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ABC. JUEVES i3 D E MAYO D E 1909. EDICIÓN i. P A G la galería para darle salida era uno de Ios jardinillos situados á la parte izquierda del edificio; pero parece q, ue los reclusos habían echado mal los cálculos, hallándose completamente desorientados; de no ser así, dada la extensión del escalo, unos diez metros, la galería hubiera ya tenido salida. A REVISTA ILUSTRADA Se calcula que han tardado unos dos meses en tales trabajos. En la galería se encontraron uu botijo lleno de agua, una alcotanilla, varios hierros de cuma, cinco bujías y un fuelle U I 1 os vigilantes dieron inmediato conoci miento de lo que ocurría al jefe interiEN TODA ESPAÑA no de la prisión, Sr. Junquera, quien dispuso que con los reclusos fueran tomadas las para ellas era vo el más ferviente astró- precauciones de rigor. Después dio á su vez conocimiento al Juznomo! Entre las numerosas é incomprensibles gado de guardia y al director general de anomalías de la ciencia psicológica, no hay Prisiones. A las siete de la tarde se constituyó el juez, caso alguno más excitante, por más que de él no se hable en las escuelas, según creo, del distrito de Palacio, Sr. Armenteros, en la que aquel en que, al esforzarnos para traer prisión celular. Recibió primeramente declaración á lo? á la memoria una cosa olvidada hace largo tiempo, nos hallamos á menudo en el bor- empleados de servicio en la primera galede mismo del recuerdo, sin poder acordar- ría, que son los que descubrieron el intento nos. ¡Cuántas veces en mi ardiente análisis de fuga, relatando minuciosamente la forma de los ojos de L, igeia creía estar próximo al en que lo llevaron á cabo. Después el juez practicó una inspeceióu completo conocimiento de su expresioV, sin po C $o btenerle, porque lo perdí al f i! Y ocular de la galería descubierta, inspección ¡oh, jfktraño misterio he hallado en los ob- de la que, por lo avanzado de la hora, no jetob más comunes del muado una serie de podemos dar detalles Una vez practicada la inspección, el juei analogías para explicarme esa expresión. Quiero decir que en la época en que la be- recibió declaración á los dos reclusos que lleza de I,i geia pasó á mi espíritu, instalán- intentaron fugarse. Entonces se descubrió la complicidad da dose en él como en un relicario, obtuve de diversos seres del mundo material una sen- otros dos reclusos, llamados Enrique L, uis sacipn análoga á la que se producía ea mí Martínez, condenado á treinta años de cabajo la influencia de aquellas grandes y lu- dena, y Modesto García uarcía. El García declaró que antes de comenzar minosas pupilas. De todas las mujeres que he conocido, la los trabajos encargaron á una mujer, cuyo plácida Ivigeia, á pesar de su aspecto de se- nombre ha ocultado, contase los pasos que renidad, era la presa más desgarrada por había desde el muí o de ronda á la alcantalos tumultuosos buitres de la cruel pasión. rilla exterior; pero no tuvieron en cuenta Y no podía evaluar esta última sino por la que los pasos de una mujer son más cortos dilatación milagrosa de aquellos ojos que que los de un hombre, fallando por esta me seducían y asustaban al mismo tiempo, causa el éxito de la empresa que habían por la melodía casi mágica, la modulación y acometido entre los cuatro. I, a Policía sigue la pista de la mujer que dulzura de su voz, y por la salvaje energía de las extrañas palabras que solía pronun- ha cooperado en el plan de fuga de los cuaciar, cuyo efecto redoblaba por el contraste tro reclusos. Modesto García, que había solicitado la con su número. conmutación de la condena que sufre por la (Se continuará, de destierro, obtuvo la negativa de su petición por haber dado malos informes íespecto de su conducta el entonces director, EN LA CÁRCEL MODELO D. Rafael Sahllas. insubordinó, INTENTO DE EVASIÓN lo El García lo supo y se de llamarle ápor que el Sr. Saliüas hubo su. K n nuevo y audaz intento de fuga se des- despacho para reprenderle. cubrió ayer en la Cárcel Modelo. García entonces dijo al Sr. Salillas: lie Próximamente serían las once de la ma- he querido escapar por el Gabinete antroñana cuando los vigilantes de la primera pométrico, pero no pude lograrlo. Sin emgalería observaron que la puerta del galá- bargo, prometo hacerlo en cuanto pueda, y pago, frente á la celda núm. 21, se encontra- lo haré, por mucho que me vigilen. ba abierta. En la creencia de que se intentaba ó se había intentado una fuga de presos, registraron el galápago y las celdas MATAQ T que en el mismo existen, notando en la número 21 que una de las losas del suelo estaAPOLO. BENEFICIO El popular y shnba removida. Entonces dichos vigilantes DEMONCAYO pático a c t o r José trataron de levantar la losa, consiguiendo Moncayo celebro su intento con feliz resultado, pues notaron anoche su beneficio, y, como todos los años, que había una verdadera mina, que iba á estuvo el teatro completamente lleno en las dar á uno de los jardines. cuatro secciones En dicha mina encontraron los vigilantes Con el fin de ciar atractivo al cartel, auná los reclusos Eugenio Dorado y Antonio que basta el anuncio de que celebra su bedel Castillo, los cuales ocupaban en la cárcel neficio el distinguido artista para que el las celdas números 900 y 942, de la quinta público acuda á demostrarle las simpatías galena. que por él siente, estrenóse un entremés dé L, os dos se entregaron sin oponer resis- los hermanos D. Jorge y D. José de la Cuetencia alguna. va, titulado ¡Buena recomendación! eme obI, os dos están cumpliendo condena co- tuvo cariñosa acogida. rreccional, y el primero es 2 a segunda vez I a obrita tiene, en efecto, algunas situaque intenta fugarse de la prisión, puesto ciones de gran fuerza cómica, que el públique ya figura como uno de los protagonis- co, después de reír de buena gana, premió tas de la última intentona. llamando al actor, no á los autores, cuatro ó La orientación que los reclusos daban á cinco veces. Átnaldo, D. Leopoldo R. Bueno, D. Crisanto Díaz Valeio, D. Gervasio González, don Fernando Díaz, D. José María Alvira, don Manuel Sierra, D. José Fernández, D. Abelardo Vidal y los alcaldes de barrio. Caro, D. Emilio Blanco, señor marqués de Mondéjar, D. Benedicto Antequera, don Francisco Duce, D. Juan Pérez Seoane, don Vicente Inórente, D. Vicente Navarro Reverter, D. Enrique lastran Bosch, D. Antonio Piera Ballester, D. Ginés Pereantón, D. Juan González Manzatiedo, D. Juan Molina, D. José Martín y los alcaldes de barrio. SECCIÓN LITERARIA Distrito de Palacio. -Don Ángel Fernández COMPRE USTED HOY JUEVES Y EL TEATRO LA VOLUNTAD POR EDGARDO POE II Examiné el contorno de la frente, alta y pálida- -frente irreprochable, ¡qué fría es la palabra, aplicada á una majestad tan divinal- -El cutis rivalizaba con el más puro marfil; la anchura, la expresión serena, la graciosa prominencia de la región de las sienes; la cabellera negra como el azabache, lustrosa, abundante, rizada naturalmente y mostrando todo el vigor de la expresión homérica, cabellera de jacinto tal era el coniunto admirable da la cabeza. Al contemplar las líneas delicadas de la nariz, no recordé haber visto sem jante perfección sino en los graciosos medallones hebraicos; presentaban el mismo tipo, la misma superficie tersa y uniforme, igual tendencia á lo aguileno, casi imperceptible; idénticas fosas nasales, armoniosamente redondeadas, que revelaban un espíritu libre. En cuanto á la boca, verdaderamente encantadora, era el triunfo de todas las cosas celestes; la vuelta graciosa del lado superior, algo corto; la expresión voluptuosamente tranquila del inferior; los hoyuelos y el color, por demás expresivos, y los dientes, en que iban á reflejarse como una especie de brillo los. rayos de la suave luz producida por las sonrisas serenas y plácidas, pero siempre triunfantes. Analicé la forma de la barba, y en ella observé también la gracia, los suaves contornos, la majestad, la plenitud y el esplritualismo griegos; ese contorno que el dios Apolo solamente reveló en sueños á Cleótuenes, hijo de Cleóme nes de Atenas. Por lo que hace á los ojos, no encuentro modelo en la más lejana ¡antigüedad; tal vez en ellos se ocultaba el misterio de que nos habla lord Verulam; creo que eran más grandes que los del resto de la humanidad, más rasgados que los herniosos ojos de gacela de la tribu del Valle de Nourjahad; pero sólo á intervalos, en momentos de excesiva animación, notábase singularmente esta particularidad. En tales instantes, su belleza era, ó por lo menos así parecía á mi espíritu enardecido, la belleza de la fabulosa Hurí, de los turcos. L. as pupilas eian d ua negro brillante, y las pestañas, muy largas; las cejas, de un dibujo ligeramente irregular, tenían el mismo color; pero la extrañeza que yo observaba en los ojos no dependía de su tinte, de su forma, ni de su. brillo, y, por lo tanto debía atribuirse á la expresión. ¡Ahí, ¡palabra sin sentido, vasta latitud en que se concentra toda nuestra ignorancia de lo espiritual! ¡Iva expresión de los ojos de I,i geia! ¡Cuántas largas horas he meditado sobre ella! ¡Cuántas veces, durante toda una noche de verano, me esforcé para sondearla! ¿Qué era ese no sé qué, esa cosa más profunda que el pozo de Demócrito, que estaba en el fondo de las pupilas de mi amada? ¿Qué era; 1 Estaba ansioso por descubrirlo. ¡Aquellos ojos, aquellas grandes pupilas habían llegado á ser para mí las estrellas gemelas de L, eda, y