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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CA. BLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO ya sm Y TELEFONO LA CARRERA D E AUTOMÓVILES COPA CATALUÑA EL AUTOMOVILISTA GOUX (X) GANADOR DE LAS COPAS DEL REY Y DE CATALUÑA DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Fot. Baile A B C EN BERLÍN brán ustedes enterado del fallecimiento en Berlín del Sr. Holstein. Este señor, absolutamente desconocido en España, incluso para nuestros políticos- -sin exceptuar al Sr. Alleüdesalazar, que es el ministro que menos cosas y personas conoce; -este señcr Holstein, cuyo nombre aparecía siempre envuelto en el misterio, era el Papa Negro, que hasta hace seis meses dirigió á su antojo la política exterior alemana. Bismarck había depositado en él toda su confianza, y justamente por eso le hizo traieión á última hora. Pero Bismarck, que, á pesar de todo, le conocía bien, se vengóllamandóle el hombre de los ojos de hienas. El Sr. Holstein continuó disfrutando la confianza de todos los cancilleres que substituyeron á Bismarck en Id Willhenistrasse, y Caprivi, Hohenlohe y Bülow no se atrevían ni siquiera á leer los dictámenes que él presentaba. Además era un hombre desinteresado que no pedía jamás nada para él, que rechazaba los ofrecimientos que se le HOMBRE DE LOS OJOS Por los despachos telegráDE HIENA ficos se ha- hadan y se contentaba con su posición modesta, relativamente, de consejero privado. No se le veía en las fiestas y ceremonias de EXCMO. SR. D. GUILLERMO J. DE OSMA, QUE HOY TOMARA POSESIÓN DE SU CARGO DE ACADE. MJCO EN LA DE BELLAS ARTES la corte, odiaba la ostentación y el aparato, y encerrado en su despacho meditaba todos esos conflictos, todas esas dificultades que por espacio de treinta años han tenido á Europa en un constante sobresalto. Poseía el Sr. Holstein todos los. secretos cancillerescos y su influencia se extendía hasta Palacio. El fue quien impuso al Kaiser la visita á Tánger, él quien enredó todo el imbroglio marroquí, él quien por dos veces hizo creer á Europa entera que la guerra era inevitable, él, en fin, quien llevó á las potencias á la Conferencia de Algeciras. Porque el Sr. Holstein, como todos los hombres alemanes del 70, quería la guerra otra vez, la guerra á todo trance, costara lo que costase, con cualquier motivo, con cualquier pretexto. I, a guerra para aniquilar á Francia y para preparar ese sueño de Monarquía, universal que es en la actualidad el líltinio grito de la intelectualidad alemana. Sus opiniones prevalecieron por espacio de treinta años, en contra muchas veces del juicio de Bulow, que no se atrevía, sin embargo, á disgustar á su consejero privado. El Sr. Holstein no toleraba la menor objeción y amenazaba con retirarse. Así imponía sus puntos de vista. Todos los asuntos diplomáticos tenían que pasar por sus manos, y si en las relaciones