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PRO 1 NFANTIA AJUSTE DE CUENTAS La Inspección General de Sanidad del Ministerio de la Gobernación publitemente han repartido dos tomos correspondientes al año de 1906, confeccionados con datos del Instituto Geográfico y con los qtte aportan las Inspecciones provinciales. Triste impresión produce su lectura. Desde luego se observa que muchas provincias no han enviado datos, faltando meses y hasta semestres en muchas. No indicaremos los nombres por pudor; pero es muy de lamentar que, á pesar de la organización establecida en el Ministerio respecto á Sanidad, se sbserven tan lamentables omisiones en la estadística. Aun siendo, por lo tanto, incompleta la estadística de toda España, espanta la mortalidad de los niños. De cero á cuatro años fallecieron 159.672 en el año de gracia, como se decía antaño, de 1906. De un cuadrito referente á las proporciones de mortalidad infantil, comparada entre varias capitales españolas y algunas ciudades extranjeras, como Buenos Aires, Montevideo, Rio Janeiro y Belén, deduce el Ministerio que la proporción mínima corresponde á este último punto, pues de uno á cuatro años la proporción fue de 9,99 por 1.000. ca un Boletín Demográfico Estadístico. Recien- Los qtte afirman que estamos en Belén safren equivocación lamentable. ¡Ojalá tuvié sernos la escasa mortalidad de esa ciudad brasileña! Los nacidos vivos en las provincias é isías adyacentes en 1906 fueron 496.728, y la población de Hspaña, calculada en 31 de Diciempre de 1905, suma 19.218.739. Sin entrar en más detalles, el menos avisado comprenderá que la situación no es enesta cifra es á todas luces inferior á la verdad. Mueren muchos más. Añádase á tan triste situación las sangrías emigratorias, originadas por el hambre y el consiguiente malestar, y se comprenderá la urgencia de afrontar con decisión y entusiasmo el tremendo problema. De continuar así, España sucumbirá. En balde se procurará fundar escuelas, fomentar industrias y regar territorios baldíos, crear escuadras y dictar centenares de leyes y decretos, si se nos mueren nuestros hijos y si ¡os que sobreviven á los cuatro años arrastran una vida miserable, diezmada por enfermedades que revelan un abandono sanitario suicida. ¿Puede seguir semejante estado de cosas? IpL REMEDIO Para remediarlo hace al gunos años que la opinión pública, representada por la Prensa, pidió qme se protegiese la vida de los niños, y numerosos médicos y filántropos, los buenos samaritauos de la sociedad moderna, detnosSraron la urgencia de vigilar la crianza de los niños, especialmente de aquellos que se lallaban abandonados por sus padres y recogidos por las Inclusas. En estos infelices te muerte se cebaba con verdadera saña, MO sólo porque muchss entraban por el ominoso torno casi agónicos, con estigmas degenerativos que desmienten la leyenda de que los hijos del amor son siempre hermosos, sino porque la mayoría eran entregados á mujeres ignorantes, mal retribuidas y jamás vigiladas á pesar de las disposiciones benéficas que las sometían á piavidiable, denlo cincuenta y nueve mil seiscientas setenta y dos criaturas murieron en 1906, y dosos é ilustres patronatos de damas. Estas nobles señoras veían y ven con dolor profundo que las Diputaciones carecen muchas veces de recursos para atender á tan sagradas obligaciones, y esto es tan notorio que con asombro se leía en los periódicos que las nodrizas, en el mes de Diciembre, cobraban las mezquinas retribuciones de Julio ó Agosto, por ejemplo. Y no sólo la mortalidad era excesiva en los niños de las Inclusas; también morían muchos niños entregados á la lactancia mercenaria, bien retribuida, por carecer las nodrizas de condiciones adecuadas. Esta industria, lamentable sin duda, pero necearía, no e- taba reglamentada y era indispensable hacerlo. En el extranjero se había demostrado prácticamente que una reglamentación y vigilancia adecuadas disminuían la mortalidad de los niños, y después de una serie de campañas iniciadas por los hombres de ciencia y secundadas de modo intermitente, pero no por eso menos fervoroso, en la Prensa primero, en el Parlamento después, se trató del particular, mostróse benévolo el Gobierno de turno y se presentó á las Cámaras un proyecto de Ley de Protección á la Infancia. jfOMO SE HACE UNA. En nuestro país, LEY EN ESPAÑA de muy antiguo, las leyes se han confeccionado por la voluntad de los partidos gobernantes, que llevan á su programa distintos proyectos más ó menos meditados, y la cooperación de las oposiciones se reduce á pronunciar floridos discursos encaminados á quebrantar todo lo posible á las personalidades que ocupan el Poder. Parece, sin embargo, que, afortunadamente, se van transformando las costumbres y que ciertas cuestiones sociales son estudiadas con algún interés por los legisladores; pero excitados aún los espíritus por pasiones ambiciosas, no siempre merecen la debida atención asuntos de la mayor importancia. Hay más: los problemas vastos, hondos, como el que nos ocupa, no despiertan las actividades y entusiasmos de las poderosas inteligencias que se reúnen en los Parlamentos. Ea aquellos templos de las leyes se teme mucho al ridículo. Dibújase en el ambiente la sombra cómica del famoso Paturot ensalzando la importancia de los quesos, y si logra benévola atención el diputado rural que balbuciente pide una carretera ó ün ramal del ferrocarril para su distrito, los grandes oradores no están muy propicios á hablar de nada que pueda hacer sonreír al respetable auditorio por su prosaica y dolorosa contextura. Y si algún entusiasta, poseído dé la verdad, la presenta desnuda, con frase conmovida y soberano desinterés, se califica su discurso de inoportuno, declamatorio y fuera ue toda realidad. Los intereses particulares son más respetados y atendidos que los de índole nacional en las Cámaras. Sería muy curioso referir las vicisitudes que sufre una ley útil, aun patrocinada por el Gobierno, entre las encrucijadas parlamentarias, antes de ser promulgada. Sin ser dis. cutida, y ¡ay de ella si lo es! una vez llevada á las columnas de la Gaceta, los mismos que abogaban por su promulgación, con mayor desaliento suelen decir que no se aplica rá; en las esferas oficiales acostumbra á recibir con ceñuda displicencia disposiciones nuevas que aumentan el trabajo oficinesco, y no pocas veces, indotados los nuevos servicios, el mecanismo no llega á funcionar y la opinión, tornadiza é indiferente como niño mimado, abandona ó destruye la ley deseada como un juguete despreciable. Algo semejante ocurrió con la Ley de Protección ala Infancia, promulgada en 1904, y de ello pueden atestiguar los que en su confección intervinieron. J A LEY PROTECTOR A El Ministro insig. ne que la apadriVjUfcNre. nó manifestaba en el preámbulo que uo aspiraba á crear nuevos servicios burocráticos, sino á requerir la cooperación de cuantas personas ponen su pensamiento en la prosperidad déla patria, sienten en el corazón el fuego de la caridad y son capaces de llevar en el alma las nobles abnegaciones y las efusivas ternuras que despierta el espectáculo de la infancia desvalida. Deseaba franquear caminos que hicieian fáciles generosas iniciativas de personas y colectividades que hoy ven detenidos por trabas legales, no por bien intencionadas menos dañosas, los impulsos de su acción nobilísima Como base fundamental, la ley se ocupaba de reglamentar la lactancia mercenaria, pues la industria que debiera ser más vigilada es la más libre y desenvuelta en ejercicio, sin que basten á contener tantos desmanes algunos artículos del Código que acaso en la intención de los autores de este cuerpo legal les fueran aplicables, pero de cuyas sanciones les libra una jurisprudencia quizá excesivamente benévola Otras leyes y disposiciones protectoras, sabiamente dictadas, se hallaban incumplidas, y la nueva ley habría de velar por su. exacta aplicación y cumplimiento. Pero para ello era forzoso que se pusieran de acuerdo y ejerciesen simultáneamente la acción de vigilancia y protección los ciudadanos todos y las autoridades. En su virtud 1 se creaban el Consejo Superior y las Juntas provinciales y locales, que habrían de constituir la tupida red encargada de copar tantos y tan punibles abusos, extendiendo su benéfica acción par todas partes, unificando la acción total con entusiasmo y actividad. Era preciso que ninguna personalidad que de eara asociarse á la gran obra patriótica pudiera considerarse ajena á ella. Si la patria potestad se alza en ocasiones como barrera infranqueable para amparar la sevicia, la explotación, el abandono de los hijos por los padres desnaturalizados que, empujándolos á la mendicidad industrial, dejan en sus almas candorosas los gérmenes de la vagancia, de la corrupción y del delito -como afirmaba el ministro en su citado preámbulo, -era necesario contar con numerosas entidades dispuestas á encardarse de tan redentoras tutorías. Pero el ideal de toda ley de protección á la infancia, y singularmente de la española, era la iniciación y fomento jurídico de la puericultura. J AS REGLAMENTACIONES En esta ho -ja se han dado á conocer distintos aspectos del problema maternológico y puericultor. Con profunda gratitud hemos recogido y recogemos distintas y muy entusiastas adhesiones de simpatía á esta humilde labor de popularización, llevando á nuestro ánimo el convencimiento de que son muchas las personas que se interesan por el problema infantil. ¿Cómo no ha de ser así existiendo centenares de mujeres infelices privadas de amparo y protección, que cuando son madres no pueden criar á sus hijos por falta de recursos y se ven precisadas á vender la leche de sus pechos para que viva su pobre hijito?