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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO: CABLE TELÉGRAFO Y TELEFONO W DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO y Y TELEFONO A f Ü M A D R I D UNA BODA ARISTOCRÁTICA LA SRTA. HORTENSIA CASTEJON, HIJA DEL MARQUES DEL VAD 1 LLO, Y SU ESPOSO EL SR. BELESTA Y EL 1O AL SALIR DE LA IGLESIA CATEDRAL, DONDE SE CELEBRO SU BODA AYER MAÑANA Fot. Alba DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN BERLÍN pRAULElN EDITH En la pensión donmedio de mi cuarto, vive Fraulein Edith, una conocida artista de los cabarets berlineses... Nuestras habitaciones se podrían comunicar por una puerta qae está condenada y cubierta con un armario. Por las mañanas, el paso del regimiento que ya á relevar la guardia de Palacio nos despierta con el chinchín estruendoso de la charanga. L, a señorita Edith y yo sabemos que son las once de la mañana... Y nos levantamos. Mientras me lavo oigo á la artista hacer gorgoritos, probar notas difíciles y tararear ügúu estribillo de sus cuplés... Después toca el timbre, pide el baño y se chapuza dando jrititos. La señorita Edith es una nerrnosa ruoia de Munich que adora la cerveza y las canciones sentimentales. El espectáculo en los cabarets berlineses comienza á las doce de la noche y dura hasta las cuatro de la madrugada. Fraidein Edith entra en casa todos los días con sol. g Jja J -Oj p a r e (j p O r He preguntado al patrón de la pensión, porque nosotros los españoles llevamos siempre dentro un Don Procopio, y la ¡rubia es gentil y airosa, viste con elegancia y posee un. atractivo irresistible. El patrón ha sonreído y me ha dicho: ¡Solide! Esto quiere decir que la señorita Kdith es seria, formal, virtuosa, en una palabra. Ser solide es el mejor elogio que puede hacerse de una alemana en general, y de una artista de cabaret en particular. Pero me he mostrado un tanto incrédulo. ¡Cómo! -he dicho al patrón. -Una muchacha que sale de casa á las once de la noche, que tiene que estar alternando con un público bullicioso de cocoftes y oficiales de la guardia, que se retira á las tantas de la mañana, que es linda como un amor y alegre como unas Pascuas, una muchacha así... es ¡Solide! por las mañanas el relevo de la guardia pasa debajo de nuestras ventanas, la señorita Edith comienza á golpear en la pared con una zapatilla, para despertarme, y grita: ¡Guien morgen, Herr Cadenas! T e sobremesa, Fraulein Edith alegra la pensión con sus canciones, cuando las canciones que quiere cantarnos son divertidas, y nos entristece mnchísimo si, por el contrario, se arranca con alguna de estas lloronas baladas á que tan aficionadas son las alemanas. Entonces parece que en su garganta se atropellan los sollozos, sus ojos brillan como si las lágrimas pugnaran por salir, y el piano gime doloroso. A mí las impresiones tristes a l a hora del café me cortan la digestión; pero á estos buenos alemanes los sucede todo lo contrario, y prin cipalmente las canciones sentimentales los ¿de? Bl patrón afirma enérgicamente con la dan una sed terrible, porque piden jarros de cerveza á cada instante. cabeza. Las canciones de la señorita Editn nos- ¡Sóüdef- -tepite lacónico, ¡Solide. Y hemos hecho amistad la señorita Editb hablan siempre de una muchacha abandoy yo, charlamos y reimos como buenos ca- nada por su amante, que busca trabajo y no maradas, me cuenta cosas de la vida íntima lo encuentra, que se ve despreciada por el de los cabarets berlineses, y ahora, cuando mundo y que muere en un rincón cuando el