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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, C BLE. TELEGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO yg W Y TELEFONO MUNICH. FESTIVAL ARTÍSTICO ESPECTÁCULO RfcALJZADO PARA CELEBRAR EL CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE BAVJERA DE NUESTRO CORRESPONSAL Fot. Tr. irnpus ABC EÑ LISBOA canto que nos sugieren do este ó de aquel período histórico, el estado embrionario, la infancia, la fe, la superstición, en suma, del I A FIESTA DE LA FLOR El espíritu Uti litario del siglo en que vivimos no gusta de divagaciones estéticas que produzcan éxtasis peregrinos de belleza ó de fantasía. Es harto prosaico para detenerse en problemas que no tengan la aritmética por base. Bl misino arte con temporáneo- -al decir de G. l, e Bon- -no puede menos de tener un fondo de utilidad; y- -yo añadiré, con permiso de los críticos, una gran característica de industrialismo Fatalidad de toda época de transición, en que las cosas, aun las más bellas, están expuestas á quedar fuera de su órbita neta, á ser miradas á través de lente distinta de la que le corresponde en la realidad, amén de juzgadas y constreñidas por inflexible crítica de los positivistas. Aun á la hora de ahora existen muchas costumbres de las que nos legó el pasado, Uenas unas de cierto sabor ó ambiente niístico, saturadas otras de poesía ó leyenda, envueltas todas en brumas de tradición. Así, estas costumbres seculares, perpetuabas hasta nosotros, tienen siquiera el en- EL ÜK. D. FRANCISCO GARCÍA LÓPEZ, OBISPO T I T U L A R DE LORYMA, QUE 4 CABA DE FALLECER Fot. Vida! espíritu humano á- través de las civilizaciones. De aquí el singular atractivo. que r. os brinda el espectáculo decorativo de ciertas antiguas fiestas. Mas ¡cuánta responsabilidad no es crear un culto moderno, sobre todo por parte de quien no está en ánimo de meterse á redentor! No es otro el caso que I103 abordan los señores comerciantes de la capital, que, proyectando organizar la fiesta de la flor, dcspójanla de sus galas, de su belleza propia y sugestiva. ¡Pobres flores! Para dar cou la función de tal objetivo sería menester, á más del sentimiento de las proporciones- -que el carácter lusitano desconoce, -infinidad de atributos y detalles que tendiesen á producir un conjunto, si no bello, al menos interesante. ¡Pero ni eso! Los comerciantes lisbonenses, que en la liltima semana fue- ron. invitados á adornar sus escaparates con toda clase de flores, siguiendo cada cual el impulso de su predilección, simplemente especuladora, no pudieron, como era de temer, dar á tal decoración un cuño de originalidad y belleza, puesto que se trataba de lo más bello del mundo, la flor. Y no pudieron porque, aparte no tener carácter tales adorno. 1? ayunos de toda línea de estética rudiinénta-