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A B C DOMINGO nS DE ABRIL DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 6. cogió el presidente de la Cámara con el beneplácito del obierno. E 1 Sr. Alvarez me aconsejaba que hubie- se enviado ese documento al juez, seguro de mi honradez y de la mayoría. Eso no lo podía yo hacer sin mengua y desprestigio del Parlamento. En la denuncia se dice al Congreso, á 400 diputados, que acusen al Gobierno; basta que siete lo hagan, y si los hay que lo creen justo y no lo hacen, merecerán lo que el Sr. Alvarez asegura que la opinión ha pensado de las oposiciones (Bien. Pero si no hay siete diputados que acusen, entonces ese documento pasará por mis manos á las del fiscal. ¡A eso llama el Sr. Alvarez convencionalismo ridículo! ¡A qué extremos hemos llegado! Ante los Tribunales ordinarios podría exculparse el Sr. Macías. (Bien. ¡Oh, qué democracia trae el Sr. Alvarez! El nos propone que en vez de esto entreguemos el asunto á 21 hombres políticos y, si es posible, que sean amigos suyos. (Risas; aprobación. El Sr. ALVAREZ: Será mejor la democracia á cubierto de los Tribunales. El presidente del CONSEJO: Los Tribunales son la expresión de la ley por la esencia de la democracia. El Sr. ALVAREZ: Ya convenceré á su señoría de que eso que propone es una herejía para un abogado tan ilustre como el señor Maura. El presidente del CONSEJO: Ante los Tribunales podía el Sr. Macías demostrar su inculpabilidad. Nosotros hemos dicho ya que no queretaos ser jueces de nosotros mismos. Respecto de los documentos que dijimos eran reservados, me figuro que su señoría está solo con su opinión, porque de poderse obligar al Gobierno á traer todos los documentos, casi sobraban los ministerios de la Guerra y Marina, y desde luego decretarse Ja clausura del de Estado, porque en éste y sn aquéllos la reserva y el patriotismo es ana misma cosa. Pero vamos al caso concreto. Cuando os negábamos los documentos decíais que por eso no podíais entrar en el fondo del asunto, por no tenerlos. Pero el Gobierno, deseoso de facilitar la luz, trae los documentos todos hace seis días, y entonces, ¡ah! entonces tampoco tratáis del fondo del asunto. Su señoría, Sr. Alvarez, que puede apuntarse en su hoja de servicios gubernamentales la calurosa defensa que ha hecho del Sr. Macías y de su conducta. El Sr. ALVAREZ. Yo no he defendido ni la persona ni el acto. (Protestas en la mayoría) El presidente del CONSEJO: Su señoría no ha dicho que iba á defender, pero ha defendido. Y yo aquí, en este banco, no puedo acusar; pero no estará de más que digaque hay una disciplina militar, y para hacerla cumplir una jurisdicción especial, en absoluto independiente, por completo desligada del Gobierno. Todas las razones que yo expuse contra la enmienda del Sr. Moret son aplicables á esta proposición. En ambas se pide el nombramiento de una Comisión que es atentatoria á las prerrogativas del Senado. La proposición significa substituir á la justicia del reino con tina Comisión de 21 diputados. ¿Cómo queréis que no nos opongamos á ella? Nosotros recibimos el encargo para abrir un concurso; ni un momento vacilamos en cumplirlo, sin miedo á las interpretaciones, á las suposiciones que pudieran hacerse. El concurso se ha abierto; han informado todas las Juntas y todos los Centros técnicos; el Consejo de ministros se ha reunido siete ú ocho veces; hemos ofrecido dar publicidad á todos los documentos que nosotros consideramos que son suficientes para iormar juicio acerca de las razones que el Gobierno ha tenido, exceptuando únicamente aquellas que por su carácter especial deben mantenerse secretas. Dudo de que en el libro falte ni uno solo de aquellos documentos. De improviso nos hemos encontrado sorprendidos ante la noticia de que un señor nos denunciaba como prevaricadores y que pedía al Congrsso que fuese él quien sostuviere esta acusación. E 1 Congreso debe ahora cumplir su deber recogiendo esa acusación y no endosando á nadie esa responsabilidad. (Aplausos en la mayoría. Se está aquí discutiendo todas las cosas menos el expediente. (Más aplausos de la mayoría. El Sr. CERVERA: Yo he visto el expediente. (Rumores y protestas en las oposiciones. El señor presidente del CONSEJO DE MINISTROS: Si el Congreso colectivarnen: te es el que ha de decidir, ¿para qué el funcionamiento de ninguna Comisión? Nosotros tenemos derecho, y lo reclamamos desde el primer momento, á que el Congreso cumpla con su deber, y ese deber es abstenerse de acusar si cree que no hay motivo, y mantener la acusación si estima que hay fundamento para ello. Lo que na puede ser es seguir hablando, como lo ha hecho toda la tarde el Sr. Alvarez, de un estado de opinión que si realmente existiera sería un baldón para nosotros. (Grandes y prolongados aplausos de la mayoría. El Sr. ALVAREZ: O yo no me he expresado bien, ó S. S. no ha tenido esta vez el acierto de entenderme. S. S. me ha atribuído un 60 por 100 de cosas que yo no he dicho. ¿Quién puede creer que yo soy capaz de hacer la apología y el elogio de un vulgar denunciador como el Sr. Macías? Señores diputados de la mayoría, si me hubierais escuchado bien no habríais aplaudido con tanto entusiasmo á vuestro jefe? Pero es más; el Sr. Maura no sólo no se entera de lo que dicen sus adversarios, sino ni siquiera de lo que escriben. Porque ¿en qué sitio de la proposición he dicho yo que la Comisión de veintiún diputados que yo propongo puede estar facultada para dictar sentencia, ni arrogarse facultades que puedan corresponder al Senado? ¿Dónde he dicho yo que esa Comisión pueda ejercer las facultades que gratuitamente le ha atribuído el presidente del Consejo? Tampoco he dicho lo que S. S. me supone sobre las facultades del Poder ejecutivo. Me he limitado á advertir la contradicción entre palabras del Sr. Maura y del señor ministro de Marina Tampoco creo en esos secretos que, según vosotros, pueden comprometer la honra y el porvenir de una nación. Recientemente, en la Cámara inglesa se ha estado discutiendo estos días, con todo género de detalles, todos los elementos de combate de que dispone la nación. ¿No es verdad, señor ministro de Marina? El señor ministro de MARINA: No. El Sr. ALVAREZ: Entonces S. S. no se na enterado de lo que pasó en la Cámara ingle; El señor ministro de MARINA: S. S. es el que no sabe leer. El Sr. ALVAREZ: Sería ridículo empeñarse en mantener esos secretos. El señor ministro de MARINA: En diez palabras se lo demostraré á S. S. El Sr. ALVAREZ: El presidente ha dicho además una herejía jurídica: que este asunto no tiene estado parlamentario. ¿No es un estado parlamentario estar discutiendo cuatro días seguidos un dictamen y unas enmiendas? (Rumores en la mayoría. Culpa del Gobierno es en todo caso. s tf ¿Por qué se va á perseguir aISr. Maeíasr ¿Por calumnia? Ea la calumniarse practica la prueba. ¿Quién la practicará? ¿Los Tribunales ordinarios? ¿Y tienen autoridad para ello? Sí ó no. Pido que el presidente del Consejo me conteste concretamente á esta pregunta. Si pueden practicar la prueba, pueden dictar la sentencia, y en ese caso resulta que los Tribunales ordinarios han amparado al Gobierno al declarar que no existe delito de denuneia en el denunciador. Y si los Tribunales ordinarios no püeder dictar sentencia, tampoco pueden practicar la prueba. Y si practican la prueba y no dictan sentencia porque no se atreven á proceder contra los ministros, resulta que ¿qué va á hacer el Senado? Luego el, hecho de enviar la denuncia al fiscal es sencillamente una ignorancia impropia del talento de S. S. Hoy he visto yo el expediente, y os digo que para estudiarle hacen falta lo menos, lo menos quince días. Y si lo examinan todos los diputados no sé cuanto tiempo hará falta. Años La proposición del señor presidente es, ó una estratagema... (Rumores y protestas. ¿Es que la palabra- estratagema no es parlamentaria? El señor PRESIDENTE: Decorosamente parlamentaria El Sr. ALVAREZ: Ya lo veis. De modo que el plazo señalado por el presidente del Consejo es, ó una estratagema habilidosa utilizada para seducir á la mayoría, ó es impropio de la consideración y del respetofque se debe á la Cámara y á todos los diputados. La urgencia implica perentoriedad, y no habrá nadie tan indigno en esta Cámara que aunque ahogue sentimientos de hostilidad contra sa señoría cometa la infamia, sin haber examinado el expediente, de hacerse solidario de la denuncia. Es, ó una coacción que pretendéis co meter contra nosotros, ó wn refugio para es- capar á las acusaciones de la opinión. (Más rumores. S. S. y los de la mayoría pueden creer que la opinión no es la que consideramos nosotros. S. S. puede creer esto. Ha cometido tantas equivocaciones, que bien puede incurrir en ésta. S. S. cree que la opinión está formada por los diputados de la mayoría. Yo creo que la opinión es otra, que con vuestras imprudencias estáis convirtiendo en un turbión, y que murmura ya injustamente de alguien que está por encima de vosotros. (Rumores. He dicho injustamente para condenarla. Esa opinión existe y hay que tenerla muy en cuenta. El señor presidente del CONSEJO DE MINISTROS: Todos estamos sujetos á errores. Quizá S. S. se equivoque también si cree que sus actos de estos últimos años han sido una serie de aciertos. Su señoría no há hecho la apología ni el elogio del Sr. Macías; yo no he dicho eso. He dicho que S. S. ha hecho la defensa, que no es lo mismo precisamente. Eso del estado parlamentario, como es una frase que no tiene barbas, podemos siempre discutir si existe ó no. La denuncia, que es el fondo, no tiene estado parlamentario. Llevar la denuncia al fiscal es poner los medios para que se satisfaga la ansiedad de saber si es cierto la inculpación que se nos hace y dar medios al inculpador para que lo demuestre. En ningún proceso la exculpación del calumniador por haber comprobado la exactitud de su acusación puede significar una sentencia en contra del imputado del delito. Y esto ocurre lo mismo cuando se trata de un ministro que del último barbero. La sentencia es sencillamente favorable ó adversa para el acusado de la calumnia. ¿Está esto claro? El Sr. ALVAREZ: Para mí, no. El señor presidente del CONSEJO DE MINISTROS: Pues ya me rectificará S. S. A 1 día siguiente de envía la denuncia a imtlinirrainnrm