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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO Y TELÉFONO k W DE TODO EL MUN DO, POR CORREO, CABLE. TELEGRAFO Y TELEFONO LA EMPERATRIZ E U G E N I A E N L O E C H E S EN LOS CLAUSTROS DEL CONVENTO DE DOMINICAS. LA EMPERATRJZ, ACOMPAÑADA DEL DUQUE DE ALBA, DIRIGIÉNDOSE A VISITAR EL PANTEÓN DE LA FAMILIA DUCAL Fot. FombeJIs chicha... No se mueve una chispa de aire; nadie sabe nada. niparece que precave nada; I os grandes barcos de vela suelen tener en y los marineros, lo mismo que los oficiales, mitad del Océano períodos de tregua. se cruzan de brazos y miran el secreto del Tal vez han pasado un horrible temporal, y porvenir. Ayer había ruido, pelea, inquieacaso mañana les espera otra tempestad fu- tud, movimiento; mañana habrá tal vez nueriosa; pero de repente el aire se apaga, el vo ruido y feroces peleas; entre tanto, el mar se convierte en un liso espejo y los ma- viento se apaga, la mar reposa, el barco está rineros, recostados en la borda, miran pasi- inmóvil, la gente de á bordo se craza de vamente el secreto del horizonte. A esto le brazos. llaman los marinos una calma chicha Los políticos están desconcertados, los liSemejantes á los barcos de la mar son las teratos también, los comerciantes lo mismo. naciones. Navegan, como los barcos, por el En los periódicos, como en una mar tranmar de lo desconocido, á impulso de los quila, apenas si se mueve una ráfaga de invientos que llegan imprevistamente. El ti- quietud; los periodistas no saben qué hacer, món y las velas, haciendo las veces de la y los graves artículos de fondo salen á la prudencia y del cálculo, rigen la nave entre superficie completamente apelmazados y las olas, y el piloto, ayudado por ía brújula, anodinos. En elParlamento, como en una guía la nave hacia el puerto. Pero ni el ti- mar tranquila... pasan los señores á lo larmón, ni las velas, ni la ciencia del piloto go de los escaños, se sientan, bostezan, se valen nada contra esa palabra fatal: Impre- cruzan de brazos, igual que los marineros visto. Viene una tempestad caprichosa, y el en la calma chicha. No se siente el amago rumbo se pierde; viene una calma inopina- de ninguna ráfaga. Nadie quiere nada; nadie sabe qué querer. Los tópicos de la dereda, y el barco se detiene. cha y de la izquierda enmudecen A este barco de España le han empuiado sando, por el terrible cansancio depor canla repebastantes tempestades. Ahora, de repente, tición. De tarde en tarde se oye el rumor de el barco de la nación española se halla su- un tópico que desea repetirse una vez más; mergido en la paz de una verdadera caima CALMA CHICHA pero los circunstantes le mandan callar: todos están en el secreto. Haría falta inventat algo nuevo, algún viento huracanado; pero nadie sabe en dónde andan los vientos de la pasión. Y todo el mundo, con los brazos cruzados y el alma perpleja, consulta el horizonte por si alguna vez quiere romper su secreto, por si alguna mañana se decide á soplar el viento deseado. Calma chicha. Es la hora máxima del año, época en que maduran las mieses, en que los largos días son tan bellos y la tierra convida á la felicidad. Hay calma chicha. Ni una pasión, ni un deseo, ni un proyecto, ni una queja. La gente siente ganas de marcharse á veranear, para reposar máf ancha y soberanamente. ¿Es esto bueno? ¿Puede ser éste el ideal de la vida? Ni una ráfaga de aire en la alta mar. Sin embargo, la calma no ha de durar siempre; se levantará el viento, las velas habrán de hincharse, los marineros correrán á la maniobra y el barco saltará sobre las olas irritadas, navegando, navegando... ¿adonde? Nadie sabe adonde. Pero la cuestión importante es Navegar, navegar. JOSÉ M. a SALAVERR 1 A.