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CARTAS A PEPE L PAN NUESTRO... La buena Florita ha estado algo enterma, y eon este motivo pude comprobar lo mucho que la quiere y respeta su marido. La intensidad de su dolor me conmovió. Temiendo perderla sin ver realizados sus anhelos paternales, pasó mi ahijado muy malos ratos; pero esperamos que todo pasará lo mejor posible y pronto un niño vendrá á aumentar las alegrías de estos humildes amigos. Acaso entonces las preocupaciones é inquietudes se acentúen, ¡pero eso qué importa cuando hay amor en el hogar! Como brutal contraste á estas conmovedoras escenas entre dos seres que viven el uno para el otro, presencié un cuadro tristísimo, aterrador, que sirvió de ejemplar enseñanza á varios jóvenes alumnos de Medicina. Presentóse en el Hospital Clínico á la consulta de enfermedades de la infancia una pobre mujer, viuda, con tres niños. El metlor, de cinco meses, una niña extenuada, flaquita, con el rostro avispado y fruncido de viej? otro de cuatro años, gravemente enfermo, y el mayor, de ocho años, que representaba menos de seis. Aquellos infelices no tenían hogar. El padre, panadero, enfermó del corazón (probablemente sería tuberculoso) y fue á morir á su tierra, quedando en el más absoluto desamparo madre éhijos. La infeliz mujer no podía trabajar asistiendo á las casas; la arrojaron del cuarto. Los mueblecillos fueron vendidos para costear el viaje del marido, y por caridad otro pobre obrero les tenía recogidos en su humilde casa. Para ampararles no tuvo que hacer expedientes ni recibir solicitudes. Así es la caridad humana verdadera. No pudimos admitir al pobre niño en la Clínica por falta de cama; en otros hospitales había ocurrido lo mismo. La socorrimos apenados, dirigiéndonos á quien podía facilitar la solución del conflicto, pero la autoridad nos respondió que se había prohibido el ingreso de niños en los asilos durante las circunstan cías sanitarias actuales. Nos dirigimos á otras Sociedades benéficas, pues no era posible dejar sin alimento y protección á esos desgraciados y sin el pan nuestro que pedimos á Dios cada día, ese pan tan amargo en ocasiones gracias á la sequedad de alma de buena parte de la sociedad contemporánea. El problema de la mendicidad agobia y preocupa á todos; pero fuerza es convenir que en casos como el citado el implorar la caridad pública poruña madrees obra santa. ¿Con qué derecho se perseguirá á la que carece de elementos para alimentar á sus hijos y se ve privada de todo auxilio? Antes de eso es urgente que las gentes honradas y buenas se dediquen á descubrir tantas desventuras como existen en la sombra, que no salen á la superficie, que se reúnan los caritativos y organicen socorros inmediatos. La pobre madre de que te hablo vio morir en sus brazos á uno de sus hijos; pero yo espero que se salvarán los otros dos. Como ésa hay muchas. Los mendigos profesionales que recorren las calles excitando la piedad ó el terror de los transeúntes son distintos á estas desventuradas criaturas, que sólo son conocidas por unos cuantos Por esta causa, ahora que todo sonríe en la Naturaleza, cuando la primavera se presenta espléndida y bella, y brilla el sol, y cotíesanos del dolor. el amor triunfa, y gozan los felices, es mas tremendo el contraste que ofrece ver tan terribles cuadros de miseria. Al saborear á diario el pan nuestro, no olvidemos á los infinitos seres que carecen de él mereciéndolo tanto, por lo menos, como nosotros. el vaso hay que seguir el mismo procedí- 1 miento (Fig. 2. a) que con la cuchara, lavándolo en agua muy caliente. Si es de cristal no ha de tener las paredes ARTE DE CUIDAR A LOS NIÑOS LIMENTACION El biberón, el vaso y la cuchara son los tres ARTIFICIAL pro cedimientos p a r a alimentar al niño. Aun cuando parezcan nimios estos consejos, tienen, sin embargo, una importancia extraordinaria. Ante todo, deben estar siempre estos objetos muy limpios. La cuchara, que no deberá ser grande, prefiriéndose el tamaño de las llamadas de afé, antes de utilizarla se sumergirá en agua hirviendo, no secándola, pues la servilleta, á menos de no salir de una estufa, puede contener microbios. Una vez seca, se sumerge la cuchara en la leche, que estará á 37o. De las condiciones de la leche nos ocuparemos en otra ocasión. Importa mucho que el niño esté bien colocado, pues de lo contrario no tragará bien. Una de las buenas posturas es la indicada en la figura i. a. FlG. 3 a FIG. 4.1 FlG. 1. a Fia. 2. a Se le sujeta eaa e las piernas de la madre para que esté de pie; con el brazo izquierdo se levanta la cabeza, sujetándola, pudiéndola apoyar en el antebrazo para tener en la misma mano el vaso. Con la mano derecha se llena la cuchara, aproximándola á los labios y haciendo que el líquido se deslice suavemente en la boca. El niño hace en seguida movimientos de sueción; practicando con suavidad este procedimiento, y sobre todo, teniendo la cabeza del niño erguida, no hay peligro de que se atragante ni de que trague aire. Baste recordar lo que nos ocurre cuando estamos en cama y tratamos de beber acostados para comprender los peligros de introducir líquidos en las fauces de los niños hallándose su cabeza en plano inferior. No debe echarse el líquido de golpe ni con precipitación, pues podría perjudicarse al niño, atragantándose y cayendo aquél en la laringe. Con finas, pues en los niños mayores es fácil que lo rompan con los dientes. El niño necesita tiempo para tragar; muchas veces devuelve la leche como si la escupiera, lo cual depende de que se introdujo gran cantidad de una vez, y ocurre lo mismo que si se echa en un embudo de golpe mucho líquido. Casi- siempre tarda el niño un cuarto de hora en tragar la ración ordinaria de leche. Con el biberón deben seguirse los mismos cuidados (Figuras 3 a y 4. a) Algunas madres suelen poner el biberón en la boca del niño, aeostado, dejándole que mame; otras utilizan un biberón con tubo interior de goma, el cual está desechado por perjudicial (Figuraa 5. a) El mejor es el modelo de la figura 6. En ningún caso debe añadirse más leche al biberón ni aprovechar la que quede en el frasco. Previamente se calculará su ración, teniendo en cuenta que aun cuando parezca esto exagerado, es lo más conveniente para el niño. En efe o los que son tragones digieren bien y es oportunoque descansen de vez en cuándo, pues de lo contra- so es fácil que e! estómago devuelva toda la leche. Si el niño rechaza el alimento es porque no se halla bien ó está incómodo. En ningún caso debe forzarse a la alimentación, Fie. 5. a FIG. 6. salvo cuando por grave dolencia ó iniposibilid m tísica de tragar sea preciso practicar el sondaje, acere del cual se hablará otro día. En suma, para que sea provechosa la alimentación artificial es indispensable: La limpieza de los objetos todos que S 3 utilicen. La buena temperatura de la leche.