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A B C VIERNES 21 DÉ MAYO DE 1 09. EDICIÓN i. PAG. 8. noche, el público acudió á Apolo cotao en. días de estreno, ¿Para qué más aliciente que el espectáculo personal y gratísimo de Rosario Soler, recreo de los sentidos y columpio gracioso de la vista? Aplausos, regalos y flores, un porción. Enhorabuena, Rosarito. Y hechas estas salvas de ordenanza, firmo y plegó. FLORJDOR. SECCIÓN LITERARIA- -Y que nuestra estipulación no tendrá efecto hasta la próxima. Por hoy, me- oirás cuanto quiera deckte, mal que te pese. Felipe aparentó resignarse. ¡Vaya por esta vez! -dijo con voz doliente. -Tú eres inteligente, Felipe, y debieras hacerte cargo de que á tu edad no es decoroso vivir en esa inactividad y esa disipación impropias de un hombre cuya cultura... ¡Por Dios, tía! -Yo no quiero decir que te cases mañana mismo. Vamos á suponer que cualquier día encuentras un partido ventajoso. ¿Te negarías? -Claro que no. -Muy bien. Ya hemos expuesto la cuestión desde un punto de vista general. Descendamos á los detalles. ¿Negarás que mi sobrina Julia es bonita? -Lo es. ¿Y que es rica? -De sobra. ¿Y de familia distinguida? -Inmejorable. -Entonces. -Entonces... (Se continuará- -Conveaido, tía nuevo, señalando otra media de íravesííu (Recibe un aviso) Intenta el descabello y acierta al cuarto golpe. (Más pitos. Tercero. Ranchero, berrendo en jabonero y muy bonito A fuerza de acosarle, y en medio de un lío infernal, toma los puyazos reglamentarios, librándose del fuego por una condescendeacía de que el público protesta indignado. Realmente, Ranchero era manso de solera nidad Entre Gonzalíto y- Posturas dejan tres pa res buenos, y Martín Vázquez, tras poquísin mos pases, entra superiormente á matar, co brando una estocada hasta la mano, que la vale muchas palmas. uarto. Hortelano, negro, bragado, más escurrido de carnes que los ante riores. Al salir, sigue la ovación á Martín Vázquez. Algabeño le da algunas verónicas y se luce en un quite; pero á Cachiporra le libra en la segunda vara de un disgusto la Providencia, que quiso ampararlo. Junto á él no había, en efecto, ni un solo matador. El toro hace en varas regular pelea, aguantando cinco puyazos por tres terribles costaíadas y dos pencos para el arrastre. En el segundo tercio no hay que apuntar más que dos excelentes pares de Bazán, y en el último, tres ó cuatro mantazos de Ál- í (gabeño y una estocada atravesada alargan do el brazo y marchándose á la Algaba, Más pases, y dejándose pasar la cabeza del toro da un estoconazo que acaba coa Hortelano. (Palmas tibias, casi frías. de rosa, cárdeno bragado, Quinto. Caracomo todos, gordo, grandesal- picado y y UNA SO NR 1 SA CUENTO POR J. BERR DE TUR 1 QUE üelipe se presentó inmediatamente en casa 1 de su tía, que le llamaba reprockándole la poca asiduidad de sus visitas. ¡Al fin consigo verte, ingratón- -exclamó cariñosa la anciana. Te deberías avergonzar de que me sea necesario llamarte expresamente para que vengas. Felipe balbució las excusas de costumbre. Estaba ocupadísimo. Los negocios... el Club... ¡Si parece imposible... Nadie creerá 4 ue siendo yo tu única tía pases meses enteros sin venir á enterarte de mi salud. Suponte que hubiera muerto después de tu última visita- ¡Oh, querida tía! Nada de eso. Si goza usted una salud de hierro... ¿Olvidas que estoy cerca de los setenta? No tienes disculpa. Te falta no sólo el cariño, sino también la caridad hacia esta pobre vieja. El desmemoriado Felipe protestó de la acusación, mientras su tía continuaba: -Confiésalo. Es tu vida frivola y ociosa de hombre mundano lo que te separa de mi afecto. Cuando no se tiene nada que hacer, falta tiempo para todo. Es preciso que te formalices, Felipe; que pienses algo serio y trascendental. Sentiría morirme sin verte basado con la mujer que te destino. Felipe sonrió victorioso esta vez. Acababa de encontrar el argumento decisivo para justificar su retraimiento. ¡Lo esperaba! Ya hemos ido á parar al tema inevitable. ¡La cuestión eterna! Mi matrimonio! -Pero ¿acaso te parece importuno? -dijo la buena anciana escandalizándose. ¡No me ha de parecer... Apenas me presento en esta casa, se me lanza, sin previo aviso, la proposición. No comprendo esa tenacidad infatigable cuando he dicho mil veces que no me casaré con su protegida. Es inútil llevar más adelante la discusión. ¿Y es eso lo que da origen á tus largas ausencias? -Lógicamente, querida tía. Estoy convencido de que nuestras entrevistas terminan siempre por la polémica de hoy. -Está bien. Prometo con toda solemnidad no hablarte una palabra más acerca del asunto. ¡Tía de mi alma! Nunca pude dudar de la grandeza de su corazón. -Y en adelante serás dueño absoluto de tus acciones. Sé un egoísta, desprecia tu futura felicidad, cásate con el ama de llaves y prepárate á morir olvidado de todos en cualquier rincón. ¡Bravo, tía! Algunas veces liega usted á enternecerme con sus palabras. -Espera. Todo eso no lo haré desinteresadamente. A cambio de mi concesión, te obligarás, bajo palabra de honor, á visitarme un día por semana. -Prometido. Un apretón de manos selló el pacto. Al abo de unos instantes, Mine. Bajourel con. tinuó: -Pero ten entendido que no se cuenta la visita de hoy. LAS CORRIDAS DE AYER EN MADRID A las cuatro y media, como estaba anun ciado, comeazó la corrida, en la que habían de lidiar seis reses de Veragua los diestros Algabeño, Bienvenida y Martín Vázquez. La entrac a no es muy buena; hecho el despejo por las cuadrillas, suena el clarín, y se da suelta al primero. Hortelaniío, castaño, ojalado, bra gado, grande y gordo y poco bravo, al parecei Algabeño le da algunos lances de capa y el toro se huye. El veragüeño toma cuatro puyazos por tres caídas, motivando la última un coleo por el Algabeño, que libró al piquero de un percance serio y proporcionó al diestro abundantes palmas. Quedan dos jacos sobre la arena. Entre Perdigón y Bazán cuelgan tres pares áe palitroques, bueno uno del primero. Sale el de la Algaba con los trastos de matar y encuentra al toro muy quedado. Le da algunos pases aceptables para entrar, cuando cuadra, atizando un buen pinchazo. Dos ó tres teíonazos más, y entrando muy bien da una estocada buena que hace rodar al veragüeño. (Palmas. de lámina. Con mucho poder, pero sin bravura m, voluntad, dejó que le picaran cinco veces, saliendo siempre suelto y volviendo la carg. al final. Murieron tres caballos, contra el desea del veragüeño, que era pacífico é inofensivo. En el segundo tercio pasa un mal rato Maera, porque el hombre quiere quedar bien con los palos y Cara de tosa huye has- ta de su sombra. Al fin cuelga un par muy bueno que le vale palmas. Rolo deja un palitroque en el buey y otra en la arena. Repiten ambos á palito por barba, y termina Ilaera con uno entero á la media vuelta, porque no había otro modo de cla- vario. Bienvenida muletea sin empapar lo sufi cíente al bicho, y cuando éste cuadra da un pinchazo, echándose fuera. Repite con otro entera Cegundo. Campechano, sardo, bragado, de un poquito ymejor, y acaba de una todo el atravesada caidilla, haciéndolo excelente lámina. Bienvenida le torea de capa, haciéndose veragüeño. No hay palmas ni pitos. aplaudir dos verónicas y un farol y una larga adornándose. Los espadas se lucen en quites, escuchan- Cexto. Bubillo, negro, entrepelao y corni do palmas. 5 abierto. El toro cumple en varas sin ocasionar naMartín Vázquez leda tres lauses de capa, jas en las caballerizas, aunque sí caídas es- que el público no aprecia porque está ocu trepitosas á los de tanda. pado pidiendo anticipadamente á la presiTocan á banderillas, y Bienvenida coge dencia que foguee al toro los palos y, después de dos ó tres salidas en Este, sin embargo, acude bien á los cabafalso, clava un par desigual. llos y toma con voluntad cuatro varas, perq Repite con otro regular, y cierra el tercio vuelve la cara en la quinta. Rolo con otro desigual. Fallecieron tres pencos. Bienvenida muletea al bicho cerca y tranGonzalito y Pataterillo cumplen con los quilo, pero sin sujetarle ni en un solo pase. rehiletes, y Martín Vázquez, después de una Mostrando grandes deseos de acabar, lar- faena que tiene más- de sosa que de divertiga un pinchazo bien señalado. da, da media estocada atravesadilla. Nuevos pases, otros pinchazos entrando Después intenta el descabello y acierta al mal y da media estocada atravesada mar- tercer golpe chándose del muado. (Pitos. (Desfile delx aburrido y respetable pú- Sigue pasando, y ¡Vente al dos entra áe blico. irTJI líHHlliiltiillíniMniinnilni: miEiisnriEi