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A B C MARTES 8 DE JUNIO DE 1909. EDICIÓN 1. PAG. 4, píritu en la lectura de unos pocos autores selectos, y que luego, más allá de la mitad del camino de la vida, llena de experiencia, con un sano optimismo que el mismo medio en que vive le ha. proporcionado, ha comenzado á escribir en un estilo sencillo, esponSAN ILDEFONSO, 7 táneo, libre é ingenuo. Hay en este librito I as notas vibrantes de la banda de Wad páginas (las dedicadas, por ejemplo, á una Ras, que, acompañando á las fuerzas de vieja azafata, Pepa) como no se han escrito relevo y parada, subía esta mañana á Pamuchas desde hace bastante tiempo en Eslacio, apenas si lograron reunir una veintepaña na de curiosos. La ingenuidad es vecina, mas Dien üerLa Reina visitaba mientras tanto las hamaua, de la ironía. ¿No se recuerda la irobitaciones llamadas de Alfonso XII, en las nía de algunos santos? Muchas veces la inque lian hecho este invierno importantes genuidad se confunde con la ironía. Sucede obras bajo la dirección del coronel Sr. Riesto cuando quien habla ó escribe es persopollés, que acompañó á la Reina en su visina de un gran prestigio social ó de una exta. Su Majestad se mostró muy complacida quisita cultura. Entonces suele ocurrir que por las reformas en las salas que han de el que lee ó escucha una observación ingeservir muy pronto para alojar á la princesa I a infanta Paz, residente en Baviera, her- nua, sin importancia, no acierta á distinguir Beatriz de Battenberg, á los infantes don mana de Alfonso XII, tía del Rey, aca- si aquello es una ingenuidad, algo sin intenFernando y doña María Teresa y á la Reina ba de publicar un librito titulado De mi vida, ción y trascendencia, ó una refinada y espidaña María Cristina. impresiones. En el breve prólogo, dirigido al ritual ironía. En el librito de la infanta Paz Poco después de las doce marchó la Rei- pueblo español la autora manifiesta qtte al se encuentra algunas veces el lector con esna en automóvil áEl Escorial con objeto de publicar este librito aspira tan sólo á que tas perplejidades. Hablando, por ejemplo, esmerar al Rey. Acompañábanla la duquesa lo metan en el bolsillo hasta los soldados y la autora de una novela del Sr. López Rode San Carlos, la marquesa de Salamanca, cigarreras, y que cuando salgan los domin- berts titulada Paco Tudela, y después de eloel duque de Santo Mauro, el marqués de gos á tomar el sol les gts ste ver lo que les giarla mucho, dice, pasando á otra cosa y Viana y el conde del Grave. Casi- al mismo cuenta aquella infanta Paz que vive muy escribiendo sobre su hija, la de la Infanta: ¡Es tan buena mi hija; cuando la miro tiempo que llegaba la Reina á El Escorial lejos de España llegó el expreso en que regresaba el Rey A mi parecer, ios deseos de la autora no hasta me olvido de Paco Tudela! con el conde del Serrallo y el Sr. Quiñones se realizarán. El pueblo no leerá este liAparte de esto, hay otros pasajes del lide León. Sus Majestades y su séquito al- brito. No gustarán tampoco de él, si lo leen, bro en que la ironía es expresa y deslarada. morzaron en el Hotel Victoria, del Real Sitio otros lectores de otras clases sociales. Las ¿Qué podría yo hacer por España? -se prede San lorenzo, y á las tres y cuarto em- razones que contribuirán á ello son varias. guntaba una vez la infanta. Así pensaba prendieron el regreso á La Granja, donde Ante todo, leyendo este librito se nota que un día- -escribe la autora, -y viendo cómo llegaron hora y media más tarde. la infanta Paz es una escritora- mujer, á di- en Alemania todos los chiquillos, pobres y Unos cuantos cohetes disparados desde la ferencia de otras muchas señoiao que son ricos, van á la escuela, bajo pena de multa puerta de Segovia anunciaron la llegada de escritoras- hombres. La infanta Paz tiene, si faltaban un día, recordé qvte hay muchos las Reales personas. Por expreso deseo del por lo tanto, ingenuidad, delicadeza y sen- en España á quienes dan el nombre de golMonarca no se le tributaron honores mili- cillez. En literatura, la expresión más alta fos, y eseribí á D. Gonzalo Sanz: Cuando tares; pero sí le esperaban; á la puerta de ¡del arte es la simplicidad, la sencillez. Son venga usted tráigame tres chicos para que Palacio las autoridades locales, los oficiales muy pocos los escritores que llegan á esta los eduquemos El canónigo se puso en camayores de Alabarderos y la plana mayor altura. Se llega á ella, bien espontáneamen- mino eon los tres más pobres y listos que y oficialidad del regimiento de Wad- Ras, te, porque se es asi, ó bien en virtud de una encontró en tres pueblos distintos de la proaquí de guarnición. Don Alfonso, que ves- larga experiencia y de un conocimiento pro- vincia de Salamanca. Excuso decir que el tía de paisano y que sigue usando bastón fundo de la técnica. viaje no sería muy cómodo para él, y cómo para apoyarse al andar, dijo al coronel, don. Ahora bien; si iesta sencillez, si esta au- llamaría la atención de los viajeros ese cura Gabino Aranda, que le presentase á los ofi- sencia de todo engaño y de toda superchería joven con los tres chiquillos de blusa y boi ciales, y así se hizo, estrechando D. Alfonso literaria es lomas alto en el arte, en cambia na embozados en sus tapabocas. Así me los uno á uno las manos de los militares. es lo menos comprendido y gustado. La trajo, para que yo viera que había interpreConstituyen la oficialidad del citado re- multitud, el público grande, el pueblo tado bien mis deseos. No tenían más que lo gimiento, cuyo coronel es, como ya he di- necesita la ostentación, el aparato, todo lo puesto. ¿Qué vas á hacer con ellos? -me pre; ho, D. Gabino Aranda, el teniente coronel que deslumhra y fascina; el pueblo, la masa, guntó mi marido. -Quién sabe- -le contesté; -D. Pío López Pozas, los comandantes doa se mueve por cosas que le entren bruscamen- tal vez ministros. Fernanda Andreu y D. Isidoro Valcárcel, te por los sentidos Así, en literatura, puesPodría citar muettas páginas, muenas oblos capitanes D. José Pérez García, D. Sin- to que de ella estamos hablando, lo que pla- servaciones agudas y delicadas de este liforiano Gómez, D. José Marián y D. Alfou- cerá á un público media será lo brillante, lo brito. Los periódicos lo elogiarán mucho; so Alvarez, de Toledo; los primeros, tenien- enfático, lo altisonante, lo elocuente: No tome su autora esos elogios inconscientes tes D. Fernando Passier, D. Ángel Buzan- hay más que considerar qué autores son en á beneficia de inventario. Serán muy pocos do, D. Antonio Felipe, D. Francisco Na, va- ua país, en España, por ejemplo, los aplau- los que logren con estas páginas un placer rrés Prieto y D. Agustín Monasterio. didos y ensalzados por el público; lo es un espiritual; porque son muy pocos los que Los segundas tenientes D. Manuel Gutié- novelista colorista y declamatorio; lo es un gustan del arte puro, sin supercherías ni arrrez Matea, D. Jesús: Bíez Miró, D. Francis- periodista hiperbólico, presuntuoso; lo es timañas; los que gustan de la sencillez y no co Delgado, D. Antonio Fernández Rota, ati poeta rotunda hinchada y magnífico. de lo fastuoso y brillante. D. Ramón Carmena, D. Fernando Martía y La sencillez, la euritmia silenciosa y proAZ 0 R 1 N D. Bartolomé Bonet; el abanderado, primer funda, el verdadero arte y la verdadera poeteniente D. Federico Jiménez Carril; el ayu- sía no son para, el pueblo sino para muy dante de igual clase D. José Piñal Azpüctte- pocos. He de hacer la prevención de que al ta; el médico segunda D. José Ruizy el mú- escribir pueblo y al expresar mis temo luíala jornada fue la del domingo para los sico mayar, D. Emilio Borras Vilano- va, y el res de que un libro como el de la infanta toreros. Para los aficionados á las cocapellán, D. Bartolomé González García, Paz no le gaste y sea desdeñado, no debe- rridas faé ayer día de tristes comentarios, El Príncipe de Asteria y el infantito don ría decirse pueblo sino vulgo, puesto que Murió el diestro Alfarerito, corneado entre Jaime dieran su habitual paseo en carruaje, el pueblo es únicamente la masa de obre- barreras por tm toro en la plaza de Carallamando, como ayer, mucho la atención la ros, labriegos y artesanos, en tanto qae el banchel. El domingo, Bombita, grave; Peoportunidad coa que el heredero áe la Co- valgo, como decía Baltasar Gradan, se en- pete, grave; otros toreros, graves igualmenrona saluda ai paso de la tropa. Los Reyes cuentra en todas partes, aan en la familia te. Y á este paso, la fiesta taurina en inmino volvieron á salir de Palacio. Es verdad más selecta nente peligro de muerte también. que el tiempo no convidaba á estar á la De la tragedia al saínete no hay más que La nota dominante en el librita de la inintemperie. Con este motivo creo que, á pe- fanta Paz es la ingenuidad y la espontanei- un paso. En los Tribunales se vio ana causa I sar de que la llegada de las jacas de polo dad. Se nota á primera vista que sobre la de la cual era protagonista un torero, y cuyt parece indicar que empezarán pronto los autora no pesa ninguna preocupación lite- asunta estaba pidiendo unos números do partidas, en toda esta semana es probable raria, que está libre de toda presión, yugo ó música de Quinito. Unos amores furtivos, que no se celebren. influencia de otro escritor. ¿Cuántos escri- una merienda sin pagar, un marido engaTranscurrió el día, como puede deducirse tores podrán ufanarse de esta libertad, de ñado, y como mot de la fin de tan divertido de estas impresiones, tranquilo, y casi estoy esta independeneia mental? La autora es pasillo cómico, un veredicto de inculpabipor decir que aburrido. La temperatura ha una mnjer que ha nacido y vivido en un lidad. sido hoy menos baja que ayer. Pero las nu- alto y refinado medio social (an medio soOtro asunto teatrable del día: Maclas ea bes apenas si han dejado el cielo despejado cial de excepción) que ha cultivado su es- libertad y elección de diputados. Todo ello CRÓNICA TELEFÓNICA LA CORTE EN LA GRANJA más que un rato, de cuatro á cinco, cuando llegó el Rey. Por la Alameda, punto de reunión otros años, sólo desfilaban hoy de cuando en cuando las negras siluetas de los canónigos de la Colegiata que iban á cumplir sus deberes religiosos, y cuyas obscuras capas se cruzaban en ostensible contraste con los albos capotes de los guardias de Alabarderos que iban ó venían á palacio ó del cuartel. A las once de la noche, cuando vengo al teléfono á transmitir estas impresiones, suenan los clarines de la guardia interior de Palacio, y la vida oficial ha cesado. Lo que no c sa es de llover ALFONSO R. SANTA MARÍA LA INFANTA PAZ MADRID AL DÍA