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A B C JUEVES t 5 DE ABRIL DE 1099. EDICIÓN i. PAG 4 tees ministros tnontenegrinos. Si con los ministros se hace esta justicia. ¿qué pasará con les simples ciudadanos? l principe de Montenegro es un señor feudal al que adora sus vasallos parque su bondad es inagotable. Por las mañaaas se presenta en la plaza de Cetigne y cariñosamente acoge cuantas desnanias le hacen su subditos. El administra justicia, se ocupa de todos los asuntos, y cuando la Hacienda marcha mal- -cosa que ocurre de cada- trea años los tres, porque la montaña o produce ni siquiera para alimentar á sus habitantes, -el príncipe Nicolás desciende al Ha. no y va á arbitrar recursos. ¿Cómo e las compone? Periódicamente leemos que el Príncipe de Montenegrs se dispone á hacer una visita á la corte de Austria, á la capital alemana ó al imperio de los zaretj j nos hablan de cortesía internacionales de trabajos diplomáticos de l zoo qxe imen á unas casas reinantes con tros... No hagst mos caso... Cuando el príncipe NicoUs deuáende de su montana y se acerca á los llanos de las cortes extranjeras, es qtte necesita dinero. El presupuesto del Principado, de unos tres millones de francos anuales, se salda Siempre con un déficit de un 60 por 100. La ida es cada año más difícil y penosa, los recursos más escasos, no hay industria, ni materias que exportar. ¿Cómo nivelar, pues, este presupuesto? Si no nos hallásemos en pleno siglo xx, el Príncipe de Montenegro, á la cabeza de ios colosos de la montaña, saldría, coma batían sus antepasados, en busca de botín por tierras y por mares. Desgraciadamente, esto ao puede ser en la época presente, y el pano j e Nicolás, que conoce el valor que sa foca tiene puesta al servicio de las desconfianzas ios temores y las ambiciones de las grandes potencias, tasa estos favores en buen dinero contante y sonante, y de su visita al Zar se trae una subvención de un millón de francos al año, y de sus inteligencias con Servia, el importe de un cargamento de fusiles y municiones, y de sus tratos con Austria, varios millones ett el espacio de jnuy poco tiempo. Esto no quita para que en el momento del conflicto el Príncipe de Montenegro haga lo i ¡ue le parezca, aprovechándose de las cirtunstancias. Ahora, por ejemplo, Austria creía contar con la neutralidad del Montenegro, y por poco si no es el Montenegro el qvte provoca la guerra. Le haremos alguna concesión- -pensó la Cancillería austríaca. Y mientras los diplomáticos discurrían ué compensaciones podían darse á los moaienegrinos y elaboraban esa rectificación del art. 29 del Tratado de Berlín para abrir al comercio el puerto de Antivarí y autorizar al Gobierno de Montenegro áizar pabeMó propio en los barcos que construya, el principe Nicolás, que es un hombre práctieo, gritaba: ¿Honores? ¡Muchas gracias! ¡Lo que aquí necesitamos es dinerob jY dinero ha habido que darle! Con los tree millones de coronas- que Austria ha pagado ahora por la Nota pacífica que el Gobierno taoutenegrino envía á las potencias, el Príncipe podrá enjugar una parte del déjicü de su pueblo. Véase por dónde toda esta risis oriental no ha aprovechado á nadie anas que al minúsculo Principado. ¡Los últimos serán los primeros! tras juega una partida de carambolas, y cuando quiere ponerse ea comuaicdcióa coa su pueblo monta á caballo y recorre la montaña, diciendo en cada aldea, de viva voz, cuát es s u voluntad. Y el pueblo le adora porque este coloso de sesenta y ocho años es uti verdadero hijo de la montaña que sólo mira por el bien de sus vasallos, á los que conoce casi por el nombre de sus familias y coa los cuales departe amigablemente donde los encuentra, dándoles consejos y haciéndoles preguntas que demuestran que se halla excelentemente informado de ios menores detalles de sus negocios y empresas. Los mulos qa hacen la ascensión de la montaña habrán llevado ya á la caja principesca los tres millones de Austria; pero este dinero no tardará en volver otra vez á manos de los austríacos, que subirán un poco los precios de ios artículos que los niontenegrmos tienen necesidad de importar. Perqué en el Montenegro, como el príncipe Nicolás ha observado una vez, no hay masque un sólo articulo de exportación: las bijas del Principe En efecto, la princesa Elena está casada con el rey de Italia, la princesa Zorka estuvo unida á Pedro Karageorgewich, y hoy sería, si viviera, Reina de Servia; la princesa Militza es la esposa del gran duqne Pedro de Rusia, y las princesas Staoa y Ana son hoy, respectivamente, duquesas de Leuchtemberg y de Batteaberg. El Montenegro es ana espede de Dinamarca, y podría ostentar en sa escudo a letrerito qae dijera: Proveedor de las Casas Reinantes. José JIMN CADENAS Eudapcst- Abril. grama uno de nuestros parlamentarios; ya lo ha abandonado; era, sin eraba. go, lo único substancioso de su programa. Lo que sucede en Andalucía, sucede también en Extremadura y en otras regiones da España. Resolver este niagtio problema sen t asegurar y facilitar ia vida á millares y mi llares de fatnifias obreras de España. España es uu país agrícola; es la agricultura, la base y el sostén de nuestra nación. A mejorar la, condición del obrero agrario deben tender en primer término, principalmente, los esfuerzos de los partidos. Reforma es la atdñadera á los latifundios propia, no de los partidos conservadores, sino de los liberales. ¿Se habla ea alguna parte, por liberales ó por republicanos, de este problema? Como este problema se pueden citar algunos otros. Todos afectan á la vida del obrero de la ciudad y del campo. De ninguno de ellos se preocupan los partidos progresivos El resultado de esta política de fruslerías y entelequias es el siguiente: las inasas populares se apartan de los partidos liberal y republicano. Poco á poco, todos los obreros de las fábricas y de las campiñas van haciéndose socialistas, van convirtiéndose instintivamente al socialismo. Ya ea los campos andaluces el socialismo cuenta con considerable muchedumbre de adeptos ¿Qué habrá sucedido dentro de quince, de veíate, de treinta aáos? ¿Qué sucederá cuando el socialismo haya ganado todas las campiñas españolas y los campesinos sientan ea sus manos el poder del número y de l f? Lo que a u n partido conser vadorcabe hacer en el problema de los latifundios- -problema de vida ó muerte para millares de familias obrerases realizar obras de riego que pongan en cultivo tierras hasta ahora- yermas y qae obliguen indirectamente al fraccionamiento y arrendamiento de las tierras, al convertir el cultivo de extensivo en intensivo. Mucho va haciendo ea este sentido el actual ministro de Fomento, cuyas iniciativas y cayo trabajo de inspección personal merecen los más calurosos elogios. Ayer el ministro de Fomento leyó en lá Cámara popular un proyecto importante. Se refiere á otra región de España, pero relaciónase también con el problema del agua. Se trata de convertir en canal de riego el de Castilla. El hecho nos invita de nuevo á meditar sobre el pasado y el porvenir de esta región gloriosa de nuestra España. Castilla es hoy acaso, y sin acaso, entre todas las regiones de España la más necesitada de estímulo y de aliento y de ayuda. Ha dado Castilla el tono á nuestra nacionalidad; nos ha hecho grandes ante el mundo; ha salido de su solar una muchedumbre de artistas literarios, de pintores, de poetas, de artífices, de conquistadores. Hoy sus campiñas están desoladas y casi yermas, y sus ciudades aparecen muertas y punto menos que deshabitadas. Ante tal espectáculo, ante la comparación del pasado esplendoroso con el presente triste, es una pregunta qae asalta irremisiblemente al observador la de cómo ha podido verificarse este cambio taa radical y tan enorme. La multitud de iglesias suntuosas, de palacios, de monumentos, que hasta en las más ignoradas y modestas ciudades se encuentran, atestiguan un estado de civilización maravillosa. Si se leen los historiadores y los economistas de la época, se ve que á últimos del siglo xvi la decadencia había comenzado ya. ¿De qué manera, pues, nos explicaremos esta floración rápida y protectora de una civilización? Joveilaoos dice con profundo acierto en su Infoime sobre la ley agraria que e ta civilización castellana duró lo que un relámpago Fue obra de la conquista de América; contribuyó á ello también el estar cercado pot los árabes el litoral mediterráneo y ser paso Castilla para los mares del SNOTte No fuá E TÓPICOS DEL MOMENTO OS OBREROS A nú modesto entender, -los partidos liberal y re- -publicano marchan en España con un largo tiempo de atraso sobre las necesidades de sa país y sobre lo que se hace ea el reato de Europa. Los partidos liberales de España se resisten tenazmente á convencerse de un hecho capital, fundamental: el de que los partidos liberales hoy han de ser partidos socialistas ó no serán nada. En España republicanos y liberales viven y piensan como en 1850. Se arman grandes discusiones y trifulcas sobre fantasías y eüteiequias; se lacha apasionadamente por derechos que no habrían de tener estado ni resultante ninguna en la realidad; sé gastan mares de tjnta escribiendo, trazando, engarzando hipérbole con hipérbole acerca de cosas de cuya, realización ó no realización no depende nada. Ahora, por ejemplo, se habla y se discute y se escribe sobre ia celebración de tina merienda. ¿Importará algo al labriego andaluz ó al levantino que se mueren extenuados en sus campiñas, tuberculosos y Hambrientos, el que los elementos progresivos de Madrid merienden ó no merienden en este á e n el otro paraje? Un escritor muy popular y muy digno de respeto va de una parte á otra con una instancia en la mano. ¿No habrá en España algo más que hacer, para el pensamiento de un hombre notable, que escribir pequeños mosaicos de frases generales y líricas y redactar y volver á redactar solicitudes? Los partidos liberales y republicanos, ó son socialistas ó no son nada. Hay en nuestro país un problema fundamental: el de las inmensas extensiones de terrenos acumulados en pocas manos. He visto en mis viajes por Andalucía que será inútil cuanto se haga por conjurar y remediar las crisis agrarias si no se resuelve este problema. Lo tenía- -no muy concretamente- a sa pro- C l príncipe Nicolás, que había preparado la guerra, ordena a su pueblo que- se tranquilice y riva en paz. Y esto lo hace con lina facilidad que asombra... Ya lo veis... Saliendo á la plaza del pueblo y amenazando á sus con quemarles la casa y- degollarles las mujeres... ¡Una pequenez! Preside los Consejos de ininibtios unen-