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A B C. DOMINGO 16 DE MAYO DE 1909. EDICIÓN 1. PAG. 8. y jAyT, creo que se hubiera podido reconocer un principio de enajenación mental en los espléndidos 3 fantásticos tapices, en las soberbias esculturas egipcias, en los extravagantes muebles y en los ricos arabescos con que yo engalané mi retiro. Habíame convertido en esclavo del opio, que me tenía en sus redes, y todos mis trabajos y mis planes tomaban el color de mis sueños; pero no me detendré en detalla r ef. ios absurdos; hablaré sólo de aquella habitación ¡maldita donde, en un- momento de extravío, conduje al altar y tomé 1 por esposa- ¡después de la inolvidable Ligeia! -á ¡á señorita Rówena Trevanión de Trejnainc, ¡a de la blonda cabellera y de los ojo; azules. Ni un solo detalle de la arquitectura ó del decoiado de aquella cámara nupcial deja de estar presente á mi vista. ¿Dónde tenía el espíritu la orgullosa familia de la desposada cuando, movida por la sed del oro, permitió á una hija tan tiernamente querida traspasar el umbral de una habitación decorada de una manera tan extravagante? He dicho que recordaba minuciosamente los detalles de aquella habitación, aunque mi triste memoria pierde á menudo cosas de rara importancia. Y, sin embargo, no había en aquel lujo fantástico sistema ó armonía que pudiera imponerse al recuerdo. La cámara formaba parte de una alta torre de aquella abadía, fortificada como un castillo; tenía la forma pentagonal y grandes dimensiones. Todo el lado Sur del pentágono estaba ocupado por una ventana única, formada con un inmenso cristal de Venecia, de un solo pedazo y de color obscuro; de modo que los rayos de la luna diíundían sobre todos los objetos interiores una luz siniestra al atravesarle. Sobre aquella enorme ventana prolongábase el enrejado de una antigua parra, cuyas hojas trepaban por las macizas paredes de la torre. El techo, de encina casi negra, era sumamente alto, afectaba la bóveda y tenía adornos de los más fantásticos, de un estilo que participaba á la vez del gótico y del druídico. (Se continuará, VISITA A UNAS OBRAS DE SOCIEDAD Ha regresado á Madrid la bella señora de Beistegui, esposa del ministro de Méjico. Se ha impuesto el nombre de Alvaro al último hijo de los marqueses de Zahara. En Madrid se ha verificado la boda de la señorita doña Paula Ramón y Cajal, hija del ilustre sabio D. Santiago, con el doctor don Ángel Cañadas. Se halla en Londres lady de Bunsen. El embajador de España en el Quirinal ha salido de Roma para pasar algunos días en Madrid, aprovechando su estancia para jurar el cargo de senador. De Jerez han llegado las señoritas de Sánchez Romate. Se encuentra enfermo el diputado á Cortes por Alcalá de Henares D. Lucas del Campo. Deseamos su pronto restablecimiento. -De París telegrafían que el marqués de Casa Riera ha vendido en una fuerte suma el palacio que tiene en la calle de Alcalá, de Madrid, y las casas adyacentes. Se insiste en que ét hermoso palaeio será pronto domicilio de la Peña. A la temprana edad de diez y nueve años ialleció ayer en esta eorte la señorita María del Carmen González y Geigel, á cuya distinguida familia damos nuestro pésame. fstas informaciones, lector, sobre las que sueles fijar tu vista distraída y tu atención, de continuo ocupada en otros menesteres de índole diversa, no sabes á veces qué de fatigas y quebrantos proporcionan al pobre periodista que se afana en obtenerlas y á que lances, saladísimos en ocasiones, peliagudos en otras, dan lugar rjara satisfacer tu curiosidad, siempre ávida é insaciable. Figúrate á unos (mantos de esos periodistas acompañando á unos señores muy serios y resp etables, que salieron ayer muy de mañana de la eorte, después de pasar la noche de claro en claro, para contemplar en El Escorial las importantes obras que su Municipio realiza con objeto de surtir de aguas al ve indario y de buscar fuerza motriz en cantidad suficiente, y que para ello tuvieron que pasar el día pntre turbonadas, sustos, tormentas y demás excesos; ascender á lo más alto de la Sierra, llegando hasta los r. 700 metros sobre el nivel del mar, y estar en jaque doce horas, viajando, ora en el tren, ora en automóvil, ora á lomos de un blas coceador y zaragatero, ó ya sobre los durísimos asientos de un desvencijado ómnibus. Si te place el preámbulo y quieres conocer la verídica historia de un día de San Isidro pasado por agua en el Real Sitio de San Lorenzo, no hagas punto y prosigue la leetura. El diputado á Cortes Sr. Azopardo; el secretario del Gobierno civil, Sr. Gutiérrez de la Vega; los diputados provinciales señores Goitia, Montoya y Ramírez Tomé; los funcionarios de la Diputación y del Gobierno civil Sres. Viñals, López Mora, Riera, Vigil, Carnicer y Goyanes, y los periodistas Sres. Rivera, Mariano, Alonso y Cifuentes, fueron ayer á El Escorial para presenciar las obras de referencia. El alcalde del Real Sitio, D. Nicolás Serrano; el juez de primera instancia, don Francisco Fabié; el administrador del Real Patrimonio, Sr. Martín; los concejales señores Rodríguez Arce, Pascual, Mateos, Arribas, Pita, Martín (D. M. y D. P. Llórente, Calle y Santos, y el secretario del Ayuntamiento, Sr. Gómez, y otras muchas personas esperaban á los expedicionarios en la estación. Como en ésta á la llegada del utren no llovía, que diluviaba, fue preciso meterse á todo escape en unos automóviles de antemano preparados y subir en cuarta velocidad la empinada cuesta que conduce al pueblo. Ya ea él, y tras una breve visita al Monasterio, los excursionistas se dirigieron al Ayuntamiento, en donde la acertada previsión de las autoridades de San Lorenzo teníales preparada una grata sorpresa, muy en consonancia con lo desapacible del día. Los gabanes cortesanos fueron trocados por recios capotes de campo y amplios impermeables; quiénes colocáronse zahones á la cordobesa; quiénes, polainas que resguardasen las piernas de las caricias no siempre agradables de las jaras y de los enebros, y en tal guisa, así disfrazados, los viajeros montaron en los Blases para tal fin dispuestos á la salida del pueblo. Hubo de todo: sustos, caídas, revolcones, rocines que cocean, otros que se atraviesan en la vereda y no quieren andar, y así, subiendo siempre repecho arriba, y siempre bajo la lluvia torrencial, se salvaron en poco más de dos horas los siete kilómetros de ascensión al puerto de Malagón. Este es el punto en que están realizándose las obras de la presa que se construye; mide el embalse una extensión de 70.000 metros cuadrados, tendrá capacidad para í. óoo. ooo metros cúbicos de agua, y ésta, EN EL ESCORIAL después de atravesar en túneles por los cerros, se precipitará eu un salto de 500 me tros de altura, para dar fuerza y producir electricidad y ser dedicada al abastecimíento del vecindario. El gasto, no sólo para estas obras, sino para lo que importe la red de distribución, dínamos, tuberías, etc. se calcula que ascenderá á 700.000 pesetas; en lo realizado se llevan invertidos tres meses de trabajo, y calcúlase que en otros diez podrá estar terminado el total. Dirige estas obras el señor Larrucea, y quiere el Ayuntamiento que de la dirección facultativa se encargue el ingeniero de la provincia Sr. Riera. Ya está construido un depósito de distribución capaz para 3.800 metros cúbicos de agua. Cerca de la presa, y en la casa destinada á los obreros, sirvióse á los expedicionarios un suculento almuerzo, así como suena, sucu lento, y, pásmate, lector: allí, á 59 kilómetros de Madrid y á r. 700 metros sobre el nivel del mar, un maitre d hotel de verdad y varios camareros ¡con media de seda, casaca y zapato de charol! sirvieron á los treinta y tantos comensales y escanciaron los vinos como pudiera hacerse al más exigeate gourmet de la corte. Terminado el festín, formóse nuevamente la caravana; los treinta y tantos jinetes tornaron sobre sus cabalgaduras, y una clara en el horizonte, ¡picara clara, qué cara salió! hizo á los más arrojados concebir la idea de visitar el Pico de Benito, á tres y... pico de kilómetros más allá, y desde el cual se divisa Madrid é infinidad de pueblos, poblachos y pueblecilíos. Fue llegar al pico, y una tormenta espantosa se formó sobre las mismas cabezas de los espontáneos alpinistas; maugas de agua, viento huracanado, granizo, rayos, relámpagos, truenos, el firmamento que se venía abajo, las sendas que se convertían en arroyos; ¡esto era á las tres! en fin, que tres horas más tarde, y después de haberse caído gran parte de los rocines y escapádose otros, los quince madrileños, empapados hasta los huesos, sin que capotes ni zahones sirvieran de nada, y tras un descenso más penoso que la subida, se secaban, tristes y contritos, en el Ayuntamiento, atendidos, eso sí, con un esmero, con una solicitud nunca bastante ponderada, por las personas de la localidad citadas anteriormente. La expedición, á pesar de todas estas peripecias, resultó agradabilísima, quizá por ese mismo incentivo de la novedad. Los viajeros regresaron á Madrid á las ocho de la noche; y recuerda, lector, que á esa hoja también diluviaba eu la corte... CASAS BARATAS PARA OBREROS f o n este título publica el distinguido le trado D. Pedro Luis de Elola un folleto en el que hace la enunciación de este vital problema de las sociedades modernas. El Sr. Elola estudia con acierto el fundamento de la cuestión, los términos en que deben intervenir en ella el Estado y el Municipio, y recomienda á la clase obrera, como medio el más eficaz para resolver las dificultades, la creación de cooperativas y el seguro mixto, El autor ofrece dedicar una segunda parte al estudio práctico- estadístico de las casas de Madrid, y llama especialmente la atención sobre la necesidad de poner remedio al actual estado de cosas, del que el pueblo es la primera y casi única víctima. CONSERVACIÓN Y LIMPIEZA de tapices, alfombras y cortinas. Esteras japo nesas Esparteros, 3 Carmen, 20 y 2 í. 1 iir