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A B C M A R T E S 18 D E MAYO D E 1909. EDICIÓN PAG. ñe las pequeñas venas deprimidas de los párpados Bajo, la presión de un horror y espanto indecibles, que el lenguaje humano no es bastante enérgico para expresar, parecióme que los latidas de mi corazón cesaban de SECCIÓN LITERARIA pronto y que mis miembros auedaban rígidos. Sin embargo, el sentimiento del deber me devolvió, al fin, mi sangre fría; no podía POR EDGARDO POE dudar más tiempo que habíamos hecho VI prematuramente los preparativos fúnebres. Encontré el vino, atravesé de nuevo la Rówena vivía aún; era necesario practicar habitación, y llenando un vaso acerquéle al punto un reconocimiento; pero como la á los labios de mí desvaneelda esposa. Ha- torre estaba completamente separada de la bíase recobrado un poco, y tomó el vaso parte de la abadía habitada por los criadas, ella misma, mientras que yo me dejaba y no había nadie al alcance de mi voz, no caer en la otomana, con los ojos fijos en su podía llamar á ninguno, á menos de abanpersona. donar la habitación, á lo cual no me atrevía. Entonces fue cuando oí claramente un Esforcéme, pues, para volver de nuevo á ligero ruido de pasos en la alfombra y cer- la vida aquel cuerpo que parecía luchar aún ca del lecho; y un segundo después, cuando con la muerte; pero al cabo de un rato muy Uówena aproximaba el vino á sus labios, breve prodújose una marcada recaída; el vi- -tal vez lo soñara, -vi caer en el vaso, color desapareció de las mejillas y dé los como de alguna iuente invisible, suspendi- párpados, dejando una palidez más que da en la atmósfera de la habitación, tres ó marmórea; los labios se oprimieron con más cuatro gotas de un fluido brillante de un fuerza en la impresión espectral de la muercolor de rubí. te; una frialdad y una viscosidad repulsivas Yo lo observé, pero Rówena no vio nada; se extendieron al punto por toda la superfiapuró el vino sin vacilar, y yo me guardé cie del cuerpo, é inmediatamente sobrevino muy bien de hablarle de una circunstancia la completa rigidez cadavérica; entonces que, bien mirado, sólo debia considerar déjeme caer, estremecido, sobre el lecho de como una alucinación de mi espíritu, cuya reposo, y me entregué de nuevo á mis apaactividad morbosa se acrecentaba por todo, sionadas contemplaciones v á mis sueños por los terrores de Rówena, el opio y la hora. sobre Wgeia. Sin embargo, no pude menos de reconoAsí transcurrió una hora, cuando de proncer que después de la caída de las gotas ro- to- ¡sería esto posible, gran Dios! -percibí jizas verificábase un rápido cambio, que de nuevo un ruido confuso que partía de la agravó la dolencia de mi esposa, tanto, que región del lecho. Escuché, poseído de hoá las tres noches las manos de sus servido- rror, y el sonido se repitió; era un suspiro. res la preparaban para la tumba, mientras (Concluirá- que yo estaba sentado solo ante su cadáver, envuelto en el sudario, en aquella f antásti- -ca habitación donde recibiera á la joven es- posa. Extrañas visiones engendradas por el opio revoloteaban alrededor de mí, como sombras, y maquinalmente comencé á pasear una inquieta mirada desde los sarcó- preliminares. fagos que ocupaban los ángulos de la habi- Si hubiéramos de ajustamos al molde ítación hasta las figuras movibles del tapiz clásico en este género de trabajos periodísti- y los fulgores cambiantes de la lámpara del eos, hoy comenzaría la revista con una lartecho. Mis miradas se fijaron de pronto, ga tirada de versos para cantar la alegría 1 cuando trataba de recordar las circunstan- de la fiesta, la animación que en la calle se 1 cias de la noche anterior, en el mismo pun- observa, el entusiasmo que en los aficiona- to del círculo luminoso donde vi las ligeras dos se advierte, las flores, el sol, los manhuellas de una sombra; pero ya no estaba; tones de la China, cuanta hermosura enciey entonces, respirando más libremente, rra, en fin, el espectáculo, repitiendo con el miré la pálida y rígida figura tendida en el poeta: lecho. Al punto evoqué mil recuerdos de Toros quiere decir Goya, y á mi corazón afluyó, con la tutoros quiere decir alma, t multuosa violencia de una marea, el inteny quiere decir ealesa, 1 so dolor que había sentido tuando la vi, á y da á entender arrogancia ella también, en su sombra. La. noche y es como decir manólas, avanzaba, y siempre con el corazón lleno y Sevilla y la Giralda, de los tristes pensamientos de que ella y mantones de Manila, era objeto, ella mi- único y supremo amor, y gitanos y gitanas, permanecí con la vista fija en el cadáver de y recuerda las flamencas, Rówena. y el sonido de guitarras, y la mezquita de Córdoba, Podía ser la media noche, tal vez más, y las flores de Granada quizá menos, pues no me había fijado en el y las miradas de fuego, tiempo, cuando me sobresaltó en medio de y la incomparable capa, mi meditación un sollozo muy ligero pero y el Jerez y ¡Manzanilla, bien distinto; sentí que provenía del ley lasjuergas y las cañas; cho de ébano, del lecho de muerte, y apliqué el oído con angustia y supersticioso pero aparte de que, como puede verse por el adjunto botón de muestra, cuanto nosterror; pero el sollozo no se repitió. Entonces quise obligar á mis ojos á reco- otros pudiéramos decir por propia cuenta se nocer un movimiento cualquiera en el cuer- ha escrito, ya en verso, ya en prosa, infinipo; mas no observé nada. Sin embargo, era dad de veces, es el caso que el sol nos hizo imposible que yo me hubiese engañado; yo marro desde las primeras horas de la mañahabía oído el sollozo, aunque muy ligero, y na, y los aficionados de buena cepa, y aun mi espíritu estaba bien despierto en aquel muchos que no lo son, pero que han venido K Instante. Por lo mismo, fijé resuelta y tenaz- de lejanas tierras para ver y aplaudir las mente mi atención en el cadáver; transcu- alegrías de Bombita, el valor temerario de rrieron algunos minutos sin el menor inci- Machaco y el arte de Cochero, se pasaron dente que arrojase alguna luz sobre aquel las horas consultando tratados de Meteoro misterio; pero al fin me convencí de que logia y mirando al cielo para convencerse una ligera coloración, apenas sensible, in- de si las nubes presentaban la forma de cúÍ, erau simplemente mwó teníaa el vadía las mejillas y se infiltraba á lo largo No sabemos si la adaracióu atisfafa álos inlenibros de la Junta Consultiva de Teatros, 6 si éstos persistirán en su idea de presentar la dimisión de sus cargos. aspecto de los nimhns, que por ser de lluvia eran ayer las más temidas Con este motivo hubo casi tantas discusiones como la tarde anterior por la devolución de los billetes, y cuando llegó la hora de la corrida, todos los espectadores sabíanse de memoria la teoría de los vapores vesiculares que defendieron Saussure, Bravais y otros físicos, y aun las hipótesis que acerca de las nubes y las nieblas sustentaron Desagulíers y Monge; y conste, para evitar reetificaciones, que este último no es el conocido contratista de caballos del mismo apellido. Quedamos, pues, en que transcurrió JLa mañana estudiando la gente Meteorología, observando la dirección del viento, midiendo su velocidad y haciendo diversos cálculos, bien distintos de los de años anteriores; pero como todo tiene fin en este mundo, -y cuenta que no es nuestro tan profundo pen samiento, sonó la hora de la fiesta, y el pú blico, libre ya de tan cruel ansiedad, dirigióse al circo taurino como en Bilbao acostumbra á ir á toda clase de espectáculos al aire libre, es decir, pertrechados de paraguas, impermeables y chanclos de goma. ¡Por algo toreaba el Cocherito de la ia victa villa! A specto de la plaza. La plaza presentaba, á pesar de los chaparrones de estos días y de la suspensión, magnífico golpe de vista, pues, como otros años, había en los palcos y gradas muchos mantones de Manila, muchas flores y muchas caras bonitas. L, 2 L entrada, en resumen, excelente; pero no así los asientos ni el piso del redondel, no obstante las capas de arena con que lo arreglaron un tanto. Y basta de preámbulo, que salen las cua- drillas. El público recíbelas con palmas y algunos pitos. Ivos monos sabios- sacan las moñas detrás de las cuadrillas y comienza 1 1 a corrida. Rompe plaza un veragüeño negro CQÜ bragas, que atiende por Timo. Es graade, gordo y de preciosa lámina. Bombita le da cuatro verónicas, y el toro se va; pero el diestro vuelve á recogerlo y oye palmas. Tirao se declara manso á continuación y busca á toda costa la salida; pero toma, aunque de refilón, cinco varas por tres caídas, y se libra del fuego. Morenito toma las de lujo, y el bicho se le arranca, dándole un susto mayúsculo; pero ya tranquilo, deja un par muy bueno á la media vuelta. El Barquero deja otro de poder á poder superiorísimo (Palmas. y repite Moreno con otro aceptable. Ricardo Torres váse al de Veragua, que está cobardón y defendiéndose en las tablas, y le da algunos pases excelentes, sufriendo de primeras un desarme, y cuando cuadra el buey entra para dar un pinchazo bien señalado. Más pases y, frente al 10, atiza otro pinchazo peor que el anterior, media estocada baja, cuarteando, é intenta el descabello, acertando al segundo golpe. (Pitos. Cegundo. Valentón, negro mulato, listón, ae Santa Coloma. De salida arremete con el Gordo, derribándole y cebándose materialmente en el caballo. Machaquito le da unas verónicas superiores y á continuación una larga magistral. (Ovación. Cocherito oye también paimas en un quite Valentón toma cinco varas por tres c idas y dos caballos muertos. Cantimplas deja uu waeu par de f. en LA VOLUNTAD LA CORRIDA DE BENEFICENCIA