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DE TODO EL DO, POR CORREO, CABLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO 4 t HE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFQ m m y TELEFONO UNA ROMERÍA EN LA PROVINCIA DE LEÓN ASTORGA. PROCESIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL CASTRO. LLEGADA DE LA IMAGEN A SU SANTUARIO Fot. Orliz DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EÑ PARÍS ÍL SR. CHAUCHARD Ivos cambios bruscos de temperatura de esta excepcional primavera nos han proporcionado los ataques de gripe que padecemos, y contra los cuales luchamos valerosamente... Pero ha habido muchos qae han tenido que sucumbir... Ejemplo, este pobre Sr. Chauchard, que desde hace seis meses se estaba defendiendo como ua héroe, y al que han aniquilado dos temperaturas de 36 grados sobre cero y dos grados bajo cero en el espacio de seis horas. ¿Conocíais al Sr. Chauchard? Vosotras, lectoras, puede que no le conocierais; pero todas habéis contribuido á engordar la caja del propietario de El Louvre. Y esas blusas, esas faldas, esos trapos que en vuestros viajes adquiríais en París y os parecían cosas baratísimas, el Sr. Chauchard os las ha vendido á buen precio, porque ya veis el fortunón que deja al abandonar este picaro mundo. Durante los últimos años, el buen señor Chauchard veía aproximarse el momento D. JOSÉ DE LA PUbNTE, NUEVO JEI- E ¿el gran viaje, y contemplaba sus millones, DE ESTADO MAYOR DE LA ARMADA preguntándose cómo los gastaría. Cuando Fot. Bridge en París se supo esto, llovieron sobre el anciano señor las peticiones de ¡dinero, y se cuenta que en una sola semana el importe de los sablazos o intentaron darle ascen- día á la bonita suma de cinco millones de francos. Claro que el Sr. Chauchard no soltó un céntimo, porque lo que él quería era gastarse el dinero, no darle. Si el Sr. Chaachard hubiera sido un pollo de veinticinco años, sólo con presentarse un par de tardes éjti Armenduville y guiñar el ojo á tres ó cuatro cocotas estaba despachado. Muy grande es la fortuna de Chauchard, pero más grande aún es el apetito de las Manon, de las Lulu, de las Oaby, de las Margot, pequeños tiburones que navegan en las aguas parisinas esperando que caiga una cartera bien repleta. Y es seguro que cualquiera de estas criaturas se merienda en dos años los almacenes de ElL, ouvrey la galería de cuadros del Sr. Chauchard. Pero el Sr. Chauchard no estaba en edad de hacer viajes á la isla del Amor, sino que, por el contrario, trataba de vivir lo más posible, y como apenas salía de su palacio de la Avenue Velazquez y tenía que hacer una vida metódica, pasábase los días meditando en qué podría gastar aquel dinero tan laboriosamente adquirido. Y entre las mil cosas que ideó, una de ellas fue la de prepararse una apoteosis el día de sus funerales. Incluyó una cláusula en su testamento ordenando que se le hicie-