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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO Y TELÉFONO W DE TODO EL MUN DO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO) g gY TELEFONO i í 1 I y V Í t: k Jf Mk ¿i: A ¿t 14 f -S f BARCELONA. LOS RESTOS DEL OBISPO MORGADES SALIDA DE LA CATEDRAL, DONDE ESTABA ENTERRADO, DEL FÉRETRO QUE CONTIENE LOS RESTOS DEL OBISPO QUE FUE SR. MORGADES Y GILÍ Fot. DE NUESTRO CORRESPONSAL A B C EN ROMA UA SANTA SEDE Si no mienten los rumores qne hasta mí riar, á consecuencia de la asistencia á las fiestas de la beatificación de Juana de Arco de los obispos franceses, la orientación de las relaciones entre la Santa Sede y Francia. El Gobierno de la República está muy preocupado con motivo de la lucha que sostiene contra el sindicalismo revolucionario. Este constituye un peligro grave, y Mr. Clemenceau ha comprendido, quizá demasiado tarde, que puede surgir un trastorno revolucionario. Al acudir á los elementos conservadores en demanda de auxilio, ha visto el presidente del Gabinete francés que esos elementos eran más revolucionarios aún que los sindicalistas, aunque en sentido opuesto. Dicen que no sabiendo ya qué hacer, Mr. Clemenceau piensa en emprender una polítiea menos hostil al Vaticano, porque comprende que éste es el único medio de halagar á los conservadores. Por otra parte, la Santa Sede, después de oir á los obispos que vinieron á Roma, se ha daáo cuenta de la situación de la Iglesia de Francia y de las miserias materiales que tienen que sufrir los curas franceses. De manera que esa resistencia enérgica de que habló Pío X en el discurso que dirigió á los peregrinos franceses puede convertirse en una fórmula teórica é ideal, pues es peligroso para el catolicismo y para la Iglesia qué esa fórmula se tome al pie de la letra. Por eso un obispo muy patriota, muy prudente y muy culto, Mons Dadalle, obis po de Dijóri, ha sido- -según cuentan personas bien informadas- -muy bien recibido por el Papa cuando comunicó á Su Santidad su modo de pensar acerca de un mpdus vivendi tácito, de un plan para llegar á un acuerdo que daría mayor tranquilidad al Gobierno republicano y que al mismo tiempo contribuiría á que sea un hecho la paz religiosa en Francia. Después de esta conferencia es cuando la Congregación del Santo Oficio ha aprobado lá conducta del arzobispo de París, monseñor Amette, que había sido denunciado como calpable de ser demasiado complaciente con el Gobierno de París. Monseñor Amette, absuelto ya por el Santo Oficio, fue recibido por Pío X como lo hubiese sido en vida su predecesor, el cardenal Richard. El Papa le dijo que estaba dispuesto á hace justicia, y hasta le habló de una solemne reparación, haciendo evidentemente alusión á la púrpura cardenalicia. Existe otro dato. Monseñor Fuyet, arzobispo de Rouen, acusado de republicanismo y hasta de pertenecer a l a francmasonería, ha sido agasajado por Pío X, dirigiéndole éste elogios que sus colegas oyeron. Por fin, Mons. Mígnot, obispo de Albi, que fue denunciado al Vaticano como partidario del Gobierno de Mr. Clemenceau, cuando estalló un conflicto obrero en su diócesis, y que se disculpó por no asistir á las fiestas de la beatificación de Juana de Arco, ha recibido del Papa una carta autógrafa muy halagüeña. También se dice que para coronar su obra, el Papa ha alejado de Roma al sacerdote que denunció á Mons. Amette. De manera que el Soberano Pontífiee adopta con Francia una nueva política, con gran disgusto de sus habituales consejeros, y, entre ellos, del cardenal Gotti, conocido por su hostilidad á Francia, y del cardenal Vives y Tuto, partidario convencido de la lucha sin cuartel. ¿Qué modificaciones van á introducirse en las relaciones entre Francia y el Vaticano?