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H B C SÁBADO 1 DE MAYO DE 3909. EDICIÓN i. PAG. 8. T ON 1) B ESTA EL NIÑO? Esta es la preJ- -JJ gunta que nos hicimos cuantos asistimos ayer tarde en la Sección cuarta á la vista de la causa seguida contra una mujer llamada Ana Reyes. Porque, en efecto, se sabe que Socorro Ayllón dio á luz un niño en la Casa de Maternidad; sábese igualmente que Socorro entregó la criatura á la referida Ana; que la madre consintió en separarse de su hijo porque la aseguraron que lo vería con frecuencia y tendría la satisfacción de que se lo criaran en la casa de unos señores muy caritativos, cou regalo y en buenos pañales; pero deljniño... del niño no se sabe absolutamente nada. Es decir, se sabe que nada se sabe, porque cuando la madre acudió con la pretensión de que la familia Ballet, que, según Ana, era la que retenía al nene, cumpliera su promesa, á poco la tiran por la escalera. ¿Su hijo de usted? ¿Y quién es usted? ¿Y quién es su hijo, ni qué sabemos nosotros ¿e semejantes enredos? Pidió Socorro que su amiga esclareciese el asunto, pero Ana limitóse á manifestar que había entregado el niño á los señores mencionados, y no sabía lo que después hu 5) iera sucedido. Entonces la desdichada madre denunció el hecho á las autoridades; se instruyó sumaria, declararon los Ballet, negando haber recibido tal muchacho, y Ana fue procesada. Y ayer tarde reunióse el Jurado para juzgar á la que hizo de mediadora en este asunto. Comparecieron varios testigos, interrogó 1 hábilmente el fiscal, hízose, en fin, cuanto fue posible por aclarar lo sucedido. Todo inútil. I a procesada insistió eTi que dejó el niño donde la indicó Socorro. Esta limitóse á repetir que la familia francesa que recogió á la criatura se la negó cuando fue á reclamarla. Y los Ballet... ¡Dios sabe dónde están! El Jurado, no viendo clara la responsabi lidad de Ana, emitió un veredicto de incul pabilidad, y ía Sala dictó sentencia absolutoria. Y el público desfiló haciéndose la misma pregunta que formulamos al principio: ¿dónde está el niao? M O R E T TRIUNFA EN Hace pocos días EL SUPREMO publicamos en esta misma sec 1 ción la vista de un recurso que sostuvo en la Sala primera de lo civil del Supremo el ilustie jefe del partido liberal, Sr. Moret. Tratábase de la nulidad de un testamento, y, según dijimos, tanto el Juzgado como la Audiencia habían declarado que no era válido aquél porque uno de los testigos no se hallaba domiciliado en Vigo, tomando en consideración el concepto legal de domicilio. Pues bien, el Supremo, en una notable sentencia, que no copiamos por su mucha extensión, ha casado el fallo de la Audiencia de I a Coruña, por las mismas razones que en su elocuente informe alegó el señor Moret, declarando la validez del testamento que el causante otorgó á favor de su familia UN PASANTE nicipio al Estado el edificio del teatro Español á los efectos de la ley del Teatro Nacional, votada po- r las Cortes en Marzo último. I,o s Sres. I, equerica, Santilláü y otros ediles se opusieron terminantemente á la cesión, fundándose principalmente en el hecho de que el Concejo tenía ya acordado el conceder una subvención anual de 30.000 pesetas. Se discutió acaloradamente él asunte, y al cabo, aceptándose lo que había propuesto el Sr. Gascón, convínose en que informen las Comisiones de Hacienda y Espectáculos. C l 2 de Mayo. Otro asunto que promovió también vivo debate fue el referente á la fiesta del 2 de Mayo, mejor dicho, á suprimir la procesión cívica. De la supresión de este número protestaron varios concejales. Alguno de ellos llegó á suponer que la medida estaba relacionada con las elecciones, suspicacia de que, á su vez, protestó con energía la presidencia. discusión se prolongó durante largo rato. Y con los votos en contra de los republicanos y del Sr. Gayo, aprobóse la moción de la Alcaldía en el sentido de reducir el programa á los términos que en otro lugar de este número verá el lector. 1 Mercado de la Cebada. Después fuéronse aprobando sin dificultad los dictámenes del orden del día, y se tomó en cuenta, para que informe la Comisión correspondiente, una proposición del Sr. Gayo pidiendo que se estudie con urgencia el presupuesto para prolongar el Mercado de la Cebada hasta la calle del Humilladero. I a arena de marras. El Sr. Santillán protestó de que no se hubiera incluido en el orden del día una proposición suya relativa al pago de la arena que por orden de la Alcaldía se tendió hace días en varias calles céntricas para que pudiese maniobrar la fuerza pública montada. D uegos y preguntas. os Sres. I equerica y Martínez (D. Nicolás) hablaron de las pésimas condiciones del actual campamento de los obreros de la prestación personal y de la necesidad de instalar aquél en otro sitio. I a presidencia dio cumplidas explicaciones sobre ambos puntos. Después, los ruegos degeneraron en quejas, y casi en denuncias, por parte de los señores Santilláa y Morayta. Uno y otro refirieron intromisiones y actos que, según sus noticias, realizan algunos tenientes de alcalde en pro de determinadas candidaturas. Surgieron con este motivo voces, increpaciones, etc. y cuando el escándalo subía de punto el presidente dio el ultimo campanillazo, pronunció la frase de rúbrica, y á tiempo que abandonaba súbitamente el sitial desaparecieron los maceros tan prestamente, que no parecía sino que se los había tragado el suelo. Con lo cual el Sr. Santillán se halló con la sesión levantada y en plena libertad para seguir haciendo uso de la palabra. Peto claro es que renunció á ello. 4 pésame á Portugal. En el último turno de la sesión, y á propuesta del Sr. Mazzantini, quedó acordado dirigir un mensaje de pésame al Gobierno de Portugal por las recientes desgracias que han causado los terremotos. El alcalde accidental ofreció redactar ayer mismo el documento y enviarlo hoy. SECCIÓN LITERARIA TERRIBLE CICLÓN CUENTO POR OCTAVE THANET E AYUNTAMIENTO SESIÓN ORDINARIA elebróse ayer, á las once, la sesión seina nal ordinaria, presidida primero por el Sr. De Blas, y en su segunda parte por el Sr. Diez, p 1 teatro Español. Entre los asuntos del despacho, la se cretaría dio cuenta de una Real orden del ministerio de Instrucción, en la que se preigunta en cuáles condiciones cedería el Mu- ttt Gran novedad, confección inglesa, se han recibido en todas las medidas color y blancas. H i j o s d e A. Magdalena, Arenal, 15, esquina ú, Bor líMÍorí w. Janiissis eótiro color, 4,4 ts Cien mil camisas IV ¡Pobre Raquell Sufrió angustiosamente durante toda la comida. Pensaba, sin cesar, que Barris se burlaría de cuanto le rodeaba. Su hermano Yared, no habituado al uso de las botellas de cristal, se levantaba á beber agaa del cántaro. l, uisa, la cocinera, no se preocupó de ponerse un delantal de peto blanco, y al retirar los platos vertía torpemente los restos de la salsa. ¡Qué diría Roberto al recordar á sus correctos sirvientes enguantadosl Acabado el festín, llamó Meadowes á su hija: -Raquel, tengo que hablar contigo. Salieron. fMiss Baker invitó al capitán á pasar al salón. L, a. temperatura se hacía bochornosa. Pasada media hora regresó el jefe déla familia. Como si hubieran recibido una orden, Miss Baker y los hermanos de Raquel evacuaron silenciosamente la estancia. Un lúgubre presentimiento se apoderó de Barris. Pronto se convenció de su desdicha, pues Meadowes, en los términos más severos, formuló lisa y llanamente su negativa: -No me conviene usted, capitán Barris. Es usted bebedor. -Caballero- -replicó el infeliz Roberto, desolado, -yo no me emborracho jamás. Una cosa es beber... -Nadie ha dicho que usted sea un beodo. Lo que yo afirmo es que usted bebe. Cierto es que lo hace con prudente moderación, ¡pero bebel Roberto quiso de nuevo protestar contra la exagerada fidelidad del viejo á sus principios, pero éste le atajó. -Además, pertenece usted á la clase aristocrática, no tiene sentimientos religiosos acendrados ni profesa credo alguno político precisamente definido. Vea usted, ¡caballero, que no coincidimos en un punto ni es acorde una sola de nuestras convicciones. Perdón, amigo mío, debo explicar á usted que respecto de su hija... -No admito réplicas, capitán. Veo á lo lejos y sé perfectamente lo que sucederá si accedo. ¡Prefiero cien veces ver á mi hija en el ataúd á verla casada con usted, un aristócrata, un frivolo, un despreocupado, sin principios y sin corazón, que causaría su desdicha y la obligaría á abjurar de sus. convicciones y de sus creencias! -Supongo que usted se hará cargo de que nada me importan sus apasionaruien- tos, Sr. Meadowes- -dijo Roberto fríamente. ¡Oh! ¡Puede usted ver á Raquel, si le place! Yo mismo pienso llamarla á su presencia. No tengo inconveniente en, que hable usted con ella. Sólo conseguirá sufrir y ser motivo de sufrimiento de mi hija. Adiós, Sr. Barris. Crea usted que depiojo haberle hablado así. Y le tendió la mano, que Roberto rechazó replicando: -Yo no puedo estrechar esa mauo, señor Meadowes. Sepa usted que seré su enemigo desde este día, y he de hacer lo posible por conseguir que Raquel sea mi esposa, contra el rotundo veto que acaba usted de formular. -Haga usted lo que -usté- -dijo Mea dowes, desapareciendo. No tardó mucho en acudir Raquel. Un sa. semblante se apreciaba una inmensa tristeza. Roberto la estrechó entre sus brazos mientras murmuraba con emoción: -Raquel, amada mía. Se quiere separar nos. ¿No es un absurdo pretender que yo renuncie á ti? -No hay remedio, Roberto- -dijo la joven temblorosa -Rs preciso que se aíefe usted wuamumifímsuaammm