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TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO, POR CORREÓ, CABLE TELÉGRAFO Y TELEFONO FESTEJOS EN VALENCIA EL COMEDOR DE LA ASOCIACIÓN VALENCIANA DE CARIDAD, QUE INAUGURO S. M. EL REY Fot. Barbera españolas atestiguan su ingénito furor y su delirio por la pólvora, por el estampido y por el estrépito marcial del trabucazo. Somos gente de batalla, de brutalidad y de curre con la dominación morisca un fe- guerra. Pero en este delirio por el estruendo los nómeno muy eepecial: mientras algunas regiones españolas se avergüenzan de valencianos superan á todos los demás essus antepasados los sarracenos, otras regio- pañoles. Iva traca es algo fenomenal, algo nes, en cambio, están orgullosas de su abo- que rebasa los límites de lo convenido; es lengo berberisco. Los valencianos aceptan un vértigo de estrépito, la apoteosis del esia descendencia morisca como un piropo... tampido. ¡Oh, mis recuerdos de Valencia... A todo forastero le dicen en primer térmi- En aquella ciudad de los campanarios hay no: Nosotros somos moros. Y á renglón mañanas de primavera en que las piedras seguido le enteran de sus concomitancias saltan como poseídas de un delirio: ¡todas sarracenas. Nosotros tenemos la afición á las campanas, innumerables, se ponen árepicar desenfrenadamente! Y cuando llega una correr la pólvora, lo mismo que los bere 1 e res; tenemos la traca, que es de esencia ma- fiesta memorable disparan una traca, ¡y la ciudad parece deshacerse en pedazos! Es rroquí... de ruido, que ama Pero los valencianos ignoran que la in- aquél un pueblo ninguna malicia ni el ruido sin fluencia etnológica de los sarracenos en Es- por el ruido, sólo el gusto de nacertrascendencia, ruido. paña es una cosa que tiene mucho de fan- Tartarínpor mereeía Valencia. tasía y poco de realidad. Los españoles no Cuando repitiera haber nacido ende batalla: grito venimos de los moros; venimos de... los mis- ¡Fena de bruit! su famosovalencianos conlos mos españoles... ¿Qué falta hace recordar á testarían acordes: todos fagan ruido... ¡Sí, ios moros para explicar ciertos gustos, virtudes óvicios? ¡Bah! Las iracas del paseo de la Alameda El correr la pólvora por ejemplo, ¿ao es uo tienen importancia: son tracas discretas y algo neta y esencialmente español? Los ga- cultas. La verdadera traca es la que se frallegos con sus fuegos artificiales, los vas- gua en el corazón de la ciudad, en las calles congados con sus cohetes y chupinazos, los angostas y retorcidas, en pleno sol de veraandaluces con sus salvas de escopeta, los no. Ponen una cuerda á lo largo de las ca- valencianos con su traca... todas las regiones lies, en un curso que alcanza uno, dos ó más LA TRACA EN VALENCIA O kilómetros; adherido á la cuerda marcha el hilo de la pólvora, y á cada breve espacio de este hilo hay un cartucho bien grueso y bien cargado: de manera que la traca tiene la forma de un rosario, en que las cuenta? son petardos. Prenden la mecha por un extremo, y el fuego empieza su curso. ¡Burn, bum, bum... Parece una descarga de fusilería con incrustaciones de cañonazos. Es un estrépito pavoroso, un rumot amenazante, que avanza, que se acerca, que crece á cada momento de intensidad. Retiemblan las casas. En la multitud se advierten guiños nerviosos- Una vibración nerviosa corre por la muchedumbre y la hace reir, gritar, gemir, todo á la vez. La muchedumbre está atacada de un principio de epilepsia. Pero ya se acerca la invasión de la pólvora, ya el fuego invade la plaza. Por la boca del callejón aparece un cuadro fantástico, inenarrable... Es aquello un conjunto de personas que brincan y se atumultan, y de chispas que incendian el aire; el aire está ardiendo, vibrando, retumbando, y bajo aquel infierno del aire, los mozos, los chicos, los huertanos, con las caras de loco y la mirada de epiléptico, danzan y ríen y se entrechocan lo mismo que unos poseídos del demonio. Hasta que la traca llega á su final. Entonces la cosa adquiere su grado mayor de