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ABC. VIERNES DE JUNIO DB 1909. EDICIÓN 1. PAG. 4. reñido con D. Fulano, D. Mengano y doa Zutano, á quienes vemos todos los días 5 con quienes departimos amigablemente. AZORIN En eíecto, á medida que los obreros van ugresando y haciéndose fuertes dentro de us asociaciones profesionales, en las que e defienden en primer término soluciones le orden económico, con independencia de todo principio político ó religioso, los republicanos y demócratas van perdiendo el contacto con la masa del proletariado, que 110 aeude á los comicios á votar á los designados par los partidos radicales. Así, según manifestaciones terminantes del secretario de la Federación textil, Sr. Rhó, el partido republicano italiano lia perdido en el Norte de Italia casi todos sus puestos, conservándolos, en cambio, potentes en el Sur, que es la región menos industrial y más atrasada. I, e sucede, pues, al partido republicano italiano algo parecido, á lo que pasa con los partidos de las izquierdas en España, que son anticuados, por defender soluciones políticas en sus programas, que no son esencialmente distintas de las conservadoras, por cuya razón las masas obreras se han separado de ellos para defender las soluciones económicas y sociales dentro de sus asociaciones patronales X, a única diferencia consiste en que en Italia el proletariado se nos aparece ya organizado en formas sólida, y en España permanece en estado caótico, por cuyo- ntivo la evolución estarnas atrasada. Es indudable que la tendencia es agrupar las fuerzas radicales en dos grandes grupos: uno, representante de los intereses conservadores; otro, que tienda á modificar radicalmente el reharto de los beneficios del capital y del trabajo; en Italia aparece ya en forma orgánica este segando, y á su arecimiento es debido la descomposición que se inicia en los antiguos partidos. En resumen, en Italia las organizaciones del proletariado es un hecho, y, aunque en sus comienzos, constituye una fnerza positiva rue deben tener en cuenta las aristocracias directoras de su país. J. AGUILERA de San Jerónimo, en el Retiro, en las librerías. Claro está que en un país y en una época determinada, entre cien escritores, si hay cuatro ó seis que realmente tengan talento, sean delicados y originales, ya es bastante, ya es mucho. I,o s demás que no tienep talento, los 94 restantes, publican también libros (desgraciadamente) Ante sus libros, nosotros, periodistas encargados de dar cuenta al público, ¿qué actitud debemos adoptar? ¿Qué es lo que debemos hacer? Caso de que los que hemos de hacer la crítiea tengamos gusto y discernimiento (porque ésta es otra cuestión) ¿seremos francos y diremos que el tal libro es malo? Si decimos que el libro es malo, ¿qué nos pasará con el autor? Nos pasará que andando el tiempo nos habremos enemistado con estas 94 personas á quienes vemos una ó dos veces al día; ellas propalarán de nosotros mil insidias y chismes, nos hostilizarán y harán la oposición de múltiples maneras; nuestra vida, en suma, resultará imposible. Ante. tan desagradable perspectiva, laelección no es dudosa. Valdrá más dejar que las cosas se desenvuelvan ellas solas y decir de tal ó cual libro cuatro generalidades brillantes y halagüeñas. ¿Vale la pena de vivir entristecidos y amargados por el gusto de proclamar que tal novelista admirable y maravilloso es un espíritu plebeyo y tosco, ó que tal otro periodista ilustre maestro en periodismos, es un mentecato y un ridículo palabrero? Aparte de que la caridad bien ordenada comienza por uno mismo y de que nuestra tranquilidad es antes que todo, ¿á quién iba á importar que un crítico hiciera aquí justicia de este modo? I o triste, lo tristísimo, es que aquí, en España, son milares y millares los que gustan de este novelista zafio y de este periodista vacío, en tanto que son rarísimos los lectores que saben distinguir lo aparente de lo real, y gustan de lo original y de lo hondo. Respecto á la literatura antigua, mis temores y mis escrúpulos son análogos á los que acabo de exponer. Cierto es que los Milán, Mayo 1909. autores clásicos ya no viven y no podemos concitarnos su animadversión. Pero se da aquí un curioso fenómeno psicológico; y es que los vivos, los mediocres y los insignificantes vivos escudan su estulticia ó su me uchas veces siento deseos de escribir diocridad con la fama de los antiguos; haalgo sobre cuestiones de literatura cen de esta fama cuestión de vida ó muerte antigua y moderna; pero tan pronto como el para ellos; ven excusada y paliada su medeseo se manifiesta trato de reprimirlo y diocridad en la mediocridad antigua; y como es la misma cosa con diferencia de paso á otra cosa. Varias razones me mueven á ello. Iyp pri- tiempo) ellos comprenden y su instinto de mera y más principal es que en España las conservación se lo advierte, que echada cuestiones de literatura y de arte (y no ha- abajo la mediocridad antigua se vtnMa blemos de las filosóficas) interesan sólo á abajo también irremediablemente la suya. un reducidísimo círculo de personas. Creo Esta secreta solidaridad de vida, esta deque entre los lectores de un periódico gran- fensa dictada por lo que hay de más prode no serán más de doscientos ó trescientos fundo en nosotros (el instinto de conservalos que gusten, con entera satisfacción, de ción) es lo que fomenta y mantiene el culseguir el movimiento de las ideas literarias to de las Academias y las Universidades y artísticas. Ahora bien; escribiéndose los por lo clásico, y la resistencia tenacísima, periódicos para el mayor número, y no para feroz, agresiva, que oponen á que en los vauna pequeñísima, insignificante, minoría, lores y en las jerarquías ya establecidos se cómo hablar de lo que á esta minoría inte- altere nada. El lector recordará el escándaresa y no de lo que interesa al inmenso nú- lo que se promueve en este pequeño mundo de profesores y académicos cada vez que ñero? un crítico nuevo y- audaz pretende destruir I, a segunda razón se refiere más particu- ó menguar una reputación clásica de las ya larmente á la crítica de la literatura actual. definitivamente consagradas a crítica sincera de los escritores vivos, á aii parecer, no se hace ni puede ser hecha. VÍitiendo á mi asunto, yo he de confesar Leo con atención cuanto se escribe sobre que respecto á la literatura clásica española auestros autores vivos, y compruebo que tengo mis ideas, mis gustos, mis puntos de n casi todos los casos, por no decir en to- vista. Confesaré más todavía: para mí son los, lo que se hace no es crítica, sino elogio. pocos, muy pocos (puedo contarlos por los I a sociedad literaria española es muy re- dedos de una mano, y sobran dedos) los esducida; sin violencia ninguna (aparte de critores clásicos españoles que logran cauBarcelona) podemos reducirla á Madrid. En tivar mi atención un instante. Escribir sobre Madrid: ¿cuántas son las personas que es- ello sería cosa muy larga y complicada. El criben, cuyos nombres son famosos? ¿Serán resultado, por las razones dichas, sería anáunos cien? Estas cien personas, como Ma- logo al que se obtendría hablando de los vidrid es pequeño, las encontramos todos los vos. Al cabo de unos meses, Calderón, Solís, días aa, dos y hasta tres veces; las vemos Quevedo, Herrera, Fray I, uis de Granada, en el Congreso, en el Ateneo, en la carrera etcétera, serían la causa de que hubiéramos CRÓNICA OBRE UNA ELECCIÓN Obstínanse Io3 republicanos en pedir que se verifique en Madrid la elección de un diputado para cubrir la vacante del Sr. Moróte. Indudablemente, Madrid no tiene deseo de nuevas elecciones. El Gobierno lo presume; los hechos hacen más que presumirlo: lo proclaman. El mensaje en que la solicitud se hacía las Cortes se abrió á la firma de todos los electores, fuesen republicanos ó monárquicos, para todos los electores que quieran la elección y reprueben la conducta del Gobierno. Han firmado 41.000 electores. Hay 106.000 electores. Son 65.000 los que no quieren la elección. No debe, pues, irse á los eomicios. Esto no es defender al Gobierno. Es sencillamente defender al cuerpo electoral, que si quisiera elecciones las hubiera pedido como los 41.000 firmantes del mensaje. No es defender al Gobierno, repetimos, porque le censuraríamos si en virtud de esa petición convocase á una elección parcial, por lo mismo que al atender á 41.000 votantes desatendía á 65.000. Y no hay quedarle vueltas al argumento: si el cuerpo electoral es la opinión, la parte menor de ese cuerpo es también la parte menor de la opinión. De 106.000 votantes invitados á pedir la elección, muchos más de la mitad han rehusado la invitación. ¿Qué ha sido ese acto sino un plebiscito, cuyo resultado debe ser tenido en cuenta principalmente por los mantenedores de las teorías democráticas? ¿En virtud de qué lógica liberal puede imponerse el deseo de una minoría á la voluntad de una mayoría? No cabe duda sobre el alcalice de ese mensaje al Congreso. Pide con frases respetuosas que se verifique la elección, pero aconseja con cifras elocuentes que no se convoque al cuerpo electoral. S LA CRITICA C e verificó esta madrugada el eclipse con toda la precisión y puntualidad de costumbre en estos casos. Ya dijo en ocasión análoga el pobre Navarro I, edesma que las leyes de la Naturaleza son las únicas que se cumplen en España. Ahora, que lo que ocurrió anoche es que nos quedamos sin espectáculo. El cielo estuvo encapotado, y no fue el único en encapotarse, porque el fresco resultó ayer cosa fina, como para recordarnos que no debemos quitarnos el sayo hasta el 40 de Mayo, y aun faltan algunos días para esa fecha. Pero si nos faltó el espectáculo, la luna se lo perdió, porque habría tenido gran público. ¡Poquito aficionados somos aquí á los espectáculos gratis! Otro eclipse, y éste no anunciado, hubo por la tarde: la sesión del Congreso. Y no es que se interpusiese ningún planeta. Se interpuso un diputado, el Sr. Clairac, que pidió que se contase el número de diputados presentes, y se, contó... un cuento tártaro. I o curioso del caso es que el representante en cuestión no ha abierto el pico en su vida parlamentaria hasta ayer. ¡Eso sí, desde hoy podrá decir que la primera vez que habló en el Congreso aquello fue el acabóse! Por la Casa de la Villa hubo de nuevo el proyecto de adquirir la casa núm. 4 de la plaza de la Villa para servicios municipales, á fin de destinar la tercera Casa Consistorial á Academiajde la bandamunicipal. Poco cariño hacia la naciente banda implica el MADRID AL DÍA tomar su nombre paia desalojar una Casa nmnnnfintiTami n JIU rnimrr mimtiranímin iri i