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CARTAS A PEPE I A PU 1 NA. Tu última carta, que se cruzó con la mía, me causa una verdadera sorpresa. ¿Q ié pesimismos son esos? ¿Volvemos á las andadas? ¿No recuerdas lo que te dije respecto de la triste vida? El caso que me citas de tu ainieo y las remembranzas del centenario de Fígaro han influido sobre tu espíritu de un modo lamentable. Un compañero tuyo ama sincera y profundamente á una joven. Durante sus estudios, por delicadeza, no se atreve á de cirla ni una sola palabra, y una vez terminada su carrera ve con sorpresa que otro aspirante sin porvenir se anticipó y es por ahora el preferido. Con tal motivo, se desespera y piensa en resoluciones estremas. Tú exclamas trágicamente: ¡Esa mujer será su ruina! Y vuelves á tus pesimismos de antaño, dedicando un largo párrafo al malogrado ingenio madrileño. Nadie admira tanto como yo al gran Fígaro, pero me parece que la desconocida causante déla tragedia suicida nome recia que eí joven escritor se quitase tan brutalmente la vida sin pensar ea sus pobres hijitos. En tcios estos hechos pasionales, el amor propio, la vanidad herida contribuyen á provocar sangrientas catástrofes, más que el sufrimiento personal, íntimo, callado, desconsolador. Un dolor agudo, así físico como moral, es más que suficiente para arrastrar al suicidio, acto delirante que asombra, enternece y enoja al espectador sorprendido. La frase famosa de Corneille en Horacios y Cunados, cuando el padre increpa al superviviente, vencido por la fuerza del número, exclamando: Debió morir, á menos que una desesperación sublime le auxiliaras, se repite por la humanidad en todo conflicto guerrero. ¡Antes muerta que deshonrada! dicen las madres. Y en el ambiente social rept- rculen las lejanas voces del Cid de la leyenda: ¡Con quince luché en Zamora, y á los quince los vencí! Aun me parece oir entre sueños, arrullando las horas de mi infancia, el vencer ó morir del himno de la guerra de África, estéril é inútil, como todas las guerras. Claro está que nos agitamos ea perpetua lucha, que nos agredimos los unos á los otros, muchas veces tan injustamente como los muchachos al salir de la escuela de antaño. El quietismo prolongado excita al músculo, y así se explica que después de los higiénicos deportes no sean frecuentes las colisiones, á pesar de sentirse más de una vez humillada la vanidad. Al vencer ó morir de los viejos cánticos de guerra se opone el vivir y vencer de las modernas campañas de la paz. Porque si no logramos sojuzgar al enemigo ¿te parece poco triunfo el vencernos á nosotros mismos dominando nuestras pasiones y apetitos? Si la niña, amada, por tu amigo, no reconoce dónde está el bienestar futuro, ¿no se arruinará ella, en vez de ser la ruina, como dices, del joven galán? Ese compañero tuyo tan inteligente, tan estudioso, tan sabio, me recuerda al dueño de un bazar, al cual visité. Tenia de todo en su almacén, las existencias eran abundantes, escogida la clientela, lujosa la instalación, próspero el negocio, y, sin embargo, el dueño vivía en una obscura trastienda, miserablemente, sin aire respirable, careciendo de lo más preciso para la existencia, y estaba enfermo, criste, caviloso, le atormentaba una ambición pesimista que le hacía soñar con rumas y miserias en todo momento. ¿De qué le sirven al hombre las adquisiciones costosas para el comercio mundial- -probables, más ó menos activas, que exiges y no olvides que somos todos unos pobreci- intervención inteligente y rápida. El descuido y la ignorancia originan grutos comerciantes, -el exhibir conocimientos como las novedades de escaparate con ró- ves daños, mil veces irremediables cuasi do tulos nuevos, lucir en Academias, cátedras y los que cuidan á los niños, si no dan imperiódicos, si á nuestro desdichado espíritu portancia á los fenómenos, los consideran no le proporcionamos descanso, ni pensa- como males necesarios, y además empleas mos en vigorizarle, saliendo de nosotros mis- para remediarlos pócimas que el charlata mos, buscando vida en la vida? Por faltarles nismo propaga, con grave daño de la intal vigor quisieron descansar en la muerte fancia. infinitos desdichados parecidos al industrial del cuento, que carecía de sillas donde sentarse en la trastienda de su lujoso almacén. La ruina, querido Pepe, no la produce el odio ajeno. Ni siquiera la mala voluntad de una mujer, aun cuando sea muy perversa, muy fria, muy traidora, puede hacernos me- pfn 1884, una dama tan iiusue por su cana lla y arruinarnos. Vencidos y humillados, como por su claro talento, dechado úé aun logrará que triunfemos en el combate princesas españolas, unió su suerte á la de postrero nuestra más leal y noble aliada: La un príncipe también, que ostentaba el honvoluntad. Con MI auxilio poderoso vencemos roso título de médico. Tan buena hija ha de ser, sin duda, aoa y humillamos al ruin enemigo que lleva todo ser humano en el cerebro; pero para excelente madre. Sea tan feliz como tuere ¿ello- necesitamos- -no olvides, Pepe mío, -ce escribía en aquella época la revista La Madre y el Niñocorazón, mucho corazón. Los hechos han demostrado la exactitud de! juicio. Modesta, sencilla, -abnegada y buena, se consagró al hogar, educó admirablemente á sus hijos y en todo momento se preocupó por la suerte de los huérfanos y de los desvalidos. Española siempre, llevó á lejanos países el espíritu generoso de la mujer cristiana y virtuosa, que prefiere al boato 1 A DENTICIÓN Y LA BABA Esunesta- de las pompas mundanas la alegre satisfac do comple- ción del deber ¡cumplido. A pesar de la dis ¡jo que preocupa, no sólo á las madres, sino tancia, ha convivido con esta pobre y iesá los médicos, y sin que deban atribuirse ex- venturada tierra, donde no se Ja olvidó jaclusivamente á la dentición muchos tras- más, y cuando la vemos aparecer sonriente tornos que aquejan á la infancia durante el y afectuosa la consideramos como cosa período de evolución dentaria, pues se trata propia. muchas veces de dolencias especiales, siemSu noble compañero halla entre nosotros pre de interés, es lo cierto que en este pe- también siempre un puesto de honor, y su ríodo debe cuidarse mucho del niño, no con- sencillez y su altruismo acrecienta Los siderando los fenómenos variados que sue- vínculos de vivo afecto que el saber y A len presentarse como desprovistos de im- amor á la humanidad establecen perpetuaportancia. Precisamente por tratarse de la mente entre los hombres consagrados al calldentición es conveniente vigilar á las cria- tivo de la ciencia. turas. Aparte de que la evolución dentaria Hoy, que la tenemos cerca, que es taa fedemuestra el buen estado de desarrollo ge- liz como merece viendo crecer a sus nietos neral, la salida de los dientes produce cotno y no olvidando las infelices criaturas priva. síntoma principal el dolor. Él niño grita, das de madre, es un deber gratísimo de La tiene tendencia á llevárselo todo á la boca Madre y el IViño presentarla como madre moy á morder. Aumenta la secreción de la sa- delo y transcribir la hermosa poesía que liva, la cual repercute en las demás secre- dedicó á la suya cuando la ilustre adolesciones del aparato digestivo, stendo fre- cente firmaba sus primeras producciones cuentes las ligeras diarreas, que pueden ha- con el regio nombre PAZ DE BORSÓST. cerse morbosas. La hinchazón de las encías He aquí el soneto: favorece las infecciones de todo género en la boca, y no son infrecuentes los abscesos- A MI MADRE de pus en las glándulas del cuello, que exi ¡Madre del corazón! Tan dulce aosaferc gen una intervención inteligente siempre. Compréndese por esto con qué facilidad Ilumina la historia de una vida podrán presentarse, DO sólo manifestaciones Cual luz de amor del cielo descendida. diversas patológicas ea la boca, sino en el Que Dios, en su bondad, concede al hombre Otros se afanan por hallar renombre resto del aparato digestivo. La salida de los colmillos suele favorecer más la infección, y Y en ver en todo su ambición cumplida; es un período de la vida muy temido por las Yo anhelo para tí, madre querida, Mayor ventura que esplendor, que nombre. madres. Mostraste cual ninguna, cariñosa, Suelen ser asimismo irecueates las erupciones en Id piel de vanadas formas, y ha- Los tesoros de amor que tu alma abriga, llándose debilitado el niño ó sometido á Y fue tu eterno afán verme dichosa. Por el cariño inmenso que nos mala ó imperfecta alimentación, los trastornos por parte det aparato respiratorio son En mis plegarias pido, fervorosa, frecuentes, presentándose catarros, bron- Que el Key del cielo y tierra te bendiga. quitis y congestiones pulmonares, que atriBien merece que nrjos y protegíaos recibuyen las madres á la baba. Ea esta época tan sentidas frases bondason también muy fáciles los contagios de dosataninsigne princesaal oído de! a D S Bíié DOÑA Paz todo género. Es decir, que los peligros de la VI ERA de ítición en los niños están íntimamente relacionados con las infecciones posibles y UNA MADRE MODELO LA SALUD DE LOS NIÑOS