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DE TODAS PARTES ARTE, LITERATURA, SPORTS É INFORMACIONES SECCIÓN LITERARIA EL TREN RÁPIDO CUENTO, POR JACQUES NORMANO II p 1 invierno era crudo. -La campiña, cubiei ta de nieve y alumbrada por ua sol pá ¡ido, parecía huir, desfilando ante nuestros ojos- velozmente. La viajera se arrebujó en su manta; el señor de la condecoración abrió su cartapacio y sacando unos pliegos impresos de colores se enfrascó en su lectura, después de limpiar cuidadosamente las gafas. Bn cuanto á mí, procuré distraerme con un fajo de periódicos que compré en la estación. A las once llegamos á Laroche. Bl tren se detiene. El grave funcionario recoge sus papeles, cierra la cartera y desciende, previo un saludo ceremonioso. La viajera interpela al jefe de estación, que pasa á la s? izón ante nosotros. ¡Señor jefe! ¿Qué desea, señora? ¿No han telegrafiado de París encargando mi berlina? -En efecto, señora. Ya he transmitido el despacho. ¿Cómo transmitido? -Es que aquí no tenemos material disponible, señora. Es preciso que siga usted en ese coche hasta Lyón. ¡Hasta I, yón! ¿Cuándo llegaremos. -A las cinco y cuarenta y cinco. ¡Todo el día! Pero, señor jefe, yo no puedo continuar aquí tanto tiempo... No es posible... no quiero... -Cuidado, señora; el tren se pone en marcha. Y el tren partió de nuevo. Mi compañera se dejó caer en el asiento, furiosa, sin dirigirme una mirada, con un talante pésimo. Yo proseguí leyendo mis periódicos. ¡Lo confieso! Más de quince veces comencé la lectura. Seguramente hubo línea que leí otras tantas sin enterarme de lo que trataba. Llegué á la estupidez de coger el pe riódico al revés sin darme cuenta de lo que hacía. ¿Qué quieres? No en vano es. uno joven. Y, por otra parte, no sucede todos los días el encontrarse á solas con una mujer guapa en un departamento de ferrocarril. Reconozcamos que produce cierta emoción. Te aseguro que sentía un loco deseo de entrar en conversación con ella. Pero ¿y el pretexto? ¿Y la primera frase? Torturábame exprimiendo la imaginación para encontrarlo. ¿Qué la diría? Desde luego era preferilla callarse cíen veces á decir una sandez ridicula. Mi vecina de asiento era (lo advertí en seguida con mi perspicacia de parisién experto) una mujer de mundo, á juzgar por su porte aristocrático. Hablarla así, bruscamente, sin conocerla, me hubiera hecho aparecer ante sus ojos como el más ordinario y grosero de los viajantes de comercio. El secreto de la cuestión era encontrar un asunto original y delicado que la agradase. Aun estaba discurriendo con toda mi fa cuitad imaginativa, cuando el tren se detu vo de pronto con instantánea precisión, gracias al freno neumático. ¡Tonerre... ¡Veinticinco minutos de parada, y fonda! -exclamó á grandes voces un empleado. Mi compañera se levantó, desembarazándose de su cobertor, que dejó en el vagón con el resto del equipaje, y descendió del va- gón. Era mediodía. Los viajeros comenzábamos á sentir un vacío desconsolador en el estómago, y nos dirigimos en tropel á la fonda. La bella incógnita tomó 1 a misma dirección. La seguí. Pade admirar entonces á todo mi sabor su elegante figura, su andar airoso y distinguido y sus pies diminutos. Me senté á la mesa confundido entre la muchedumbre de hambrientos. No muy lejos, mi compañera de cupé daba cuenta de su ración tranquilamente. I Fuí de los primeros en terminar, y dejando la mesa salí á fumar un cigarrillo en el andén. Los veinticinco minutos transcurrieron de prisa. Los comensales habían ido poco á poco ocupando sus puestros en el tren. -Yo me instalé nuevamente en el cupé. Advertí, sorprendido, que la viajera misteriosa no había regresado todavía al departamento. Busquéla con la vista por la estación. ¡Allí estaba! En el puesto de libros y periódicos, donde hojeaba una revista. Aunque la vi de espaldas, reconocí en seguida su contorno ideal y su sombrero gris. (Se continuará, Salida de a penumbra, día 4, cuatro ho ras y siete minutos mañana. Si á estas horas se les suma catorce minutos, se tendrán las que correspondan al tiempo oficial de G- reenwich. La duración del eclipse es de una üora y ua minuto, único tiempo en que el sol ó la luna estarán eclipsados para nosotros en buenas condiciones durante el año; pues el eclipse de la luna de 27 de Noviembre sólo es visible en España en parte; el eclipse de sol de 17 de Junio es anular, y el de sol dq 12 de Diciembre, parcial, é invisibles ambos en nuestra patria. 1 A EQUITATIVA DE LOS ESL TADOS UNIDOS DEL BRASIL Según nuestros informes, el Sr. Castro e Silva, que hace muy poco tiempo se halla trabajando en Madrid como agente general de la Equitativa de los Estados Unidos del Brasil, y que ha tenido la simpática y generosa idea de ofrecer una parte de ¡a comisión de los seguros realizado para la Asociación Matritense de Caridad, está obteniendo en sus gestiones un éxito completo Entre los muchos seguros que ha hecho el Sr. Castro e Silva en este último período, que sólo comprende mes y medio de trabajo, figuran las personalidades de gran relieve eu la política, como los del señor conde de Romanones, Natalio Rivas, Luis Mazzantim, Luis Moróte, y de importantes y acreditadísimos comerciantes é industriales, tales como losSres. D. Honorio Riesgo, D. Julián Fernández, D. Pedro Plaza, D. Justo Calvo, D. Vicente López, y de personas tan conocidas como D. Manuel Brocas, etc. etc. Este resultado, que es de veras notable y altamente lisonjero para la Equitativa del Brasil, que es, como todo el mundo sabe, la Compañía de Seguros de vida más importante y acreditada de la América del Sur, es una prueba de las grandes- simpatías y amistades que supo conquistarse en Madrid el Sr. Castro e Silva. Después de todo, el señor Castro e Silva hace en España lo que ya ha- bía hesho en Portugal con su prodigiosa actividad. ECOS MILITARES c e ha firmado una Real orden disponiendo que se ponga el cuello recto á las gue rreras del uniforme de verano. on motivo de haber sido elegido diputa do á Cortes, pasa á situación de excedente en la primera región el auditor de división D. Melchor Sáiz Pardo. p n la visita del ministro á S. M. quedó ayer mañana definitivamente acordada la combinación de mandos en Caballería, como resultante de la provisión de la jefatura del escuadrón de Escolta Real. Hoy firmará S. M. la combinación de referencia. i os comandantes que ea Caballería as cienden á tenientes coroneles son dos y no tres, como equivocadamente dijimos ayer. ECLIPSE Dñ LUNA p s t a noche se venticará un eclipse de luna. El medio del eclipse, es decir, la posición de la luna dentro completamente del cono de sombra, corresponde con la hora del plenilunio, y éste con la media noche. Termina el eclipse total en las horas del crepúsculo matutino del día 4, y al salir la luna de la penumbra, el sol lucirá va sobre el horizonte de Madrid. Las horas exactas de las principales fases son para Madrid, en tiempo medio de su meridiano, que habrá de corregirse si se adopta tiempo oficial ó de Greenwich, las siguientes: Entrada ea la penumbra, día 3, diez horas y veintidós miautos noche. Entrada en la sombra, día 3, once horas y veintinueve minutos. Comienzo del eclipse total, día 4, á las doce y cuarenta y cuatro minutos mañana, Fin del eclipse total, día 4, una hora y cuarenta y cinco minutos mañana. Salida de la sombra, día 4, tres horas mañana. TRIBUNALES tero que fue durante seis ó siete años de la casa nútn. 31 de la calle de Alcalá llegó á inspirar tal confianza á doña Josefas Colas, inquilina que ocupaba el piso principal de la mencionada finca, que cuando aquella señora tenía necesidad de ausentarse de Madrid hacíalo con toda tranquilidad y segura de que cuanto encerraba en su habitación no corría el menor riesgo. Pero esta confianza la proporcionó ai fin un disgusto, porque al salir de la corte el pasado verano le entregó las llaves al portero, encargándole como siempre, por pura fórmula, que vigilase y diera tena vuelta por el cuarto. Y Macario la dio, ¡vaya si la dio! Transcurrió la temporada veraniega, y doña Josefa, como cuantos abandonan su casa en el estío para remojarse en el Cantábrico ú oxigenarse en la sierra ó en el llano, regresó á sus cuarteles de invierno, contenta, satisfecha y dispuesta á contar á todo el mundo lo que en el campo se disfruta I A CONFIANZA Macario Herrera, por-