuras aisladamente y por una sola persona- pero, ¿y entre todas? ARFE DE CUIDAR A LOS NIÑOS I A BALANZA. DEL POBRE Yaseha dicho repetidas ve ees que es de gran interés practicar frecuentes pesadas de los niños de pecho para comprobar su crecimiento. Las familias pobres que no tienen balanza deben acudir á los Consultorios y Gotas de Leche que tienen organizado este útilísimo servicio. Todo niño sano y bien alimentado duerme bien, su rostro está tranquilo y sonriente, brilla su mirada, la piel de su cuerpo tiene tonos sonrosados 3 1 is carnes están apretadas y duras, no presenta abultamiento de vientre, y cuando llora, la voz es vibrante y FJG. 4. 1 El niño débil ó enfermito caiá triste, pálido, no se ríe casi nunca, su rostro parece el de un viejecillo, arrúgase la piel, sus músculos están flácidos, gime constantemente, y la voz está como velada, oyéndosele á veees gritos agudos y estridentes. El vientre suele estar demasiado abultado y en ocasiones deprimido. Uno de los sig- nos más interesantes que debe conocer y comprobar la madre es el estado de los huesos de la cabeza. La cabeza de los niños presenta separaciones entre los huesos del cráneo, que más tarde se unen. Si la unión se efectúa prematuramente, el cráneo resultará demasiado pequeño y el niño será idiota I os huesecillos de la cabeza están unidos por unas membranas blaadas que dejan un espacio llamado f níanela. Basta tocar con el dedo la cabecita del niño para poder apreciar la depresión membranosa en el vértice y el espacio más ó menos grande que se observa en la parte posterior. Este espacio se llama sutura. Ahorab ei; c aido i n niño está baño, la sutura tneaibrai osa es mayor ó menory ¡a fo itanela e tá ligeramente ti- n a (Fi i. a) Hbta dispos ción revela buen estado Je salud. Cuando las suturas están muy pro xanas, es señal di que el niño no se alimenta bien (Figura 2 a) y, por último, cuando cabalgan una sobre otra y la fontanela está deprimida, el estado del pequeñuelo es grave Esto depende de que el cráneo con tiene un líquido interior que protege el cerebro, el cual, como todos los restantes del organismo, encierra substancias nutritivas. Si la criatura no absorbe leche alimenticia, tiende á desaparecer, y en g e n e r a l todo el cuerpo queda enjuFJG. 3 to, y disminuyendo el líquido enebral, los huegos se apro ximan r sentando el aspecto citado Puede suceder lo conti ario, y es que el líquido sea excesivo, constituyendo la hidrocef alia. bien conoc da por el excesivo aumento de la cabeza, que psre ce reducir la cara. En ciertas enfermedades es necesario sacar el líquido citado por mepÍCi 3 a dio de punciones. Es, por lo tanto, fácil que la madre, pasando ligeramente el pulpejo del índice por la cabeza del niño, de delante á atrás, compruebe si la sutura está en buenas condiciones y la fontanela tensa (Fig. 4. a) E l doctor Prisard llamó muy acertadamente á esta comprobación la balanza del pobre.