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A B C DOMINGO 25 DE ABRIL DE i gl EDICIÓN i. PAG. 5. Cartel. Alma de Dios se ha sostenido quinientas noches en el Cómico; pero Ho hay Almas de Dios en el Congreso. El ministro de racia y Justicia visitó el Juzgado de guardia y se convenció de que aquellos locales son intolerables. Pero por ahora bastará con esa convicción, ya lo verán ustedes. r- Eu Apolo se verificó la función en honor de Ricardo de la Vega, el sainetero insigne, á quien el público le rindió el tributo merecido. Los aplausos se oyeron hasta en la Academia Española. Sucesos no hubo muchos ni muy importantes que digamos. El tiempo, bueno; gracias. j -Por la noche, un estreno en la Zarzuela, La españolita. No agradó, y eso que se tiró la casa por la ventana para que agradase. ACUSACIÓN CONTRA EL GOBIERNO p N EL CONGRESO La parte de la se sión dedicada al mismo asunto fue la siguiente: El Sr. ALVAREZ (D. Melquíades) hace uso de la palabra para apoyar su proposición. No temáis- -dice- -que pronuncie un discurso. La proposición que acaba de leerse la he presentado en vista de que Eué desechada la del jefe ilustre del partido liberal y con el propósito de que acabe esta anómala situación. La denuncia del teniente coronel Macías tiene más importancia de lo que algunos creen, porque lo cierto es que ese acto, que en otras circunstancias se hubiese reputado cpmo un alarde de exhibición, lo han considerado como un acto de plausible ci. vismo. ¿Por qué? Porque la gente, la gran masa nacional, cree que se trata de un negocio escandaloso, el de la escuadra, otro negocio de la plutocracia, protegida por el Gobierno. Y el caso es que no sólo se cree que se tiran millones, sino que se eticargan barcos que no tendrán estabilidad y podrán ser causas de desgracias navales. Se dice más. Se dice que en el concurso se ha concedido la adjudicación á la casa que menos ventajas ofrecía E 1 asunto es grave para el -obierno y las oposiciones. Para el Gobierno, porque está su honor en entredicho; para nosotros, porque al ver nuestra templanza se nos cree ineptos ó cobardes, y las muchedumbres pierden la fe en nosotros porque nos c een cómplices en esas inmoralidades. Una imprudencia del Gobierno ó la debilidad de las oposiciones podría dar lugar á que nos envolviese la ola de cieno que se está forman de Este asunto, por culpa vuestra, se ha agigantado ante la conciencia nacional y se reputa como un gran Panamá español. Culpa vuestra, sí. Porque si yo fuese Gobierno, si hubiese estado seguro de mi honradez y con el apoyo de la opinión, no hubiese tolerado la lectura de la denuncia de Macías. Tal vez haya sido por un plausible rasgo de delicadeza, pero habéis sentado un funesto precedente que nos obligará en lo sucesivo á ver aquí los desahogos de ánimos que no respetan el honor ajeno por no tenerlo propio. Habéis convertido el Parlamento en una sentina pública donde vienen á parar las venganzas y los odios personales, fruto aveces internado en las flaquezas humanas. Del Gobierno ha sido la culpa. Habéis tenido en ello fin político, y convencidos de que esta denuncia no era una denuncia vulgar, sino que traía aparejado el sacrificio de la libertad de un militar y una opinión, injusta si queréis, pero opinión al fin, que la apoyaba, Sin esos requisitos no la hubieseis dado estado parlamentario. Si responde esa denuncia á un estado de opinión importante, no reparemos en formalismos del reglamento, no vayamos á hacer un convencionalismo que merezca una carcajada, porque esa denuncia no afecta sólo al honor del Gobierno, sino de las oposiciones, á los cuales nos creerán colaboradores inverecundos y mercenarios del Gobierno. (Bien. pido en mi proposición que ai diputados de todos los lados de la Cámara estudien el asunto y traigan lo antes posible su dictamen, que se discuta á la luz del día. Felicito al presidente del Consejo por haber enviado al Congreso todos los documentos del expediente. Era un deber ineludible del Gobierno, y mayor en estas circunstancias. Haberlo negado hubiese parecido á la opinión un refugio para no facilita datos. Negarlo- era. ofendenios á los diputados, suponiéndonos imbéciles ó malvados, que íbamos á divulgar secretos técnicos que interesaban á la seguridad del Estado. (Bien. Además, en los barcos no hay secretos como en las fortalezas. El ministro de MARINA: Sí los hay. El Sr. ALVAREZ: Pues en la Cámara francesa en diversas ocasiones se ha tratado de la escuadra, se han hecho informaciones parlamentarias sobre los barcos y sus aimamentos y nadie se ha escandalizado, y por lo que Delcasée declaró cayó Thomson. No hablemos, pues, de eso. El ministro de MARINA: Yo hablaré de eso; sé también hablar de lo que entiendo. (Rumores en las minorías y aprobación en la mayoría. Continúa el Sr. ALVAREZ. Yo no pido más que el expediente y que la Comisión parlamentaria oiga al teniente coronel Macías. Que Jo oiga y vea si prueba lo que ha dicho. Si lo prueba, habrá merecido la gratitud de la patria; si no lo confirma, por impostor, debe ser exonerado. (Sensación. Lo que yo pido es que no paséis al fiscal la denuncia, porque entonces la malicia tendrá un argumento más para sospechar, No se le debía haber complicado simultáneamente al Sr. Macías en dos procesos; el que aquí seguimos v el entablado poi otra jurisdicción. Y mucho menos cuando pudiera ser que su delito sólo fuese una falta de procedimiento, porque los militares tienen la obligación de denunciar las faltas de sus superiores, y si no lo hacen v los conocen, delinquen por omisión. E 1 Sr. Macías debió hacer su denuncia al Rey, según el Código de justicia militar; esto es un resabio del absolutismo, porque ahora con el Rey es soberano el Parlamento, y es más, en régimen puramente parlamentario, como Inglaterra, el únieo soberano es el Parlamento, ¡porque el Rey es sólo un órgano de expresión. De modo que en realidad el Sr. Macías, en el fondo, se ha dirigido al Soberano, que es el Parlamento. E 1 Sr. Maura suplicaba diligencia á los diputados para no tener mucho tiempo en entredicho el honor del Gobierno. Yo entiendo que en este caso el enemigo es el mejor depositario de la honra de los gobernantes. Para eso tenéis á la mayoría: que designe de entre las minorías las per sonas que juzguen más imparciales y las encarguen de examinar el expediente, y en el caso, que yo creo, de vuestra inocencia, lo diríamos al país y lo declararíamos en la plaza pública. No os devolveríamos la vida que habéis perdido en muchos casos, pero os devolveríamos el honor íntegro. (Bien, en las minorías. El presidente del CONSEJO: Está su señoría equivocado si cree que tenemos quebrantada nuestra autoridad moral. (Aplauvsos en la mayoría. Ya dije alSr. Canalejas que el Gobierna está ufano de haber cumplido de la mejor manera posible la lev de 8 de Enero de 1908 sobre la escuadra. E 1 giro que ha dado el Sr. Alvarez al de bate lo entrego al brazo secular de la conciencia pública, (Bien. Nos acusáis de haber tramitado antirre glamentariamente la denuncia. Veamos. Alguno de vosotros ha dicho que ese papel de 1 Sr. Macías no merecía que lo hubiésemos dado importancia. ¿Pero es que cuando se denuncia un delito podemos no hacer nada? El no hacer nada cuando se inicia la investigación de un delito es incurrir en otro. E 1 documento decía bien claro que el Congreso es el único órgano constitucional que acusa á, los- Gobiernos, y por eso lo re CRÓNICA 4 ASTA CUANDO? Es tristísimo el es pectáculo que viene dando nuestro Parlamento con ocasión de la denuncia del Sr. Macías. La vida legislativa se ha suspendido para dar lugar á una discusión interminable é infecunda para el país. Hay que tener en cuenta, además, cómo estas cosas se interpretan allende la frontera, y que de algo más que de los asuntos interiores vive España. Proyectos importantes para los intereses generales sufren aplazamiento, como si su discusión y aprobación no urgiesen ó como si tan sobrados anduviésemos de leyes buenas y de reformas excelentes. t Hace tiempo que la difamación se ha convertido en arma de combate para muchos acros de la vida pública, con relación á los Gobiernos, á los periódicos y á las Empresas industriales. Y esto no quiere decir que consideremos, en el caso concreto de que se trata, difamado á nadie ni á nadie difamador. La denuncia del Sr. Macías ha sido ya discutida demasiado. ¿Es fundada? ¡Pues á la barra con el Gobierno! Que si- ete diputados que la crean así la sostengan, y pasemos á otro asunto en bien del país Ya ha dicho el Sr. Macías ante el presidente del Congreso que mientras no esté en libertad no dirá más. Es presumible que mantenga su actitud lo mismo ante el Congreso en masa que ante una. Comisión como la que quería el Sr. Moret ó la que defendía el Sr. Alvarez. Ha dicho también, y A B C se ha hecho eco de sus palabras: Los diputados obrarán conforme juzguen en conciencia. A su disaposición tienen el expediente, y yo ya he señaladq los puntos en que puede hallarse la materia delictiva. Después de esto, seguir discutiendo sobre lo que hay que hacer con la dichosa denuncia es perder el tiempo. No hay más que mantenerla con siete firmas para que el Congreso, si se convence del fundamento, acuse ante el Senado, y el Senado falle, ó poner punto final á este debate, que sienta también el precedente funesto de que cualquier ciudadano pueda con un solo escrito perturbar la vida parlamentaria y hasta dar origen á sucesos como los que estos últimos días ha presenciado Madrid. ¿Era verisímil suponer que después de las campañas que se han hecho censurando y combatiendo al Gobierno faltasen siete diputados para mantener una acusación que se supone documentada al alcance de los propios diputados? f. Y, sin embargo, eso resulta hasta ahora; pero resulta además, y esto es io mas sensible, que se pierde el tiempo y se defrauda al país eu sus esperanzas de que las Cortes feeau aígo más que un centro de chismes y Biurmi 1 acioaes.