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DF TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFQ Y TELÉFONO DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Y TELEFONO ROOSEVELT EN ÑAPÓLES EL EX PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS (x) A LA MESA EN EL SPLENDID HOTEl DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL Fot. Delius. ABCEÑ PARÍS Todo el inundo quiere ser periodista, porque parece ser que ahora empieza á convencerse la gente de lo exacto de la frase de Emilio Girardin: El periodismo cpnduit a tout En España no era el periodismo la carrera de mayor porvenir, sino la abogacía, y por eso afirmaba Campoamor que haciéndose un hombre abogado estaba en condiciones para llegar á ser hasta reina madre. Hogaño los abobados piensan de manera distinta, y prefieren hacerse primero periodistas, para poder tener luego causas y negocios que defender. Más tarde, cuando han conquistado una posición política y cuentan con un bufete acreditado, dan dos coces al periodismo. Y, sin embargo, la- profesión periodística es hoy la más solicitada, la más envidiada, la que todos, grandes y pequeños, quisieran ejercer. Ahí tienen ustedes al mismísimo Kaiser, que siente haber nacido emperador, porque... no puede ser periodista. Muchos señores graves tratan despreciativamente á los periodistas, y ya conozco yo DOS NUEVOS COMPANEROS á más de uno que cuando tiene que hablar de algún repórter se limita á decir: ¡Es un periodista! Con esto, los graves personajes quieren dar á entender que los periodistas son gentecillas de poco más ó menos, que no tienen dos pesetas, ni merecen grandes consideraciones. ¡Bah! ¡Periodistas... ¡Y lo que darían estos señores por escribir veinte líneas en un periódico y ver su nombre en letras de molde al final! El odio que profesan á la Prensa, el desprecio que sienten por los periodistas, es algo muy semejante al: ¡Están verdes! de la zorra de la fábula, porque todos ellos quisieran ser capaces de hacer un artículo ó componer media docena de párrafos sin graves faltas de sintaxis ni horrores ortográficos. Calculen ustedes si tendremos motivos para estar satisfechos hoy los periodistas al ver ingresar en la profesión á dos jefes de Estado nada menos: Roosevelt, en América, y Loubet, en Europa. ¡I mbet y Roosevelt periodistas! Ya no se puede decir que por el periodismo se llega á conseguir todo, y á poco que el ejemplo cunda, los periodistas deberemos mostrarnos exigentes con los que en lo sucesivo pretendan entrar en la comunidad, no aceptando más que á aquellos personajes que exhiban mi título: rey destronado, príncipe de la Milicia, ex presi dente de República ó ex presidente del Consejo. L, os ex ministros simples no podrán ingresar jamás. ¡Son muchos... En cambio, serán bien recibidas las personas que después de haber sembrado el espanto entre sus conciudadanos hayan adquirido universal renombre y quieran ejercitarse en las tareas periodísticas. Soleillandj si se decide á escribir unas cuantas crónicas desde La Guyana, tendrá abiertas las puertas de los rotativos más importantes de Europa y América; el ViviUo, si quiere, puede acaparar el feuilleton de Le Journalpor espacio de tin mes para referir las hazañas de su vida y sus hechos famosos... ¡Ee pagarían espléndidamente! Claro que no cobrarán tanto como va á cobrar Roosevelt ahora, porque el ex presidente de los Estados Unidos es una fiera y se ha asignado veinticinco francos por palabra, con escritura pública ante notario y testigos. Este es un compañero que honra al gremio. De Mr. L, oubet no se saoe 10 que habrá cobrado por el artículo que hoy publica La Revue; pero supongo que se lo pagarán bien, porque hay que tener en cuenta que se trata del primer artículo que escribe un hombre que ha ocupado la más alta posición política en su país. No cabe duda que este pri-